martes, 31 de enero de 2012

quienquiera que seas

Tú, quienquiera que seas,
déjame que te interrogue, que me meta contigo,
con tu tranquilidad, con tu rutina.

Tú, ¿qué has hecho de tu sinceridad? ¿Qué has hecho de tu verdad?
Tú, quienquiera que seas, hoy escucha mi pregunta
en este encuentro y yo te digo:
¿Qué has hecho de tu vida? ¿Qué estás haciendo con tu vida?

No te escondas, no te excuses,
no mires hacia el suelo,
ya sé que estás acostumbrado a mirar mucho al suelo,
no eches la culpa a los otros, no.
Toma tus responsabilidades en la mano y decide.

Tú, quienquiera que seas,
escucha hoy esta voz que te llega por mi boca:
Ahora es el tiempo de recomenzar. Ahora es el tiempo oportuno.
Ahora es el día para lo nuevo. Ahora es el momento de cambiar.

Tú, quienquiera que seas,
¿no es hora ya de tomar las cosas más en serio?
Escucha hoy esta voz que te llega por mi boca:
Ahora es el tiempo de recomenzar. Ahora es el tiempo oportuno.
Ahora es el día para lo nuevo. Ahora es el momento de cambiar.

Tú, quienquiera que seas, si quieres, si me oyes,
si todavía tienes un hilo de fuerza, si aún hay algo bueno dentro de ti.
¡¡Ven!! Iremos juntos, caminando hacia la VIDA.
Nada está perdido.

lunes, 30 de enero de 2012

para poder construir un buen año

Todos los que crecimos con sus cuentos, con sus palabras, sabemos que este monje habla con cabeza pero sobre todo con mucho corazón. Que sus palabras son capaces de conectarte con el misterio de la vida y con ese ser llamado Dios. Y a la vez demostrarte que en las opciones más sencillas se puede abrir la vida, incluso lo que en nosotros estaba bloqueado o creíamos imposible. Por eso, porque es un hombre que está vivo y que lucha por hacer creíble la vida traigo aquí este escrito suyo con el deseo de que toque más corazones a través de la red y llegue a los rincones del mundo que quieran escucharlo. 

"Mi percepción a medida que envejezco es que no hay años malos. Hay años de fuertes aprendizajes y otros que son como un recreo, pero malos no son. Creo firmemente que la forma en que se debería evaluar un año tendría más que ver con cuánto fuimos capaces de amar, de perdonar, de reír, de aprender cosas nuevas, de haber desafiado nuestros egos y nuestros apegos. Por eso, no debiéramos tenerle miedo al sufrimiento ni al tan temido fracaso, porque ambos son sólo instancias de aprendizaje. 


Nos cuesta mucho entender que la vida y el cómo vivirla depende de nosotros, el cómo enganchamos con las cosas que no queremos, depende sólo del cultivo de la voluntad. Si no me gusta la vida que tengo, deberé desarrollar las estrategias para cambiarla, pero está en mi voluntad el poder hacerlo. “Ser feliz es una decisión”, no nos olvidemos de eso. 
 
Entonces, con estos criterios me preguntaba qué tenía que hacer yo para poder construir un buen año porque todos estamos en el camino de aprender todos los días a ser mejores y de entender que a esta vida vinimos a tres cosas:
-a aprender a amar
-a dejar huella
-a ser felices
En esas tres cosas debiéramos trabajar todos los días, el tema es cómo y creo que hay tres factores que ayudan en estos puntos:
-Aprender a amar la responsabilidad como una instancia de crecimiento. El trabajo, sea remunerado o no, dignifica el alma y el espíritu y nos hace bien en nuestra salud mental. Ahora el significado del cansancio es visto como algo negativo de lo cual debemos deshacernos y no como el privilegio de estar cansados porque eso significa que estamos entregando lo mejor de nosotros. A esta tierra vinimos a cansarnos... para dormir tenemos siglos después. 

