miércoles, 30 de noviembre de 2011

en la medida que seamos capaces

Dicen que quien mucho se ausenta, pronto dejar de hacer falta y el dicho tiene su parte de razón. No es lo mismo estar que no estar, decía la canción. Mojarse, empaparse, dejar que las cosas nos afecten y nos envuelvan. Estar en la realidad, no pasar simplemente por encima o de largo, picoteando o viviendo como si no tuviera que ver con nosotros. Haciendo algo con nuestras manos y nuestro esfuerzo por construir, por apoyar, por aportar hoy. Es verdad que cuando miramos las cosas desde afuera, elegimos, juzgamos, nos quedamos con lo que nos interesa como cuando elegíamos los caramelos de los gustos que queríamos y los que no quedaban aparte. 

Aunque hayamos visto millones de películas, no sabemos a qué sabe un beso hasta que lo probamos y descubrimos muchas clases de besos en relaciones distintas. Aunque sepamos, no conocemos hasta que probamos, hasta que nos abrimos a la experiencia, hasta que no arriesgamos.

Cualquier realidad o relación puede costarnos, darnos pereza, podemos tener mil reticencias pero sólo sabremos algo en la medida que seamos capaces de implicarnos en ello, de afrontar en ella nuestros miedos e inseguridades. Es verdad que una vez dentro de una realidad, situación, compromiso o relación es cuando nos damos cuenta de que valía la pena y no lo hubiéramos sabido de quedarnos simplemente a medias, mirando desde afuera y a distancia.  
 
En un mes madre e hija marchan a Perú a trabajar en el proyecto de campamentos del comedor que apoyamos. La hija quiere ver y hacer algo en la realidad que conoce a través de lo que le ha contado su madre, pero sobre todo por la huella que Perú ha dejado en la vida de su madre, en lo que la mueve y por lo que emplea sus vacaciones, su tiempo, sus conocimientos, energías e ilusión. 

¿Qué se puede hacer en medio de una reunión de viejos que aportan nostalgias, viven de lo  que siempre se ha hecho, sueñan con una realidad que no existe y quieren construir algo que no saben ni lo que es? Todavía no lo sé, pero me sumo a buscar con ellos, a ver cómo podemos hacerlo. No nos conocemos, no estamos unidos y partimos de bases diferentes. Será camino largo y nos tendremos que ir conociendo, descubriendo, pero es lo que hoy tenemos si queremos hacer algo más que lo que hasta ahora se ha hecho. 

En la medida que seamos capaces... 

la salud de un cuento

¡Tom Sawyer! dije hoy cuando abrí Google y ví a los personajes del cuento y un nuevo recuerdo de hace muchos años se despertó en mi mente y me trajo una sonrisa. Pinché en la imagen y efectivamente, es en homenaje al gran escritor estadounidense Mark Twain por el día en que se celebra el 176º aniversario de su nacimiento. 

Mark Twain es uno de los escritores más queridos en Estados Unidos y sus obras más conocidas y destacadas son: "Las aventuras de Tom Sawyer", "Las aventuras de Huckleberry Finn", "El príncipe y el mendigo'". Cuentos e historias que alimentaron mi imaginación y muchas horas de lectura cuando era niña.  Todavía me acuerdo de párrafos enteros del libro que vaya una a saber por qué se me quedaron grabados. 

¡Cómo agradezco el regalo de tantos cuentos que me han ayudado a crecer, a soñar, a ilusionarme, a vivir en la piel de tantos personajes distintos! A viajar cuando no tenía dinero en el bolsillo pero cuyos mundos me han llevado a lugares increíbles. Algunos lugares los he conocido muchos años más tarde y estando allí era como volver a conectar con ese cuento primero que inicialmente ya había llevado.  

Un buen libro o una historia que contar regala salud. Leer a alguien un cuento genera bienestar, contribuye al equilibrio emocional, relaja, y no lo digo yo, lo dicen los que saben de estas cosas. Y sino no hace falta más que comprobarlo con alguien pequeño de la familia, con un enfermo en el hospital o con quien queramos compartir un espacio o un tiempo de lectura.

Ahora que se acercan las fiestas y podemos sugerir a Papá Noel y a los Reyes Magos algunos regalos buenos, que en esas opciones cuenten los cuentos, los libros del formato y tamaño que más nos guste. Los cuentos siempre nos hablan de cosas importantes para la vida, nos buscan y nos encuentran ahí donde nuestra vida se abre a leer, a escuchar, a sentir, en clave de valores y formas de vivir.

Hace unas semanas con mis sobrinos leíamos entre cuatro un cómic que escribió uno de ellos, hacíamos los distintos personajes y disfrutamos de compartir ese tiempo asomados al mundo fantástico de alienígenas y seres de otros planetas. Sé de una familia amiga, que padres e hijos los domingos a la tarde dedican unas horas a la lectura de algo que les guste a cada uno. Los imagino a cada uno leyendo sus libros. Nosotros tenemos libros que siempre nos acompañan en nuestros viajes furgoneteros. En mi bolso, libreta o libro siempre hay, para esos ratos de espera y distensión o de inspiración y creatividad. También sé de otra familia que abuelos, hijos, nietos, tíos y primos la noche de navidad preparan un teatro familiar con disfraces y canciones navideñas incluídas y comparten así el tiempo después de la cena. Dicen que cada año lo hacen mejor y a medida que los nietos crecen se implican más en la historia que como una tradición viva se renueva cada año.

Ojalá que muchas historias sigan vivas en los corazones y las vidas de muchas personas porque esa herencia queremos también compartirla y repartirla. Ojalá encontremos espacios para dejar otras cosas y sacar tiempo para leer y leer con otros Ojalá sigamos regalando salud a través de un cuento, de un libro, de un escrito. 

nuestros recuerdos

El domingo disfruté muchísimo compartiendo con una amiga recuerdos suyos y míos. Nos reíamos a la vez que nos contábamos anécdotas, experiencias e incluso dábamos valor a esas cosas y a otras que vivimos. Y sabía que aquello ya me estaba dando algo que escribir y que llegado el momento vendría  a este espacio. 

El viernes escuchaba a alguien decir que si hubiera que escribir la historia de una persona podríamos enfocarla desde distintos planos: desde la biografía histórica basada principalmente en hechos y fechas precisas y demostrables y desde la biografía emocional, comunicada por alguien que ha vivido con esa persona, que sabe quién era, por qué hacía lo que hacía, qué la movía, qué le daba fuerzas.... Como si un historiador y un marido pudieran dar respuestas distintas a esa arrojar conocimiento de una mujer. Dos maneras de conocer a una persona. La de quien escribe sobre ella basándose en datos y la de quien compartió la vida con ella. Seguramente quién mejor la conocería sería quien ha vivido con ella. Por tanto, no podemos conocer a alguien sólo por referencias e informaciones de otros por muy veraces que éstas sean si no abrirnos a la experiencia de un encuentro. Sólo si nos atrevemos a conocernos, a acercarnos, a abrirnos y a compartir la vida podremos decir quiénes somos y quién es el otro. Sino seremos como el historiador que sabe datos y referencias pero se pierde la vida que da el contacto directo, lo comunicado y compartido.

