jueves, 3 de noviembre de 2011

qué bien eso de poder vernos y charlar

No nos vemos mucho y no tenemos esa necesidad. Cuando éramos jóvenes y sin telefonía móvil nos veíamos hasta en la sopa y andábamos de acá para allá. Hemos llorado juntos, nos hemos reído mucho y compartido sin fin de historias propias y ajenas. Sin embargo aquello de entonces, más todas las cosas que vinieron después después con los años, nos han unido y hecho buenos amigos. No compartimos lo cotidiano y somos bien distintos, sin embargo cuando coincidimos es como si nos hubiéramos visto ayer. No nos llamamos más que varias veces al año y sin embargo siempre sabemos el uno del otro y nos las ingeniamos para estar presentes cuando nos necesitamos. Mañana vamos a vernos y comer juntos. Me alegra e ilusiona. Espero con ganas ese momento.

Siempre nos gusta compartir tiempo juntos, el que queremos y podemos regalarnos. Ayer hablábamos por teléfono y concretábamos para mañana, entre risas y comentarios de cómo estábamos. Y su llamada me alegró la tarde. Es genial que con el paso del tiempo y de la vida, no perder esa complicidad, lo que nos une, lo que nos divierte e ilusiona. Muchas cosas cambian y mucha gente va quedando por el camino, a unos los elegimos entre otros, otros nos sorprenden... y la vida, como si se tratara de un tamiz, va dejando lo esencial, lo verdadero, lo único e irrepetible de cada persona que queremos y con quien queremos seguir compartiendo y pase lo que pase, nos podemos seguir reconociendo.