-Valorar la libertad como una forma de vencerme a mí mismo y entender que ser libre no es hacer lo que yo quiero. Quizás deberíamos ejercer nuestra libertad haciendo lo que debemos con placer y decir que estamos felizmente agotados y así poder amar más y mejor.


-El tercer y último punto a cultivar es el desarrollo de la fuerza de voluntad, ese maravilloso talento de poder esperar, de postergar gratificaciones inmediatas en pos de cosas mejores. Hacernos cariño y tratarnos bien como país y como familia, saludarnos en los ascensores, saludar a los guardias, a los choferes de las micros, sonreír por lo menos una o varias veces al día. Querernos. 
 
 
Crear calidez dentro de nuestras casas, hogares, y para eso tiene que haber olor a comida, cojines aplastados y hasta manchados, cierto desorden que acuse que ahí hay vida. Nuestras casas independientes de los recursos se están volviendo demasiado perfectas que parece que nadie puede vivir adentro. 



Tratemos de crecer en lo espiritual, cualquiera sea la visión de ello. La trascendencia y el darle sentido a lo que hacemos tiene que ver con la inteligencia espiritual.
Tratemos de dosificar la tecnología y demos paso a la conversación, a los juegos “antiguos”, a los encuentros familiares, a los encuentros con amigos, dentro de casa. Valoremos la intimidad, el calor y el amor dentro de nuestras familias. 
Si logramos trabajar en estos puntos, y yo me comprometo a intentarlo, habremos decretado ser felices, lo cual no nos exime de los problemas, pero nos hace entender que la única diferencia entre alguien feliz o no, no tiene que ver con los problemas que tengamos sino que con la ACTITUD con la cual enfrentemos lo que nos toca.
 
Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan.Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican. Tal vez lo que sucede es que, al compartir, lo que se dilata es el corazón.Y un corazón dilatado está mejor capacitado para gozar de las alegrías y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro. " 

MAMERTO MENAPACE, monje benedictino y escritor

viernes, 27 de enero de 2012

decisión y confianza

En conversación con distintas personas siempre sale. Algunas personas coinciden en este punto: cómo hacer lo que no saben, lo que les cuesta... cómo aprender, cómo estar mejor de lo que están. Algunas personas ignoran lo que les pasa y tiene que descubrirlo. Otras tienen indicios e intuyen por dónde van los tiros pero fallan en la solución porque a veces ni sabiéndolo ni deseando un cambio, se atreven a hacerlo por distintos miedos, vergüenzas, excusas, perezas, ... Hasta que quieran de verdad o vean realmente vital ese cambio.

Cuando vamos al teatro y nos quedamos encantados viendo a los actores en una obra vemos claramente que es un medio que ayuda a expresar con libertad y a comunicarse con los espectadores. Cuando hacemos actividades que nos resultan gratificantes vemos que nos regalan un tiempo para sacar todo lo bueno (y a veces también lo malo) que llevábamos dentro. Cuando vivimos relaciones que nos abren a un mundo más grande que el propio nos sentimos agradecidos por lo que podemos vivir y nos sentimos afortunados por poder contar con personas así. Necesitamos ver para creer sí, pero también necesitamos apostar con confianza por un crecimiento para desarrollar eso que queremos para nuestra vida, que nos pueda hacer ver que podemos, que queremos. 

La confianza es una realidad muy sencilla, como un soplo vuelto a tomar muchas veces a lo largo de la vida. A veces es como si firmásemos un cheque en blanco porque no sabemos ni lo que nos va a suponer ni si seremos capaces. Pero no importa, es una apuesta, un pulso con la vida que queremos, con quien queremos ser mañana, pasado, la semana próxima, el año que viene o dentro de diez. Pequeños pasos, decisiones, compromisos, renuncias, límites, retos, nos encaminan, nos hacen poner medios para ser mejores. Tenemos que buscarle la vuelta y dejar de excusarnos y postergar lo que nos ayuda a estar bien. Todo lo bien que podemos en el momento en el que estamos. Se puede. Muchos lo corroboramos continuamente porque lo estamos intentando. 


