jueves, 6 de octubre de 2011

gracias a la Vida


Hoy quiero escribir sobre acontecimientos que se han ido sucediendo en cascada en las últimas 24 horas y van dejando su huella. Experiencias muy humanas que me devuelven la ilusión, me enternecen, me contienen, me enseñan mirar la vida con más amplitud, con cariño y esperanza. Agradezco públicamente los correos recibidos a raíz de los anteriores escritos, de gente que se siente identificada, que expresa su cariño y cercanía a través de algo tan frío como puede ser internet. Hoy me siento agradecida por tanta vida de la que puedo ser testigo, que recibo y que ahora elijo también compartir.


Primero la visita sorpresa de una amiga con la que tomé un café y fue lindo el tiempo que compartimos. Por otro lado un montón de fotos de mi ahijada que siempre me alegra el corazón y me hace soñar la vida a través de los ojos que ella la mira. Por oro lado mi papá salía en prensa a raíz de una noticia de un premio nobel y compartíamos ese enlace más desde el cariño y el orgullo familiar que desde nuestro entendimiento sobre el tema. Ilusión y empuje que estamos poniendo otras dos personas y yo en un nuevo proyecto que comienza este domingo. La noticia de un amigo que comenzaba por fin con algo en lo que lleva muchos años. Un viejo amigo se une a un proyecto que se suma a un tiempo de cambio. La despedida ayer y el cierre de etapa con un grupo con el que he estado dos años y fue lindo poder vivirlo. Como también el reencuentro gracias a las nuevas tecnologías con dos amigas de otra época. Estos acontecimientos sirvieron para expresar sentimientos y recuerdos, linda ocasión que nos puso la Vida. Y la alegría de la cena de esta noche, de volver a juntarnos todos después de mucho mirar calendario y celebrar los cumples.


Ayer hablaba con dos hermanas que han perdido recientemente por accidente en un atropello a su otra hermana y a pesar del dolor de la pérdida, ambas dan testimonio de esperanza, puesta en esta confianza, para ellas en concreto como creyentes desde su fe en Dios y desde seguir apoyando y ayudando a esa otra parte de la familia que directamente ha perdido a su esposa y a su madre. Ambas decían con una serenidad y una confianza muy grandes: esto (la muerte) nos toca a todos, nunca lo elegimos, y sin embargo hay maneras de vivirlo que no nos destruyen aunque estemos tristes... la vida sigue para todos y hay que vivirla y ayudarnos en ese vivirla mejor. Ella también nos acompaña y nos anima desde donde esté. Y ayer, desde un grupo que compartimos se expresaba ésto en recuerdo de Charo. Un testimonio de que nos seguimos queriendo y cuidando. A la vez se sumaba el agradecimiento por la llegada reciente de una nietita que viene a dar alegría a la familia.

Consuelo es una señora mayor que conozco de las fiestas parroquiales, su aportación a estas fiestas son siempre unas magdalenas caseras y unos coquitos increíbles hechos con cariño, con ilusión y con sus 88 años. Es de esa gente de barrio y de parroquia de toda la vida y aunque ya mayor y muy estropeada como decía de sí misma, no ha dejado de participar en las cosas que puede porque mientras estemos aquí tenemos que estar, dice. Hace unos meses me decía que me iba a ser magdalenas y era su manera de expresar un vínculo que ya nos unía. Desde hace unos días está en el hospital muy malita, tiene cuatro tumores en la cabeza y metástasis cerebral. Ayer la visitaba el párroco a pedido de la familia y  tuvo oportunidad de estar con ella un ratito. Ella todavía consciente lo miraba con una sonrisa y pronunció su nombre. No era capaz de seguir una conversación así que él le habló un poquito a ella suavemente y a los hijos que estaban muy afectados. Consuelo ya no me hará las magdalenas pero ha cocinado con amor muchas cosas ricas de las que alimentan en la vida y en los afectos. El tiempo de Consuelo se acaba pero su elección por la vida puesta en cada cosa vivirán.

Es mi padrino, es mi tío y siempre me ha querido de una manera especial y por esas cosas del cariño y del corazón donde mucho es cuestión de piel, ese afecto es hondo y recíproco aunque no nos vemos ni hablamos mucho sin embargo cuando nos buscamos sabemos cómo encontrarnos. Este verano estuve en un lugar donde él de joven pasó un año de estudio con una beca. Le mandé fotos y le contaba mi experiencia y que lo recordaba estando allí, así como cosas que él me había contado. Me contestó con mucho cariño como siempre y me decía algo que me emocionaba leerlo: Cuando tenías algunos meses y vivías en la panza de tu mamá y yo sólo te conocía por mis sueños y mis anhelos de saber que ibas a ser mi ahijada, estuve en esos lugares. Me encanta verte en esos paisajes!

Y pienso en el mar que tanto me gusta y al que viajo continuamente con la imaginación y desde el corazón y ese pisar la arena y caminar cerquita de la costa... esta imagen me da vida, como el sol que entra por la ventana mientras escribo. Y pienso en estas experiencias y en otras huellas, las de los que caminan en tantas partes del mundo, las huellas marcadas en la arena de nuestra vida de los que ya no están, de los que son compañeros y amigos de camino

Elige la vida y vivirás fue una promesa hecha a un pueblo en éxodo por el desierto hace ya muchos siglos. Puede ser una promesa tras la que caminar también nosotros hoy, una manera de vivir y de estar en el mundo como eligieron Marta, Liria, Charo, Consuelo... como intentamos o queremos hacer nosotros. Podemos elegir la vida y vivir en nuestras elecciones, relaciones, realidades y luchas de hoy. Podemos elegir la vida y vivir desde la confianza y la esperanza que soplarán nuevos vientos. Podemos elegir la vida y vivir con una sonrisa porque no estamos solos en nuestro camino, como me lo recuerda una llamada perdida en el teléfono esta noche y como escribe una amiga, seguro que nos sentiremos, si no más ligeras, al menos más acompañadas y arropadas en nuestro caminar por la vida y en este proceso que es el crecer y madurar.