Cuando vamos descubriendo que los recuerdos forman parte de nuestra historia, que son un tesoro compartido y que es una gran herencia que podemos comunicar, quiere decir, entre otras cosas que vamos dando valor a la vida que vivimos y que nos vamos haciendo mayores, jaja... Mientras los recuerdos no nos pesen más que el presente y la esperanza del futuro, vamos bien, sino querrá decir que algo está fallando por ahí, algo tenemos que reajustar. 

Todos tenemos olfato especial para ciertos aromas y olores que recordamos como especiales. El olor a jabón de violeta en el baño de mi tía Yola y el olor a jazmín en primavera en el patio de una casa cerca de mi colegio no lo voy a olvidar nunca y forman parte de mi historia. Así como el olor a pan recién hecho de las panaderías que tenían elaboración propia en mi barrio y de la pizza de La Paz... Así como recordamos también sabores, sonidos, tactos, imágenes que nos han ido configurando y son parte de nuestra vida.

Es genial lo que se crea en una reunión familiar cuando sacamos a la luz historietas y anécdotas familiares, hechos comunes que nos han marcado, de los que cada uno recuerda algo. Cuando los mayores de la familia comienzan a contar batallitas genealógicas, idas y venidas de unos y de otros, hay algunos que se acuerdan de hasta cómo alguien iba vestido, lo que había hecho ese día, hay quién no recuerda casi nada y en esa ocasión actualiza su historia escuchando... lo mismo pasa cuando vemos fotos o algún video casero. Nos ayuda a todos a rescatar nuestra historia, traerla a la luz del hoy y mirarnos a los ojos y poder descubrir las emociones de cada uno de los que ahí estamos recordando, actualizando, la vida compartida. Dando un lugar a los que ya no están con nosotros, empezando a sumar a la historia a los que se suman a la familia y que aportan su propio recorrido y maneras distintas a las nuestras y a los pequeños que van llegando y en ella crecerán.

Otro tanto sucede con amigos y compañeros, cuando con fotos o sin ellas vuelven a la memoria aquellas cosas que el corazón no olvida, que han dejado su huella de dolor o de alegría, de risas y de esfuerzos, que nos han alejado o unido. 

Está más que claro que todo lo que no compartimos, se queda como agua estancada, guardado, sólo en nosotros. Todo lo que no se da, se pierde, decía aquel proverbio. Ojalá no nos falten ocasiones que compartir y revivir nuestra historia, porque así sabremos dejar a otros este legado de quiénes somos a la vez que no perderemos ocasiones de encontrarnos y decirnos también así que nos queremos. 

jueves, 24 de noviembre de 2011

muchas gracias


Tiene la capacidad de captar lo importante, de quitar hierro a lo que no lo es y de preocuparse realmente por lo que vale la pena.  

Me ayuda más por lo que no dice con palabras pero sí hace con la vida, con su manera de ser, estar y actuar. Nos entendemos con la mirada sin necesidad de decir mas.Tiene un gran sentido del humor y vive la vida con sencillez creativa. Cuando busco señales o necesito pistas sé que las puedo encontrar a su lado.

Encontrar satisfacción hasta en las tareas más rutinarias o dar sentido a cada día es algo que compartimos así como el intento de que nuestras emociones, pensamientos, actitudes nos muevan a una vida más feliz. Es alguien en quien puedo descansar y cargar pilas. Me siento agradecida a la vida por su amistad y tener cada día la oportunidad de conocerlo.

hacernos cargo de nuestras necesidades

Hace poco alguien me expresaba algo que nos pasa tanto que es imposible no sentirnos identificados en algún momento de la vida. Eso que nos pasa sobre todo a las mujeres, no porque a los hombres no les pase, sino porque mayoritariamente las mujeres somos las que tendemos a hacernos cargo de muchas cosas. Cuando no podemos parar, cuando nos entregamos a las presiones y a la velocidad y desatendemos nuestras necesidades y nuestro mundo emocional. nos dejamos arrastrar por la autoexigencia, el perfeccionismo, las necesidades de los otros, la creencia de que podemos controlarlo todo o de que somos capaces de dar siempre a los demás lo que esperan o reclaman.

Vamos llegando a un punto en el que las exigencias superan nuestra capacidad de atención y afrontamiento. Hay unas señales que tenemos que ser capaces de reconocer. Las señales de agotamiento, irritabilidad, tensión y síntomas somáticos variados que nos avisan que necesitamos retornar a nuestro centro y ordenarnos. Es clave escucharlas, atenderlas, porque si permanecemos mucho tiempo alejadas de nosotras mismas nuestra capacidad de avanzar por la vida tiende a disminuir.

Cuando llegamos a ese extremo, necesitamos hacer algún cambio dirección al equilibrio: si continuamos sometidas a la presión, podemos llegar a hacernos insensibles a nuestras necesidades y a dejar de registrar el momento en el que lo que es excesivo, o lo que no es suficiente, rebasa nuestros propios límites y nos supera.

Tal vez estemos inmersas en una tarea que, aunque elegida, nos absorbe, alguna responsabilidad ha agotado nuestras fuerzas, un requerimiento afectivo nos pide más de lo que podemos dar o recibimos menos de aquello que necesitamos. Tanto por exceso como por falta podemos llegar a pagar un alto costo: una vez atravesado un límite, la energía comienza a mermar y la inquietud interior, a crecer. Esto nos lleva estar irritables y reactivas ante cualquier cosa que identifiquemos como presión. Nunca es tarde para comenzar a elegir, ordenar, recomponer lo que sea posible y descartar lo que ya no tiene sentido que permanezca. El prestar atención a la vigencia de nuestros deseos y necesidades personales es un buen comienzo para encontrar el camino de regreso a casa. 

Cualquier recurso que nos ayude a estar con nosotras mismas en un diálogo interior, y nos ayude a restaurar la energía, puede servirnos para decir 'basta': leer un libro, visitar un lugar preferido, ir al gimnasio, compartir tiempo con alguna persona especial, ver una película, bailar, una actividad artística, arreglar las plantas o el jardín, hacer yoga, tai chi, chi kung, pilates, viajar, escribir, meditar, un rato de oración, un masaje, charlar con amigas, hacer terapia, caminar en soledad, salir a correr, jugar con la mascota, u otras experiencias que ayuden a poner la mente en orden y darle lugar a todas las ideas, incluso a las aparentemente absurdas. Necesitamos aprender a reconocer, en lo cotidiano, lo que nos hace bien, y apoyarnos en ello para nutrirnos, curarnos, sostenernos en el camino y actuar en consecuencia, poniendo las cosas en su sitio, dejando vivir lo que tiene que vivir y permitiendo que muera aquello cuyo tiempo final ha llegado.

martes, 22 de noviembre de 2011

yoshelyn

Es una de las historias que tan bien escribe Arsenio, de una chica real y concreta que vive en otro lugar en el mundo llamado Perú. Es la historia de una chica que busca un mundo mejor que habitar, que vivir. Que su historia nos inspire, nos mueva, nos anime...

