jueves, 10 de noviembre de 2011

la distancia entre el querer y el poder

A veces nos decimos una y otra vez que no vamos a volver a hacerlo y sin embargo, caemos en lo mismo. Hay círculos viciosos que todos tenemos y que a veces sólo con el deseo de cambiar o de crecer no podemos cambiar. Y nos enfadamos por ello y nos sentimos mal. Y nos sobrepasa la situación y nos volvemos a prometer una serie de cosas que esperamos poder cumplir. Necesitamos reconciliarnos con nuestra vida y en ésto también hay gente que puede ayudarnos. Aún reconociéndolo, volviendo a resetear las promesas de cambio y sintiéndonos descontentos, puede que nos falten las habilidades necesarias para sostener un cambio necesario o un compromiso duradero.  

Nos falta creernos un poco más lo que deseamos como necesario, como bueno, reconocer lo que necesitamos de verdad para vivir de otra manera una relación, un cambio, una situación... ¿Y eso cómo se hace? Creo que no hay respuestas mágicas ni consejos que valgan, aunque sí pautas y apoyos de los que podemos echar mano. Hay personas, grupos, habilidades y destrezas que pueden orientarnos y darnos herramientas,  pero lo más importante está dentro de nosotros. De ahí parte todo. En nosotros reside la fuerza, el convencimiento de que es posible realizar lo que deseamos y queremos y sólo si ese motor que es nuestra vida se pone en marcha y va teniendo lo necesario para funcionar es posible, es cuando podemos encaminar nuestros pasos y acciones a donde queremos ir.  Aunque sea un camino largo que haya que desandar y andar muchas veces. Aunque no sea sencillo y volvamos a sucumbir con el no puedo, otra vez estoy en las mismas... La distancia entre el querer y el poder se acorta con el entrenamiento.

La humildad, el deseo de aprender y de dejarse ayudar suelen ser buenos compañeros de viaje si uno quiere llegar a un lugar distinto al que ahora está. Y como dice la sabiduría popular, si quieres resultados distintos no hagas las mismas cosas que has hecho hasta ahora. Y seguir echando imaginación, creatividad, ilusión y buen humor para seguir queriéndonos con nuestras reincidencias y pecados y seguir construyendo nuestra vida de manera más saludable.