martes, 26 de julio de 2011

estar en contacto con

No estoy hablando de "mi tesoro" como lo hacía el personaje Gollum en "El Señor de los anillos" pero sí tiene que ver con algo encontrado, con algo valioso que reconocemos como necesario para la vida. ¿Cuál es el tesoro de mi vida? ¿qué es lo que consciente o no busco en mi vida? Para mí uno de mis tesoros valiosos es estar en contacto con mi verdad, tal y como es, y esa es como una brújula que me orienta en la vida.

Este escrito de Xabier Quinzá, puede ayudarnos a ordenar ese caos interior en el que muchas veces nos embrollamos y descubrir nuestro tesoro en el camino de crecimiento y felicidad:

La capacidad de autoengañarnos depende sólo de nosotros. Engañarse uno a sí mismo es ver lo que en realidad no está ahí. La verdad de cada uno pasa por permanecer en contacto con nuestra verdad. La verdad que me hace libres suele ser la que preferimos no ver. Autoengañarse es la solución para huir de realidades frustrantes, decepcionantes, dolorosas… A veces pensamos que tampoco es difícil fingir que se es feliz y sabemos de muchos, algunas veces nosotros mismos, Y preferimos vivir engañados que aguantar un tiempo en el disgusto. Cuando una persona elige negar la verdad sobre sí misma, la verdad que la vida le muestra, descalificará la fuente de donde proviene (terapeuta, amigos, etc.) culpará a otros por lo sucedido y hará lo necesario para mantener las cosas como estaban.

¿Qué ocurre cuando andamos partidos entre las intenciones y nuestros actos? Nos sentimos en contra de nosotros mismos, divididos, incómodos. La deshonestidad emocional tiene que ver con la capacidad de traicionarnos a nosotros mismos. Nuestros diálogos internos más severos suelen comenzar con los debería… Aquello que critica, juzga y sentencia nuestra conducta. Es el absorbente arte de la comparación. Cada vez que existe un debería date cuenta con qué, con quién o con qué situación te estás comparando.

Somos deshonestos cuando en lugar de aceptar lo que somos, con nuestros errores y satisfacciones, acabamos valorando lo que no fuimos, lo que deberíamos haber hecho, o lo que se supone que esperaban de nosotros. Somos deshonestos cuando ocultamos nuestros sentimientos bajo el miedo de lo que pueda ocurrir si somos sinceros con lo que sentimos. Sin duda se trata de la propia desconfianza ante lo que sentimos porque consideramos la inoportunidad de ellos y le damos un puntapié a nuestra autoestima. Dejamos que los demás interpreten nuestra vida.

No ser responsable de los sentimientos ajenos quiere decir, sobre todo, no deducir, presuponer, imaginar o interpretar lo que otros pueden sentir. Muchas veces lo hacemos por no tener que afrontar la desagradable sensación de ver sufrir al otro. Somos responsables de captar lo que nuestros sentimientos y emociones provocan en los demás, pero si las relaciones están contaminadas, en conflicto, ausentes, o con resentimientos lejanos, nos quedamos sin motivación para vivir o cooperar.

Deberemos manifestar más a los otros nuestra temperatura emocional. Todo se puede decir, si tenemos seguridad personal en presentarnos como somos y la valentía para expresar lo que sentimos con la oportunidad de hacerlo correctamente y en el momento adecuado. Pero anticipamos la forma como los demás van a reaccionar ante nuestros sentimientos, y los abaratamos para no alterarles. Renunciar a expresar lo que sentimos es ser deshonestos con nosotros mismos.

De lo que se trata es de poder afirmarnos sin miedo, pero a la vez, respetando la decisión de los demás. La “asertividad” es la mejor herramienta para responsabilizarnos de nosotros y no caer en la deshonestidad emocional ni en el autoengaño. Por el contrario, aceptarnos a nosotros mismos, participar creativamente en nuestro crecimiento, y hacerlo en el sí de las relaciones. Esto es lo auténtico.