como un grano de mostaza

A veces no damos valor a lo pequeño, sin embargo existe y es real. La semilla de mostaza es de las semillas más pequeñas que hay sin embargo tiene un alto contenido proteico y de minerales. Además posee propiedades antisépticas y digestivas. A efectos culinarios, la pequeña semilla de mostaza es usada como especia y se emplea frecuentemente en algunas gastronomías, como  la alemana, la india o la francesa, entre otras. Si hemos probado la mostaza sabemos de su sabor fuerte y característico.

Podría poner muchos ejemplos como éste. Las cosas sencillas encierran en sí mismas todo cuanto vale la pena.  Así son las cosas que sembramos y crecen mientras dormimos sin que sepamos cómo, esas que corresponden a un misterio más grande que nos supera, que forma parte de la vida y no sólo de lo que vemos y controlamos. Una reflexión que escuchaba esta mañana me hablaba y recordaba ésto mismo. Gracias al equipo de Rezando voy, que hace tiempo tiene un lugar en una de las columnas de este blog, y que es como una semilla pequeña que se sigue echando en los caminos y poco a poco va dando fruto en toda tierra que le deja lugar.

Hay un tiempo para sembrar, para germinar. Hay un tiempo para crecer y para dar fruto, un tiempo para la cosecha. Todos pasamos por estos tiempos a lo largo de nuestra vida, una y otra vez.. A veces somos una semilla pequeña. A veces echamos ramas en las que se cobijan a los pájaros. A la luz del Evangelio, intentamos reconocer el momento que vivimos. Intentamos saber si somos semillas o si para nosotros ya es tiempo de dar fruto. 

La vida nos envuelve con su misterio. Las semillas se siembran en nosotros y a nuestro alrededor y crecen sin saber nosotros cómo. Nosotros mismos somos semillas que crecen y se preparan para dar fruto. Nos alimentamos de nuestras raíces. Extendemos nuestras ramas para cobijar la vida que nso reclama. Y no sabemos cómo pero lo que no entendíamos en momentos de confusión y oscuridad, empezamos a entenderlo con palabras sencillas que cobran sentido para nosotros. 

¿Cómo enterrar los sueños, los deseos, las metas, en la tierra de lo concreto donde acaso nada brote? ¿Cómo sepultar la voz que lucha por hacerse oír? ¿Cómo encarnar sin sucumbir al miedo verbos difíciles que hablan de renuncia, de sacrificio, de entrega? ¿Cómo cargar con la cruz ingrata, austera, desnuda, que a veces te sepulta bajo su peso insoportable? Pero Tú vuelves fecundo el suelo antes estéril. Contigo y a tu manera echan raíz las historias enterradas y brota un árbol frondoso cuyos frutos saciarán mil hambres. Tu Verbo habla de amor, de encuentro, de una alianza indestructible. 

Podemos encontrarnos en el camino y descubrir que no vamos tan solos como creíamos, podemos descubrir que es posible. Caminamos esperando, deseando, que llegue para nosotros el tiempo de cosecha.

miércoles, 25 de enero de 2012

abre los ojos

Cuando estamos mal nos retiramos la mirada, nos negamos el afecto y cuesta más todo, aunque sea lo que más necesitemos. Hemos aprendido vaya a saber dé dónde que es mejor pasar página, tragar, no hablar, mantenerse al margen, tener la fiesta en paz… Nos gusta presumir de que podemos, de que no hace falta que otros se preocupen, de que mejor no se enteren. Hay personas dispuestas a pasar por un infierno solas por no mostrar ni una gota de debilidad y vulnerabilidad. No son capaces de liberarse ni de sus propias creencias de superman. No se permiten mostrar sus sentimientos por muchos miedos y excusas que impiden que otros se acerquen y con los que se alejan de otros. Prefieren -aunque no lo deseen en el fondo- perder su mundo de relaciones por no pagar el precio de ir más allá del no puedo, no sé... Aún a precio de sufrimiento muy hondo. Y yo me pregunto ¿vale la pena eso más que la vida?