Que hagamos todo lo que está en nuestras manos porque personas como ella tengan una mejor calidad de vida.

necesitamos contacto

Los seres humanos necesitamos tocar y ser tocados tanto como podemos necesitar comer, vestirnos, beber o cualquier otro acto básico. De hecho, su importancia es tal que puede influirnos a nivel psicológico o en nuestra conducta futura y, además, nos es necesario a lo largo de todas las etapas de nuestra vida.

Cuando nace un niño, por ejemplo, es lógico pensar que, al principio, los sentidos de la vista y el oído tardarán aún un tiempo en desarrollarse del todo; en cambio el tacto no. Éste es, prácticamente, el primer medio de comunicación con su entorno inmediato. Un bebé percibe enseguida hasta que punto es deseado a través de la calidad del contacto que recibe de su madre. Este contacto inicial será, entre otras cosas, el que le transmitirá información sobre él mismo, sobre los demás y sobre la vida en general. Es una forma muy efectiva de transmitirles felicidad y bienestar.

El sentido del tacto no sólo es importante para el bebé. Durante nuestra infancia y adolescencia también juega un papel predominante. Crecer en un ambiente frío y distante, con poco o ningún roce, nos puede marcar tanto física como psicológicamente. La cantidad y calidad del contacto que recibimos durante nuestra vida influirá sobre nuestro carácter, en nuestras futuras relaciones con otras personas, en nuestro desarrollo y vigor físico y mental, en nuestra capacidad para soportar el estrés y el dolor e incluso en nuestra forma de combatir la enfermedad.

Las personas mayores representan el porcentaje de población más aquejado de enfermedades y dolencias y también suelen ser los más carentes de tacto a nivel emocional. En la sociedad en que vivimos actualmente, cada vez hay más ancianos que viven solos; esto implica que sobreviven desatendidos física y emocionalmente, que soportan solos sus dolencias, su propia degeneración física y su soledad al fin y al cabo. El sentido del tacto, posiblemente, sea el último en desaparecer, por lo que es especialmente eficaz con las personas mayores para combatir muchos de los dolores que padecen, como también para combatir la depresión, los sentimientos de angustia y la soledad.

Si en la biodanza, la abrazoterapia, la risoterapia y otras disciplinas terapéuticas se da tanta importancia al trabajo corporal y sensorial es por poder tan importante del contacto en nuestra calidad de vida.  

Todos recordamos abrazos y caricias que hemos sentido especiales, que nos han hecho sentir queridos, cuidados, sostenidos. Recordamos la calidez de momentos que nos han hecho vibrar de felicidad y alegría, de reencuentros esperados durante mucho tiempo. que conservamos en la memoria del corazón y que están ahí alimentando la historia de nuestras relaciones. Nos sentimos agradecidos por las personas que hoy en nuestro presente siguen transmitiéndonos el cariño que necesitamos para vivir mejor de las maneras más diversas. 

Tengámoslo en cuenta, en nuestras relaciones, en la manera de comportarnos y expresarnos con quienes compartimos la vida. Y también para nosotros! Pidamos abrazos, caricias, escucha, ternura, cariño... Los niños con su espontaneidad y sencillez, también en ésto pueden guiarnos, para soltar más el corazón y expresar sin tantas vergüenzas y miedos toda la vida que llevamos dentro.

estar atentos

Si nos paramos a pensar, nada se derrumba de un día para otro sin previo aviso. Sin embargo muchas veces no nos percatamos de nada hasta que algo se ha perdido, ha cambiado, es diferente. Y a este cambio, también nos resistimos, aparecen sentimientos diversos, reacciones y movimientos de querer recuperar a toda costa el tiempo perdido. 

Si la base de toda relación, es un acuerdo con mayor o menor grado de compromiso o de implicación, la comunicación tendría que ir haciéndose imprescindible sino algo no va. Esto vale en cualquier tipo de relación. Y esto es algo en lo que todo podemos crecer. 

Hace poco alguien me expresaba que crecer en comunicación significa dar señales a la otra parte de lo que pensamos y sentimos, de lo que vivimos en cada momento de nuestra vida. Cada uno tenemos que encontrar nuestra propia manera de expresar, de comunicar, de compartir. A veces nos parece que ganamos más con las indirectas, dejando caer pero sin decir, esperando que otra persona se dé por aludida y responda, y está claro que esperando que otra persona resuelva, se haga cargo, que el tiempo mejore o que las cosas vuelven a ser como antes, quizás sea mucho esperar.

Un profesor mío decía que hay que luchar contra la "conspiración del silencio".  Los enfados y rencores que se suelen ir acumulando, tarde o temprano acaban explotando como la pólvora y generalmente no de las mejores maneras y además no solucionan sino que perjudican. La digestión de la vida es a veces compleja, hay tanta confusión en la mente, desaliento para el ánimo, a veces la vida se complica, otras la complicamos nosotros. ¿No podremos mejorar la digestión de nuestros conflictos y dificultades? ¿Seremos capaces de saborear y masticar mejor nuestra vida?

El problema es que que cuando hay muchas cosas que damos por supuestas no nos damos cuenta que nuestra vida, nuestra ideas, nuestras necesidades, nuestras prioridades, nuestros gustos son eso: nuestros. Varían hasta en los mejores amigos, las parejas, familias, compañeros... es lo bueno de ser diferentes. El problema no es que seamos distintos, el problema es que estemos distantes, el problema aparece cuando no comunicamos nada. Insisto, esto vale en cualquier tipo de relación. Y esto es algo en lo que todo podemos crecer. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

elecciones

Las elecciones son necesarias, las necesitamos para vivir, para avanzar, para alcanzar objetivos y cambios, para defender propuestas e intentos, para responder de manera comprometida. Uno puede vivir tiempos muertos, de indignación, de protesta activa o pasiva, de silencio, uno puede abstenerse de participar pero llegan tiempos en los que elegir. No somos nada ni nadie si no decidimos, si no tenemos voz, si no tenemos voto, porque sino nos estancamos, somos fáciles de manejar y manipular. ¿De qué se queja quien no ha estado presente cuando tenía que estarlo? ¿de qué se queja quién solo se preocupa y no se ocupa de hacer algo?

