jueves, 26 de mayo de 2011

me gustan los matices

Durante mucho tiempo me movía más entre esto es bueno o es malo, tiene que ser así o lo contrario, las cosas son blanco o negro, solemos decir... Cada vez, sin embargo, me doy cuenta que la vida se juega en más posibilidades, es descuadrarme de lo que pensaba que podía ser en una situación, en un grupo, con una persona. Y no sé por qué pero tenemos esa tendencia a la uniformidad, a que las cosas sean como creemos que son, a lo que queremos que sean. Y nos cerramos a más posibilidades.

Cada vez me gustan más los matices, creo que allí se juega todo, como lo vemos en los personajes claroscuros en las series y en las películas, sin embargo no todo es lo que vemos, también lo que intuimos, que nos queda por descubrir, lo que está pasando y no sabemos comprender, lo que nos supera... Me gusta encontrar espacios y tiempo para mirar acontecimientos de la vida con sus luces y sombras, desde prismas distintos y dejar que hable cada situación con toda su densidad. Y ahí nada es inmutable, nada está perdido de una vez para siempre, nada es sólo de una manera ni se puede ver de un único prisma. Hasta las respuestas que no llegan se están preparando por dentro, en medio de nuestras preguntas, búsquedas y donde nos las estemos jugando.

Podemos ser muchas cosas a la vez, pasar por un abanico de sentimientos, sacar mucho más que lo que se ve simplemente a la vista. Como diría El Principito: "He aquí mi secreto. Es muy simple: No se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos".

miércoles, 25 de mayo de 2011

plumas verdes

Este chiste no apto para todos los públicos, a mi abuela no se lo podría contar, jaja, sé que sólo será entendible por argentinos, ahí va... Mi casita queda en Plumas verdes porque vivo en la c... de la lora, jaja... ya sé que es una grosería y es un chiste viejo pero fue una frase de uno de mis tíos haciendo referencia a que vive en medio de la sierra en un lugar perdido... Suerte a los puntanos!

Y con esto no hago una exaltación de las groserías o parolacce como dicen los italianos, pero sí un reconocimiento a las ocurrencias que tantas veces nos hacen matar de risa. Y para eso hay expertos en todas partes, uno de ellos es mi amigo Nico. Quienes lo conocemos lo sabemos por experiencia. Y puedo dar gracias porque es de las personas con las que más me he reído.

Una chica que me fue compañera mía de secundaria el año pasado tuvo una infección estando en el hospital y pasó 1 mes en coma. A causa del coma tiene el "cerebro vago", por resumirlo mucho y como ella dice "lento pero no inútil". Le declaró la guerra a su cerebro y está haciendo todo lo posible para recuperarse, aunque el tratamiento va para largo y es difícil. Además tiene un nene de pocos añitos y tiene que pasar temporadas lejos de su marido y su nene. Así que más ganas de luchar para volver a estar todo su tiempo con ellos. Yo la recuerdo como una chica alegre, divertida, ocurrente, chistosa. Bueno, pero perdió, entre otras cosas, la capacidad de reír y está haciendo tratamiento de estimulación cerebral para recuperarla, junto a otras capacidades que necesita para vivir a pleno rendimiento.

Ella me recuerda que nosotros que la tenemos, no podemos perder nuestra capacidad de reír de cosas chiquitas, de anécdotas que recordamos, de momentos especiales, pero también de nosotros, de nuestros errores que no son para tanto y tan terribles como para no vivir con una sonrisa de reserva para situaciones difíciles y que siempre nos conecta con lo mejor de nosotros mismos: con ese niño, con esa niña, que seguimos siendo en algún lugar de nuestro mundo.

martes, 24 de mayo de 2011

dove ti porta il cuore...

Hoy me dio por el italiano... en fin, es que una lo lleva en la sangre! Dove ti porta il cuore o Donde el corazón te lleve es el título de la famosa novela de Susana Tamaro. Un libro ágil para leer en unos días de vacaciones.

Hay unas frases que suelo tener de referencia y vienen bien para nutrir este lugar en el mundo:

Tan moderna es la mente, como antiguo el corazón. Se piensa entonces que quien hace caso al corazón se aproxima al mundo animal, a la falta de control, mientras que quien hace caso a la razón se acerca a las reflexiones más elevadas. ¿Y si no fuesen así las cosas, si fuese verdad exactamente lo contrario? ¿Y si ese exceso de razón fuese lo que deja desnutrida a la vida?

