miércoles, 31 de agosto de 2011

¿queremos luz?

¡Tendremos que enchufarnos! ¡Ánimo con la tarea que tenemos entre manos!


flechas amarillas


En todos los caminos hay señales, más grandes o más chicas. Las flechas amarillas que jalonan el Camino de Santiago están para indicar a los peregrinos que lo transitan por dónde tienen que seguir, porque aunque tengas un mapa o una idea de por dónde va la ruta, las flechas, son las que realmente orientan. Y si faltan las señales o están mal puestas es signo de que hay que ponerlas en su lugar o ir a buscarlas para saber por dónde podemos ir.

Esta semana en escritos que me llegan y en conversaciones va saliendo ésto: estos libros me dieron pequeñas luces... de repente Dios me iluminó y vi lo que tenía que hacer... tu presencia me ayuda a caminar, gracias por estar ahí... tuvo un pálpito que me tenía que llamar porque intuyó que yo no estaba bien... decir la verdad me ayuda, claro que la verdad no siempre es recíproca... cambié los planes a última hora, renuncié a irme de vacaciones porque no me las puedo permitir, decirlo así de sincero me duele pero me libera de dar una imagen mía que no es real... volverte a ver me da fuerza y tengo muchas ganas de que llegue ese momento... le dije lo que nadie se atrevía a decirle... poder hablar un rato me ayuda... Luces, pistas, apoyos... flechas que nos orientan y ayudan a caminar, señales que buscamos y que encontramos de distintas formas para seguir avanzando.

Ojalá que nuestra vida esté repleta de ellas y que estemos lo más atentos posibles para descubrirlas y saber por dónde ir. Ojalá seamos flecha amarilla para aquellos peregrinos que caminan con nosotros una parte del camino de nuestra vida.

Y pensaba en personas que todos conocemos que han pasado muchas cosas difíciles y sin embargo con su manera de vivir son un canto de esperanza. Y traigo unas palabras que muchas personas intentan vivir siendo esas flechas amarillas en el camino que ayudan a otros a vivir mejor como lo hizo esta mujer que las escribió:

Las personas son irrazonables, inconsecuentes y egoístas,
ÁMALAS DE TODOS MODOS.

Si haces el bien, te acusarán de tener oscuros motivos egoístas,
HAZ EL BIEN DE TODOS MODOS.

Si tienes éxito y te ganas amigos falsos y enemigos verdaderos,
LUCHA DE TODOS MODOS.

El bien que hagas hoy será olvidado mañana,
HAZ EL BIEN DE TODOS MODOS.

La sinceridad y la franqueza te hacen vulnerable,
SE SINCERO Y FRANCO DE TODOS MODOS.

Lo que has tardado años en construir puede ser destruido en una noche,
CONSTRUYE DE TODOS MODOS.

Alguien que necesita ayuda de verdad puede atacarte si lo ayudas,
AYÚDALE DE TODOS MODOS.

Da al mundo lo mejor que tienes y te golpearán a pesar de ello,
DA AL MUNDO LO MEJOR QUE TIENES DE TODOS MODOS.

Madre Teresa de Calcuta

martes, 30 de agosto de 2011

aprender a vivir con

Ayer leí un texto de la prensa y me dio que pensar. Pensar en una situación que viví antes del verano en una reunión que empezó bien pero terminó mal. Y ahora que retomaremos cosas, no puedo evitar pensar cómo será el reencuentro, porque aunque ha pasado tiempo y he intentado hacer algo con eso, me sigo sintiendo molesta, incómoda y no sé si hablar de ello es mejor o es mejor dejarlo pasar. No todo el mundo funciona con nuestras formas y códigos, ni a todo el mundo le sirve lo que nos sirve a cada uno.

Lo cierto es que la vida nos deja heridas y también cicatrices y desde ahí nos defendemos y a veces no llegamos a encontrarnos. Y a veces intentamos movernos desde actitudes "saludables" pero no siempre lo conseguimos. Quisiéramos ser abiertos, tolerantes, compasivos... pero no siempre podemos ni sabemos. Aunque queremos crecer hay sentimientos que nos incomodan, que no cambian por mucho que lo intentemos y tenemos que seguir haciendo camino con ellos.

¿Cómo se hace para que se cure lo que nos duele por dentro? ¿Cómo vivir abiertos a nuevos encuentros y que lo que hemos vivido no nos pase factura? ¿Cómo seguir avanzando sin sentirnos condicionados? ¿Cómo perdonar a quien nos ha herido? ¿Cómo querernos cuando nos sentimos así?

En su momento no lo vi pero después sí: me equivoqué. Y me pesa, no me siento orgullosa de ello, no quería hacer daño y sin embargo lo hice. Sé que ha habido críticas hacia mi persona después y saberlo me ha dolido. Por un lado tenía ganas de no continuar, por otro lado me daba cuenta que huyendo no se soluciona nada, eligiendo y tomando postura sí. Durante estos meses he pensado desde maneras de defenderme hasta de acercarme sin decantarme ni por una ni por otra, no es tan sencillo, no sólo se trata de mí y hasta que volvamos a vernos no sabré realmente cómo actuar... He preferido esperar, dejar pasar tiempo, que se enfríen las cosas y ver cómo volvemos. Porque al final siempre gana el corazón y quien soy por dentro es quien orienta y me da luz para saber hacia dónde he de ir.

Nuestra capacidad de convivir y la vida misma se ponen en juego en los conflictos que nos afectan porque nos abren la puerta a lo mejor y a lo peor de nosotros mismos. Y nos cuesta tomar decisiones más allá de lo que nos sentimos en un momento dado. Nos cuesta desarrollar un trabajo personal, actitudes éticas en los conflictos que tenemos nosotros y hacia los demás. Por lo menos a mí me cuesta y no me siento preparada aún para muchas cosas, aunque llegado el momento, como si de un trampolín se tratase, hay que saltar, no te vas a quedar eternamente mirando y haciendo bulto. No sé por qué somos reincidentes en tantas cosas, no sé por qué hay cosas que nos cuestan mucho más aprender... Y está claro que muchas veces las aprendemos por el camino más largo.

Otra persona me ha dicho en este tiempo: Déjalo, no merece la pena entrar en discusiones que no llevan a nada. Y es verdad, lo voy aprendiendo con distintas experiencias de mi vida. Pero me cuesta renunciar a lo que creo que ayuda, me cuesta que haya gente que se cierre o no quiera ver más allá de sus narices o no escuche... Me duele esa crítica hacia mí, que aunque sé que es más su defensa que lo que realmente piensa de mí pero no por saberlo me molesta menos. Y cuando algo que ha pasado te duele cuesta ser claro y elegir. Una amiga usaba una expresión que me hacía gracia "poner la cabeza en el freezer, en frío" y eso puede ayudar, porque las decisiones o las respuestas que damos "en caliente" son esas de las que después nos arrepentimos. Por otro lado, me recuerda, que hagamos lo que hagamos con nuestra vida, siempre tendremos admiradores y detractores... aunque nos gustan más los primeros, también hay que aprender a vivir con los segundos y sin que nos importen tanto los comentarios de ambos. A veces debiéramos desconfiar un poco de nuestras ideas y abrirnos a lo que venga, puede haber sorpresas, de hecho las suele haber.

De una cosa estoy segura: lo más importante para mí es hacer lo que quiero hacer, dar una respuesta en coherencia conmigo misma, no porque me de el punto sino porque me da vida, aunque el intento de vivir así tenga un precio y efectos secundarios. Como dice Steve Jobs en el artículo que leí: "No dejéis que el ruido ahogue vuestra propia voz interior. Ella ya sabe lo que vosotros realmente queréis: vuestra libertad para ser auténticos". No importa lo que nos cueste aprenderlo, ni que desandemos muchas veces el camino empezado, estamos en ello y no estamos solos.


lunes, 29 de agosto de 2011

música para momento de decisiones

http://www.youtube.com/watch?v=Ug5S8URHS8A&feature=player_embedded#!

llegó el momento


A mitades de julio escribía sobre la necesidad de tomar distancia ante una realidad para poder tomar una decisión. Desde entonces pensé en ello y me dediqué a descubrir qué iba a hacer, ese tomarme tiempo me ayudó a ver con más claridad, queriendo aclararme, juntar fuerzas,... el momento ha llegado y me toca dar el paso, me toca dar el salto... ¡Cómo cuesta saltar, soltarse!

