lunes, 15 de agosto de 2011

en un corazón descalzo

Me gusta mucho viajar. Conocer lugares diferentes, modos de vida distintos. Me gusta mucho encontrar personas que quieran compartir algo de sus vidas en un pequeño instante. Me gusta ver como viven, constatar hasta que punto sus vidas son tan diferentes a la nuestra y al mismo tiempo tan similares. Poder compartir la vida diaria con otros es un regalo, especialmente cuando salimos de medios de vida diferentes.

Visitando diferentes países, permaneciendo con un corazón abierto y generoso, me doy cuenta que cada relación puede contribuir a construir un mundo mejor, siempre y cuando cada uno decida dar lo mejor.

Después de abrirme a otros lugares, a otros espacios y a otros encuentros vuelvo a este lugar en el mundo con esta frase que resume lo vivido: agradezco todo lo que tengo.

Estos días me abrieron a tiempos de encuentro conmigo misma, esos tiempos en los que algunas veces nos detenemos porque están pasando cosas importantes en ellos que tenemos que escuchar, recibir, para después llevar de vuelta en la vida de cada día y acompañar, concretar, para que formen parte de la vida y den consistencia a la manera en la que queremos vivir en el mundo. Estos tiempos encierran un impulso vuelto a tomar mil veces, y como la vida, es un don que se nos regala en los momentos más inesperados.

Es a través del corazón donde descubrimos lo que necesitamos para vivir, lo que realmente queremos y ahí no queda otra que hacerle caso y ponernos a ello. Hay intuiciones que se van convirtiendo en líneas importantes de nuestra vida, certezas que se repiten a lo largo de los años que nos hablan de verdades que si las escuchamos, nos ayudan a rehacer el camino y las opciones tomadas.

Fue una oportunidad de reencuentro, de descalzar el corazón, no sin resistencias al principio, aunque siempre después vuelve la confianza y es más sencillo ir viendo cómo pisar de lleno la realidad. A mirar los acontecimientos de un modo diferente. No se nos da todo de una vez pero una pequeña luz ya es más que suficiente para vivir hoy. Ahora veo más claras cosas que me hablan de nuevos retos, que empiezan en un corazón descalzo: más dispuesto a quitarse barreras que impiden que se realicen otras cosas y recomenzar de nuevo a elegir.