Cada persona se parece cada vez más a una radio que solamente es capaz de sintonizar una franja de frecuencia. El uso excesivo de la mente produce más o menos el mismo efecto: de toda la realidad que nos rodea sólo logramos captar una parte restringida. Y en esa parte frecuentemente impera la confusión, porque está toda repleta de palabras, y las palabras, la mayor parte de las veces, en lugar de conducirnos a un sitio más amplio nos hacen dar vueltas como un tiovivo.

La comprensión exige silencio.

El corazón es el centro del espíritu. Se parece a una cámara de combustión. Allí dentro hay tinieblas, tinieblas y fuego.

Los recuerdos tristes dormitan largo tiempo en una de las innumerables cavernas de la memoria; se mantienen allí durante años, decenios, la vida entera. Después, un buen día vuelven a la superficie, el dolor que los había acompañado vuelve a estar presente, tan intenso y punzante como lo era aquel día de hace tantos años.

Los muertos pesan, no tanto por la ausencia, como por todo aquello que entre ellos y nosotros no ha sido dicho.

En el rostro está todo. Está tu historia, están tu padre, tu madre, tus abuelos y bisabuelos, tal vez incluso algún tío lejano del que ya nadie se acuerda.

El error en el que siempre incurrimos es el de creer que la vida es inmutable, que una vez metidos en unos raíles hemos de recorrerlos hasta el final. En cambio, el destino tiene mucha más fantasía que nosotros. Justamente cuando crees encontrarte en una situación que no tiene escapatoria, cuando llegas al ápice de la desesperación, con la velocidad de una ráfaga de viento cambia todo, queda patas arriba, y de un momento a otro te encuentras viviendo una nueva vida.

Encontrar escapatorias cuando no se quiere mirar dentro de uno mismo es la cosa más fácil de este mundo. Siempre existe una culpa exterior, hace falta mucha valentía para aceptar que la culpa -o mejor dicho, la responsabilidad- nos pertenece tan sólo a nosotros. Sin embargo es ésta la única manera de seguir avanzando.

Sólo el dolor hace crecer, pero el dolor hay que enfrentarlo directamente; quien se escabulle o se compadece está destinado a perder.

El corazón de cada uno es como la Tierra, una mitad iluminada por el sol y la otra en la sombra. Ni siquiera los santos tienen luz en todas partes.

Entre nuestra alma y nuestro cuerpo hay muchas pequeñas ventanas, y a través de éstas, si están abiertas, pasan las emociones, si están entornadas se cuelan apenas; tan sólo el amor puede abrirlas de par en par a todas y de golpe, como una ráfaga de viento.

Las cosas que nos ocurren nunca son finalidades en si mismas, gratuitas; cada encuentro, cada pequeño suceso encierra un significado, la comprensión de nosotros mismos nace de la disponibilidad para recibirlos, la capacidad de cambiar de dirección en cualquier momento, de dejar la vieja piel como las lagartijas al cambiar la estación.

Cuando ante ti se abran muchos caminos y no sepas cuál recorrer, no te metas en uno cualquiera al azar: siéntate y aguarda. Respira con la confiada profundidad con que respiraste el día que viniste al mundo, sin permitir que nada te distraiga; aguarda y aguarda más aún. Quédate quieta, en silencio, y escucha a tu corazón. Y cuando te hable, levántate y ve donde él te lleve.


vieni a trovarci!


Es una frase que siempre recuerdo. Significa: ven a nosotros, vuelve a nuestro encuentro. Siempre hay frases que recordamos y que tienen que ver con momentos compartidos y que al recordarlos nos provocan una sonrisa o una carcajada, al menos eso pasa en mi familia. Frases que forman parte de tu historia personal, familiar...

Esta pertenece a una cálida familia italiana que conocimos allá por el año 1991 en Settignano, un pueblito al noreste de Florencia en la Toscana, y de la que tengo un buen recuerdo porque pasamos un buen día con ellos. Tenían una casa con unas vistas a esas colinas florentinas como las de las películas. Tenían un hijo, mayor que yo por entonces, cuyo nombre no me acuerdo pero sí que tenía unos ojazos azules que invitaban a no dejar de mirarlo. ¡Qué bueno qué estaba!

Esa tarde cuando nos volvíamos nos despidieron con esta frase, incluído él. Signo de hospitalidad y de agradecimiento por el buen día que habíamos compartido e invitando a volver a vernos, ... por entonces la fantasía de volver a ver a este chico me tuvo contenta un tiempo... jaja...

