jueves, 21 de julio de 2011

querer que se pueda

Que nunca es tarde cuando las ganas son muchas es algo que saben muy bien los numerosos adultos que deciden estudiar una carrera universitaria. Dispuestos a retomar sueños postergados o a aventurarse en proyectos nuevos, el paso por la Universidad permite no sólo adquirir conocimientos y obtener un título, sino también comprobar que el tiempo no es eterno como habitualmente se lo percibe en los años jóvenes pero tampoco esquivo para encarar nuevos desafíos. Ganas de avanzar o de iniciar una carrera profesional. Placer por descubrir conocimientos. Asignaturas pendientes. Los motivos para acercarse a los libros son tan diversos como personales. Pero el entusiasmo asoma como un motor común que empuja a resignar horas de ocio y de descanso en pos del ansiado diploma o título.

Asistir a la Facultad a los 44 años, sin haber cumplido siquiera con la escuela primaria, es una aventura que muy pocos viven. Jorge Nedich, estudiante de Letras, es uno de ellos. Cuenta: "aprendí a leer a los 7 y a escribir en la adolescencia. Y al no tener título primario ni secundario, porque viví como nómada hasta los 17, no pensaba ingresar en la Facultad. Hasta que una escritora me explicó que las novelas que había publicado equivalían a un título. Y estoy muy contento porque, hoy también soy profesor de un taller literario en la Facultad".

Su historia y ascendencia gitana no le permitieron cumplir con la enseñanza sistemática, pero sí empaparse de una cultura oral que lo acercó al mundo literario: "Aunque ingresé en la carrera siendo escritor premiado, sentía que con mi escritura no alcanzaba lo que me proponía, que tenía que ampliar mis conocimientos. Y de verdad que he aprendido mucho. Reconozco lo que falta en mi formación, pero también la que ya tenía. Porque no hay un solo sistema para formarse si hay interés por aprender".

Nicolás Zingoni Arze: "Empecé Derecho en 2001 y espero poder terminar la carrera el año próximo. Estudio mucho. Todo es cuestión de organizarse: me levanto a las 5, estudio hasta las 8, voy a trabajar y de ahí a la Universidad hasta las 22. El viernes termino agotado, pero el esfuerzo después es recompensado. Como no tengo 20 años, necesito ganarle al tiempo, quiero terminar cuanto antes".

Si bien un título universitario ya no es garantía de empleo en el mercado de trabajo resulta casi imprescindible estar capacitado para enfrentar la competencia laboral, seguir aprendiendo, incorporando aprendizajes y destrezas, además de habilidades y recursos personales. Al fin y al cabo el saber no ocupa lugar y el esfuerzo que me supone y la satisfacción de seguir construyendo un lugar en el mundo habrán valido la pena.