sábado, 3 de septiembre de 2011

la llamada de los viernes

Este escrito de hoy se lo dedico a una persona especial que entre otras cosas tiene mucha curiosidad sobre si escribo borradores para luego publicarlos o si escribo directamente tal y como me sale; alguien que se sorprende de mi facilidad de escribir y de hacerlo todos los días; que le encanta esta manera de transmitir cosas que pensamos, sentimos, nos pasa, en general a las personas, y que cuando algo que lee le ayuda, lo comparte, se lo hace llegar a otros, porque también puede ayudarles.

Todos tenemos personas especiales a las que apreciamos y queremos por distintos motivos, con las que establecemos unos modos concretos de comunicarnos. Esta persona recientemente ha estrenado la bonita costumbre de llamarme por teléfono el viernes a la noche y cada vez que lo hace me alegra y me sorprende. Y de paso es una buena forma de mantenernos al día si hay alguna novedad o si queremos contarnos algo.

Una de las cosas que más me gusta de esta persona es su gran sentido del humor y su capacidad de contagiar su alegría. En un mundo en el que mucha gente se muestra amargada, recelosa de su intimidad o se reserva la vida que bulle en su interior, me siento afortunada de conocer personas que se abren y se dan gratuitamente.

Hace poco una amiga expresaba que pequeñas cosas que vivimos y nos sorprenden son como milagros que nos reconcilian con la vida. A mí me gusta ser testigo, darme cuenta de la posibilidad que hay en cada ser humano de salir al encuentro de otro, de inventar maneras, de buscar modos propios de expresión y comunicación.

Y pienso en tantas personas que a lo largo de la historia y también hoy en día buscan un interlocutor y a través de un diario, una carta, un blog, contarle a alguien lo que están viviendo. El Principito fue capaz de abrir su mundo y salir de su planeta para ir al encuentro de otras vidas, y fue cuando llegó a la Tierra donde conoció al zorro quien le enseñó el verdadero sentido de la amistad y la esencia de las relaciones humanas y le regaló su secreto: Sólo con el corazón se puede ver bien. Lo esencial es invisible a los ojos. Verdad que fue capaz de ver hasta un naúfrago en una isla desierta donde hizo de un balón un amigo y le quiso como si lo fuera, tal y como Tom Hanks nos mostró con ternura y humor en esa película.

Me alegra que nos descubramos necesitados de otros, que busquemos, que queramos estar en contacto con quienes nos importan a la vez que nos hacemos más humanos cada vez que recibimos y damos.