martes, 11 de octubre de 2011

tutto terribilis no

 Hoy en día se sabe (y si alguien no lo sabe y lee este blog ya es hora de que se vaya enterando) que la mayor parte de los trastornos emocionales (depresión, ansiedad, estrés...) son el resultado de esa tendencia a calificar de terribles cosas que no lo son, de no desdramatizar las cosas que nos pasan. Y somos responsables de nuestra salud mental, emocional, relacional.

Con cariño y humor podríamos llamarlo el síndrome del tutto terribilis y aquí no se salva nadie, unos de manera continua, otros menos, otros ocasionalmente lo sufrimos y eso no puede ser. 

Podemos aprender maneras más sanas de relación con nosotros mismos y con los demás siempre y cuando queramos hacer algo más que amargarnos la vida y andar con nuestros malos humos contaminando la de los demas.

Traigo un artículo de Rafael Santandreu, psicólogo clínico, cuenta ésto y otras cosas en El arte de no amargarse la vida (Ediciones Oniro):

 Exageramos.
Anticipamos las desgracias y nos tomamos a la tremenda adversidades con las que deberíamos contar. Todo puede pasar. No estamos siempre igual y las cosas también cambian. Los seres humanos tenemos unas 20.000 pequeñas adversidades a lo largo de la vida (te tuerces el tobillo, se te pasa la hora de levantarte, pierdes las llaves, te roban, cambian los planes que tenías, un amigo deja de serlo, acaba el trabajo,...).

Al mal tiempo buena cara.
O aceptas la realidad y dejas de exigirle a la vida, o te conviertes en un cascarrabias. Imaginarse muerto es una buena medida preventiva de las ansiedades cotidianas. Dígame, en esta vida tan corta y de la que desconocemos su sentido, ¿es tan importante esta desgracia que le está ocurriendo?

Hay que ver las cosas con perspectiva.
Hay que ser realista, con eso basta. Estamos llenos de creencias irracionales del tipo: "Si me despiden, es el acabose". El "debo hacerlo todo bien", "deberían tratarme con consideración y justicia" y "las cosas me deben ser favorables" son exigencias infantiles. La persona madura es la que no exige, sino que prefiere: "Me gustaría hacerlo todo bien, pero no lo necesito para disfrutar del día".

Un matiz importante.
Las personas vulnerables emocionalmente, con poca autoestima, están llenas de exigencias, y cuando estas no se cumplen se enfadan con ellas mismas, con el mundo o con los otros y muy pocas veces lo expresan, se lo tragan y viven con resentimiento que si no se suelta, se va acumulando.

¿De dónde surgen esas creencias?
Se transmiten socialmente, son mensajes que nos convierten en débiles y neuróticos. Yo he elaborado una lista de las diez creencias irracionales favoritas de los españoles. A saber...
Necesito tener a mi lado alguien que me ame; de lo contrario, ¡qué vida más triste! Tengo que ser alguien en la vida. No puedo tolerar que la gente me menosprecie. Debo tener un piso en propiedad o soy un fracasado. Tener buena salud es fundamental para ser feliz. Si mi pareja me pone los cuernos, no puedo continuar con ella.

Qué agobio, sí.
La necesititis es devastadora y nociva para la salud mental. No es cierto que para ser felices necesitemos amor sentimental, éxito, hijos, no tener problemas... Si mantenemos estos deseos en el límite de las preferencias, nuestra mente estará sana.

No hay que exigir tanto a la vida, a los demás, ni a uno mismo. Me ocupo, pero no me preocupo de las cosas. El mito de la bondad de la preocupación que nos inculcan desde pequeños es absurdo y nocivo. Primero tengo que empezar por mí mismo, si no soy capaz de quererme y cuidarme, mal lo haré con los demás.

Pero si esas creencias son irracionales, ¿cómo poner razón en ellas? 
La soledad es buena como espacio para conocernos, para saber estar sin necesidad de ruido ni de otros constantemente. Hay que revisar a diario nuestras creencias, cómo pensamos, detectarlas, combatirlas con argumentos y desarrollar nuevas creencias racionales. Una de las mayores causas de estrés es el miedo a hablar en público, los líos que nos montamos en la cabeza por no expresar lo que nos duele, lo que nos molesta y sentimos. Es más sencillo, si lo hacemos en su momento y no dejarlo para el futuro. Se aprende y es costoso, pero se es más feliz y simplificamos la vida a cada momento.

Nos afecta lo que piensen de nosotros.
Nos liberamos de la necesidad de aprobación de los demás cuando comprendemos que estar abajo no es ningún problema. Al contrario, ser capaz de estar abajo con orgullo y de buen humor te hace superior y te permite disfrutar más de la vida. Como todos los miedos, la vergüenza y el temor a hacer el ridículo se vencen pensando bien, no enfrentándonos a ellos o dándole la vuelta a las dificultades que tenemos para afrontar conflictos, situaciones que tememos...

Hay que tolerar la frustración.
No siempre conseguiremos nuestros deseos, pero no pasa nada: la vida sigue siendo bella. Eso es ser realista. Hay gente que tiene muy poca capacidad de tolerancia a la frustración, más hoy que lo queremos todo y nos parece que lo podemos tener todo. La eficacia está sobrevalorada: todo lo que perdemos con los errores que cometemos, por ejemplo en nuestro trabajo o con los amigos, es obvio, pero no lo es la paz interior que perdemos obsesionándonos con la perfección o con que todos estén pendientes de uno. La felicidad no depende de logros o situaciones ideales, sino de nuestra salud mental.

Amores y desamores son termómetro de nuestro bienestar.
Uno está preparado para tener pareja cuando puede decirle: "Cariño, te quiero mucho, pero no te necesito nada". Las exigencias y tensiones que causa el amor dependiente, ese que nos trasmiten continuamente a través del cine o la música ("Sin ti yo muero", "si tú me dices ven lo dejo todo", "sin ti no soy nada") es un mensaje neurótico. Creer que tu pareja tiene que hacerte feliz es mucho exigir y te amargará cada vez que algo falle.
Yo creo que si Romeo y Julieta se hubieran casado, su matrimonio no habría durado más de un año. El amor es responsable, pero desde la libertad no por presión ni porque yo quiera.

¿Mejor sugerir que exigir?
Pruébelo, el "me gustaría que..., pero si no lo haces te querré igual" da unos resultados fantásticos. Nunca exija nada a su pareja. Nadie cambia si no quiere. El verdadero cambio es elección y decisión personal.

Nadie es perfecto.
La clave de las buenas relaciones es pedir a cada cual lo que puede dar. Pedir lo que yo necesito sin esperar que el otro adivine o suponga lo que me pasa, lo que quiero, lo que necesito, no puede ni tiene por qué, es mi vida de la que me tengo que hacer cargo. Yo me tengo que hacer cargo de mis necesidades: de tiempo, de compañía, de periodicidad, de espacio, de diálogo, de silencio... Quejarse y no hacer nada, quejarse y echar la culpa a los demás, quejarse y no ocuparme de mis necesidades es la mejor forma de arruinar una relación conmigo mismo y con los que me importan. Además, desperdicio oportunidades de ser feliz.