viernes, 7 de octubre de 2011

sobre gustos no hay nada escrito?

Una cosa que siempre me llamó la atención son las imágenes de tantos personajes históricos como por ejemplo las de los santos y fundadores. No sé si las fotos, estatuas o las pinturas en su honor, las hacía el enemigo o gente con poco gusto estético porque salvo excepciones, su  imagen recordada para la posteridad deja mucho que desear. No me extraña que César con su humor irónico dijera aquello de qué linda señora la Jose, jaja, comentario del que nos reíamos mirando la estampa y hoy traigo al recuerdo al escribir este post.
Y pienso en obras de arte que forman parte del patrimonio cultural y ocupan lugares en tantas galerías y museos así como carteles pegados en paredes que veo por la calle y sinceramente, con la imagen, tampoco andamos mejor. ¿Por qué acompaña tan poco la imagen a tantas historias de vida de personas? ¿Por qué hay personas que no transmiten ni nos comunican nada? Y sin embargo ¡qué diferencia cuando nos encontramos ante un cuadro que nos invita a mirarlo una y otra vez desde distintos ángulos! ¡qué diferencia cuando una imagen nos atrapa, nos conquista!
Lo del buen o mal gusto es cosa de todos los tiempos y a veces se tiene y otras no, también  se puede aprender y educar. Aunque también es cierto que no todos tenemos acceso a los mismos recursos ni nos gustan las mismas cosas ni tenemos las mismas sensibilidades. Sin embargo muchos mensajes de ayer y de hoy así como historias de gente sencilla o importante se pierden cuando la imagen no comunica, más bien repele. Muchas veces falla el mensaje y otras tantas la presentación. Y de ésto podrían hablar mejor quienes se dedican a ésto, mis dos buenas amigas que están en el mundo del diseño y mi hermana en el de la comunicación.

Si lo llevamos al campo de las relaciones, nos encontramos con las mismas torpezas, el mismo problema, ya no sólo en una foto que podemos salir mejor o peor, sino en las habilidades con las que nos movemos a diario en todos los espacios de la vida. Aquí puede haber muchas actitudes, de las que nadie estamos exentos, sin embargo, tomárselo a la tremenda y quedarse congelado en una imagen eterna no ayuda a vivir. Eso para los que ya están inmortalizados, nosotros tenemos que seguir creciendo. También en ésto, en lo que comunicamos y en cómo lo hacemos, en los mensajes que nos damos y en lo que no nos reciclamos. Si cambiamos de colonia o de vestuario, ¿por qué no en otras cosas? Tendremos que seguir aprendiendo y actualizarnos como un programa informático: a la mejor versión de nosotros mismos.