Y esto que lo veíamos muy claro ayer día de elecciones generales en nuestro país ante un cambio de gobierno y un nuevo mapa político, también lo vemos habitualmente en nuestra vida y en medio de nuestras relaciones y compromisos. Es más constructivo elegir. Lo que sea, no siempre pensando en acertar, sino en aportar algo, en tomar postura. Hay una primera vez para todo, para elegir caminos nuevos o continuar por los ya trillados, hay muchas oportunidades para aprender, para desaprender, para construir, si queremos algo mejor que lo que tenemos y ya estamos haciendo.

Muchas veces funcionamos por inercias y nos frustramos porque no salen mejor las cosas, porque seguimos igual. Muchas veces nos hacen sufrir esas creencias limitantes de que se acaba lo bueno y ahora viene lo peor. Y tanto nuestras inercias como nuestras creencias que no cuestionamos ni cambiamos no nos permiten avanzar. Las decimos en lo cotidiano, en referencia a compromisos, a la vida fuera de tiempos vacacionales, en épocas más grises, de reajustes, de cambios, de apretarnos el cinturón, de aceptar derrotas y hacer frente a tareas con las que no contábamos.

Y sin embargo lo mejor que tenemos siempre es nuestro presente, hoy, que es el tiempo real en el que podemos vivir y elegir qué queremos, pariendo de nuestro ahora construiremos con sencillez, humildad, paciencia e ilusión, lo que podamos. 

Nada mejor que la imagen de esta nena, en camino, con lo que necesita para construir lo que quiere.

va de relaciones

Un hombre que acababa de morir llegó al cielo. San Pedro le sometió a un largo interrogatorio.
-¿Has amado nunca a una mujer?
-No.
¿Has amado a un amigo?
-No
-¿Te transmite ternura un niño?
-No, nunca.
-¿Has amado alguna cosa de la naturaleza?
-Tampoco.
San Pedro lo miró muy severamente y le dijo:
-Entonces…¿Por qué no has llegado antes?. !Hace mucho tiempo que estás muerto!

Es importante darnos permiso para sentir. 
Todas las emociones, incluso las desagradables, son necesarias.
Las emociones nos dan información valiosa sobre nosotros mismos.

Nuestra estabilidad emocional depende en gran medida 
de las relaciones que establecemos con los otros.

Es emocionalmente ecológico e inteligente escoger relaciones que nos
permitan crecer y ser mejores, en lugar de resignarnos a lo que la
genética, el azar o la cultura ha establecido como obligación.
Tenemos el deber de hacer limpieza de las relaciones 
que son ficticias, insanas y que no nos dejan crecer como personas.

Somos seres en constante construcción y 
constantemente nos estamos creando.
Nos construimos a medida que elegimos.

domingo, 20 de noviembre de 2011

con el corazón y con la cabeza

Comparto la reflexión de alguien a quien conozco... 
"Piensa con el corazón, pero decide con la cabeza" fue el consejo de una amiga hoy. Me gusta, creo que une dos cosas valiosas y no siempre valores al alza: sensibilidad (humanidad) e inteligencia (astucia, previsión). 
Quedarse con una de las partes es la tentación de muchos: sensiblonería, caridad mal entendida; y otros racionalidad desencarnada, justificación de las "necesarias víctimas" del sistema. No me agrada ni lo uno, ni lo otro. Prefiero el equilibrio, que creo más sano, que se encierra en esa ecuación: cabeza y corazón van de la mano, nunca enfrentados. El corazón me dice dónde quiero ir y la cabeza cómo puedo hacerlo.
Igual que fe y razón no se oponen sino que se complementan. Estoy dispuesto a sumar y escuchar, con criterio, pero siempre a sumar. La vida y el tiempo ya se encargan de borrar lo que no debe permanecer.

viernes, 18 de noviembre de 2011

hacernos cada vez más humanos

A veces está en su mundo, otras se desorienta, cuenta historias que no tienen lógica.y no conecta con lo que se está hablando, es consciente y al rato no consciente de lo que pasa, repite lo mismo una y otra vez, tiene dificultad para expresarse y para comprender, puede no recordar los nombres de los familiares ni saber quiénes son éstos, puede describir algo pero no saber su nombre... Y aparecen trastornos de comportamiento, pienso especialmente en tres personas con deterioros cognitivos por diferentes motivos, mi abuela, la madre de un amigo que esta semana entró en una residencia y el papá de mis amigas del alma y de toda la vida que es como si fuera parte de mi familia.

La relación con una persona con deterioro cognitivo nos interpela de modo especial, suscita en nosotros sentimientos contrarios: de ternura por un lado, de confusión e incomodidad por otro, de tristeza, de impotencia. Como habitualmente no sabemos llevarnos muy allá con el dolor, con estos dolores más específicos y de aquellos que tanto queremos, también tenemos nuestras dificultades. Sentimientos que hacen que la relación con quien lo padece sea a veces difícil y vaya surgiendo no sólo la necesidad de conocimientos específicos sobre la enfermedad sino también habilidades relacionales y actitudes para saber cómo actuar y relacionarnos mejor. 
Hay mucha literatura y buena sobre estos temas y no pretendo aconsejar ni ser experta en ello, lo que sí deseo es que no desaprovechemos la oportunidad de comunicarnos experiencias, situaciones, que nos acercan, nos animan, estimulan y apoyan cuando tenemos cerca o lejos a alguien que vive esta realidad. Cada vez más se agradecen y se necesita escuchar y leer testimonios de hijos, cuidadores, familiares  que buscan compartir lo que viven ante estas realidades. ¡¡Así que ánimo Borja con ese libro en proyecto!!
El humor es un gran recurso en la salud y además no depende ni de obras sociales ni de recortes sanitarios, es gratuito y se construye en la medida que somos capaces de soltarnos, expresarnos y reírnos de lo que nos pasa, de tomar fuerzas para seguir viviendo más desahogados. También puede ayudarnos como una manera sana de reírnos de situaciones que pasan, que en un momento bloquea o vemos como drama y después le damos la vuelta y se escapan lágrimas, risas, espacios de descanso y distensión. También los cuidadores y familiares necesitan expresar lo que sienten, lo que viven. Esto humaniza, desdramatiza, aligera la carga como la del cazo de Lorenzo del post anterior.
Algo resuena en nuestro interior, cuando una realidad así nos interpela, como si recibiéramos una llamada a despojarnos de nuestros caparazones, a deshacernos de nuestras corazas y de nuestra autosuficiencia. Gracias a la demencia de mi abuela pude conocer a una abuela distinta, más sencilla, más abierta, menos distante. Escucharla decirme te quiero como antes no salía aunque yo sabía que lo sentía. Gracias a la demencia de mi abuela pude jugar con ella, cantar y bailar, reírnos juntas más que cuando era chica, agarrarnos mucho de la mano, darnos besos y abrazos, decirle cosas que años atrás no hubiera dicho. Y en medio de la debilidad, siento que nos hicimos fuertes, porque crecimos en el amor. Y creo que cuando alguien que era capaz de controlarlo todo y eso se va perdiendo y toca renunciar a tu autonomía y se van perdiendo muchas cosas, es nuestro corazón de niño que viene en nuestra ayuda, ese corazón que es espontáneamente abierto, se atreve a pedir sencillamente, quiere ser amado y quizás es lo que más nos puede guiar a enfermos y familiares, a pacientes y a cuidadores, para cuidarnos y querernos mejor.
Ojalá seamos cada vez más conscientes que lo que podemos dar y llevar nuestras manos es sobre todo amor. Ojalá pongamos más corazón en las manos como decía San Camilo. Ojalá nuestro amor de calor y sea caricia, ternura, paciencia, pañuelo, abrazo, besos, fuerza, confianza y ojalá nuestro humor dé más colores a cada una de las relaciones, en la medida que nos atrevamos a sacar a la luz nuestros propios colores, especialmente con los más débiles que muchas veces son nuestros padres y abuelos. Ojalá sepamos mostrarnos cercanos y hacernos más humanos que es de lo mejor que podemos hacer con nuestra vida.