Nunca más nos volvimos a ver ni a tener ningún tipo de contacto pero me venía al recuerdo y pensaba qué bueno que es poder decir a alguien: vuelve, tengo ganas de verte, vuelve que quiero compartir contigo... Y me acordaba de una amiga a la que ayer le decía ¡junio es nuestro! y ella me contestaba: vamos a tener tiempo de charlar y ponernos al día sin mirar el reloj.... Y mientras, ya con ganas e ilusión vamos preparando ese encuentro.

Qué bien que haya personas en el mundo que nos hagan sentir como en casa, que son un espacio cálido y sereno, al que acudir, al que volver. Al que se puede entrar y del que se puede salir con alegría y con confianza. Necesitamos personas hogar donde encontrarnos y también ser el hogar de otras personas que necesitan un buen rato, una conversación ligera o más profunda, un rato de compañía, un espacio de aire y risas, unas cervecitas o un café, té o unos mates...

Y, por cierto, la Toscana... otro lugar en el mundo al que ir. No tendría palabras suficientes para describirla porque una parte de mi vida la viví allí. Mi consejo: alguna vez en la vida hay que ir.

lunes, 23 de mayo de 2011

el problema

El problema (Silvio Rodríguez)

El problema no es
si te buscas o no más problemas
El problema no es
ser capaz de volver a empezar
El problema no es
vivir demostrando
a uno que te exige
y anda mendigando
El problema no es
repetir el ayer
como fórmula para salvarse.
El problema no es jugar a darse
El problema no es de ocasión
El problema señor
sigue siendo sembrar amor.

El problema no es
de quien vino y se fue o viceversa
El problema no es
de los niños que ostentan papás
El problema no es
de quien saca cuenta y recuenta
y a su bolsillo
suma lo que resta
El problema no es de la moda mundial
ni de que haya tan mala memoria
El problema no queda en la gloria
ni en que falten tesón y sudor
El problema señor
sigue siendo sembrar amor

El problema no es
despeñarse en abismos de ensueño
porque hoy no llegó
al futuro sangrado de ayer
El problema no es
que el tiempo sentencie extravío
cuando hay juventudes
soñando desvíos
El problema no es
darle un hacha al dolor
y hacer leña con todo y la palma
El problema vital es el alma
El problema es de resurrección
El problema señor
será siempre
sembrar amor.

http://www.youtube.com/watch?v=1FsUx2LTCbg

jueves, 19 de mayo de 2011

elegir

Este texto lo recibí hoy por correo y me pareció interesante traerlo aquí

Hay dos maneras contrapuestas de colocarse ante la vida. Nuestro impulso ante la vida puede ser abrir o cerrar. Toda nuestra vida vivimos entre esas dos tendencias, y mucho de lo que tiene que ver con la felicidad pasa por ahí. Por ejemplo, los hijos los podemos vivir como un derecho o como un regalo. Cuando nos planteamos cómo educarles, podemos dar preferencia a la prudencia, a la protección, podemos educar a los hijos para que nada les moleste, que nada les duela, podemos inculcarles nuestro miedo. O podemos abrirles al mundo, que se atrevan a ver más allá de nuestra casa, no ocultarles ni el dolor ni el sufrimiento, abrirles a la complejidad de la realidad. En mucha medida la forma de abordar su vida tiene que ver con esa elección.

Lo que le pidamos a la vida tiene que ver con elegir abrirnos o cerrarnos. Podemos elegir no sufrir, que tiene que ver con no sentir, o no ver, o no vivir. Podemos elegir acomodarnos y conformarnos con cierto confort, cierta sensación de seguridad, cierto egoísmo, que nos va centrando en nosotros mismos y en los nuestros más cercanos, convirtiendo nuestro interés en el centro de la vida. Sin darnos cuenta el egoísmo instala su poder y nuestra vida queda reducida. Esta elección supone cerrar, plegar, estrechar, cortar.

En alguna medida, en nuestra mano está abrirnos a la vida: abrirnos a los otros, poner nuestro interés y nuestra energía disponibles más allá de las puertas de nuestra casa, no pensar sólo en el derecho que tenemos, sino estar atentos a la injusticia que nos rodea, estar dispuestos a sufrir por otros, a permitir que nuestra energía, nuestras posibilidades e incluso nuestras posesiones puedan ser compartidas, dejar un poco de nosotros en otros, para otros, tener que sufrir por el dolor de otros.