Hay parejas que son seres desconocidos entre sí, que no saben lo que al otro le preocupa, cada uno puede ser de la escuela del "yo me lo guiso, yo me lo como", sufren en solitario aunque duerman juntos o vivan en la misma casa. Por no preocuparle, porque no sepa... ni que la otra persona fuera de cristal... En el fondo, vergüenzas, dificultades de reconocerse vulnerables... de aceptarse a uno mismo débil y frágil. Siempre es más fácil ir a ayudar al otro, que dejarse ayudar y querer ayudarse a uno mismo. Cuando nos cerramos también se cierran posibilidades de que otra persona sorprenda con su escucha, con su comprensión, con su apoyo, incluso sin solucionar lo que a cada uno corresponda, pero estando juntos. Y también así se crean más distancias y barreras si no queremos hacer cosas distintas. Hace poco alguien expresaba: menos la muerte, todo tiene solución, pero nos enteramos tarde y no nos queremos dar oportunidades más saludables en la vida, ¡ay si nos quisiéramos un poco más! Y sí, tiene razón: tenemos que atrevernos a dejar querer un poco más y a querernos nosotros de manera más inteligente y no como si fuéramos niños toda la vida.

Hay un reflejo de protección que nos lleva a protegernos, a cerrarnos y nos aislamos, cuando es mucho más liberador lo contrario: el airear, el soltar, el dejar salir. Hay maneras para ésto. No sólo será hablando. Porque hay gente que habla sin parar y no dice nada. Al menos nada propio. No significa contarlo todo ni de cualquier manera y ésto también hay que aprenderlo, porque a veces no sabemos qué hacer con el tiempo que tenemos y lo mucho o lo poco es muy valioso. Pero o nos matamos del aburrimiento cuando conocemos toda la estructura de su empresa y lo que hizo su familia política, cuando en realidad, una persona, además de irse por las ramas se está escapando de expresar lo que más le cuesta: su propia vida, sus emociones, sus dificultades. O por el contrario, podemos estar todo el tiempo posible del mundo juntos y ser extraños porque no se comunica nada más allá de lo que vemos. Como sé de ambas cosas, hablo con conocimiento de causa!!! Todos nos protegemos de una u otra manera, el tema es cuándo esa manera nos cierra a la vida o nos la devuelve. Y también por aquí hay camino de crecimiento para quien quiera recorrerlo.

Me ha tocado vivir en tres países distintos y corroboro con mi experiencia que nunca estamos ni tan solos para no encontrar con quién hablar independientemente de la relación que nos una o vincule ni tan ocupados para no buscar y dedicarnos tiempo. Pero ese paso es nuestro, tenemos que querer hacer algo más que quedarnos como estamos. Y aunque nos parece que no es importante y que no vale la pena, es más grave de lo que nos parece, es cuestión de salud. El cuerpo habla y pasa factura. En él se quedan las marcas de la soledad, de las emociones que no fluyen, los malestares, lo que tragamos, lo que no afrontamos en mil y un síntomas. Aunque nos cueste toda la vida, vale aprender a cuidarnos, invertir en salud emocional, salud mental, salud relacional. Nada es tan terrible como para no compartirlo y darnos la posibilidad de sentirnos más humanos y dignos de la mirada de cariño del otro. Así como está claro lo de ir al dentista o al oculista o al fisio es muy saludable pasar por unas sesiones de terapia para desahogar y descubrir otros modos de ayuda a uno misma o por unos talleres que ayuden a ampliar habilidades y manera de cuidarnos mejor. Porque hay cosas que no se pueden solucionar ni entre amigos ni en la pareja y alguien externo puede aportar su conocimiento profesional y un espacio seguro y personalizado.  