a los que necesitan más amor

 Dedicado a Pablo, Fermín, Lucía, Nerea y todos los que necesitan más amor.

Hay muchas personas diferentes que merecen nuestro respeto y comprensión. También ellos tienen sus dificultades, sus cualidades, obstáculos que afrontar... De un niño, de un joven o un adulto con discapacidad también podemos aprender una lección constante de superación.

Ojalá como ellos, encontremos personas que nos ayuden a sacar lo mejor de nosotros mismos. 

Ojalá estemos atentos a los otros y sepamos querer, cuidar, animar, sostener a otros.

Ojalá existan Lorenzos en nuestra vida que nos abran el corazón y muevan a la ternura.

Ojalá como Lorenzo también nosotros nos dejemos querer y ayudar.


jueves, 17 de noviembre de 2011

y vos ¿quién sos?

¿Por qué estamos siempre los mismos en las mismas cosas? decía un ex compañero de trabajo. ¿Por qué la cosa no se renueva? ¿Dónde están hoy los jóvenes? se preguntan tantas asociaciones e instituciones ante la falta de relevo generacional. ¿Por qué no llegamos a más gente? ¿Qué podemos hacer? nos preguntamos cuando estamos haciendo algo que creemos digno y bueno que otros conozcan y compartan. 

El análisis podría ser exhaustivo y no pretendo eso ni reflexiones muy de cabeza, más bien preguntas que van directo al corazón. ¿Qué puedo hacer yo para mejorar lo que tengo, los lugares en los que estoy? ¿Qué puedo dar de mí para que la cosa mejore, crezca? Y ante opciones en las que muchas veces nos sentimos solos o que nos gustaría compartir con otra gente y no es posible por motivos distintos, más que desesperarme y quedarme pidiéndolo peras al olmo, me ayuda recordar algo que una vez me dijo un amigo: no podemos darnos si primero no nos tenemos.

Para poder liderar, apoyar algo o a alguien, es necesario, primero, conducir o tomar las riendas de la vida propia. Empezar por nosotros mismos. Y no quiero decir con ésto que mientras uno no lo haga del todo no será capaz de dar ni hacer nada, tampoco es excusa para cruzarse de brazos y quedarse mirando la vida pasar. Pero sí que es verdad que mientras no se tenga conciencia de quién es uno, difícilmente se podrá ir hacia otro o plantearse hacer cosas por los demás. 

No se puede dar lo que no se tiene. Si no tengo dinero ni para llegar a fin de mes, difícilmente podré dárselo a otro, por mucho que lo necesite, primero me tengo que cuidar yo y mirar por mí. Si apenas me da la vida para llegar a las cosas que ya asumí, difícilmente podré dedicar más tiempo a más cosas porque al final no estaré para nadie y tampoco me tendré yo, que es la base de todo lo demás. No se puede dar lo que no se tiene. Por esa razón hay muchas personas que van, como bola sin manija, de un lado para otro, no paran, no tienen un minuto ni para sentarse tranquilas ni para un café ni para respirar. No se puede dar lo que no se tiene. Otras son de los que van picoteando de todo y sin implicarse en nada, sin saber primero ni quiénes son, qué quieren en la vida, qué les mueve, cuáles son sus fortalezas y debilidades, por qué quieren luchar. Y no se puede empezar la casa por el tejado, sino construyendo desde los cimientos, empezando por nosotros. Nos dijeron que está muy bien ayudar a los demás y que eso de mirarse a uno mismo es egoísmo. Y muchas veces no nos damos cuenta que lo peor que podemos hacer es no hacernos caso, descuidarnos. Y aquí da igual la edad, si uno es soltero o casado, con o sin hijos. Si no empezamos por tenernos un poco más de cariño y consideración, de espacio y cuidado, iremos a rastras con todo lo demás, de hecho ya nos pasa muchas veces cuando no nos hacemos cargo de nuestras necesidades.

Mi abuela en su demencia no siempre es capaz de reconocernos y más de una vez nos preguntó: y vos ¿quién sos? Esta misma pregunta que nos podríamos hacer en cualquier idioma del mundo y que muchas veces no sabemos ni contestar... Pero estamos a tiempo. Para poder mejorar algo, cuidarlo, quererlo, reconstruirlo, primero hay que conocerlo. A partir de ahí vendrán las demás opciones, los siguientes pasos. ¡Animo con la tarea que tendemos entre manos!

abrir el baúl

Nos dicen que si nos duele la cabeza mejor tomarnos una aspirina, si tenemos dolor de espalda, un buen relajante muscular, para un esguince, una gripe o una contractura, ya sabemos qué hacer y para otras dolencias vitales del corazón no sé por qué si lo sabemos no lo hacemos. Estamos siempre aprendiendo y descubriendo qué nos ayuda más a cada uno. Siempre y cuando nos demos cuenta que lo necesitamos y estemos dispuestos a buscar y aprender.
 
Nos metieron en la cabeza y muchas veces queremos creer que es así: que los fuertes son aquellos que no necesitan ayuda y que pueden solos. Seguro que nuestra vida cambiaría si comenzásemos a pensar que es fuerte no quien no necesita ayuda, sino quien tiene el coraje de pedirla cuando la necesita. Lo que tengo cada vez más claro es que tenemos miedo, es sano reconocerlo, a que nuestra propia imagen se deteriore. Y así, el baúl de los deseos frustrados y de las cosas no dichas se va llenando, se van haciendo cada vez más inconfesables. Lo mismo pasa con esas preguntas más hondas, que nos guardamos, que reprimimos, que no compartimos y vivimos en soledad.
 
