lunes, 1 de agosto de 2011

llenar el presente de amor

Una cosa es saberlo con la cabeza y otra es vivirlo.

En 1975, François Xavier Nguyên Van Thuân fue nombrado por Pablo VI arzobispo de Ho Chi Minh (la antigua Saigón), pero el gobierno comunista definió su nombramiento como un complot y tres meses después le encarceló. Durante trece años estuvo encerrado en las cárceles vietnamitas. Nueve de ellos, los pasó régimen de aislamiento.

Una vez liberado, fue obligado a abandonar Vietnam a donde no pudo regresar, ni siquiera para ver a su anciana madre. Fue presidente del Consejo Pontificio para la Justicia y la Paz de la Santa Sede. A pesar de tantos sufrimientos, o quizá más bien gracias a ellos, este arzobispo, François Xavier Nguyên Van Thuân, ha sido un gran testigo de la fe, de la esperanza y del perdón cristiano.

Cuando fue liberado después de doce años de cautiverio dijo: “He pasado la mitad de mi vida esperando”. Es una gran verdad: todos los prisioneros, incluído yo mismo, esperan cada minuto su liberación.

Pero después decidí: “Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor. La línea recta está hecha de millones de pequeños puntos unidos unos a otros. También mi vida está hecha de millones de segundos y de minutos unidos entre sí. Si vivo cada segundo la línea será recta. El camino de la esperanza está empedrado con pequeños momentos de esperanza. La vida de la esperanza está hecha de breves minutos de esperanza. No es una inspiración improvisada, sino una convicción que he madurado durante toda la vida. Si me paso el tiempo esperando quizá las cosas que espero nunca lleguen. Lo único que con seguridad me llegará será la muerte.
Yo no esperaré. Voy a vivir el momento presente colmándolo de amor; pero ¿cómo?”

Una noche a través de la oración le viene la luz: “François, es muy simple, haz como San Pablo cuando estuvo en prisión: escribía cartas a varias comunidades”. Así fue como comenzó a escribir cartas que luego compusieron los libros por él escritos.

La gracia de Dios le dio la energía para trabajar y continuar, aún en los momentos de más desesperanza y todas las noches de octubre y de noviembre de 1975 escribía a su pueblo un mensaje desde el cautiverio. Todas las mañanas, un niño buscaba las hojas y se las llevaba a su casa. Sus hermanos y hermanas copiaban los mensajes. Sus pensamientos pasaron de mano en mano entre los vietnamitas.

Al salir del cautiverio recibió un escrito de la Madre Teresa de Calcuta en el que le decía: “Lo importante no es el número de acciones que hagamos, sino la intensidad del amor que ponemos en cada acción”.

Aquella experiencia reforzó en su interior que tenemos que vivir cada día, "cada minuto de nuestra vida como si fuera el último; dejar todo lo que es accesorio; concentrarnos sólo en lo esencial. Cada palabra, cada gesto, cada llamada por teléfono, cada decisión, tienen que ser el momento más bello de nuestra vida. Hay que amar, hay que sonreír a todos sin perder un solo segundo".

El cardenal François Xavier Nguyên Van Thuân murió en el 2002, testigo de la fuerza de la fe y la esperanza en situaciones de amenaza y persecución.

Llenar el presente de amor, esta urgencia la descubrió en su cautiverio, es posible que su realidad y su experiencia nos quede lejos y nosotros no llegamos a vivir una experiencia así, sin embargo, no podemos dejar de aprovechar el presente desde lo que él mismo descubrió.


Testigos de esperanza, François Xavier Nguyên Van Thuân
Edit. Ciudad Nueva, 2000