viernes, 21 de octubre de 2011

¿podemos creer? ¿podemos confiar esta vez?

Ayer a la noche ETA comunicaba que ha decidido "el cese definitivo de la actividad armada". Con la misma escenografía de siempre, tres encapuchados, pidieron además un diálogo directo a los Gobiernos de España y Francia.  Después de 43 años de violencia y 829 asesinatos la banda terrorista ha sido derrotada por el Estado de derecho. El comunicado se produce después de que el pasado lunes se celebrara en el Palacio de Aiete de San Sebastián la Conferencia de Paz en la que importantes personalidades internacionales, entre ellos, el ex secretario general de la ONU, Kofi Annan, reclamaron a la banda "una declaración pública de cese definitivo de la actividad armada".

¿Podemos decir que es un día histórico? ¿Se acabó? Yo veo muchos entusiasmos después de tantas promesas no cumplidas. Me muestro escéptica. Me cuesta creer que es verdad. Lo deseo con todo mi corazón, pero quisiera creer y me gustaría que de verdad esta vez sí. Es una buena noticia, pero por lo pronto no es más que un paso y aunque es un paso adelante tienen que venir muchos más. Han hecho mucho daño a un precio muy alto y ninguna idea política ni ninguna lucha justifica la muerte de nadie. Pienso en tantas familias destrozadas y otras tantas amenazadas... En tantas víctimas y en tantos verdugos. En tantas palabras dichas y vueltas a decir. Palabras que se lleva el viento. Declaración de intenciones. Heridas abiertas. Contradicciones, politiqueos, expectativas, dificultades. Y ahora tantas reacciones, de lo más variopintas. Desde los eufóricos colectivos pasando por los moderados hasta llegar a los más escépticos.

¿Esta vez sí? ¿Podemos creer que es algo nuevo? ¿Podemos confiar? ¿Es verdad? ¿Serán capaces de sostener este paso adelante? ¿Serán capaces todos los implicados en seguir avanzando hacia la paz? Creo que es demasiado pronto para saberlo, los procesos cuestan y más uno de esta envergadura, que necesita pasos por todas las partes implicadas. El dolor no es negociable, la vida no es negociable. El diálogo será difícil. Como lo es también el marco de crisis en el que nos encontramos, las elecciones presidenciales a la vuelta de la esquina, la realidad tan compleja.

Y pienso que estas mismas preguntas que me surgen ante este anuncio de la banda terrorista me las hago no sólo ante un escenario tan deseado y pedido como la paz sino también en tantas relaciones y conflictos de mi vida en las que me pregunto ¿Esto será verdad? ¿Es algo nuevo? ¿Esta vez sí? ¿Podemos confiar? Y no quiero ser ingenua, en estos momentos me cuesta confiar. En concreto en tres situaciones actuales de mi vida. En ellas, aún mantengo una actitud de apertura, de disponibilidad al diálogo y de ayuda. 

Como bien dice una amiga mía uno debe luchar en esta vida por lo que quiere y lo que cree con todas sus fuerzas, pero hasta un determinado punto. Llega un momento en que no se puede estar permanentemente en la lucha, en el intento, cuando no se recibe nada por la otra parte o lo que se recibe es un mensaje contradictorio. Está claro que ni las cosas, ni los sentimientos se pueden forzar. Y también, sé que los procesos tienen muchos momentos, necesitamos Dios y ayuda para esclarecernos, para saber lo que necesitamos, lo que queremos, poner nuestros límites, abrirnos al diálogo. Es duro dar pasos cuando somos más personas implicadas y cuando todas las elecciones son difíciles.

La confianza la ponemos en una situación, en una persona, pero primero en nosotros mismos. Esa fe, esa confianza es un impulso que se puede volver a retomar en la vida hasta el último soplo, decía el hermano Roger de Taizé. El primer amor es con uno mismo y mis energías en este momento tienen que estar conmigo. Todos tenemos sentimientos y también tenemos un límite y en algún momento hay que ponerlo porque si no esto sería el cuento de nunca acabar. Estas tres situaciones, cada una distinta, me enseñan algo duro de aprender y vivir, me toca asumir: que ya no puedo hacer más y tengo derecho a elegir cómo quiero vivir cada situación. Y eso es un paso y una manera de quererme, desde el hoy, desde mi posibilidad.