martes, 1 de noviembre de 2011

esos momentos los más propicios

"Vivimos en un mundo que a veces invita al desaliento.Todos tenemos motivos para la queja, porque deseamos mucho, y lo deseamos con impaciencia. Está bien desear. Es señal de que estamos vivos. Pero es necesario poner nuestros anhelos en un horizonte de realidad. Y ser capaces de equilibrarlos con los logros, con lo que ya hay de bendición en nuestra vida y con la aceptación de la espera en estas historias nuestras tan urgidas por lo inmediato.

Es verdad que hay algunos motivos, personales y colectivos, para el desaliento o el escepticismo. Si queremos poner el foco en todo lo que en nuestro mundo no funciona, podemos detenernos en muchas heridas: desigualdad, hambre, injusticia, enfermedad, corrupción, egoísmo, vacío... El recorrido daría para descorazonar al más optimista. Todos conocemos historias difíciles, quizás hasta las padecemos. Y cada cual lidia con ellas como mejor sabe.

A veces uno se descubre abatido, vuelto sobre sí mismo, un tanto gris. Esos días en que parece que falta el sentido, que Dios calla, que los amigos están lejos, y los motivos que otras veces te urgían ahora parecen lejanos. Son esos días en que no te aguantas ni a ti mismo, en que te parece que te has levantado torcido, y se diría que algún demonio interior se lo está pasando en grande tocando todas las teclas que te hacen rechinar. Entonces es una tentación rendirse, refugiarse en una burbuja de autocompasión, tomar distancia respecto de otras vidas e historias, renunciar a la fe, que parece que no llena como otras veces.

Pero quizá son también esos momentos los más propicios para recordar la esperanza. Son tiempos para la confianza más radical. Son los instantes en que toca aferrarse a las palabras, a las promesas, a lo sabido. Son los momentos para desenterrar los motivos. Porque en realidad hay en nuestra vida y en nuestra fe muchas razones para reír, para esperar, para luchar. Palabras sencillas, pero que hablan de una historia increíble: esperanza, novedad, amor, encuentro, compasión, resurrección, presencia, cariño, apoyo, presente, salvación...

Hay esperanza, porque hay belleza en este mundo; hay mucho amor y hay grandeza en el ser humano, capaz de ser reflejo de la plenitud de un creador que nos puso en marcha. Claro que hay mucho por hacer, y que habrá días radiantes y noches oscuras. Pero en otros muchos momentos latirá con pasión incontenible nuestro corazón, tan humano y tan capaz. Por todos esos momentos de vida y fiesta, de encuentro y tregua; por esas promesas de Dios, que a veces vislumbramos cumplidas; y por tantas historias en las que el mismo Amor es la fuente, hay motivos para la esperanza".

José Mª Rodríguez Olaizola, sj, Tú me salvas, Ed Sal Terrae.