lunes, 17 de octubre de 2011

tengo una historia que contar: la mía

Ayer me quedé pensando en ésto: tengo una historia que contar aunque todavía no sé ni qué forma tendrá ni cómo ni cuándo lo haré. Pero ese proyecto está ahí. Con el paso del tiempo, de los años, vamos dando importancia a guardar lo que tenemos aprecio, lo que queremos seguir conservando, un pedacito de un recuerdo que nos trae el cariño de una persona, de una experiencia, de un regalo... desde objetos hasta momentos que cuando los comentamos en voz alta y son recuerdos compartidos, se hacen más visibles en la memoria del corazón. 

Y podría contar muchos momentos que alimentaron y nutren mi vida familiar como las fotos de los álbumes. No soy de las personas que mejor memoria tiene, sin embargo hay cosas que no se olvidan, recuerdos que vuelven y una se sorprende de que estaban por ahí y yo no lo sabía. Y me acordaba hoy de mi abuela, con su demencia, cuenta una y otra vez las mismas cosas, como si fuera la narradora de algo que está pasando hoy. Y a pesar de su enfermedad nos hace bien a los demás que ella nos cuente su historia, una historia personal que tiene que ser contada. 

Papá, con su buen humor característico, dice que cuando rondás la edad del jubileo y estás más cerca del arpa que de la guitarra, y te vienen con homenajes, mejor que eso es lo que te dan en vida, lo que damos en vida. 

Como dice mi amiga Marina, qué bueno eso de recordar con cariño a los que no están, para no quedarse con la angustia adentro. Como dice mi amigo Nico, escuchando a nuestros padres, a nuestros mayores, también descubrimos nuestra historia, entendemos quiénes somos.

Me da que pensar lo que los seniles, los que ya no están y nuestros padres y mayores nos transmiten como un legado: nuestra vida, nuestra historia cuenta. ¿Qué historia queremos contar? ¿Qué recuerdos no queremos dejar en un baúl? ¿Qué vida queremos compartir? Nuestra historia, el poder contar quiénes somos, qué vivimos... es lo que habla de nosotros, lo que dejamos a los que vienen con nosotros y a los que vendrán después. Mi amiga María suele decir no cuentes los momentos por la cantidad, haz que cada momento sea único, se pueda contar, porque lo estás viviendo y compartiendo.

Yo también pienso que nuestra mejor herencia es la que compartimos, la que damos en vida.