martes, 11 de octubre de 2011

todo aquello que des es tuyo

Estos días pensaba en esta frase con la que titulo este escrito y que sale en el libro y en la película "La ciudad de la alegría". Es una frase que he tenido muy presente en momentos distintos de mi vida y que han ido configurando quien soy hoy. Hace unos días escribía de unas dificultades enormes en las que se encuentran personas a las que aprecio. Hoy llega una buena noticia, inesperada, posible, una salida. El compartirla ha sido motivo de alegría y de agradecimiento, a veces donde menos esperamos, algo pasa, se abre otra vía y nos da una posibilidad que no imaginábamos. De estos días intensos, de nervios, de preguntas, de oración aprendí a seguir confiando en medio de días tristes en los que se nos venía lo peor, a acompasarme con la realidad en vez de rebelarme contra ella y descubrí qué de concreto podía hacer a cada momento y que no es otra cosa que a cuidar el presente. Todo lo que no se da, se pierde, es verdad, y a veces lo damos por hecho y es bueno que nos sacuda la vida para volver a elegir y a concretar quiénes somos y cómo queremos vivir.

Lo viví como un regalo, como el mensaje de la otra noche de mi ahijada y mi amiga del alma en el contestador de casa. Estas son las vitaminas que necesitamos. Y me acordaba también de otra película: “El Señor Ibrahim y las flores del Corán ”, Momo es un adolescente que vive con su padre en un casa oscura de la calle Azul de París. Se siente muy solo hasta que conoce al señor Ibrahim, el tendero árabe de su calle. Comienza una amistad que está por encima de religiones, edades, tristezas. Un día Momo le cuenta que la chica de la que él se había enamoró lo había rechazado: "Eso no importa –le dice el señor Ibrahim-. Tu amor por ella es todo tuyo, eso no te lo quita nadie. Te pertenece. Aunque lo rechace, ella no puede cambiarlo. No lo aprovechará, eso es todo. Todo aquello que des, Momo, será tuyo para siempre; lo que guardes ¡estará perdido para siempre!… Sólo lo que das es verdaderamente tuyo".