Creo que cuando tomamos decisiones que para nosotros son importante echamos mano de los apoyos que en la vida nos ayudan a caminar, esas luces que nunca fallan, y yo, qué curioso, estos días recordé un viejo cuento que alguien me contó en otro momento de decisiones hace ya unos 23 años y con él me decía cómo cada cosa que vivimos nos prepara para vivir otras y cómo las renuncias a cosas en la vida, para vivir otras, se pueden vivir con alegría y coraje. Es un cuento de Mamerto Menapace y está en el libro Cuentos rodados:

Diez pretendientes tuvo Ruperta. Bueno, claro, no simultáneamente los diez. Pero siempre se dio el lujo de decirles que no. Cuando alguno se ponía más insistente, y buscaba oportunidad de entrar en su vida, decididamente cortaba con una negativa que lo alejaba sin explicaciones.

Cuando dijo el primer no, tenía clara conciencia de que aún le quedaban al menos nueve sí como posibles. Y como era joven y bonita, la seducía la idea de vivir de los posibles. Por ello el decir un no, la gratificaba asegurándola en su posición un tanto romántica de estar disponible para no sé qué futuro.

Pero era evidente que con decir simplemente que no, el futuro no se construía. Cada negativa la dejaba exactamente donde estaba, y cada vez un poco más cerrada sobre sí misma. A medida que crecía el número de sus no, se iban acortando proporcionalmente las posibilidades de sus sí.

Y pasaron los años. Cuando pegó la curva de los treinta y cinco, se dio cuenta de que su actitud conducía a nada. Apagó sus humos, reflexionó sobre su vida, y se abrió a los demás. Y aunque humanamente tuvo que renunciar a muchas de sus expectativas, por último corajió una de las posibilidades y comenzó su primer noviazgo a fondo. Lo defendió con uñas y dientes, sobre todo de sí misma y de sus ilusiones un tanto adolescentes. Y finalmente se dio cuenta de que valía la pena decir un sí a la vida y al amor.

La mañana que se casaron – porque se casaron de mañana – unas cuantas amigas la acompañaron en su ceremonia. Todas se emocionaron felicitándola por el paso que daba. Quizá las amigas no se daban cuenta que Ruperta al decir en esa mañana su sí, englobaba en él todos los no a las futuras posibilidades que se le pudieran presentar. Porque aquella aceptación incluía definitivamente la renuncia a todos los otros hombres que pudiera presentársele en su vida. Pero eran personas realistas. Por ello se alegraron sinceramente por su elección. Sabían que sólo a través del sí, ella se ponía en marcha hacia el futuro, hacia la vida. Nadie se preocupaba de las renuncias encerradas en aquella elección.

La sobrina de Ruperta tenía diecisiete años. Llena de vida y con todo el futuro que le sonreía a través de los sueños de sus viejos, y de las aspiraciones de sus amistades. Había terminado quinto y tenía que decidir. Varias carreras eran posibles. Tenía inteligencia ella, y dinero sus padres. Pero desde el retiro de setiembre, algo le andaba bullendo dentro de su corazón de muchacha. Sentía que Cristo le pedía un sí entero. Y a ella le entusiasmaba la idea de decirle que sí, aunque le asustaba un poco lo que podría encerrar para el futuro.

Cuando se supo que entraba al convento, se armó un bonito revuelo entre los parientes, sobre todo entre los y las que ya habían doblado la curva de los treinta y cinco. No les entraba en la cabeza que esta chica pudiera decir de golpe que no a tantas cosas que la vida le ofrecía como posibles, sin siquiera haberlas probado. Los tenía obsesionados la idea de que la chica al entrar al convento renunciaba a un futuro profesional, a una pareja feliz, a los hijos. Renunciar a tanto ¿pero qué necesidad había? ¿Quién le habría metido en al cabeza semejante idea? Se hablaron barbaridades y se dijeron estupideces sobre las monjas a cuyo colegio sus papis la habían mandado desde pequeña, porque era un colegio bien y daba status. Se criticó al cura que les había dado el retiro de setiembre a las chicas de quinto, y discretamente la andanada salpicó a los padres que inconscientemente le habían dado el permiso para hacerlo.

En fin lo curioso fue que muy poco realmente pensaron que lo que la muchacha estaba haciendo no era decir que no a nada. Simplemente decía que sí a Alguien. Era ese sí el que encerraba tantos no. No había ninguna necesidad de esperar a los treinta y cinco como hizo la Ruperta, que se dedicó a decirlos en cómodas cuotas mensuales durante veinte años, para aflojar recién a la fuerza un sí medio tibión empollado por una nidada de no anteriores. La conozco a esta joven, que es hoy una gran religiosa. Conserva toda la frescura de un sí grandote dicho desde el principio.


¿El cuento te recuerda o evoca alguna situación que hayas vivido? Claramente ésto no tiene por qué pasar ni por casamientos ni por hacerse monja, pero sí por tantos momentos claves en nuestra vida en los que hay que elegir, un desafío nuevo, un crecimiento posible, una huella que se abre, decir no a cosas para responder con la vida... Cueste lo que cueste y aunque nos cueste: esta aventura es nuestra.

un abanico multicolor

Poca vitalidad, ausencia de proyectos personales que entusiasmen, sin grandes convicciones ni pretensiones. Aburrimiento, pasividad, poca intensidad en todo. Poca energía, cansancio. Poca disposición a integrarse o interactuar con otros. Evitar confrontaciones, de la escuela del "está todo bien". Estar con gente sin llegar a tener una amistad personal con nadie en concreto, pocas habilidades sociales para estar con la gente. Así era el protagonista de una película que vimos el viernes y que no recomendamos se vaya a ver, porque al menos en este caso: segundas partes nunca fueron buenas. Porque es una pobreza de vida la de este señor, lo que se llama una vida gris, esa que no queremos nosotros.

Lo contrario es lo que viví este fin de semana, relaciones que vuelven mi vida un abanico multicolor. Unas abren las puertas a cosas nuevas, otras son viejas y conocidas, otras generan muchas preguntas, otras traen algo inesperado, otras que llevan mucho más lejos de donde empezaste y otras traen de vuelta a la realidad. Es un consuelo saber que aquellas a las que amas siempre vivirán en tu corazón y si tienes suerte y se puede, a unas horas de viaje, a un vuelo de distancia, en un rato de chat o aprovechando que cargaste la tarjeta telefónica.

Para unas cuantas cosas no sé si estoy o no preparada, pero cada vez me doy cuenta con más claridad que la relación más emocionante, difícil y significativa de todas es la que tengo conmigo misma, en esa siempre estoy aprendiendo y en ésto, otras personas también ayudan.

viernes, 26 de agosto de 2011

aprendices en esto de vivir

Una amiga que también acompaña de cerca mi vida y este lugar en el mundo, me contaba esta semana que una familia amiga suya hace casi dos años perdió a su hijita de 22 meses porque se les cayó desde el balcón de su casa y se mató. Ayer celebraron el bautizo de otra preciosa niña que Dios les ha enviado. Cuenta que fue un día muy especial, que días así la reconcilian con la vida, con lo que esta vida tiene de extraña y sorprendente. Tan pronto te puede quitar lo que más te importa y te deja desgarrado como te da lo mejor que te puedas imaginar y te devuelve, en parte, la esperanza, la ilusión y la fe.

Y es que todos somos aprendices en esto de vivir, no sabemos a ciencia cierta cómo se vive mejor, podemos descubrir pistas que nos dicen por dónde ir. Me intento dejar guiar por lo que intuyo. ¡¡Y esto cuesta tanto a veces!! No siempre es fácil y conlleva lucha interior con la que hay que contar, para la que muchas veces no estamos preparados, se nos hace difícil y no nos acompaña la paciencia. Sabemos que es cierto que todo compromiso con cualquier realidad, para sostenerse, para durar, para ser auténtico, ha de contar no sólo con mucha capacidad de ilusión y de empeño sino también de paciencia. Y quizás esto es lo que más cuesta vivir, esperando y siendo pacientes sobre todo con nosotros mismos.

En la vida hacemos muchas veces la experiencia del fracaso de nuestras expectativas, se frustran nuestros mejores deseos, nos resistimos a la realidad tal y como es, como también a nuestra propia fragilidad y la fragilidad de los demás.

Por eso en momentos así me gusta recordar que la esperanza es la capacidad de confiar en que se hará realidad algo que aún no veo, algo que no depende sólo de nuestras propias fuerzas ni de mi empeño, es algo que se nos da. Y no sabemos ni cuándo será ni cómo. Sé que está esperanza está unida a la capacidad de comprometerse por hacer realidad aquello que se espera. No es una esperanza meramente pasiva, no esperamos de brazos cruzados sino poniendo de nuestra parte para que se realice.

