miércoles, 24 de agosto de 2011

en la mochila

Dos personas que conozco están de mudanza, uno se va y otro viene. Uf, una mudanza! Qué pereza me daría hacerla en este momento! La misma que me da ponerme a limpiar a fondo armarios, empezar a tirar cosas,... Sin embargo, a veces toca y hay que ponerse a ello y lo bueno viene después... ¡qué liberación! ¡Qué gusto tirar esas cosas que guardamos por los siglos de los siglos y que un día por fin prescindimos de ellas! Vuelve a haber espacio, está más limpio, ordenado, sabemos dónde están las cosas, nos hemos encontrado otras cosas que no nos acordábamos ni que teníamos...

Y con el mismo símil del orden en el armario o la mudanza, este texto de los Jesuitas nos acompaña a las puertas del comienzo de curso para cuidarnos y querernos un poco más e ir haciendo la mochila:

¡Cuántas cosas vamos acumulando en la vida! Memorias, proyectos, historias, objetos, actitudes,... Es señal de vivir, de no quedarte con los brazos cruzados. Pero en parte nos pasa como con el armario o las silla de la ropa de la propia habitación o la mesa de trabajo, como no despejes de vez en cuando terminas sepultado por libros, ropas, objetos varios... Así que, aunque cueste, de vez en cuánto nos toca hacer limpieza general y tirar todo lo que sobra... Para quedarnos con lo importante.

Y valga esta limpieza también para aspectos de nuestra vida. Fuera las comeduras de tarro que no conducen a ningún sitio. Los enfados y rencores duraderos, que se gasta demasiado tiempo rumiando rencores y heridas, volviendo sobre ellas. Fuera el miedo a los juicios, al qué dirán... Mandemos también al garete el orgullo si es que nos impide pedir ayuda y el criticar todo que solo hace daño.

¿Y qué decir del egocentrismo que a veces le hace a uno sentirse el centro del mundo? Que se vaya para no volver. Patada a la ingratitud, que demasiadas veces me impide darme cuenta de tanto como tengo. Para, más liviano, poder seguir caminando ligero de equipaje.

En cambio habrá que aprovisionarse de buenas dosis de humor. Unas cuantas raciones de cariño, que bastante sequedad y dureza hay por ahí. No hay que dejar marchar la esperanza de que el mundo mejore, cerca y lejos. Conmigo tendré que llevar también valores, metas, sueños, proyectos…

Dentro la familia. Y los amigos. Y los que necesitan mi ayuda (que no falte). Dentro la alegría, también de noche. Los abrazos. El tiempo para conversar. Una oración, de vez en cuándo, que me recuerde que no estoy solo. Un buen libro que me ayude a abrir la mente. Una canción para poblar los silencios. Dentro el deseo de lo bueno, la capacidad de perdonar y la humildad para nunca dejar de aprender.