Hay momentos en la vida en que osamos mostrarnos débiles, vulnerables. Es cuando nos atrevemos a abrir el baúl y a compartir algunos recuerdos, sentimientos, pensamientos no compartidos. Son momentos que tienen una especial resonancia en nuestra vida. Encuentros saludables que conseguimos establecer algunas veces con nuestros amigos, y otras, con la persona más desconocida que se cruza en nuestro camino y nos suscita especial confianza.
 
A veces necesitamos una ración de escucha, una porción de mimos, risas y ternura en grandes dosis, caricias a granel, una conversación que nos regale cápsulas de tranquilidad, contención, apoyo. Y esto no viene ni en caja ni se compra en la farmacia. Hay que necesitarlo, hay que buscarlo, hay que pedirlo e implicarnos para conseguirlo.
 
Desahogarse, contar lo que nos parece incontable, tiene un precio. Hay gente que se pregunta si vale la pena. ¿Vale la pena abrir nuestro baúl y contarle a alguien nuestras cosas? Seguramente la respuesta la tendremos que dar cada uno. La experiencia de haberlo hecho no siempre es buena consejera, a veces nos sale mal y otras nos sale más que bien. Cada ocasión es nueva.

Lo cierto es que en ocasiones el propio baúl es fuente de sufrimiento. Dentro de él se han abierto heridas cuya curación no encuentra la mejor terapia en el intento de olvidar. Por eso, dar con la persona adecuada que, por su función o por sus cualidades personales, escucha, comprende y transmite comprensión, es ocasión de curación. Al contarse, uno se cura a sí mismo, porque hace el esfuerzo de poner orden, de dar palabras a cuanto tiene por dentro Además, decirse, narrarse supone confrontarse con uno mismo y dejarse interpelar por el otro y esto es un riesgo. Quizá sea este también uno de los frenos que impiden que la comunicación se mantenga a nivel de superficie.
 
Abrir nuestro corazón, nuestra vida, airear aquellos rincones donde da menos la luz, aquellas heridas o pequeños tumores que se nos van haciendo por incomprensiones, conflictos, roces, malos entendidos, agresividades no controladas, miedo a la verdad, aquellos agujeros vacíos que nos hacen experimentar algunas encendidas carencias, puede ser un buen gesto de coraje, un buen signo de salud. Para que adentro nazcan cosas nuevas.

martes, 15 de noviembre de 2011

estar dispuestos a cambiar

Anoche tuve una reunión en la que el tono y el clima creado en las anteriores se va suavizando aunque el equilibrio es todavía inestable porque anda todo medio revuelto últimamente. Y pensaba a raíz de esto que para que ese cambio sea posible nos hacen falta grandes dosis de paciencia y generosidad para ir haciendo que un clima amable se mantenga y se potencie. Es algo que no depende de unos pocos sino del  esfuerzo y creatividad de todos. ¡Y cómo cuesta con nuestras sensibilidades y "cadaunadas"!

Con el paso de los años tenemos más nuestras "cadaunadas", esas resistencias a los cambios, a hacer las cosas de otra manera, vamos imprimiendo nuestros modos propios de hacer las cosas y de ser personas. Sin embargo esos modos y maneras tan nuestras y que a veces defendemos por encima de todo, son los que muchas veces nos separan, nos aíslan, nos empequeñecen y limitan sino estamos dispuestos a ir más allá, a crecer, a cambiar, incluso a desaprender nuestras mejores maneras. Algo que no se improvisa ni nos lo encontramos hecho y nos cuesta y nos incomoda.

Y eso que reconocemos tan bien en los demás: "es que es así de simple", "ya estamos con lo de siempre", "es que no quiere crecer", "no tiene ilusión", "sólo critica", "no hay manera", "siempre pensando mal"... algo que vemos muy fácilmente en el que tenemos al lado, cuando como dice un amigo nuestro "tendríamos que barrer primero nuestra propia casa". A veces, es preciso cambiar de mirada. Y eso nadie lo puede hacer por otro como tampoco obligarle a cambiar. Cambiar nuestra perspectiva y nuestra mirada es algo personal, puede ser muy liberador. Y lo sabemos, cuando pensamos y reconocemos aquellos cambios que hemos hecho en tantas cosas que nunca pensamos que haríamos.  En el ejemplo de la reunión como en tantos ámbitos de la vida, nos pasa que entramos en determinadas rutinas, adoptamos creencias que nos limitan y no vemos que tenemos más margen de maniobra y que el espacio para explorar es mucho mayor del que creemos. A veces, es una cuestión de abrirnos más exteriormente pero muchas veces, la mayoría, lo que nos limita está dentro nuestro, estamos tan llenos de prejuicios, de creencias equivocadas y de rigidez que no nos queda espacio para soñar algo nuevo y mejor. 

Sí queremos crecer tendremos que salir de nuestra franja de seguridad. Y eso a todos nos duele e incomoda, pisar un territorio no seguro. A veces será expresando cosas que cuesta decir y que otros escuchen y no hacerlo de cualquier manera, asumiendo que nos puede causar un mal rato o vivirlo con otros. Hace unos días sentí que me dejaban colgada con una responsabilidad y estaba pensando cómo trasladar mi malestar sin crear mal clima a la vez que expresando la queja y demandando más compromiso por parte de otros que se desentienden. Podría cerrarme o tomar una decisión impulsiva y visceral. Desde luego, es un esfuerzo elegir hacerlo de otra manera e incomoda elegir otra respuesta, pero voy aprendiendo que a la larga se consiguen más cosas desde lo positivo. 

Nos cuesta crecer con nuestras decisiones como nos cuestan e incomodan nuestras elecciones por vivir mejor. Como lo es hacerle de espejo a alguien que no se entera o no quiere ver y que te puede contestar mal. Como vivir el dolor que produce un cambio de una situación. Como atrevernos a ser claros y hacer lo que necesitamos para estar mejor. Como callarse en vez de estar siempre con la última palabra y "rizando el rizo". Como no responder siempre con ironías y desprecios poniéndose más en el lugar del otro. Como buscar modos que nos acerquen. Como vivir una crisis de manera constructiva sin hacernos las víctimas de la situación. Como reconocer una herida sin hacer como si no estuviera. Acercarnos y pedir perdón cuando hemos metido la pata. Como responsabilizarnos de algo que hemos dejado en manos de los demás cuando era cosa nuestra. Como lo es dar una opinión propia en un ambiente donde todos opinan diferente. Así como tomar una postura activa en una relación para que no sea el otro el que haga o deje de hacer o lleve siempre las decisiones o para despertar preguntas, mover a un compromiso, pedir algo que necesitamos de la otra persona o que nos gustaría para el futuro. Como lo es movernos en una situación donde no nos sentimos seguros. Ayer una amiga me decía que había estado once años haciendo un trabajo que dominaba, sin embargo, con sus dos hijos se sentía siempre en dinámica de aprender y desaprender cómo criarlos, en un territorio difícil, no seguro, donde no se trata de acertar sino de ir creciendo con ellos. Coincidíamos, compartiendo experiencias distintas que así es como podemos activar cualidades que desconocíamos y que aún no habían aflorado y salen cuando las ponemos en marcha para vivir lo que cada una tenemos. Podemos hacerlo mejor y construir algo diferente, si queremos, aunque nos cueste y sea a fuego lento.