Tagore nos dice: “La vida se nos da, y la merecemos dándola”. La solidaridad tiene que ver con esta forma de aceptar la vida, de ponernos ante ella.

Abrirnos a la vida y a los demás solidarizándonos o encerrarnos en nuestro pequeño círculo, esa es la cuestión. Como decía Víctor Frankl “La persona no está en el mundo sólo para dirigirse a si misma, sólo para contemplarse en un espejo, sino que está ahí para entregarse y darse conociendo y amando”.

martes, 17 de mayo de 2011

a las mujeres valientes

Esta mañana me desperté pensando en las mujeres que se atreven a dar pasos, en las mujeres valientes. No en las súper mujeres de los cómics ni grandes historias, sino en las mujeres que tienen el valor de levantarse cada día y vivir lo mejor que pueden y saben. A las que son capaces de tomar pequeñas y grandes decisiones, a esas mujeres repletas de sentimientos llevados en una vasija que desborda. A veces crujen los huesos. A veces las lágrimas son agua salada rodando en sus caras en la mitad de la noche o en el silencio de un rato con las manos tapando la cara. Pero muchas veces están cargadas de una gran esperanza que como un ovillo de lana está esperando ser desenrollado, estirado,.... y esa es la tarea de cada una, cada día, detrás de cada situación: replegarse o abrirse, darse o quedarse donde está, atreverse o hacer menos porque todavía no puedo dar más, tomar impulso y fuerzas para lo que se viene, guardar silencio y saber esperar...

Vamos viendo cómo muchas cosas van cambiando, tanto en la vida social, como familiar, religiosa. Y pensé en las decisiones de todos los días y en las decisiones que afectan más globalmente a las mujeres.

Niñas, jóvenes, adultas. Solteras, pareja, madres, abuelas. Buscándose a sí mismas, con deseos de felicidad. Aprendiendo que nada existe fuera sino se construye en el interior, que las expectativas tantas veces se caen y mueren, que toda conquista nace de una misma cada vez que se enfrenta, se compromete y lucha por ello. Que hay que romper con los esquemas conocidos, desaprender y empezar a aprender nuevas maneras de querernos, cuidarnos, relacionarnos: las nuestras, las propias, las que queremos construir.