Muchos de nosotros tenemos tantos motivos para sonreír que, por consideración con los que están más rotos, y por gratitud por todo lo que hay de milagro en nuestras vidas, podemos ser menos quejicas. Podemos estar contentos por los encuentros y los proyectos que ilusionan. Podemos cantar, desafinando si hace falta, cada vez que llega una buena noticia. Podemos reconocer, asombrados como hacen los niños pequeños, lo afortunados que somos. Podemos mirar, sorprendidos lo bueno que hay en tantas vidas.

lugares donde encontrarnos

¡Qué importante son para mí los grupos en que participo! En diferentes ambientes, me siento afortunada de poder vivir esta experiencia que me enriquece como persona.

Está claro que necesitamos lugares. Con los años te vas dando cuenta que no existe el lugar ideal, como no existe la familia perfecta ni los amigos ideales ni la media naranja ni el príncipe azul ni nada del mundo que te imaginaste así de grande y envuelto para regalo llamando a tu puerta. Las cosas suelen ser distintas, a veces más sencillas y otras no. De la misma manera que a veces los lugares no están, hay que generarlos y cuando los tenemos, cuidarlos para que vayan siendo cada vez más un hogar donde encontrarnos con los otros y con nosotros mismos.

En algunos de estos espacios me encuentro gente que a veces comenta que no encuentra su lugar y se siente en el aire. Y aquí hay gente de todo tipo, gente que no encuentran lo que busca, gente que está eternamente en búsqueda, gente que quiere y no concreta, gente que picotea de todos lados y eso les excusa para no estar en ninguna parte.

Cuando hablo de gente que no encuentra su lugar no me refiero únicamente a un espacio físico, sino a ese espacio que da el encuentro con dos o más personas y que se vive en distintas relaciones. De alguna u otra manera buscamos eso. Dependerá la etapa de la vida en la que nos encontremos, las necesidades que tengamos. De una u otra manera necesitamos espacios de la misma manera que encontrar modos de comunicarnos.

Al lugar no lo forma tanto el espacio físico, ni una sola persona, al lugar lo generan y lo alimentan los que van al encuentro cada vez que participan de cualquiera de las posibilidades que se dan. Por lo que para generar un lugar es esencial el encuentro de las intenciones, el querer estar juntos y querer compartir, porque muchas veces nos hemos visto en situaciones de estar juntos pero no encontrarnos ni comunicarnos.

Además de los lugares o espacios de encuentro habituales, están esos otros encuentros especiales que surgen de forma espontánea o planificada y alimentan esa relación que se va generando entre nosotros. Esa comida anual con los compañeros de colegio, la cena más esperada del año, una excursión, un viaje, tomadas de mate, quedadas para cafés o tés (según los gustos), visitas, acontecimientos como un cumpleaños, una fiesta, una salida a comer, participar juntos de la preparación de un evento, en un campamento.

Y esos otros foros de encuentros virtuales y on line. Primero llego el correo electrónico, después la telefonía móvil, los chats, el Skype, los blogs, después Facebook, Twitter... herramientas que nos dan hoy en día facilidades que hace años atrás no hubiéramos soñado que existirían.

Está claro que una vez que encontramos los lugares importa también la intención y el querer que se pueda, por más que físicamente no siempre es fácil por horarios o agendas el encajar la manera, lo mismo que la duración y la frecuencia, si el querer estar juntos importa, aunque suene a frase hecha, todos sabremos encontrar el espacio posible para que surja.

jueves, 25 de agosto de 2011

nos podemos ayudar los unos a los otros

El consultorio de Elena Francis fue un programa de radio emitido en España entre los años 1947 y 1984. El espacio iba dirigido al público femenino, duraba media hora y se estructuraba en torno a las cartas que dirigían las radioyentes a una supuesta experta que contestaba a las dudas, consultas y confidencias planteadas. Los temas eran los propios de la época, de corte doméstico: cocina, jardinería, salud, belleza y problemas sentimentales o incluso psicológicos.

Afortunadamente el registro ha cambiado y yo no me dedico a eso y aquí no hablamos de cremas o detergentes o de cómo cuidar mejor los geranios... Sin embargo a raíz de la revolución de los blogs y su presencia en nuestra vida que es a veces un poco virtual, surgen ocasiones que nutren este lugar en el mundo y me resulta simpático el hecho de que a raíz de los escritos que aquí publico, me llegan al correo reflexiones, sentimientos, de los nuevos oyentes on line, entre los que también hay hombres y no sólo mujeres.

Estoy convencida de que necesitamos espacios y lugares de encuentro y si los que tenemos no nos satisfacen tendremos que buscarlos o inventarlos. Porque mientras estamos vivos queremos eso: vivir y poder compartir lo que nos pasa. Y aunque nunca será como un cara a cara, sí puede ser de corazón a corazón, una oportunidad de conectar más a fondo con emociones y vivencias comunes.

Leer de otros esas palabras que no nos salen o que nos cuestan decir, así como acercarnos a experiencias y deseos. Sentir que no somos los únicos que pasamos por épocas difíciles. Abrir los ojos y el corazón para poder ver mas allá, dar otra puntada de hilo en ese aceptarnos tal y como somos y mirar con diferentes perspectivas. Porque también aquí tenemos un espejo y nos podemos hacer preguntas en al medida que vamos enfrentando nuestros problemas y temores. Comprobar que no hay sueños imposibles ni tan lejos a través de testimonios que nos enseñan que la vida es bella y que hay que vivirla con alegría, que se puede luchar por ser mejores, ser positivos y felices por mucho que nos parezca que las cosas están muy cuesta arriba.

Una vez más constatar que aunque este mundo nos dice que la vida va de ir por libre, cada uno a lo suyo, no es verdad, porque en el fondo no queremos eso, nos necesitamos, no queremos vivir solos, sin tener gente con la que poder compartir, eso tan humano que nos pide por dentro salir hacia otros, abrirnos, descubrir que siempre nos podemos ayudar los unos a los otros a ir más lejos, a soñar nuevos horizontes.

Como dice en uno de sus escritos Kike Figaredo: "Hay personas que son santuarios de vida, faros de energía y bondad, guías cuya presencia, por alguna extraña razón, nos hace querer mejorar, querer aportar, querer servir".

Hay gente que nos empuja a ser mejores. Y por eso también podemos tomar impulso para vivir con otro aire, más renovado.



miércoles, 24 de agosto de 2011

desahogarse cuando duele


Hoy recibí una carta de las de antes, sí de las que llegan por correo postal, una persona a la que aprecio y que está pasando un momento difícil por una ruptura me escribía desahogándose. Me contaba algo que de alguna manera todos hemos experimentado alguna vez en situaciones de ruptura de relaciones de pareja o amistad o por la muerte de alguien muy querido. Me habla de cómo se siente, de ese duelo que dice muchas cosas, que lastima escuchar pero es camino para crecer. Dice que hace lo que puede con ese desbarajuste y encaje de emociones, con su corazón partío, luchando por salir adelante, asumiendo esta hora de dolor que pesa y cuesta mucho sobrellevar pero que la esperanza es como una luz en el horizonte para seguir adelante queriéndose mejor.

Me gustó mucho su sinceridad a pesar de poder tocar en sus palabras ese dolor tan grande que ahoga por dentro. Elige compartirlo porque sabe que así es más fácil de llevar y porque necesita apoyos para avanzar. Este blog le ha dado fuerza.

Comparto un extracto de su larga carta y este deseo que tiene de aprender a hacerlo mejor, de crecer en este tiempo de crisis.

Algunas veces la vida es extraña y complicada, vives, crees que la cosa va bien y acontecimientos buscados o no, rompen tu ilusión y de repente todo cambia y todo se transforma y esa ilusión se marchita cuando menos te lo esperas. Entonces te das cuenta que la soledad se vuelve inmensa, que hay un vacío tremendo y te rompes ante algo que no puedes remediar porque ya es tarde. Y te das cuenta una vez más, de que lo sabías pero se te fue de las manos: nada dura siempre aunque nos lo parezca y nos permitamos el lujo de no hacer nada, de dejar pasar ocasiones, de no comprometernos con lo que hacemos y con las personas que queremos, porque total, están ahí.. Pero la vida es dinámica y a veces va demasiado deprisa como para seguirle el ritmo y todo puede cambiar. Las personas cambian, mueren, se van, pueden dejar de querernos, las cosas en las que nos dejamos la piel se caen y nos quedamos fuera de juego. Y se nos viene el mundo encima.

