lunes, 12 de septiembre de 2011

preguntas y respuestas

Volver a contactar cuando no íbamos a hacerlo, abrir esa puerta que debía permanecer cerrada, dar la mano y que te agarren el brazo entero, querer decirlo y cerrarse a cal y canto sin decir nada,  pronunciar una frase que debía ser callada o dicha en otro contexto. Confundir una fecha, mencionar por error ese nombre o ese dato. Volver sobre lo mismo, no dejar de pasarlo mal... ¿Cómo deshacer lo que hiciste? ¿Cómo sacar de los oídos del otro esa frase que debíamos pensar pero no decir? ¿Cómo frenar ese correo que enviaste con palabras de las que ahora te arrepientes? ¿Cómo meter en tu boca esa pregunta que no debías hacer? ¿Cómo arreglar una metida de pata? ¿Cómo volver atrás cuando ya decidiste ir adelante? ¿Cómo pensar detenidamente y modificar lo dicho? ¿Cómo implicarte cuando lo tuyo es siempre replegarte? ¿Cómo hacer que tu boca no vaya más rápida que tu cabeza? ¿Por qué no lo habré pensado antes? ¿Y todo para qué?

Estas situaciones las conocemos, estas preguntas y tantas otras nos las hacemos muchas veces. Situaciones que nos revelan lo que no queríamos ver de nosotros. Preguntas sin respuestas o con respuestas tardías, que de nada sirven si no se han contestado o por llegar tarde. Hacemos malabares, caminamos a tientas y a ciegas muchas veces, como por una cuerda floja, tensándola con la fantasía de que no va a romperse, de que no es para tanto, y hasta cruzando esa delgada línea que no se quería cruzar.  

A veces no sabemos qué hacer con nuestras preguntas ni con nuestros errores u omisiones. Podemos llegar a culpabilizarnos, a victimizarnos, sin ser claros y responsables con nuestra vida. Muchas veces pensamos que otros lo harían mejor o no nos sentimos  a la altura de lo que se nos pide. No sabemos ni cómo vivir. Para los padres no existe un libro de instrucciones que acompaña a sus hijos cuando llegan al mundo, tampoco para los hijos hay un libro que diga cómo vivir, todos aprendemos en la vida aunque nos cueste toda la vida saber cómo vivir.

No tenemos en la vida un control remoto con las opciones: stop, pausa, play, borrar, adelantar y atrasar... Ojalá fuera así de sencillo, por ahora nadie lo ha inventado y me temo que el ser humano no está programado para respuestas automáticas. Sin embargo ¡podemos aprender de tantas maneras y de tantas cosas!

Un posible camino es el perdón. El dejar de dar vueltas como un trompo. Que lo que nos hiere no nos haga una tremenda herida. Llamar a las cosas por su nombre. Despejar dudas y no dejar lugar a ellas. Concretar y ser claros de una vez por todas sin verdades a medias... El reconciliarnos con nuestra historia inacabada, con nuestra vida en construcción, con nuestros errores, miedos, dificultades, silencios, inercias... Muchas veces lo hacemos muy mal, otras nos damos cuenta que lo podemos hacer mejor. Lo hacemos como mejor o peor nos sale, nadie dijo que teníamos que ser perfectos, aprendemos en la vida, con nuestras circunstancias y decisiones, con lucidez y valentía, sin estar tan pendientes de acertar o dar la respuesta correcta, leyendo con ternura nuestra historia, pidiendo la ayuda de quien me la puede dar...
Abriéndonos a la paz y al amor que salva, cuando nos lo permitimos vivir, cuando dejamos que ésto ocurra, aprendemos un poco más lo que significa ser felices en nuestra propia piel y vivir reconciliados.