No me canso de decirlo, sé que soy pesada en ésto pero es verdad. Son necesarias relaciones equilibradas para vivir tanto como lo es el comer. No sólo nos alimentamos a base de alimentos también necesitamos relaciones interpersonales simplemente porque no somos islas, no lo son ni los que viven en las tribus perdidas en el Pacífico así que menos nosotros que como ellos necesitamos relacionarnos con otros. No sólo en ir a refugiarse y estar calentito y cómodo sino también relaciones en las que crecer, desarrollarnos, personas y espacios que cuidar y nutrir afectivamente. Una chica que conozco me decía que estas navidades habían sido las más felices de su vida, que le habían dado mucha alegría, que había podido estar con gente que quería y demostrarse que se quieren, cuando no hay otros espacios en el año. Es una chica joven, muy sencilla, no tiene una gran curriculum académico pero si es título superior en  humanidad, es una mujer luchadora, madre soltera, tiene dos niños, trabaja toda la semana, incluso los domingos cuando necesita más dinero para llevar a casa. Y sin saber muchos detalles de su vida ni falta que hace, sólo había que mirarla a los ojos para ver que decía la verdad y que la alegría le salía hasta por los poros, para vivir todo lo que tiene que vivir, para las largas jornadas de trabajo, para sacar adelante a sus hijos y el resto de la vida  que tiene mucho de dificultad y de soledad. Y es verdad que las relaciones son vitales para estar bien, para aprender a querernos, a cuidarnos y hacerlo también con otros.

El lunes tuve una conversación muy dura con una compañera a quien aprecio mucho y llevamos un trabajo en común. Hubo espacio para todo, a pesar de pasarlo mal, rompernos un poco, llorar, pedirnos perdón, fue bonito el ser capaces de abrirnos y decir lo que nos dolía, lo que no entendíamos, lo que nos pedíamos. Fue un regalo para esta persona desahogarse y ser escuchada como para mí escuchar su dolor que era muy grande y estaba haciéndole mucho daño y dialogar abiertamente y sin tapujos. Lejos de separarnos nos ha unido y nos ha hecho atrevernos a decir lo que sentíamos y queríamos. A veces tenemos que pasar por tragos así en pro de una curación, de una recuperación. Soportar la rabia, el dolor, el enfado de esta persona y no quererla menos por eso. Ayudarla a expresarlo a la vez que contar el mío. Buscar maneras de solucionar lo que tenemos que trabajar. Conocer mejor las diferencias no fáciles de conciliar pero ahora desde lo que hay podemos vivir con la realidad, con más verdad y desde el cariño mutuo que busca apoyarse. Sé que nos ayudará a vivir mejor y hará mejor a las personas que están a nuestro cargo. Para mí fue difícil pero a la vez un regalo. He aprendido mucho de esa tarde del lunes. Y se lo agradezco.

Alguien me decía hace poco: lo que siembras es lo que recoges más tarde. Incluso nuestros esfuerzos de comunicarnos mejor, sin querer se van construyendo en nuestras relaciones, en nuestros intentos y atrevimientos. Nada se construye de la noche a la mañana y lo que invertimos en cariño, en cuidado, no por obligación sino porque va saliendo del corazón, después vuelve de las maneras más variopintas y a veces sin imaginarnos por parte de quién. Hay relaciones que con los años se transforman, otras se mueren, otras son de una época, otras son un milagro, están las que nos hacen sentir verdaderamente vivos. 