Todavía no lo he superado pero sí voy dando pasos concretos, estoy entre búsqueda de sentido y de soluciones. Ojalá tuviéramos un GPS que nos dijera la dirección correcta, mi abuela dice que eso no existe, no hay dirección correcta ni sentido único, hay que atreverse y punto. Pero es verdad que el miedo a equivocarnos es tan pesado como carga que si no lo soltamos te tira para abajo. Las crisis si tienen algo de bueno es que nos llevan a donde no hubiéramos ido por nuestra cuenta y creo que en mi caso es un buen momento para hacer algo mejor con mi vida como esa vez que me anoté a descenso de cañones a pesar de estar temblando de miedo.

Me he equivocado y me cuesta reconocerlo. Mi orgullo se siente herido. Mi terquedad amenazada. No me gusto así. Quisiera dar marcha atrás pero no se puede. Me arrepiento de cosas no dichas esperando un momento mejor, no hechas a causa de mis miedos, dadas por supuestas... Qué típico... lo he oído tantas veces, me tocó a mí y ya es tarde. Me gustaría tener ya la solución y no se puede. La paciencia se me atraganta. No aguanto nada. Lo que más me cuesta es hacer algo con mi cabeza que no deja de echarme cargas, mis pensamientos como un tren de alta velocidad no paran y me cuesta mucho tener espacios de silencio tranquilos. Tantas veces quiero gritar, llorar, correr y no parar. Daría todo lo que tengo por volver a lo de antes. Quiero que esto se termine. Me duele, me angustia. Me esfuerzo y no me sale, vuelvo a sentirme mal. No puedo. Me siento torpe y no sé cómo hacerlo mejor. Tengo el sí débil. Me siento lejos de tantas personas y no sé cómo deshacer esa distancia. Cuando no puedo más, hago lo contrario a lo que me ayuda. Por momentos estoy muy triste, no puedo conmigo... Y escribo a la desesperada, a veces hablo sin llegar a decir nada... Y llega la soledad, la noche y esos ratos que me hablan de lo que me falta.

Y por más que busco no encuentro algunos trozos de mi alma, que con esta ruptura se fueron. Y me duele. Y echo de menos tantas cosas que a veces cuando lo pienso es como si se me cortara la respiración. No sabía que se podía querer así. Me acuerdo de algo que dijiste una vez: el amor es la emoción más difícil de aprender y la que más necesitamos sentir y comprender. ¡Cuánto necesito ahora sentir ese amor!

Cuando me busco por dentro unas cuantas veces no me encuentro. Pero leo tu blog y es un impulso. Me conecta con lo mejor que tengo: la esperanza. Me hace pensar que es posible, me hace sentir cerca de personas que esperan y luchan. No es tarde para mí. He perdido sí, pero todavía me tengo.


la oportunidad de ser protagonista de tu vida


en la mochila

Dos personas que conozco están de mudanza, uno se va y otro viene. Uf, una mudanza! Qué pereza me daría hacerla en este momento! La misma que me da ponerme a limpiar a fondo armarios, empezar a tirar cosas,... Sin embargo, a veces toca y hay que ponerse a ello y lo bueno viene después... ¡qué liberación! ¡Qué gusto tirar esas cosas que guardamos por los siglos de los siglos y que un día por fin prescindimos de ellas! Vuelve a haber espacio, está más limpio, ordenado, sabemos dónde están las cosas, nos hemos encontrado otras cosas que no nos acordábamos ni que teníamos...

Y con el mismo símil del orden en el armario o la mudanza, este texto de los Jesuitas nos acompaña a las puertas del comienzo de curso para cuidarnos y querernos un poco más e ir haciendo la mochila:

¡Cuántas cosas vamos acumulando en la vida! Memorias, proyectos, historias, objetos, actitudes,... Es señal de vivir, de no quedarte con los brazos cruzados. Pero en parte nos pasa como con el armario o las silla de la ropa de la propia habitación o la mesa de trabajo, como no despejes de vez en cuando terminas sepultado por libros, ropas, objetos varios... Así que, aunque cueste, de vez en cuánto nos toca hacer limpieza general y tirar todo lo que sobra... Para quedarnos con lo importante.

Y valga esta limpieza también para aspectos de nuestra vida. Fuera las comeduras de tarro que no conducen a ningún sitio. Los enfados y rencores duraderos, que se gasta demasiado tiempo rumiando rencores y heridas, volviendo sobre ellas. Fuera el miedo a los juicios, al qué dirán... Mandemos también al garete el orgullo si es que nos impide pedir ayuda y el criticar todo que solo hace daño.

¿Y qué decir del egocentrismo que a veces le hace a uno sentirse el centro del mundo? Que se vaya para no volver. Patada a la ingratitud, que demasiadas veces me impide darme cuenta de tanto como tengo. Para, más liviano, poder seguir caminando ligero de equipaje.

En cambio habrá que aprovisionarse de buenas dosis de humor. Unas cuantas raciones de cariño, que bastante sequedad y dureza hay por ahí. No hay que dejar marchar la esperanza de que el mundo mejore, cerca y lejos. Conmigo tendré que llevar también valores, metas, sueños, proyectos…

Dentro la familia. Y los amigos. Y los que necesitan mi ayuda (que no falte). Dentro la alegría, también de noche. Los abrazos. El tiempo para conversar. Una oración, de vez en cuándo, que me recuerde que no estoy solo. Un buen libro que me ayude a abrir la mente. Una canción para poblar los silencios. Dentro el deseo de lo bueno, la capacidad de perdonar y la humildad para nunca dejar de aprender.

un nuevo comienzo

En este lugar del mundo en breves semanas empieza un nuevo curso escolar. Los estudiantes de las universidades de la ciudad vuelven a las aulas, algunos iniciarán la etapa universitaria, otros la continuarán, a otros les queda poco para terminar. Después serán los colegios los que comiencen su actividad. También para otras áreas y espacios que funcionan con el curso escolar es un nuevo comienzo y dentro de poco todos empezamos de nuevo. Academias, escuelas de idiomas, centros culturales, actividades anuales, parroquias y asociaciones...están por cruzar ese puente que separa el verano de la vida de cada día.

Casi sin darme cuenta los meses de verano van concluyendo, llega septiembre. Entre septiembre y octubre vuelve la normalidad de la vida en la ciudad. Más o menos renovados, llenos de posibilidades, empezaremos de nuevo y seguiremos haciendo camino.

¡Estamos invitados a un nuevo comienzo! ¡Crucemos el puente!

lunes, 22 de agosto de 2011

hacer nuestro mundo más humano

Está claro que no podemos hacer mucho, pero desde lo que somos siempre podemos aportar algo, podemos hacer algo para que nuestro mundo sea más habitable, y humanizarnos nosotros y sentirnos hermanos de quienes más necesitan.


Artículo publicado por Paco Robles en el diario ABC de Sevilla.


Pagó la última ronda de unas cervezas que le habían sentado divinamente después de una intensa semana de trabajo, se lo habían pasado bomba despotricando del viaje del Papa, de la hipocresía de la Iglesia, de todo lo que les pedía el anticlericalismo que los unía como la amistad que se profesaban y que les servía para estar colocados en la misma empresa pública de la Junta. Se fue a casa para comer algo antes de echarse una buena siesta, pero de camino se encontró con un olor que lo llevó directamente hasta el paraíso efímero de su infancia. Un olor a cocido, a caldo humeante, el aroma que lo recibía cuando llegaba a su casa después del colegio, con su madre atareada en la humilde cocina donde la olla hervía sin cesar.

Entró en un local que le pareció un restaurante modesto, pero con encanto; iba distraído, pensando en el Informe Técnico sobre Prevención de Riesgos Psicosociales de las Personas Expuestas a Situaciones de Disrupción Económica Familiar que le habían encargado en la empresa pública donde trabaja. En realidad, no era un restaurante; sino un autoservicio frecuentado por gente de toda condición. Había personas ataviadas a la antigua usanza, junto a individuos solitarios que vestían según las normas alternativas del arte povera. De pronto abrió los ojos y se quedó pasmado al comprobar que, quien le servía la comida en la bandeja, era una monja. Aquello era un comedor social y se vio rodeado de eso que nunca se nombra en los informes ni en los dosieres que prepara: pobres. Quiso retirarse, pero la monja no lo dejó. Le sonrió y le dijo que no se preocupara, que la primera vez es la más complicada, que no debía avergonzarse de nada, que el cocido estaba buenísimo y que, de segundo, había filete empanado; que no se perdiera las vitaminas de la ensalada ni de la fruta, y que podía rematar la comida con un helado de los que había regalado una fábrica cuyo nombre obvió. Se vio sentado a una mesa donde un matrimonio mayor, y bien vestido, comía en silencio, sin levantar los ojos de la bandeja. Enfrente, un tipo con barba descuidada sonreía mientras devoraba el filete empanado y le contaba su vida; había perdido el trabajo, el banco se había quedado con su casa, después del divorcio no sabía a dónde ir; menos mal que las monjas le daban comida y ropa, y que dormía en el albergue bajo techo. «Al final, he tenido suerte en la vida, compañero; así que no te agobies, que de todo se sale…»

No podía creer lo que estaba sucediendo. Nadie le había pedido nada por darle de comer, ni le habían preguntado por sus creencias. Se limitaban a darle de comer al hambriento, sin adjetivos. Al salir, no le dio las gracias a la monja que le había dado de comer. Pero no fue por mala educación, sino porque no podía articular palabra. Una inclinación de cabeza. Ella le contestó con una sonrisa leve: «Vuelve cuando lo necesites y, si no estoy, di que vienes de parte mía. Me llamo Esperanza».



