lunes, 7 de noviembre de 2011

nunca es demasiado tarde para querernos

Hay algo que no sé bien de dónde nos viene, tengo varias ideas pero más que las ideas me interesan las repercusiones por las que algunas personas lo tienen más o menos agudizado. Me refiero al tema de la culpa. Hay gente que no sabe hacer otra cosa que culpabilizarse, machacarse y darse caña, cuando las cosas no salen como esperaban, cuando no son capaces de mantener un cambio que se habían propuesto, cuando se encuentran en medio de un laberinto de confusión o cuando hay días más pesados o tontos de llevar o cuando te ves simplemente ojerosa y con mala cara o despeinada por el viento. Y lo peor es que a veces no se es consciente o no somos conscientes de este alto grado de exigencia imposible de vivir y cumplir que nos marcamos, a la vez de ese bajo grado de amor a uno mismo que no estamos nutriendo con ternura + paciencia, con ayuda y apoyo de los que nos quieren y con espacios y momentos de desahogo, de ánimo, de confianza, de humor, que nos sigan nutriendo. Sin embargo ¿quién dijo que todo está perdido? La vida es maestra para quien quiere aprender y seguir creciendo. Y afortunadamente para nosotros, no somos causas perdidas y nunca es demasiado tarde para amarnos que es más responsable con nosotros que seguir en rueda de culpas que no nos sanan ni curan sino que nos encierran más.

Lo que pasa es que nos encontramos con un problema: quererse a uno mismo es lo más difícil que hay. Aunque todos tengamos algunas nociones sobre el amor y aspiremos a él, no sabemos lo que es amar. Lo que llamamos amor no siempre lo es. Es algo que vamos descubriendo necesario a medida que somos conscientes que nuestro mejor o peor amigo podemos ser nosotros mismos. A medida que otras personas fallan, que la vida nos deja fuera de juego, que se caen otras cosas que parecían que iban a estar siempre, que nos vemos vacíos o con agujeros que nos plantean preguntas sobre nuestra vida: ¿quién soy? ¿qué deseo en realidad? ¿soy protagonista de mi vida? ¿me puedo aceptar y querer a mí mismo? ¿Quererme a mí mismo no es un planteamiento egoísta? ¿puedo aprenderlo? ¿quién me ayuda, cómo se hace? ¿qué me aportará? Nosotros mismos podemos ayudarnos u obstaculizarnos ese amor a nosotros mismos.

Lo de quererse a uno mismo no es tema nuevo, es uno de los grandes temas, en cualquier tiempo en el que vivamos, los hombres y las mujeres se harán preguntas por ésto desde distintas corrientes espirituales, psicológicas, existenciales, filosóficas... 

Este tema del que hoy escribo me preocupa desde hace años y es un tema más que importante y necesario que abordar alguna vez, plantearnos, darle vueltas y empezar a elegir para invertir en nuestra salud. seguro que meteremos la parta y nos equivocaremos más de una vez, pero ¿importa eso? ¡Si estamos aprendiendo! ¿Quién sabe hacer algo de una vez para siempre? Quiero seguir aprendiendo, con humildad y con cariño, con paciencia y con sabiduría, con ilusión y calidez. Seguir buscando maneras y modos de quererme y cuidarme (si no ¿qué haría con un espacio como éste y con un trabajo como en el que me empeño tanto?). Y no os libráis, seguiré compartiendo lo que descubro, lo que ayuda, lo que nos humaniza. Comparto lo que me hace reflexionar, lo que me enciende por dentro como si fuera una lámpara, lo que me abre el corazón, me mantiene lúcida... Lo que me acerca al sufrimiento de personas que no se quieren a sí mismas o que se sienten "en construcción", aprendiendo, queriendo descubrir. Así como conozco textos, imágenes, videos, materiales y libros que necesito llevarlos conmigo, volverlos a leer, a escuchar, a ver, que me recuerden en épocas de bajón o de insomnio o momentos difíciles que me traigan de vuelta a mí misma. Conozco también personas que se autoexigen muchísimo y perseveran infelices en tal exigencia como si a fuerza de cabezonerías se consiguieran ciertas cosas. Y en todas las edades hemos escuchado que el amor bien entendido empieza por casa, y en este caso esa casa somos cada uno y cada una.

En conversaciones con gente querida nos planteamos estas cosas, a todos nos surgen dudas y preguntas, compartimos nuestros intentos de bucar soluciones a nuestros problemas, nuestros agobios y miedos en lo que no nos sale, ayuda escuchar y compartir experiencias de vida así como ideas o sugerencias... Me siento agradecida de poder contar con gente así, que a través de todas estas cosas me ayudan a ser más sencilla y feliz, más agradecida y a la vez comprometida con mi realidad y con la de los que la vida me confía. 

Siempre hay unas frases que me repito y que me gustaría que llegaran a los oídos y al corazón de todos aquellos que quiero, a aquellos que me leen o me escuchan: no nos convirtamos en nuestros enemigos, más bien descubramos cómo ser buenos amigos nuestros. Nunca es demasiado tarde para amarnos, estamos a tiempo de aprender cómo, de dar pasos, de reconciliarnos con nuestra vida para querernos y cuidarnos mejor. No es imposible, de verdad que se puede.