Aunque lo diga Roberto Carlos, no se puede tener un millón de amigos, ni con Facebook. Si hoy me marchara de este mundo puedo decir que me siento agradecida por ello: por las personas que hay en mi vida. Con las que contar y con las que compartir. A las que querer y cuidar y por las que sentirme cuidada y querida. Cada vez lo veo más claro, tengo muy pocos amigos, los cuento con una mano y no necesito más; sin embargo conozco mucha gente a la que aprecio, compañeros y más o menos conocidos con los que comparto diferentes maneras y espacios o momentos, algunos están muy lejos, otros más cerca y puedo comprobar que como dice Paulo Coelho "Podemos tener todos los medios de comunicación del mundo, pero nada, absolutamente nada, sustituye la mirada del ser humano". Y en cada mirada, ¡aunque sea para ver a Juanita por la camarita de la compu! podemos descubrirnos, conocernos, querer más, descubrir la vida, dar gracias por ella.

atrévete, cambia

lunes, 23 de enero de 2012

la oportunidad de sorprendernos

Lo sabemos y sino, tendremos más de una ocasión para comprobarlo. La vida no se para a esperar. Estamos rodeados de circunstancias que nos llevan hacia un rumbo determinado. Obligaciones personales que nos imponemos sin darnos cuenta de los compromisos que adquirimos. La solución es saber decir que no y elegir lo que queremos hacer. Hay que estar dispuestos a sorprender la primera vez que lo hagamos. Después todo será más fácil. 

Y con ésto un ejemplo sencillo, el de una amiga que estas navidades, pese a no emocionarle gran cosa la cocina, decidió preparar cosas ricas y más elaboradas para toda la familia que se reuniría en su casa. A pesar del tiempo, el trabajo y el esfuerzo que le supuso, era una novedad en su vida y la satisfacción por haberse propuesto este reto y superarlo, le ha servido de ejemplo de que incluso a una misma una es capaz de sorprenderse. Ha recibido distintos comentarios. Pero más importante que los comentarios de otros es la experiencia personal. Necesitamos la oportunidad, elegirla, prepararla, buscarla y llevarla a cabo. Y así nos superamos también, con pequeños y grandes retos. 

Cada día está lleno de llamadas, de ocasiones que nos ofrece la vida, la relación con los demás para superarnos, para sorprendernos. En las cosas más pequeñas y cotidianas podemos encontrarnos haciendo algo de manera nueva. Algunos optan por ir de a poco, otros se tiran en plancha a lo nuevo, otros se la pasan dudando y no se deciden, otros tienen que empezar por abrirse y buscar cómo hacer una vida más amplia.

Una amiga está llevando a cabo un lindo proyecto. Cada día saca una foto con su teléfono de una vista desde su ventana y cuenta en dos líneas lo que ve. La vista es la misma pero cada día la sorprende con algo diferente. Como la vida misma! 

¿Queremos? Tan sólo con idear cómo te vas a preparar la ensalada ya estás creando... Con pensar en cómo disfrutar un rato con tus amigos o preparar un cumpleaños o en cómo te vas a tomar el día que comienza... ya estás abriéndote a la novedad de lo que tienes por delante aunque hagas las mismas cosas todos los días. 

A veces hablar de dejarnos sorprender pero nos parece que eso es algo para ocasiones especiales o vacacionales o cuando al vida nos sitúa desde el disfrute, parece impensable cuando nos encontramos sometidos a una situación de crisis como la actual o cuando somos incapaces de ver más allá de lo que tenemos y nso resulta difícil, aquí puede parecer un sinsentido, incluso podría interpretarse como un vivir siendo simples y no tomándonos la vida suficientemente en serio. Sin embargo, es el principal reto que tenemos para superar una situación y salir reforzados de ella.  

A los niños les encantan las sorpresas y tienen la capacidad de llevarnos más allá de nuestra manera de mirar y sino recordémosles hace pocas semanas abriendo los regalos, viendo a los Reyes Magos... toda esa ilusión, esa inocencia, esa manera de mirar. a la novedad sin los filtros que los adultos ponemos en la vida. 

A lo largo de la historia, en todos los tiempos podemos encontrar hechos sorprendentes que nos abren a una realidad diferente a la nuestra, a la que vemos. Años antes, días antes de la caída del muro de Berlín ni se esperaba que ésto fuera posible, franquear un muro así. En 1989 en Alemania del Este, en vísperas de la caída del muro de Berlín, los organizadores de manifestaciones en las calles pidieron que cada uno llevara una vela encendida: una mano portaba la vela, otra la protegía del viento, y no quedaban manos libres para un gesto de violencia. Un gesto sencillo y pequeño de que se puede sorprender con actitudes diferentes a las acostumbradas, a lo conocido.

