martes, 6 de septiembre de 2011

el valor de la experiencia

El pintor y museógrafo Paco Pérez Valencia es el impulsor de La Universidad Emocional, un proyecto empresarial para investigar, experimentar y avanzar en el conocimiento y aplicación de las emociones. La Universidad Emocional tiene su sede en Sevilla y pretende ‘educar’ a organizaciones y personas en una nueva inteligencia de las emociones, que favorezca la innovación, la creatividad y el encuentro multidisciplinar. Para ello utiliza conocimientos, recursos y experiencias procedentes del mundo de la expresión artística en sus diferentes manifestaciones. Imparte formación superior especializada, en habilidades emocionales y procesos creativos.

Este artículo que él mismo escribe sobre el valor de la experiencia lo publicaron hace unos meses en concordancia con el Año Europeo del Envejecimiento Activo y la Solidaridad Intergeneracional. Transcribo un extracto de este artículo que es una invitación a la esperanza y a dar valor a lo que realmente importa.

Con frecuencia se nos olvida que la experiencia vivida debe ser uno de nuestros mejores legados para las siguientes generaciones. Una experiencia a veces dolorosa, frustrante, pero cargada de aprendizaje cuando somos capaces de encontrar la parte positiva de la vida aún en los momentos adversos. Otras que han respondido a nuestras expectativas y algunas otras que nos han llenado de entusiasmo y satisfacción por haber contribuido a mejorar nuestro pequeño mundo. Todas ellas merecen ser transmitidas y compartidas con las personas que nos rodean, porque son valiosas para seguir creciendo.

Ahora, que vivimos más años, necesitamos de la sabiduría de los que nos han precedido en el camino de la vida, en el que cada uno de nosotros seremos responsables de nuestro propio destino, y precisamente por ello debemos darle más vida a esos años para evitar o, al menos paliar, el deterioro neuronal que se viene manifestando en determinados síndromes que se presentan con pérdida de la memoria, de la identidad y del sentido de vivir.

Y nada mejor que la participación en actividades que les permitan disfrutar del valor de las personas, dedicando tiempo para escuchar, preguntar y para propiciar el análisis de cuanto nos rodea, lo que resultará fundamental para transmitir y compartir nuestras propias experiencias desde un enfoque positivo, a modo de laboratorio creativo en constante evolución, reconociendo que somos capaces de crear esperanza en los demás.

Ideas sorprendentes, llenas de ilusión, divertidas o atrevidas, desde la óptica personal de cada uno que, desde sus propias experiencias, les hubiera gustado poner en práctica pero que fueron rápidamente desestimadas por su imposible ejecución, en la que precisamente la locura de las ideas sean sus mejores aliadas.
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Son nuestros mayores quienes pueden recordarnos lo importante que es vivir sin miedo. El placer de vivir es nuestro, aunque a menudo no somos conscientes ni siquiera de ello. Todo lo reglamentamos, desde nuestras relaciones con los otros hasta nuestra aportación a la sociedad.
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Pero en ocasiones uno descubre que la a amistad es el atajo para el juego y que éste es la puerta para asumir riesgos creativos, disfrutar con lo que hacemos y valorar lo que aún somos capaces de aportar para mejorar nuestro mundo desde la experiencia vivida. El juego nos vuelve otra vez niños, es el camino para la creatividad y para la confianza entre las personas, es pensamiento y acción, y estímulo para abrir nuevas expectativas vitales.

Y reír; reír mucho. Reír es maravilloso. Tonifica el cuerpo, revitaliza nuestro espíritu y nos rejuvenece. Del mismo modo que hay que soñar para hacer realidad los sueños. Un buen ejercicio que no tiene por qué ser duradero ni longevo, puede tener unos instantes nada más y ser placentero, maravilloso y gratificante. Mientras haya vida hay motivos para vivirla como hubiéramos deseado.
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Nunca es tarde. Tenemos muchas cosas que aprender y también que compartir, descubriendo nuestras posibilidades, nuestra fortaleza y nuestros deseos, porque nunca es tarde para seguir viviendo con pasión y con alma.