A las que piden otra oportunidad a la vida, a las que cada día vuelven a empezar.
A las felices y a las infelices.
A las creyentes y no creyentes.
A las que echan mucho de menos a los que se han ido pero confían en que algún día volverán a abrazarse aunque ahora el corazón se parta de dolor.
A las que no se dan su lugar, a las que se esconden, a las que no saben cómo vivir.
A las que la vida las agarra fuera de juego y sin capacidad de respuesta.
A las célibes, a las misioneras, a las comprometidas con todo tipo de causas, opciones y personas.
A las que trabajan y a las que no pueden trabajar.
A los millones de mujeres del mundo que viven en la ignorancia y la miseria.
A las que producen aproximadamente la mitad de los recursos alimentarios del planeta y sin embargo rara vez poseen tierra en propiedad.
A las que sufren discapacidad y la incapacidad de amor, de ternura, de apoyo de otros les hace sufrir más.
A las que necesitan "casarme primero consigo mismas" antes de pedir a otro que las quiera.
A las que saben disfrutar de la vida, de pequeños y grandes placeres de cada día y de momentos especiales.
A las que descubren que la verdadera dignidad de la mujer no viene por la capacidad de engendrar y parir sino por la de la responsabilidad para dar una respuesta libre.
A las que sufren los modos concretos de ser hombre y ser mujer, influenciados por la cultura, la familia, la sociedad, la religión.
A las que chocan con las barreras de las costumbres y los "siempre se ha hecho así" y van descubriendo que no son los comportamientos los que nos liberan sino la verdad que nos hace libres.
A las que tienen el valor de afirmarse a sí mismas, sostenerse unas a otras.
A las que no tienen pareja y quieren alguien que les acompañe en la vida.
A las que tienen pareja y las cosas no marchan bien entre ambos.
A las que sueñan con una relación más estable e ir dando pasos en pareja.
A las que son felices en pareja aunque sea difícil y descubren que el amor es un trabajo de dos cada día.
A las que sueñan con hijos que no acaban de llegar.
A las que quieren que las hagan abuelas.
A las que tendrán pronto en sus brazos a esa hija o hijo adoptado o que nacerá este año.
A las que cuidan y sostienen con medios y acompañamiento a tantos hijos e hijas del mundo, en comedores populares, escuelas, en la calle, en hospitales, en campos de refugiados, en la cárcel,...
A las que se la pelean cada día por conciliar y hacen verdaderos encajes entre casa, hijos, pareja, trabajo...
A las que toman la decisión difícil con todo el amor del mundo de que su madre vaya a una residencia.
A las mujeres que luchan en la enfermedad y en el dolor.
A las que pueden ejercer su derecho al voto, a las que levantan la voz para hacerse oír, a las que son voz de los sin voz, a las que forman parte en un partido político, ejercen un cargo de responsabilidad,luchan por los derechos de otros...
A las que participan como ciudadanas libres y a las que luchan para que éstos y otros derechos sean reconocidos y respetados.
A las que viajan, conocen otras culturas y países.
A las que sufren de soledad, depresión, "nido vacío", fibromialgia y tantos dolores conocidos o no...
A las que emprenden, hacen realidad sus trabajos por cuenta propia, a las que sueñan, a las que buscan otros horizontes más amplios...
A las creativas, artistas, divertidas, aventureras, escritoras, periodistas, cocineras, cantautoras, médicos, enfermeras, policías, secretarias, carteras, educadoras, abogadas, juezas, intelectuales,...
A las mujeres solas que crían a sus hijos e hijas.
A las que conducen y pueden comprarse un coche propio.
A las que se proponen retos.
A las que luchan por salir de la prostitución.
A las que luchan por un trabajo digno.
A las que trabajan y mandan dinero a sus familias y a sus países de origen.
A las que llevan muchos años tras un permiso de residencia y trabajo, de regularizar su situación de extranjería.
A las que sufren torturas, son explotadas sexualmente, son perseguidas a causa de su género, color de piel, religión.
A las abuelas.
A las mujeres que están punto de jubilarse.
A las víctimas de malos tratos y machismos.
A las achacosas, quejosas, miedosas, aburridas, pasivas, sumisas, tristes...
A las abuelas viudas con varios nietos a cargo.
A las viudas que intentan continuar sin el compañero de siempre.
A las que sostienen a los hijos que se van quedando sin trabajo porque también en esa casa se daba de comer a muchas bocas.
A las que sin ayudas sociales, sin más viajes y lujos que alguna excursión subvencionada, en silencio, siguen ahí.

A TODAS LAS MUJERES hechas de luz y de sombra, que son como robles, que colaboran aquí y allá, que van de frente y se empeñan, se abren, se vierten, arropando a todos, pero cada vez arropándose más a ellas mismas y con una sonrisa.

empezar a serlo de una vez

Hace unos días una buena compañera me escribía un e-mail que quiero compartir:

Me apena no haber estado contigo estos últimos tiempos que lo has pasado tan mal.. No tenía que haberme encerrado en mí misma... sin embargo lo hice, me escondí diciendo que no podía abrirme, que soy así y construí una barrera hasta con mis amigos... y así también me quedé sola, sin pensar que me aislaba más y más... yo pensaba que necesitaba mi tiempo y por un lado era verdad pero en realidad después vi que era mi gran excusa para no hacer nada más, porque el silencio me protegía, me hacía sentir segura. Y me di cuenta de algo que me dolió reconocer: la verdad es que no confío en nadie, yo digo que sí pero después no tengo el valor de abrirme a nadie, me apunto a las risas y a lo guay y soy de las que se apunta a un bombardeo pero cuando me quedo sola siempre me quejo y me quedo donde estoy. Sin embargo descubro eso de que las penas compartidas saben mejor... ¡cómo me cuesta dejarme querer! y siento que se va haciendo tarde porque hay gente que no me cuenta sus cosas porque yo tampoco le aporto nada... y tienen razón... siento que me he perdido muchas cosas y he dejado pasar oportunidades...y sobre todo que mi actitud es defensiva ante la amistad de los demás, ante ti. Muchas veces deseaba un abrazo y es de lo que más me escapaba. Muchas veces quería contarte lo que sentía y es lo que más evité, con mi pasividad, con mi silencio, con no aportar nada de lo mío a los de mi alrededor. Perdóname, vale? Tengo mucho que trabajarme en estas actitudes y ahora me doy cuenta y aunque me he resistido pediré ayuda profesional y creo que lo primero que diré es: mis amigos dicen que no hablo, que no cuento nada, y sin embargo me quieren,... pero sé que no es suficiente, para mí ya no es suficiente solamente estar... aunque me cueste y me duela, vale la pena, por crecer, por vivir más abierta, por ser quien quiero ser y empezar a serlo de una vez