A veces somos demasiado solemnes y formales en nuestra manera de mirar y vivir. Nos falta soltura, alegría, un poco de locura y de juego. Y ésto no está reñido ni con las crisis ni con una vida vivida de manera responsable. Podemos permitirnos ser de otras maneras. Y descubrir cómo en un espacio de juego con nosotros mismos y nuestro entorno sorprendernos con lo cotidiano. Hay millones de maneras si queremos descubrir, aprender a mirar la vida de manera menos rígida, más alegre y más amplia. Hay gente que nos puede dar pistas y señalarnos por dónde buscar. Bueno, yo que me dedico un poco a eso también, por eso lo puedo decir.

La semana pasada una compañera me contaba que había decidido tener una mirada más amplia de su vida porque se descubría quejosa en muchas situaciones cotidianas y esa queja le restaba humor y no la abría a una manera de ver la vida desde otras perspectivas. Y empezó a pensar en las cosas que hace cada día. Y a mirar con agradecimiento lo que puede vivir aunque le suponga un cansancio, un esfuerzo... y en concreto contaba que gracias a las escaleras de su casa se mantiene en forma (vive en un 5º piso sin ascensor) y que le ayuda este ejercicio que a veces es incomodo, sobre todo cuando vas con peso y quiere llegar pronto a casa. Y dice que ésta manera de mirar, la sorprende incluso a ella misma. Y que la prepara para no estar fijándose sólo en lo que la incomoda o molesta. Y no me parece un mal ejercicio a la vez que es una propuesta al alcance de todos. 

Para algunos son escaleras, para otros cuestiones de más envergadura, todos podemos descubrir pequeñas o grandes cosas que nos abran a una vida que nos sorprenda. 

domingo, 22 de enero de 2012

"El único error real, 
es aquel del que no aprendemos nada" 
John Powell


sábado, 21 de enero de 2012

gracias mafalda!!


Cuando empezó el movimiento del 15 M estoy segura que en muchos momentos se pensó en esta pequeña gran indignada del mundo: Mafalda, que a todos nos saca unas risas con su perspicacia y humor inteligente. Rabia, ira, enojo, enfado, para la mujer y para muchos hombres tambien, pueden ser difíciles de expresar. Durante mucho tiempo se nos ha disuadido de mostrar éstos sentimientos. Nuestra misión, en este caso, más las mujeres que los hombres, era tener la fiesta en paz, agradar, proteger, calmar las cosas...  ¡y eso lo tenemos muy desarrollado! ... habrá de todo pero educacionalmente ha sido así, pero claro, a veces en detrimento de nuestra salud emocional. 

Hemos aprendido a hacer oídos sordos a emociones que nos molestaban, caso omiso a sentimientos que nos decían algo importante y lo peor, por miedo, comodidad, por no entrar en conflicto, a veces hemos ido cediendo terreno, ... a peor.  


Hemos soportado hasta que hemos dicho ¡basta! 
En silencio y retirándonos hemos dado respuesta a situaciones, 
asumiendo pagar el precio de la incomprensión, de críticas, de pasarlo mal.  


Pero cómo no nos va a costar, si llevamos un lastre de generaciones y generaciones. Hemos aprendido a negar, a guardarnos las cosas, a postergar, a relativizar y restar importancia a emociones que nos estaban dando información importante de lo que nos pasaba, de quiénes somos y de lo qué no queremos. Hemos aprendido en peleas y recriminaciones, guardando silencio y estableciendo una distancia emocional o reprimiendo y soltando al cabo del tiempo (años en algunas personas) todo lo no dicho cuando las cosas estaban pasando y muchas veces en estos círculos nos hemos protegido en vez de cuestionar la dinámica existente en una relación o nuestro propio comportamiento. A veces nos atrevemos a cuestionarnos y marcar la diferencia.

