domingo, 11 de septiembre de 2011

una cuestión de mirada

Yo estaba allí. Tuve la suerte de vivirla desde distintas perspectivas y en compañía de gente a la que quiero y con la que comparto la vida. Calor. Mucha gente. Mochilas. Palabras. Cantos. Esperas. Banderas. Grupos. Alegría. Diversidad. Colores. Sonrisas. Familia. Música. Escucha. Espacios. Experiencias para todos los gustos. Deseos. Viento. Lluvia. Silencio. Corazón. Algo me decía que tenía que estar y me dejé guiar por el corazón. Yo estaba allí, no quise perdérmelo y elegí desde dónde vivirlo.

Una de las mejores cosas que hay en la vida es la oportunidad de ser testigo de lo que está pasando, poder vivirlo porque estás en el lugar donde está pasando. Poder ver el ambiente que se nota, que se contagia, lo que había en sus ojos: alegría, ternura, esperanza, lucidez, hondura, agradecimiento y un brillo que los que lo conocemos sabemos de qué es. En todo ello me descubro y me reconozco. Tiene que ver conmigo y con la vida de muchas personas.

Para mí lo importante que ha pasado ha sido una cuestión de mirada. La fe, como la vida, es una cuestión de mirada. Y muchas veces vamos por la vida con vendas en los ojos, con los ojos cerrados o viendo solo que queremos ver. En mi caso, cambió la manera de mirar, lo que viví, lo que sentí por dentro, lo que ví en muchos ojos, en muchas vidas: una inmensa alegría y unas ganas tremendas de compartirla. Me dio que pensar, la alegría era tan grande que era imposible que no te contagiara, que no sorprendiera incluso a incrédulos y reticentes. Inundaba las calles de la misma manera que lo hacían tantas presencias, tantas experiencias como modos de vivir. Dejé de pensar como lo había hecho hasta entonces y empecé a pensar otras cosas que son importantes. Y comencé a buscar miradas, a escuchar a otros, a compartir... Me encontré con muchos ojos inquietos, despiertos, emocionados, expectantes, asombrados, ilusionados, reverdecidos, dispuestos, orantes, capaces, pacientes, compañeros, buscadores, distintos, sensibles, llamados, unidos, enviados.

Y va pasando el tiempo y el calado como si fuera de una lluvia fina, continúa. Seguiremos sorprendiéndonos de los efectos, seguro.  A medida que nos abramos a escuchar y a compartir, algo nuevo seguirá siendo posible. Y sí, hay mucha torpeza en nuestra forma de vivir la fe y el amor, seguimos con nuestra tendencia a juzgar y a criticar todo lo que no entendemos ni compartimos más que a apoyar y a construir, sin embargo, no nos faltan motivos para transmitir lo que hemos visto y oído, había un pedazo de cielo en todas esas miradas. Ojalá también en la mía.