viernes, 7 de octubre de 2011

nos va la vida en ello

Un amigo se pregunta cómo es posible que cuatro mujeres se junten a desayunar y a esas horas hablar sólo y exclusivamente de sexo y durante 4 o 5 temporadas!!! Y quien dice de sexo puede decir de tantos otros temas... En las conversaciones de mujeres siempre salen estos y otros temas, está claro que no con todas ni siempre, y no sé por qué les damos vuelta ¡a las mismas preguntas! El caso es que hay un abanico de temas comunes que independientemente del lugar del mundo en el que estés acabarás hablando con otra mujer de alguno de estos o con hombres sensibles a estos temas, me estoy acordando de Lucho, el consejero de todas las amigas... si ese saloncito de Bacacay hablara, jaja... Muy frecuente el tema de los ex, pareja actual, amistades, compañeros, familia, problemas recurrentes, dificultades cotidianas, proyectos, deseos, descubrimientos, recuerdos, anécdotas, planes y otras cosas... temas más o menos superficiales, desde comentar la reciente boda de la duquesa de Alba vestida de rositas con su galancete hasta intentar llegar a la mejor conclusión sobre ¿qué mosca le ha picado? ¿Será que el calor que le tiene frito el cerebro? según el grado de relación y de libertad para hablar y compartir el mundo propio llegamos a charlas más o menos intensas, polémicas, cómplices y divertidas.  

Cada vez estoy más convencida que estar en una relación del tipo que sea es un acto de fe, sin importar lo mucho que nos hayan decepcionado en el pasado y aprendiendo a hacerlo mejor en el futuro. Sin embargo entre comernos la cabeza entre lo que pasó y lo que vendrá, nos perdemos el presente. Tanto pensar en lo que fue y en lo que será a veces nos perdemos lo de hoy. En cuestiones de afectos ¿no resultan los actos más convincentes que las palabras? Sí o no? Nos va la vida en ello... ambas son importantes sí, pero ¿somos realmente conscientes de su importancia? 

Me acuerdo que cuando era joven pensaba que había cosas que durarían siempre y que siempre que volviera ahí estarían. Como esas tiendas de barrio que uno conoció y un buen día cambia el dueño o el negocio y uno no puede evitar comparar y recordar cómo era y esta de ahora puede estar muy bien pero a uno le gusta más la de antes. Un buen día me dí cuenta que no era así, ni con las tiendas ni con las personas ni con tantos aspectos de la vida. Estamos cambiando continuamente y por eso descubrí lo importante de cuidar lo que tenemos pero sobre todo quienes somos. También es verdad que crecí con esos mensajes y eso configura una manera de ser en la vida. Mimar el presente, los afectos, los lugares y los espacios. Y todos los que me conocen saben que soy así. Por eso y otras decisiones que vinieron después, sé que la vida es corta y sé que estamos de paso. Escuchando a nuestros mayores o ante los que se van de nuestro lado, sabemos que es así. Lo tengo muy claro y eso no me hace vivir con miedo ni a la muerte ni a las despedidas, ni a las separaciones ni conflictos, sino todo lo contrario, intensamente y más consciente, con un gran aprecio y valorando la vida. En lo que me va la vida en ello me implico. A mí  eso me hace feliz. Y como dice Silvio:
 
Quiero que me digas, amor, que no todo fue naufragar
por haber creído que amar era el verbo más bello…
Dímelo… Me va la vida en ello. 
Cierto que no prescindí de ningún laberinto
que amenazara con un callejón sin salida
ante otro “más de lo mismo” creí en lo distinto
porque vivir era búsqueda y no una guarida.
 
Muchas veces decimos eso de no cambies, como antes, como siempre ha sido... esta tentación de que las cosas no cambien, de poseerlas y no soltarlas, supongo que todos las tenemos en alguna medida. Para unos será saludable y para otros enfermizo, a todos nos asustan un poco los cambios y nos duelen la muerte de nuestros seres queridos, así como las separaciones, las rupturas, no sabemos siempre qué hacer con ellos, a veces nos sentimos preparados para afrontar y otros no sabemos ni cómo hacer... En estos días a una gente muy querida para mí un gran problema se les ha venido encima de sopetón y está siendo difícil vivir la situación. No hay duda, estamos preocupados y nos asusta, no sabemos qué pasará. Afecta y mucho al presente y condiciona el futuro inmediato y sólo Dios sabe cómo se podrá resolver. Sabemos que supondrá algo que no sabemos cómo será. Cuando hablamos de ello y compartimos sentimientos e información sobre el tema, al final se afloja un poco la preocupación y se nos escapa una sonrisa, es grave y será duro, pero aprovecharemos lo que ahora tenemos, lo que podemos hacer, el futuro ya no es cosa nuestra. Y si todo cambia o se termina, por lo menos, habremos compartido ésto y eso es motivo de alegría porque aquí sí nos va la vida en ello.