miércoles, 19 de octubre de 2011

llamándote a despabilar

Desde el misterio
brota la ambigüedad
trenzando el espesor del cuerpo
y la sutileza del espíritu.


Camina disfrazada
con ideas bien trabadas,
sentimientos luminosos
y hambres naturales.


Corre, se instala astuta
en mis rutinas seguras,
en la prisa de mis urgencias
y en el sueño de mis calmas.


Pero mi ambigüedad
empieza a revelarse
por una mano ajena
huidiza en el encuentro,
por un desajuste ligero
asomándose a unos ojos,
por un pequeño sabor amargo
en medio del aplauso,
por una desazón íntima
como poso de fatigas cotidianas.


Al sorprenderla en su trampa,
se repliega de nuevo
a mi fondo más oscuro,
donde la tiniebla y la luz
todavía no han sido separadas.


Herida por la claridad,
deja un rastro de engaño
desangrándose en la huida.
Y se hunde inaccesible
donde no llegan
ni mi ojo ni mi análisis.


¡Señor de mis profundidades
abismales e ignoradas!
Como el primer día de la creación,
búscame y libérame
donde soy tiniebla y engaño,
ordéname con tu Espíritu
donde soy caos originario!

Benjamín González Buelta nos invita a vivir despiertos, a cuidarnos. Fidel Delgado con su amor y humor por el cuidado nos recuerda que es importante cuidar la lucidez:

Se ha descubierto que la oscuridad tiene muchas ventajas: te ahorra trabajos, responsabilidades y autocríticas, y si logras dar lástima suficiente conseguirás apoyos. 

Afortunadamente la lucidez se impone a los obstáculos: llamándote a despabilar (aquello que era necesario hacer con los candiles y las velas cuando requemados producían más humo que luz). 

Ver claro que no veo bien es el comienzo del salir de la ceguera. Observar los puntos ciegos, prejuicios y partidismos es ver también. Muchas veces pactamos al servicio de nuestros intereses y nos vendría bien iluminarlos más para que se disuelvan esos manejos que hacemos con la comodidad para que no nos limiten. Es lucidez notar la tentación de  atontarse con los medios modorras. La lucidez lúdica lleva bien los sacudones saludables, la gran oportunidad de enderezar el rumbo, de caer en la cuenta y mirar de frente la realidad, de abrirse a nuevos horizontes.  

¿Aprenderemos a vivir despiertos en medio de nuestra realidad? Es muy cierto que la vida nos depara sacudidas inesperadas, a veces desagradables, dolorosas. Una enfermedad que estalla sorpresivamente como una tormenta, la pérdida repentina de un ser querido, la notificación de un despido laboral. Éstas, queramos o no, siempre vienen. Pero los sacudones saludables son aquellos que necesitábamos. O porque nos olvidamos de vivir o porque anestesiamos la conciencia o porque nos acostumbramos a alimentarnos de migajas, a ir tirando, a que nos den las cosas hechas, a experiencias de breve duración o exigirlo todo sin dar de nosotros nada, a no elegir... ¿Aprenderemos a aceptar nuestras limitaciones y sabernos luz limitada necesitada de más luz, amor y perdón? ¿Nos enchufaremos a la luz?