domingo, 11 de septiembre de 2011

el árbol tiene de florido lo que tiene de oculto

Hoy se cumplen diez años de los brutales atentados del 11 de septiembre de 2001 que conmocionaron al mundo entero. Sucesivos homenajes y recordatorios hablan del recuerdo pero también en estos años se han multiplicado los testimonios y las historias de las personas que lo padecieron. 

En muchos lugares del mundo se han plantado árboles, robles concretamente, símbolo de la fuerza, de la resistencia frente a los embistes de la vida, de los valores democráticos, la vida frente al terror. 

El árbol vive de lo sepultado, de lo oculto, de lo que no se ve, de lo más interno y escondido, de sus raíces, de lo que pasa por dentro, de lo que pasa por debajo de la tierra, en los distintos tiempos y estaciones. 

Yo vivo de eso también, de aquello que me ha calado tanto que ha llegado a lo más hondo de mí, de experiencias que me han roto y que me han reconstruído, de lo que me ha llevado más allá, a lo más profundo, a mis raíces y es eso lo que me hace dar fruto o tener la confianza de poder darlos alguna vez.

No elegimos las circunstancias que sufrimos sin embargo nuestras decisiones sí son cosa nuestra para vivir mejor lo que nos toca vivir.





Si para recobrar lo recobrado
tuve que haber perdido lo perdido
si para conseguir lo conseguido
tuve que soportar lo soportado.
Si para estar ahora enamorado
fue menester haber estado herido
tengo por bien sufrido lo sufrido
tengo por bien llorado lo llorado.
Porque después de todo he comprendido
que no se goza bien de lo gozado
sino después de haberlo padecido.
Porque después de todo he comprobado
que lo que tiene el árbol de florido
vive de lo que tiene sepultado.