viernes, 23 de septiembre de 2011

cultura mediterránea

Pertenecemos a la cultura mediterránea donde juntarse a compartir la comida es compartir la vida y cuando se queda con amigos, compañeros o familiares y uno se reúne en los bares o en las tabernas es para disfrutar de la amistad, haciendo una pausa en el cansancio de la vida diaria. Y, por supuesto, al menos en España, con esta estupenda gastronomía no entendemos ir de tabernas o de tascas sin compartir unas raciones o si no hay mucho dinero unas tapas con un refresco, una cerveza o un vino.

En nuestra cultura el rato del desayuno, la comida o el café en el trabajo es ocasión de encuentro en comparación con esa imagen que solemos ver en las películas americanas en las que solitarios con la compu viven rodeados de comida china o pedazos de pizza a domicilio ya reseca.

No digamos ya la importancia de las comidas o reuniones familiares tanto como momento privilegiado de intercambio de la vida diaria como de celebración festiva de los momentos más importantes de nuestra vida.

No deberíamos descuidarlo, no hay ámbito más cotidiano ni más humano que compartir la mesa, juntarse, reunirse. 

Y lo que es de aplicación a compartir la comida lo es igualmente a compartir el ocio, el trabajo, la formación, la creación artística, el deporte, y tantas facetas de nuestra vida que se van desarrollando en nuestra agenda una tras otra sin que seamos conscientes de ellas, sin que nos las apropiemos, con lo que si no las hacemos nuestras, pasaremos por ellas sin saborearlas y mal podremos compartirlas.

Nuestra vida diaria está hecha de pequeñas opciones y "el amor es siempre una segunda oportunidad en la que puedes ser más libre que en la primera" como dice Rafael Argullol. Afortunadamente para nosotros siempre que así lo queramos, podremos re-inventarnos, descubrir viejos o nuevos modos de encontrarnos y compartir el tiempo que tenemos, que es lo más nuestro.