Experiencias así, concretas, sencillas, cotidianas, a menudo pasan desapercibidas porque no las vemos, no pasan en nuestro entorno, no tenemos noticia de ellas. Sin embargo, cuando las conocemos nos conectan con lo más humano de nosotros mismos, nos ayudan a mirar con otros ojos la realidad, más compasivos, esperanzadores, menos centrados sólo en lo nuestro, podemos ver que se pueden hacer más cosas que criticar u opinar sobre lo que hacen bien o dejan de hacer los otros. Incluso, si queremos, podemos hacernos cargo de una pequeña o grande realidad del mundo y trabajar por cuidarla, mejorarla, para que pueda sentirse cuidada y querida por alguien.

Recientemente en el transcurso de las Jornadas Mundiales de la Juventud de Madrid, miles de los jóvenes están participando en los encuentros, las vigilias de oración y las iniciativas de solidaridad promovidas, dentro del programa común, por distintas congregaciones, movimientos, asociaciones, cantidades de oportunidades de acercarse a otras realidades y maneras de vivir la vida. Aquí añado un par de experiencias que bien vale la pena conocer y dejar que nos interpelen:

La Comunidad de Sant'Egidio, es una de ellas presente en la Jornada con una numerosa representación de jóvenes provenientes de 30 países no sólo europeos, también de América Latina, África y Asia. También se ha ofrecido la oportunidad de unirse al trabajo de solidaridad de la Comunidad de Sant'Egidio de Madrid: muchos grupos se distribuyeron por las calles de la ciudad para repartir la cena a las personas que viven en la calle.


Ayuda a la Iglesia Necesitada
a través de una exposición y testimonios pone rostro y voz a los 350 millones de cristianos que sufren hoy a causa de su fe. incluye también la proyección de documentales audiovisuales sobre la vida y situación de las comunidades cristianas en China, Nigeria, Sudán, Cuba e Irak.

domingo, 21 de agosto de 2011

buen motivo para celebrar


Hoy, este querido lugar en el mundo, cumple un año de existencia. Volviendo atrás, me vienen a la memoria escritos, momentos, imágenes, videos, canciones, poesías... todo eso que va saliendo de adentro o que me inspira desde fuera, que va nutriendo este espacio.

Hoy no puedo hacer otra cosa que sonreír y compartir con convicción y alegría que es posible hacer todo lo que está en nuestras manos para querernos y cuidarnos mejor, porque nos lo merecemos y nos lo debemos.

A mí, al menos, me ayuda, hace que no viva las cosas sin más, me ayuda a reconocerme, a mirar la vida y los acontecimientos, hacerme preguntas, pasar por el corazón lo que vivo, escuchar más a fondo, estar atenta, poner en palabras o de otras maneras lo que quiero expresar y compartir, y traerlo aquí y darle un lugar.

La persona que me animó a crearlo hoy me sigue diciendo: tienes que seguir escribiendo. Y sé que lo voy a hacer porque es uno de mis lugares en el mundo. Por eso hoy lo celebro con quienes lo comparten conmigo y también forman parte de este lugar en el mundo. ¡Gracias por estar ahí!

sábado, 20 de agosto de 2011

saber quiénes son

Hace unos días charlaba de todo un poco con un amigo y entre esas cosas compartíamos la bonita sensación que tenemos cuando vamos sabiendo en la vida, cada vez de manera más clara con los años, quiénes son las personas importantes.

Compartíamos esas cosas que tenemos claras, esas que vamos definiendo, descubriendo sobre todo en personas que son importantes para nosotros... Cómo asumimos los cambios, cómo vivimos esas relaciones, qué necesitamos, qué queremos, qué no queremos... Quiénes son amigos del alma, quiénes son otra clase de amigos, quiénes lo fueron y ya no lo son, con quienes compartimos años de nuestra vida y esas relaciones han cambiado o se han transformado, quiénes son compañeros, conocidos...

Por dentro lo podemos tener más o menos claro, nos lo dice el corazón; por fuera, en nuestras relaciones no siempre las cosas son sencillas y claras y nos cuesta Dios y ayuda, en algunos casos, saberlo; en ocasiones, nos complicamos en tantas cosas que cuesta vivir de acuerdo a lo que sentimos y queremos y es la realidad que vivimos quién confirma o desmiente las comeduras de tarro que nos hacemos.

Lo cierto es que cuando necesitamos para lo bueno o para lo malo a alguien sabemos a quién acudir o a quién buscar independientemente de lo lejos o cerca que podamos estar y buscamos las maneras de comunicarnos y encontrarnos.

¡Qué sensación más pacificadora es saber que tenemos puertos seguros a donde llegar! Personas concretas, relaciones distintas y variadas, con quienes descansar, divertirnos, compartir malas épocas, crisis, como también sueños, esperanzas, posibilidades... con todo lo que la realidad va trayendo.

cordón umbilical

Este escrito no es mío, es de una amiga que cuenta experiencias significativas en su trabajo, me pareció un lindo escrito que traer a este lugar en el mundo:

Llega el momento de la despedida, madre e hija habéis disfrutado de la tarde juntas y toca irse. La cena está servida, a tu madre la están esperando para atenderla como ella se merece, y tú tienes que irte a casa.

Veo con qué cariño te despides de tu madre,le ayudas a ponerse la servilleta y le das el beso de buenas noches. Desde el otro lado del comedor percibo tus lágrimas junto al ascensor y como quien no quiere la cosa me cruzo contigo, en busca de no sé qué. Te miro de frente, un escalofrío me sube a mí también por mis conductos lagrimales y tocando tu brazo te digo que ella está bien.

Su respuesta me sobrecoge. "Si no es por ella, soy yo, llevo 63 años viviendo con ella , es la primera vez que me separo de ella, que duermo bajo otro techo. Si por la que lloro es por mí, no estoy acostumbrada a estar sin mi madre."

Y me recuerda algo que yo también sé: que siempre es buen momento para romper nuestro cordón umbilical aunque nos cueste y duela.

martes, 16 de agosto de 2011

con áfrica en el corazón dando la vida

Tras toda una vida entregada como misionero redentorista en África, el Padre José María Montes murió el sábado 13 de agosto.

¡Descansa en paz José Mª! Gracias por hacer más habitable tu lugar en el mundo, por tu presencia y trabajo misionero. Otros lo continuarán...

http://www.redentoristas.org/archivos_noticias/jmmontes_fallecido.html

http://www.acogerycompartir.org/Noticias/2011/0815montes.html

las cosas pueden cambiar

Ayer recibí un mensaje que me dio mucha alegría, una compañera me escribía un correo que no esperaba para nada y me alegró por ella, porque me escribía contándomelo y porque una vez más es verdad que siempre estamos a tiempo de aprender cosas nuevas, es un signo de esperanza, para no perder la fe en las personas, en las capacidades que hay en cada uno de nosotros y que están esperando despertar, desplegarse... Por eso lo traigo a este lugar en el mundo:

A ver si nos vemos pronto que esto no puede ser... He conocido a gente nueva que me está enseñando la importancia de los gestos y los pequeños detalles y como yo no me prodigo mucho en ellos... sientan muy bien, así que a ver si poco a poco yo también... aunque soy un poco torpe... tengo que practicar... así que ya ves entre esto y adaptarme al trabajo que llegó cuando menos lo esperaba, ¡¡¡no puedo quejarme del verano!!! Pienso en ti aunque no lo demuestre mucho... Ahora ya lo sabes!!! Un beso gordo y gracias por confiar en mí y en que las cosas pueden cambiar.

lunes, 15 de agosto de 2011

en un corazón descalzo

Me gusta mucho viajar. Conocer lugares diferentes, modos de vida distintos. Me gusta mucho encontrar personas que quieran compartir algo de sus vidas en un pequeño instante. Me gusta ver como viven, constatar hasta que punto sus vidas son tan diferentes a la nuestra y al mismo tiempo tan similares. Poder compartir la vida diaria con otros es un regalo, especialmente cuando salimos de medios de vida diferentes.