viernes, 6 de mayo de 2011

dos años

Hola es el cumple de mi ahijada, cumple dos años. A esa nena le tengo un cariño enorme, porque también es así de amplio el afecto con su familia, con su mamá... esos cariños de toda la vida y que echan raíz dentro. Estamos lejos y no podré verla sin embargo, siempre estamos en contacto y la distancia no pesa. Anoche le escribí a su mamá que es mi amiga del alma y la verdad que fue como si estuviéramos igual de cerca. Hoy leía su respuesta y me decía que la nena dormía, y cuando leyó mi mensaje,había entrado en la habitación y le había dado un beso, el primero, de parte mía, de su madrina. Me emocionó su gesto. Hay días que ciertas palabras nos ayudan a sonreír, nos enternecen y necesitamos caricias para el corazón, esta fue la que necesitaba yo. Gracias Amica!!!

de la misma pasta humana

Anoche recibí un mensaje de móvil de una amiga, compartimos sentimientos y correos electrónicos estos días y ella me agradecía que estuviera ahí, que la acompañara, que sintonizáramos... Y lo bonito es que yo sentía lo mismo. A lo largo de esta semana ha habido varios momentos así, con personas distintas y algunas distantes geográficamente. Y pensaba lo bueno que es que a lo largo de nuestra vida encontramos personas que nos dan alas, nos hacen sacar lo mejor de nosotros mismos y nos sentimos mejores en su presencia. Aunque nos sintamos desastres, ánforas agrietadas y perdiendo agua por todos lados. Es como si ante sus ojos pudiéramos reestrenar nuestra vida y horizontes que no podíamos ni imaginar.

Es un inmenso regalo recibir esto y poder provocarlo en otros. Tenemos poder con nuestras palabras y nuestros gestos de hundir o de levantar, de lastimar o de acariciar, de herir o de sanar.

Al compartir la tristeza, el sufrimiento y los problemas también percibimos un calor en el corazón. Creo que sólo aceptamos palabras de aquellas personas que sabemos que nos quieren bien, sin ese amor sería difícil, necesitamos sentirnos comprendidos en nuestros miedos, en nuestras búsquedas, en nuestras comeduras de tarro y en nuestros errores.

Nos hace bien sentirnos de la misma pasta humana, sabernos solidarios en la fragilidad y, también, en las posibilidades insospechadas que están en nuestro corazón esperando despertar. Y con la confianza de que despertarán aunque ahora no lo veamos y no sepamos ni cómo...

martes, 3 de mayo de 2011

Gracias

Gracias por ayudarme a mirar y a reconocer la realidad, gracias por el amor con el que sembráis y regáis los caminos que recorremos juntos o a distancia, gracias por tu agua...

Un campesino llevaba cada día agua desde la fuente hasta la aldea en dos grandes ánforas que ataba al lomo de un mulo. Una de las ánforas, vieja y llena de grietas, durante el viaje perdía agua. La otra, nueva y perfecta, conservaba todo el contenido, sin perder ni una gota de agua.

El ánfora vieja y agrietada se sentía inútil, pues la nueva no perdía ocasión para hacerle notar su perfección y manera de ver: "No pierdo ni una gota de agua!"..." "En mi momento personal es lo que puedo dar"...

Una mañana, la vieja ánfora se sintió cansada y se desahogó con el campesino: "Soy un desastre. ¿De qué sirve lo que hago? No sé para qué pierdo energías. Cuando llegamos a la aldea yo estoy ya medio vacía, no sirvo ni ayudo a nadie. Perdona mi debilidad."

El campesino se dirigió al ánfora agrietada diciéndole "Mira el borde del camino. Mira lo que estás haciendo. ¡Está brotando! Hay flores, hay vida... Es posible gracias a ti, a tu agua" dijo el campesino. "Eres tú la que riega cada día el borde del sendero. Yo sólo he echado algunas semillas de flores, y tú, sin saberlo, más o menos consciente, cada día las riegas."

Ambas ánforas son necesarias. No dejes de aportar tu agua.