lunes, 14 de noviembre de 2011

la resiliencia: postura vital

El concepto de resiliencia proviene de la metalurgia, y definía la característica de los metales de recuperar su forman original, y ser más resistentes, después de haber sido sometidos a una crisis que los ha deformado. Esta misma característica la tenemos también los seres humanos, que podemos salir reforzados de situaciones críticas que atravesamos en algún momento de nuestras vidas. Esta postura vital, en contraposición de aquella otra que niega, oculta o ignora los problemas es la que nos hace a las personas ser capaces de salir creciendo de nuestras dificultades.

Una persona puede perder una pierna e interpretar que es lo peor que le podía haber pasado en la vida; otra, en cambio, lo puede interpretar de tal manera que se convierte en atleta. Este segundo, da un significado a su pérdida como una oportunidad, y no solo como una pérdida, y crece con ocasión de ella, haciendo cosas que no nunca había pensado que sería capaz de hacer.

La resiliencia no sólo es una característica de algunas personas, y de otras no, sino que se puede fomentar ya que depende de tres tipos de factores protectores: el temperamento, el sentido que le damos a las dificultades y por último el que contemos, o no, con alguien que nos acompañe, nos de pautas... un tutor de resiliencia.

Por eso es importante contar con una persona o institución que nos ayude a salir de los pozos de nuestra vida acompañándonos con relaciones afectivas, que inviertan una trayectoria que se estaba construyendo en términos de desgracia, y se invierta en términos de oportunidad y de crecimiento.

Extracto de una conferencia impartida hace unos días por José Carlos Bermejo en la Universidad de Valencia dentro de las Jornadas de Acción Social Universitaria.