Visitando diferentes países, permaneciendo con un corazón abierto y generoso, me doy cuenta que cada relación puede contribuir a construir un mundo mejor, siempre y cuando cada uno decida dar lo mejor.

Después de abrirme a otros lugares, a otros espacios y a otros encuentros vuelvo a este lugar en el mundo con esta frase que resume lo vivido: agradezco todo lo que tengo.

Estos días me abrieron a tiempos de encuentro conmigo misma, esos tiempos en los que algunas veces nos detenemos porque están pasando cosas importantes en ellos que tenemos que escuchar, recibir, para después llevar de vuelta en la vida de cada día y acompañar, concretar, para que formen parte de la vida y den consistencia a la manera en la que queremos vivir en el mundo. Estos tiempos encierran un impulso vuelto a tomar mil veces, y como la vida, es un don que se nos regala en los momentos más inesperados.

Es a través del corazón donde descubrimos lo que necesitamos para vivir, lo que realmente queremos y ahí no queda otra que hacerle caso y ponernos a ello. Hay intuiciones que se van convirtiendo en líneas importantes de nuestra vida, certezas que se repiten a lo largo de los años que nos hablan de verdades que si las escuchamos, nos ayudan a rehacer el camino y las opciones tomadas.

Fue una oportunidad de reencuentro, de descalzar el corazón, no sin resistencias al principio, aunque siempre después vuelve la confianza y es más sencillo ir viendo cómo pisar de lleno la realidad. A mirar los acontecimientos de un modo diferente. No se nos da todo de una vez pero una pequeña luz ya es más que suficiente para vivir hoy. Ahora veo más claras cosas que me hablan de nuevos retos, que empiezan en un corazón descalzo: más dispuesto a quitarse barreras que impiden que se realicen otras cosas y recomenzar de nuevo a elegir.


viernes, 5 de agosto de 2011

tiempo de descanso

Después de unos días de muchos escritos, de distintas vivencias y testimonios, llegan días de descanso y de reposo.

Seguiré escribiendo y lo que escriba lo traeré a este lugar del mundo cuando tenga un espacio para ello, porque con eso de compartirlo, este lugar en el mundo, no es sólo mío, también le ayuda a otras personas, que me escriben, me animan, me envían cosas que pueden ayudar a enriquecerlo o a seguir en esta búsqueda de cuidarnos y querernos mejor.

Y para este tiempo de descanso nada mejor que ilustrarlo con una obra que me gusta. Es un cuadro que se llama La siesta y fue pintada por Van Gogh cuando estaba internado en un asilo en la región francesa de la Provenza. Este cuadro está en el Museo de Orsay en París. Otro lugar en el mundo al que recomiendo ir y volver siempre que se pueda. A los dos, a París y al Museo de Orsay.

pero a tu lado

Temazo de Los Secretos que no pasa de moda y sigue teniendo una letra sugerente y motivadora!!

http://www.youtube.com/watch?v=Ip9kJ1urLIQ&feature=relmfu

Pero a tu lado
Los Secretos

He muerto y he resucitado.
Con mis cenizas un árbol he plantado,
su fruto ha dado y desde hoy algo ha empezado.

He roto todos mis poemas,
los de tristezas y de penas,
lo he pensado y hoy sin dudar vuelvo a tu lado.

Ayúdame y te habré ayudado,
que hoy he soñado en otra vida,
en otro mundo, pero a tu lado.

Ya no persigo sueños rotos,
los he cosido con el hilo de tus ojos,
y te he cantado al son de acordes aún no inventados.

Ayúdame y te habré ayudado,
que hoy he soñado en otra vida,
en otro mundo, pero a tu lado.

Ayúdame y te habré ayudado,
que hoy he soñado en otra vida,
en otro mundo, pero a tu lado.

jueves, 4 de agosto de 2011

una mirada amable puede cambiarte

Tim Guénard, un hombre de 52 años. Nació en París y vive en Lourdes. Casado, 4 hijos, 5 nietos y 7 jóvenes en régimen de acogida. Superó una infancia y una adolescencia de maltrato. Cree en la política local: si se está lejos, no se hacen bien las cosas. Y en el gran jefe (Dios) pero no en las religiones.

He conseguido hacerme amigo de mi pasado y ese es mi pasaporte para aceptar a los otros tal cual son, dice. En la desesperanza encontró a algunas personas buenas y aprendió de ellas: “Debo mi vida a quienes la sociedad rechaza: lisiados, anormales, vagabundos”. Trabaja como apicultor y en su granja ayuda a gente que sufre.

Ha venido a Barcelona invitado por la Asociación Bocata, jóvenes que reparten bocadillos por el barrio del Raval, y a dar una charla en la Universidad de Barcelona.

Esta entrevista quiere nutrir este lugar en el mundo como testimonio de superación personal y de la lucha de este hombre que no se deja desanimar:

Su vida ha sido extremadamente dura.

Fui abandonado por mi madre a los tres años. Me dejó atado a un poste de electricidad de una carretera. Fui entregado a mi padre, alcohólico. Cuando bebía no sabía lo que hacía y me pegaba a menudo. A los cinco años me dio tal paliza que pasé tres años en un hospital y no volví a andar hasta los ocho años.
Yo no tenía visitas, observaba, miraba como aquellos adultos hablaban con cariño a los otros niños y les hacían regalos. Fue entonces cuando cometí mi primer robo.

¿Qué robó?

El envoltorio de un regalo. De noche me arrastraba al lavabo y me encerraba a contemplar aquel papel en el que se repetían un trencito repleto de paquetes y un osito que imaginaba que me daba las buenas noches.

Triste recuerdo.

Sin visitas ni motivación, era difícil sobrevivir en una cama de hospital. Sentía celos de aquellos niños. Una noche soñé que mi padre salía de una lavadora limpio y nuevo, y venía a recogerme. Pero jamás vino. Con el tiempo mi deseo se transformó: quería recuperar las piernas para salir de allí y matarlo.

¿Qué se necesita para superar una situación como la que describe?

Lo que a mí me ayudó a sobrevivir no fue el amor, sino el odio; así fui cayendo en reformatorios en los que me maltrataban. Me convertí en un perro que al principio mordía porque tenía miedo, después descubrí que yo provocaba miedo a los otros. Me escapé repetidas veces y a los 12 años me instalé en la calle. Un día me senté junto a un señor y me dormí sobre su periódico. Era el señor León, un gran regalo que recibí. Recuperaba los diarios de la basura y los leía con dificultad, siguiendo las letras con el dedo. Yo intentaba hacer lo mismo pero mi dedo no leía.

¿El señor León era un vagabundo?

Sí, la primera persona amable que encontré, todavía hoy tiene consecuencias en mi vida. Me enseñó a leer, nunca he podido darle las gracias, pero jamás lo olvidaré.

¿Cuándo le cambió la suerte?

Costó. Viví tres años en la calle. Yo creía que mi condición era normal, pero gracias a un buen policía descubrí que no lo era. Aunque me devolvió a la cárcel, me trató como a un ser humano. Yo no quería vivir, pero todas las veces que pensé en quitarme la vida me venía a la mente la mirada de aquel policía. Doy fe de que una mirada amable puede cambiarte el destino. Es muy importante que te miren cuando tú no sabes ni mirarte a ti mismo.

¿Cómo consiguió formar su familia?

Un día llamé a la puerta de una casa muy bonita. Me abrió un chico y le pregunté: “¿Vives con tu padre, tu madre, hermanos?” No me respondió. Entonces le cogí la cabeza, junté su frente con la mía y le repetí la pregunta. Lo agarré del brazo y lo llevé a un bar para invitarle a una cerveza. Lo debía de tener aterrorizado. Quería saber cómo es vivir en familia y a él le divirtió contestarme. Nos hicimos amigos y me invitó a comer a su gran casa. El padre hablaba a su mujer con mucho respeto y cariño. Al despedirse me dijo que podía volver cuando quisiera. Me hizo un bien inmenso. “Algún día yo tendré una familia como esta”, me dije. No se puede soñar sobre algo que no se conoce. Si hoy estoy casado con una mujer a la que amo y respeto es porque un día fui invitado a la mesa de un matrimonio bien avenido. Yo soñaba con el amor, pero cuando lo veía se me hacía insoportable.