lunes, 14 de noviembre de 2011

la resiliencia: postura vital

El concepto de resiliencia proviene de la metalurgia, y definía la característica de los metales de recuperar su forman original, y ser más resistentes, después de haber sido sometidos a una crisis que los ha deformado. Esta misma característica la tenemos también los seres humanos, que podemos salir reforzados de situaciones críticas que atravesamos en algún momento de nuestras vidas. Esta postura vital, en contraposición de aquella otra que niega, oculta o ignora los problemas es la que nos hace a las personas ser capaces de salir creciendo de nuestras dificultades.

Una persona puede perder una pierna e interpretar que es lo peor que le podía haber pasado en la vida; otra, en cambio, lo puede interpretar de tal manera que se convierte en atleta. Este segundo, da un significado a su pérdida como una oportunidad, y no solo como una pérdida, y crece con ocasión de ella, haciendo cosas que no nunca había pensado que sería capaz de hacer.

La resiliencia no sólo es una característica de algunas personas, y de otras no, sino que se puede fomentar ya que depende de tres tipos de factores protectores: el temperamento, el sentido que le damos a las dificultades y por último el que contemos, o no, con alguien que nos acompañe, nos de pautas... un tutor de resiliencia.

Por eso es importante contar con una persona o institución que nos ayude a salir de los pozos de nuestra vida acompañándonos con relaciones afectivas, que inviertan una trayectoria que se estaba construyendo en términos de desgracia, y se invierta en términos de oportunidad y de crecimiento.

Extracto de una conferencia impartida hace unos días por José Carlos Bermejo en la Universidad de Valencia dentro de las Jornadas de Acción Social Universitaria.

domingo, 13 de noviembre de 2011

nuestra capacidad de soñar

La ecología emocional plantea que toda la energía a la que no damos una salida creativa se convierte en energía destructiva que, o bien surge en forma de conductas agresivas, o bien implosiona en nuestro interior causando desequilibrio y enfermedad. Nuestra capacidad de soñar es maravillosa pero si nos quedamos sólo con los sueños podemos acabar viviendo vidas virtuales que invaden nuestra realidad. Esta energía emocional debe ser gestionada adaptativamente, a favor nuestro, y ser canalizada para construirnos mejores personas y para mejorar nuestro mundo.

Los buenos sueños merecen ser cultivados. Necesitan territorios abonados y protegidos, buenas dosis de vitaminas emocionales, constancia para hacerlos crecer, mucha voluntad para no abandonarlos cuando surgen inconvenientes y asociarnos a muchos otros “jardineros de sueños” para convertirlos en realidad. Dado que el proceso puede ser lento y tardar años – según la dimensión del sueño – algunos soñadores deciden abandonar. ¡Cuántos buenos sueños no han pasado de energía virtual! A veces se quedan aletargados hasta que aparece un soñador que los caza, los limpia y los mejora. Alguien valiente dispuesto a invertir para que pasen a ser realidad.

Algunos seres humanos son capaces de soñar y de convertir en realidad sus sueños. Pero creer en algo o soñar algo no es suficiente. Como decía el cardenal Suennens: “Bienaventurados los que sueñan sueños y están dispuestos a pagar el precio de hacerlos realidad”. Ahí radica principalmente la diferencia: en pagar los precios, en pasar a la acción invirtiendo tiempo, trabajo, esfuerzo, amor, ilusión. La creencia o el sueño sin la acción creativa y amorosa no sirve para nada más que para frustrarnos aún más. En definitiva es la acción lo que nos define. Si tenemos un buen sueño pero no hacemos nada para plasmarlo y convertirlo en una realidad estamos desperdiciando nuestra energía. 

Hay quien para no enfrentarse a las dificultades o a la incomodidad decide dejar de soñar. Entonces algo muere en su interior. Una vida sin sueños puede ser muy aburrida e improductiva. ¡Es terrible dejar de soñar! y también lo es vivir sólo soñando.

De hecho para plasmar buenos sueños hay que estar muy despierto. Al final del camino serán nuestros hechos los que van a quedar. Pedro Casaldáliga escribió: “Al final del camino me dirán: ¿Has vivido? ¿Has amado? Y yo, sin decir nada, abriré el corazón lleno de nombres”. Nombres de personas con las que hemos construido el maravilloso sueño de vivir una vida más equilibrada, armónica y mejor.


Maria Mercè Conangla y Jaume Soler

viernes, 11 de noviembre de 2011

comunicarme

 Porque las experiencias de otros también nos ayudan a nosotros:

"Hacía mucho tiempo que tenía la necesidad de aprender a comunicarme, sobre todo en mi vida personal. Y esa necesidad se hizo ineludible el día que llegué a la conclusión de que detrás de la mayor parte de los conflictos había una incapacidad de transmitir mis ideas con claridad, una incapacidad que me impedía comunicarme de forma eficaz con la gente. 

Cuando fui consciente de esta carencia, decidí empezar una búsqueda para ponerle remedio; me pregunté qué hacía posible una buena comunicación, cuáles eran las claves que podían ayudarme a mejorarla. Para encontrar respuestas, exploré muchos caminos. Durante años me observé y observé a la gente con la que me relaciono. Leí, busqué ayuda. Poco a poco fui descubriendo cosas que me parecieron decisivas para comunicarme. 

Entendí que de poco sirven nuestros pensamientos si no somos capaces de hacerlos llegar a los demás. La incapacidad de hacer partícipes a los otros de lo que nos ha ocurrido, de lo que pensamos, de lo que nos inquieta, de lo que deseamos, puede conducirnos a una inmensa soledad, a un profundo sentimiento de frustración. 

(...) Pude constatar en mi propia piel que comunicar eficazmente tiene un efecto secundario: permite construir relaciones, porque la comunicación dice mucho de nosotros mismos y nos acerca a los demás. Crea complicidades. A veces, nos tropezamos con alguien con quien se crea de forma espontánea una sintonía, porque nuestra comunicación es intensa y fluida, de comprensión mutua, como si las palabras nos llevaran a un mismo espacio emotivo, sin que sea condición indispensable la coincidencia de opiniones, entusiasmos o aflicciones". 

