miércoles, 7 de diciembre de 2011

abramos los ojos

Ayer una chocolatada otoñal nos juntaba a un grupo de gente amiga después de mucho tiempo sin vernos, entre ponernos al día, volver a vernos, compartir risas y actualizarnos un poco la vida, pasamos a expresar opiniones de nuestars maneras de ver cómo está nuestro mundo. Esperanzas, decepciones y maneras de ver diferentes se mezclaban en el ambiente con silencios y preguntas que ahí quedan y sostienen nuestras búsquedas. 

Sin embargo es en momentos de crisis, como éste, cuando nos planteamos con más fuerza si no nos convendría a todos ser un poco más conscientes de cómo funciona nuestra economía, nuestro modelo de sociedad y cómo no de vivir la vida. Seguramente si no tuviéramos sacudidas, no nos cuestionaríamos la vida. Y gracias a muchas de estas crisis, aunque nos toque sufrirlas, descubrimos oportunidades nuevas de vivir, de ser, de rehacernos, retos que afrontar. Y pienso en tanta gente que por esta crisis económica ha vuelto a estudiar, se ha planteado seguir formándose, se ha reciclado en otras áreas. Gente que ante una crisis de pareja o personal empieza a hacerse preguntas y a descubrir cosas de sí misma que antes no se hubiera planteado, que necesita, que tiene que aprender. Gente que es capaz de cambiar de lugar, de ciudad, de país en busca de un futuro mejor aunque sea difícil y a largo plazo. Gente que ante la falta de trabajo ofrece sus conocimientos, su tiempo, su escucha a otras personas que lo están pasando mal o que necesitan apoyo. Gente que genera iniciativas y nuevos emprendimientos ante nuevas necesidades. Gente que es capaz de abrir los ojos y ver más allá de malas noticias y desesperanzas. Gente que es capaz de vivir con una esperanza que no desespera, que lucha aunque pase por tristezas y desánimos, que no se conforma aunque las cosas tarden en llegar, que pide lo que necesita y afronta encarnada en el día a día lo que la vida ofrece como posibilidad, como ocasión de crecimiento.

Mi esperanza es esa: sigue habiendo iniciativas solidarias, personas que apoyan a personas, gente que que se compromete social y políticamente para aportar su grano de arena en la construcción de un mundo mejor. Y es verdad que eso no hace tanto ruido como las grandes miserias que nos rodean, pero son reales y existen. Y me acuerdo de este texto del economista chileno Artur Manfred Max Neef

Queremos cambiar el mundo, pero nos enfrentamos a una gran paradoja. He llegado a la conclusión de que no soy capaz de cambiar el mundo, ni siquiera una parte de él. Sólo tengo el poder de cambiarme a mí mismo. Y si decido cambiarme a mí mismo, no hay fuerza policial en el mundo que me lo impida. La decisión depende de mí, y si quiero hacerlo, puedo hacerlo. Pero el punto más fascinante es que si yo cambio, puede ocurrir algo en consecuencia que conduzca a un cambio en el mundo. Pero tenemos miedo de cambiar. Siempre es más fácil intentar cambiar a los demás. (Desarrollo a Escala Humana, 1993)