¿Le daba rabia?

Sí. Un día en una estación de tren vi abrazados a un padre y un hijo. No entendía lo que era aquello, pensaba que el padre estaba haciendo daño al niño.No era así.
Oí como el padre le decía: “Estoy orgulloso de ti”. Jamás había oído hablar a un padre así, los seguí durante horas. Yo soy un ladrón de amor, he aprendido copiando momentos de amor. Siempre que he abrazado a mis hijos me he acordado de ese hombre.

Sin embargo, insiste en que el odio y la violencia no son genéticos, ¿cómo romper ese círculo vicioso?

Si una persona no sale de su entorno, no se da cuenta de cómo es en realidad y, por desgracia, reproduce esas actitudes inconscientemente. Cuando ves a personas que quieren y son queridas eso te ayuda a no reproducir malas conductas. Para los que no tienen cariño, ver a gente con amor es como mirar ese escaparate donde no se puede comprar. Sin embargo, puedes decir: “pues yo algún día viviré de otro modo”. Yo no he reproducido la violencia simplemente porque encontré a gente que me hizo desear cosas más positivas.


También vio y vivió cosas terribles.


Sí, y eso me permite ayudar a mucha gente que sufre. Soy un ejemplo para los desesperados, he creado una gran familia con todas esas personas que acojo en mi casa.

¿Ha perdonado a su padre?

Sí. Un día comprendí que mi peor prisión era mi odio y mi propia historia. Perdonar es darse el derecho a existir. Si quieres elevarte, tienes que soltar lastre.

¿Qué le permitió olvidar y perdonar?

Ha sido un camino imprevisto en el que encontré a gente que dice en voz alta lo que tú piensas en bajito. Esos que van unos pasos por delante de ti, que han tenido una vida difícil y que ahora tienen una vida muy bella. Me preguntaba por qué y pensaba que yo también tendría una vida así en el futuro. Esa gente te da ambiciones, incluso sin que tú lo sepas. Por eso la mejor manera de ir en contra del destino es ir al encuentro de los demás; porque te dan ilusiones y te enseñan que la vida tiene otro paisaje.

Usted acoge en su familia a jóvenes con problemas, ¿qué les ofrece a diferencia del DASS (el servicio del Estado para niños abandonados)?

Es muy importante que esos jóvenes vean que la vida no es una fantasía, que hay otro modo de existir, que cuando uno comete un error puede pedir perdón e intentar no volver a hacerlo. Para que ellos se convenzan, lo tienen que ver en la práctica. Nosotros acogemos a los jóvenes y delante de ellos vivimos como una familia normal, por eso no es difícil para ellos imitarnos. Si fuéramos gente “perfecta” sería difícil imitarnos, pero justamente los roces que tenemos en la familia nos dan la oportunidad de crecer. Por eso, los jóvenes piensan: ¿y si yo también fuera capaz de mejorar?

¿Qué les diría a los jóvenes para animarlos a mirar más alto?

A los que tienen la suerte de tener una familia, les diría que es importante respetarla, honrarla y aceptarla; que ni aquellas personas a las que más queremos son perfectas. Muchas veces pregunto a la gente: “¿les has dicho a tus padres o a tus hijos que los quieres?”. Y la gente me dice: “ya lo saben”.
Para criticar y decir lo malo, la gente no pone medida; sin embargo, cuando toca decir “te quiero” o “estoy orgulloso de ti” muchos se callan. Se anima a los futbolistas o a los ciclistas, pero es necesario que nos animemos entre
nosotros. No es necesario ser un famoso para que alguien te anime. Y cuando los jóvenes ven eso, se producen cambios extraordinarios.

¿Qué influencia ha tenido su esposa sobre usted?

Mi mujer viene de un entorno completamente distinto, en el que no había problemas ni confusiones. Ella es diferente: es sencilla y vive sin complicaciones mentales. Conocía cosas que yo desconocía, tenía valores que me atraían... a veces los extremos se atraen. Y, ante todo, tuvo una mirada bella sobre mí porque si algunas veces soy guay, otras soy muy tonto. Cuando hablábamos yo le decía: “confía en mí y ya verás. Cambiaré”. Algunas cosas las cambiaba fácilmente pero en otras tenía que ponerme tres o cuatro veces. Ella ha tenido la paciencia y la delicadeza de creer en mí, incluso cuando yo dudaba de mí mismo.

¿Y sus hijos?

Los hijos son un regalo hermoso. Hay espejos para mirarse, peinarse y vestirse, pero el espejo para cambiar tu vida está en aquellos que más quieres. Porque uno solo no puede verse a sí mismo. No es suficiente con decirte que vas a cambiar. Los niños exigen que no te des a medias. Ser adulto es fácil, pero para ser una gran persona, se necesita a los niños. Mis hijos me decían que no hubieran querido tener otro papá y eso me hacía sentir muy orgulloso. Me decían: “papá, has cambiado mucho, eso está muy bien, ya no te peleas”. Yo les digo a mis hijos: “si papá hace algo bien, decírselo; y si hace algo mal, también”. Mi reto es mejorar cada día.

¿Qué es lo más importante que ha descubierto en su vida?

Yo no amaba a los seres humanos y hoy me enamoran. La vida está llena de cosas feas, pero yo me fijo en las cosas hermosas. No comprendo a la gente que insiste en lo malo. Me gustaría tener la mirada de un perro. Cuando era pequeño mi madrastra me obligaba a dormir en la caseta de la perra, el único ser que me miraba con amor por encima de cualquier circunstancia. A ambos nos llamaba bastardo. Me gustaría que mis amigos me recordaran con mirada de perro: “Estuviera bien o mal, Tim me miraba bien”.

Ha tenido momentos duros pero también luces en la oscuridad: encuentros hermosos como, por ejemplo, con la Madre Teresa de Calcuta en Roma...

No sabía ni quién era. Para mí era una anciana. Eso es otro ejemplo de lo que ha pasado en mi vida: tener encuentros que si los hubiera buscado nunca los habría vivido. Para mí son caricias, la vida no sólo te trata mal. En la vida real, cuando se escucha a la gente que se ha levantado después de vivir situaciones difíciles, uno se da cuenta de que nadie se levanta solo. Yo mismo he tenido personas en mi camino: el indigente que me enseñó a leer, papá Gaby (su padre adoptivo de los servicios sociales del Estado), la buena jueza y el padre Thomas. Todos son como regalos. El regalo más bonito en la vida son las personas que uno ha querido y quiere y se necesita la vida entera para conocerlas.


El esperanzador testimonio de Tim Guénard ha causado una enorme conmoción en Francia, donde se han vendido más de 300.000 ejemplares de su libro "Más fuerte que el odio". Ha necesitado años de silencio y de amor para poder decirlo casi todo. Ha vivido lo que cuenta en estas páginas. Este libro no es pues una novela, sino el valiente testimonio –crudo, enternecedor- de una vida herida por un destino terrible. Tim fue un niño con el corazón y el rostro destrozados. Un patito feo. La fatalidad le arrastrará a la fuga, al robo, a la pelea, a la violación y a la prostitución. Carne de cañón. Sin embargo, diversos factores determinantes de la resiliencia –el encuentro con algunas personas con las que establece un fuerte vínculo afectivo, la sensibilidad artística y una innata capacidad de superación, el amor y el perdón- detendrán la rueda de este viaje en caída libre hacia la nada. Hoy Tim Guénard es un hombre feliz, un resiliente, un espléndido y hermoso cisne: “El hombre es libre de alterar por completo su destino para lo mejor o para lo peor".

http://www.youtube.com/watch?v=ykMkl8fkLCM

mañana será otro día


Así pensaba ayer, después de un día un poco revuelto en el que hubo cosas bonitas que me llevaron más allá de la tristeza y me regalaron momentos de confianza. Una amiga al final del día me decía en un mensaje: sigue confiando... y es bueno que aunque lo sepamos, tener a alguien que nos lo recuerde.

Anoche agradecí tener personas así en mi vida a pesar de los cambios, los momentos distintos que vivimos cada uno, y me alegro que unos a otros descubramos lo necesario que es que sepamos darnos palabras que nos animen a caminar, a seguir, a creer, a confiar.

miércoles, 3 de agosto de 2011

hoy puede ser un gran día

Me encanta esta canción cantada por Chambao:
http://www.youtube.com/watch?v=XD5IusBUcMg

a las dos nos hace bien

Hubo una época que nos veíamos mucho y gracias a eso nos hicimos amigas. Después nuestra realidad cambió y empezamos a hacer malabares con los tiempos para vernos y sacar huecos para mantener viva nuestra amistad. A veces tomábamos cafés, otras veces comíamos juntas. La época que comíamos juntas solíamos decir que era la que más nos cundía.

