jueves, 24 de noviembre de 2011

hacernos cargo de nuestras necesidades

Hace poco alguien me expresaba algo que nos pasa tanto que es imposible no sentirnos identificados en algún momento de la vida. Eso que nos pasa sobre todo a las mujeres, no porque a los hombres no les pase, sino porque mayoritariamente las mujeres somos las que tendemos a hacernos cargo de muchas cosas. Cuando no podemos parar, cuando nos entregamos a las presiones y a la velocidad y desatendemos nuestras necesidades y nuestro mundo emocional. nos dejamos arrastrar por la autoexigencia, el perfeccionismo, las necesidades de los otros, la creencia de que podemos controlarlo todo o de que somos capaces de dar siempre a los demás lo que esperan o reclaman.

Vamos llegando a un punto en el que las exigencias superan nuestra capacidad de atención y afrontamiento. Hay unas señales que tenemos que ser capaces de reconocer. Las señales de agotamiento, irritabilidad, tensión y síntomas somáticos variados que nos avisan que necesitamos retornar a nuestro centro y ordenarnos. Es clave escucharlas, atenderlas, porque si permanecemos mucho tiempo alejadas de nosotras mismas nuestra capacidad de avanzar por la vida tiende a disminuir.

Cuando llegamos a ese extremo, necesitamos hacer algún cambio dirección al equilibrio: si continuamos sometidas a la presión, podemos llegar a hacernos insensibles a nuestras necesidades y a dejar de registrar el momento en el que lo que es excesivo, o lo que no es suficiente, rebasa nuestros propios límites y nos supera.

Tal vez estemos inmersas en una tarea que, aunque elegida, nos absorbe, alguna responsabilidad ha agotado nuestras fuerzas, un requerimiento afectivo nos pide más de lo que podemos dar o recibimos menos de aquello que necesitamos. Tanto por exceso como por falta podemos llegar a pagar un alto costo: una vez atravesado un límite, la energía comienza a mermar y la inquietud interior, a crecer. Esto nos lleva estar irritables y reactivas ante cualquier cosa que identifiquemos como presión. Nunca es tarde para comenzar a elegir, ordenar, recomponer lo que sea posible y descartar lo que ya no tiene sentido que permanezca. El prestar atención a la vigencia de nuestros deseos y necesidades personales es un buen comienzo para encontrar el camino de regreso a casa. 

Cualquier recurso que nos ayude a estar con nosotras mismas en un diálogo interior, y nos ayude a restaurar la energía, puede servirnos para decir 'basta': leer un libro, visitar un lugar preferido, ir al gimnasio, compartir tiempo con alguna persona especial, ver una película, bailar, una actividad artística, arreglar las plantas o el jardín, hacer yoga, tai chi, chi kung, pilates, viajar, escribir, meditar, un rato de oración, un masaje, charlar con amigas, hacer terapia, caminar en soledad, salir a correr, jugar con la mascota, u otras experiencias que ayuden a poner la mente en orden y darle lugar a todas las ideas, incluso a las aparentemente absurdas. Necesitamos aprender a reconocer, en lo cotidiano, lo que nos hace bien, y apoyarnos en ello para nutrirnos, curarnos, sostenernos en el camino y actuar en consecuencia, poniendo las cosas en su sitio, dejando vivir lo que tiene que vivir y permitiendo que muera aquello cuyo tiempo final ha llegado.