La isla de los 5 faros. Un recorrido por las claves de la comunicación. 
Ferrán Ramón-Cortés

empezando por querernos más

“Este cuento está dedicado
a todas las mujeres valientes
que quieren cambiar su vida
y a todas aquellas que la perdieron

y nos iluminan desde el cielo”

Nunila López y Myriam Cameros

La Cenicienta que no quería comer perdices es un cuento moderno, realista, divertido y profundamente esperanzador que nos muestra la situación de tantas mujeres que un día descubrimos que nuestra vida no es ese cuento de hadas que nos prometieron y que nosotras nos creímos.

La autora Nunila López Salamero y la ilustradora Myriam Cameros Sierra reinventan el cuento clásico de la Cenicienta con una protagonista vegetariana, marchosa y rebelde.

jueves, 10 de noviembre de 2011

la distancia entre el querer y el poder

A veces nos decimos una y otra vez que no vamos a volver a hacerlo y sin embargo, caemos en lo mismo. Hay círculos viciosos que todos tenemos y que a veces sólo con el deseo de cambiar o de crecer no podemos cambiar. Y nos enfadamos por ello y nos sentimos mal. Y nos sobrepasa la situación y nos volvemos a prometer una serie de cosas que esperamos poder cumplir. Necesitamos reconciliarnos con nuestra vida y en ésto también hay gente que puede ayudarnos. Aún reconociéndolo, volviendo a resetear las promesas de cambio y sintiéndonos descontentos, puede que nos falten las habilidades necesarias para sostener un cambio necesario o un compromiso duradero.  

Nos falta creernos un poco más lo que deseamos como necesario, como bueno, reconocer lo que necesitamos de verdad para vivir de otra manera una relación, un cambio, una situación... ¿Y eso cómo se hace? Creo que no hay respuestas mágicas ni consejos que valgan, aunque sí pautas y apoyos de los que podemos echar mano. Hay personas, grupos, habilidades y destrezas que pueden orientarnos y darnos herramientas,  pero lo más importante está dentro de nosotros. De ahí parte todo. En nosotros reside la fuerza, el convencimiento de que es posible realizar lo que deseamos y queremos y sólo si ese motor que es nuestra vida se pone en marcha y va teniendo lo necesario para funcionar es posible, es cuando podemos encaminar nuestros pasos y acciones a donde queremos ir.  Aunque sea un camino largo que haya que desandar y andar muchas veces. Aunque no sea sencillo y volvamos a sucumbir con el no puedo, otra vez estoy en las mismas... La distancia entre el querer y el poder se acorta con el entrenamiento.

La humildad, el deseo de aprender y de dejarse ayudar suelen ser buenos compañeros de viaje si uno quiere llegar a un lugar distinto al que ahora está. Y como dice la sabiduría popular, si quieres resultados distintos no hagas las mismas cosas que has hecho hasta ahora. Y seguir echando imaginación, creatividad, ilusión y buen humor para seguir queriéndonos con nuestras reincidencias y pecados y seguir construyendo nuestra vida de manera más saludable.

ni con la edad ni con el tiempo

Muchas veces tendemos a usar frases hechas en nuestras conversaciones y de las más socorridas en torno a los cambios, a la maduración, a la aceptación de una realidad, según nuestra particular manera de ver las cosas, son: "con la edad que tiene ya debería..." y "el tiempo lo cura todo, con el tiempo lo verás mejor".... Y está claro, por lo que vamos viendo empezando por nosotros mismos y por los que tenemos alrededor, que ni la edad biológica es signo de madurez ni el tiempo por sí solo obra milagros.Y muchas veces nos decepcionamos por esto mismo que creemos debería ser como lo vemos nosotros. 

El tiempo por sí solo sólo pasa, no cura todo si no nos hacemos cargo de nuestras heridas, si no nos responsabilizamos de nuestras emociones y necesidades. El tiempo podrá ayudar a ver con más o menos perspectiva si queremos ver, si hacemos algo más que esperar pasivamente.  

Y lo mismo pasa con la edad, podemos cumplir todos los años que queramos y cara a la sociedad desenvolvernos mejor o peor, pero lo necesario es el contenido de vida que cargan esos años, las decisiones que tomamos o dejamos de tomar para crecer en cada etapa, la madurez con la que queremos vivir en cada crisis, en cada problema o relación.

Estas cosas no dependen ni de la edad ni del tiempo, es responsabilidad nuestra. Y a ser responsable de la propia vida también se aprende de adulto, si uno quiere, claro.

martes, 8 de noviembre de 2011

cuando menos te lo esperas

Lo charlaba con alguien la semana pasada, a veces esperamos algo que no sabemos como será y cuando llega nos agarra de sorpresa y no siempre sabemos cómo reaccionar. Y vamos a tientas. Haciendo más caso a intuiciones e intentos. A veces nos condiciona lo que pasa, la situación que nos encontramos. A veces nos gusta y otras veces no. La dificultad para estar preparados para eso que queríamos es que dependemos mucho de nuestras propias expectativas, de las ideas que nos habíamos hecho sobre una situación, una relación, el futuro... Está claro que todos esperamos algo pero si ya tenemos pensado de antemano cómo va a ser ¿no nos estaremos cerrando a la realidad tal y como viene? La vida siempre es más grande que nuestras expectativas y nuestros mejores deseos. Muchas veces hasta nuestros mejores deseos se frustran y tenemos que aprender a vivir desde otro lado. Y menos mal que es así, porque nos abre a más a vida.

La realidad viene, sale a nuestro encuentro... pero no siempre como esperamos, sino de repente, sorprendiendo. Las personas cambiamos, nos movemos, a veces queremos lo mismo y otras veces no. Las situaciones se transforman. Nada es estático. Si nos mantenemos alertas y nos dejamos sorprender, siempre podemos descubrir cosas nuevas de los otros y de nosotros. Ahí está el reto de vivir de manera creativa y en diálogo con las situaciones, las personas, la realidad tal y como se presenta.  Así estaremos despiertos en medio de la vida e iremos más allá de nuestras razones, cabezonerías, ideas, heridas...

Antes subía una pintada sobre la fe. Fe es confianza, y sobre todo, confianza en uno mismo. Necesitamos encontrar nuevas respuestas y estas aparecen según vamos caminando y nos vamos implicando. Cuando nos atrevemos a vivir, a cambiar, a hacer las cosas no siempre igual ni de la misma manera sino eligiendo.  

Como dice un texto que leía hace poco: La vida no es una colección de referencias carente de carne, vida y sangre. La vida es amar, sentir, vibrar, caer y levantarse, es ir construyendo algo, aprendiendo a través de los aciertos y los errores, es arriesgar, ir escribiendo en el tiempo y en otras vidas una historia única....