viernes, 26 de agosto de 2011

aprendices en esto de vivir

Una amiga que también acompaña de cerca mi vida y este lugar en el mundo, me contaba esta semana que una familia amiga suya hace casi dos años perdió a su hijita de 22 meses porque se les cayó desde el balcón de su casa y se mató. Ayer celebraron el bautizo de otra preciosa niña que Dios les ha enviado. Cuenta que fue un día muy especial, que días así la reconcilian con la vida, con lo que esta vida tiene de extraña y sorprendente. Tan pronto te puede quitar lo que más te importa y te deja desgarrado como te da lo mejor que te puedas imaginar y te devuelve, en parte, la esperanza, la ilusión y la fe.

Y es que todos somos aprendices en esto de vivir, no sabemos a ciencia cierta cómo se vive mejor, podemos descubrir pistas que nos dicen por dónde ir. Me intento dejar guiar por lo que intuyo. ¡¡Y esto cuesta tanto a veces!! No siempre es fácil y conlleva lucha interior con la que hay que contar, para la que muchas veces no estamos preparados, se nos hace difícil y no nos acompaña la paciencia. Sabemos que es cierto que todo compromiso con cualquier realidad, para sostenerse, para durar, para ser auténtico, ha de contar no sólo con mucha capacidad de ilusión y de empeño sino también de paciencia. Y quizás esto es lo que más cuesta vivir, esperando y siendo pacientes sobre todo con nosotros mismos.

En la vida hacemos muchas veces la experiencia del fracaso de nuestras expectativas, se frustran nuestros mejores deseos, nos resistimos a la realidad tal y como es, como también a nuestra propia fragilidad y la fragilidad de los demás.

Por eso en momentos así me gusta recordar que la esperanza es la capacidad de confiar en que se hará realidad algo que aún no veo, algo que no depende sólo de nuestras propias fuerzas ni de mi empeño, es algo que se nos da. Y no sabemos ni cuándo será ni cómo. Sé que está esperanza está unida a la capacidad de comprometerse por hacer realidad aquello que se espera. No es una esperanza meramente pasiva, no esperamos de brazos cruzados sino poniendo de nuestra parte para que se realice.

Muchos de nosotros tenemos tantos motivos para sonreír que, por consideración con los que están más rotos, y por gratitud por todo lo que hay de milagro en nuestras vidas, podemos ser menos quejicas. Podemos estar contentos por los encuentros y los proyectos que ilusionan. Podemos cantar, desafinando si hace falta, cada vez que llega una buena noticia. Podemos reconocer, asombrados como hacen los niños pequeños, lo afortunados que somos. Podemos mirar, sorprendidos lo bueno que hay en tantas vidas.