Después yo cambié de trabajos y empezamos a no coincidir con tanta facilidad y a ella le llegaron los niños y empezamos a vernos menos o vernos en su casa, en el parque o en ratos que ella podía disponer. Este último año nos vimos un par de veces, rascando tiempo de descanso del café en el trabajo.

Hoy nos vamos a tomar un café, en ese mismo espacio y tiempo. Poco tiempo para la mayor parte de la gente. Sin embargo para nosotras, es tiempo de calidad, un tiempo valioso, de retomar la sintonía donde la dejamos.

¡Qué alegría volverte a ver! El tiempo que compartimos a nosotras nos hace bien.


Y sí, nos vimos, en nuestra media hora ultra aprovechada. Hablando de los cambios de ella con el trabajo, los míos ... Y me hubiera gustado no saber de lo que me estaba hablando, pero con lo bien que describía sus sentimientos respecto a esta ruptura en el trabajo, notaba su liberación y a la vez ese desagarro, ambos sentimientos los conozco muy bien... y me recordó lo que viví este año, con el cambio y me removió. Y me volví a sentir triste y a sentir lo que he perdido. Escucharla y verla era como si me viera a mí misma un año atrás.

Libre, serena y con la lucidez de la decisión tomada a la vez que frágil, estrenando confianza, luchando con los miedos, el empezar de nuevo,... Ante el silencio de compañeros que parecían mas cercanos de lo que después fueron, ante el cariño y la solidaridad de los que no esperaba... Redefiniéndome, adaptándome a mi nueva situación...

Y aún un poco arremolinada por dentro, le dije que escucharla era como verme a mí misma en un espejo. Se puede, aunque duele y desgarra, se puede aunque no sepas a ciencia cierta cómo va a ser el camino, se puede aunque te vuelvan la preguntas y las dudas más de una vez en el día, al tiempo, se puede aunque te digan eso de la edad que se usa siempre para hacerte dudar y sentir que te equivocas, ... Se puede y nos hace bien hablar así, sin máscaras, sin ocultar la verdad que somos cada una.

Cuando me iba para casa elegí no guardármelo y llamé a un buen amigo que me acompañó en todo este proceso y su escucha y sus palabras de ánimo me hicieron volver a conectar de nuevo con mi presente, que aunque distinto a lo esperado, está bien.

martes, 2 de agosto de 2011

buscando las palabras

¿Qué se le dice a una persona que ha perdido a su compañero, al amor de su vida con el que llevaba ya muchos años, así de manera repentina? ¿Cómo expresar el cariño a distancia cuando no puedes verte? ¿Qué palabras usar? ¿qué decir? cuando es más el silencio y el cariño quienes pueden acompañar este momento, más que otra cosa, y sin embargo, nada ayuda cuando todo duele, cuando alguien siente que la vida sigue pero a la vez todo se te rompe por dentro, cuando aún estando con gente y acompañada, la soledad y el vacío se sienten y pesan.

Y en eso estoy desde el domingo... buscando la manera, buscando las palabras, de escribir a la hermana de una amiga que está viviendo este tiempo doloroso y a la que aunque sea de manera torpe y a la distancia, quiero acompañar y hacerle llegar mi cariño.

Y como Luis Guitarra también yo me pregunto

quien soy deja huella

http://www.youtube.com/watch?v=A0gJQ-BfgSE&feature=related

una pena en observación


Lo recomiendo. La película "Tierras de penumbra" cuenta la historia de amor que vivieron el escritor británico Clive Staples Lewis y su mujer la poetisa americana Helen Joy Davidson. "Una pena en observación" es el título del libro que escribió él tras la muerte de ella. En él cuenta su dolor, sus preguntas sin respuesta, su duelo. Me lo recomendaron hace unos años cuando murió el padre de una amiga. Recuerdo que ella no quería hablar con nadie y al principio sólo conmigo fue con quien empezó a desahogarse, llorando la mayor parte del tiempo, hablando, recordando anécdotas, vivencias, estando juntas en silencio... Lo leímos juntas y fue casi como un libro de autoayuda de esos que tanto se llevan ahora. Después de leerlo una se da cuenta que cuando pierdes a alguien, de la manera que sea, tu dolor es el mismo dolor que pueda sentir otras personas. Nos vino bien a ambas para hablar de ello, a ella por lo que estaba viviendo, a mí para estar junto a ella.

Nunca es fácil decir adiós, especialmente a alquien querido que ha aportado a nuestra vida. La tristeza pone un velo sobre nuestros ojos y distorsiona la realidad. Cuando la pena nos invade, podemos acabar tan encerrados en nosotros mismos que nos volvemos incapaces de ver lo que ocurre. Esto nos conduce al desaliento, que es un poderoso enemigo. A veces nos creemos que tenemos la exclusividad en profundidad de sentimientos y no es así. El mismo vacío, el mismo intenso recuerdo, la misma esperanza que sentimos cuando alguien se va, la ha sentido antes mucha otra gente.

Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan.
Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican.
Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón.
Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías
y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro.

Mamerto Menapace

lunes, 1 de agosto de 2011

llenar el presente de amor

Una cosa es saberlo con la cabeza y otra es vivirlo.

En 1975, François Xavier Nguyên Van Thuân fue nombrado por Pablo VI arzobispo de Ho Chi Minh (la antigua Saigón), pero el gobierno comunista definió su nombramiento como un complot y tres meses después le encarceló. Durante trece años estuvo encerrado en las cárceles vietnamitas. Nueve de ellos, los pasó régimen de aislamiento.

Una vez liberado, fue obligado a abandonar Vietnam a donde no pudo regresar, ni siquiera para ver a su anciana madre. Fue presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz de la Santa Sede. A pesar de tantos sufrimientos, o quizá más bien gracias a ellos, este arzobispo, François Xavier Nguyên Van Thuân, ha sido un gran testigo de la fe, de la esperanza y del perdón cristiano.

Cuando fue liberado después de doce años de cautiverio dijo: “He pasado la mitad de mi vida esperando”. Es una gran verdad: todos los prisioneros, incluído yo mismo, esperan cada minuto su liberación.

Pero después decidí: “Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor. La línea recta está hecha de millones de pequeños puntos unidos unos a otros. También mi vida está hecha de millones de segundos y de minutos unidos entre sí. Si vivo cada segundo la línea será recta. El camino de la esperanza está empedrado con pequeños momentos de esperanza. La vida de la esperanza está hecha de breves minutos de esperanza. No es una inspiración improvisada, sino una convicción que he madurado durante toda la vida. Si me paso el tiempo esperando quizá las cosas que espero nunca lleguen. Lo único que con seguridad me llegará será la muerte.
Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor; pero ¿cómo?”

Una noche a través de la oración le viene la luz: “François, es muy simple, haz como San Pablo cuando estuvo en prisión: escribía cartas a varias comunidades”. Así fue como comenzó a escribir cartas que luego compusieron los libros por él escritos.

La gracia de Dios le dio la energía para trabajar y continuar, aún en los momentos de más desesperanza y todas las noches de octubre y de noviembre de 1975 escribía a su pueblo un mensaje desde el cautiverio. Todas las mañanas, un niño buscaba las hojas y se las llevaba a su casa. Sus hermanos y hermanas copiaban los mensajes. Sus pensamientos pasaron de mano en mano entre los vietnamitas.

Al salir del cautiverio recibió un escrito de la Madre Teresa de Calcuta en el que le decía: “Lo importante no es el número de acciones que hagamos, sino la intensidad del amor que ponemos en cada acción”.

Aquella experiencia reforzó en su interior que tenemos que vivir cada día, "cada minuto de nuestra vida como si fuera el último; dejar todo lo que es accesorio; concentrarnos sólo en lo esencial. Cada palabra, cada gesto, cada llamada por teléfono, cada decisión, tienen que ser el momento más bello de nuestra vida. Hay que amar, hay que sonreír a todos sin perder un solo segundo".

El cardenal François Xavier Nguyên Van Thuân murió en el 2002, testigo de la fuerza de la fe y la esperanza en situaciones de amenaza y persecución.

Llenar el presente de amor, esta urgencia la descubrió en su cautiverio, es posible que su realidad y su experiencia nos quede lejos y nosotros no llegamos a vivir una experiencia así, sin embargo, no podemos dejar de aprovechar el presente desde lo que él mismo descubrió.


Testigos de esperanza, François Xavier Nguyên Van Thuân
Edit. Ciudad Nueva, 2000