Hace muchos años descubrí lo sano que es enfadarse. Y lo bueno es que en este camino me han apoyado unos cuantos hombres que creían en ésto mismo y a los que siempre les agradeceré el abrirme los ojos. Claro que después es cosa personal, hay que crecer con eso y no siempre es agradable pero desde luego sí saludable. A veces no sabemos ni cómo ni nos llevamos bien y lo vivimos como carga. Estas emociones no tienen tan buena prensa, salvo en el contexto actual de indignación social. Sin embargo no tienen todavía esta carga de salud en el ámbito relacional, familiar, en la pareja. Parece que fueran universos intocables e incuestionables. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, también en ellos hay mucho que sanear, maleza que quitar para que crezcan una vida emocional más sana. Y eso depende de nuestra madurez, de nuestras herramientas, del respeto y de la libertad. A veces nos encontraremos y otras veces no. Los psicólogos nos lo recuerdan más de una vez desde la inteligencia emocional que como emociones hay que integrarlas y sacarlas del catálogo de negativas o peligrosas y unirlas con el resto de emociones humanas y hacer camino con todo lo que nos pertenece como seres humanos.

Afortunadamente para nosotros, algunos más, otros menos (algunos ni se enteran o se hacen los longuis...) vamos teniendo la valentía de escribir nuestro propio guión. Cuando queremos crecer, madurar, ser más felices, nuestro enojo y cabreo, tiene un mensaje que vale la pena decir, escuchar, no reprimir ni postergar aunque sea incómodo para quien lo siente el vivirse así. Podemos ser de los que siempre se están quejando y destilando pesares y mal rollo o quedarnos en silencios muermos que nunca aportan nada o podemos hacer algo con lo que sentimos y hacer camino con lo nuestro. Podemos pasarnos la vida pidiendo perdón por lo que hicimos y lo que dejamos de hacer, excusándonos, y en el fondo, quedarnos ahí protegiéndonos. Podemos aprender de nuestro enfado, de nuestra ira, de nuestro malestar y cabreo. Podemos escuchar, leer, descubrir qué nos pasa. Estas emociones pueden decirnos que algo nos está doliendo, nos hiere, nos puede hablar de necesidades y derechos que no se satisfacen... Puede ser una señal de que estamos dando más de lo que podemos o que necesitamos poner límites, tomar decisiones que nos ayuden a restablecer el equilibrio. 

Para algunas personas lo que más cuesta es reconocer, para otras el poner el nombre adecuado y a otros nos cuesta expresarlo lo más adecuadamente posible (el cómo, el cuándo... otro camino de crecimiento). Cada cual desde donde estemos y nos situemos. Desde ahí es posible seguir trabajando por mejorar incluso desde la indignación ¿por qué no? Hay muchas personas que no se han conformado con salir a las calles a manifestarse, a quejarse, han ido más allá: de la indignación al compromiso. Porque no basta con quejarse y decir lo mal que uno está o está el mundo si uno no se decide a hacer algo y se involucra en ello.

Para mí esta temporada está teniendo mucho de ésto: de indignación y de compromiso. Y está claro que para cambiar hay que asumir riesgos, hay que poner límites, decir que no y abandonar esos pactos de tener la fiesta en paz a cualquier precio. Saber cuándo hablar y cuando callarse. Buscar los equilibrios necesarios que no estén reñidos con la buena convivencia y unas relaciones equilibradas. Nos solemos quedar a veces atascados y perpetuar comportamientos hasta que nos atrevemos a tomar decisiones distintas que nos desatascan y nos abren a un camino más amplio, no exento de dificultad y de lucha... la vida es así. 

Así que Mafalda, gracias por mostrarte como chica indignada que no oculta ni su descontento, ni su malestar ni su enfado y lo expresa. Gracias a Quino por su gran sensibilidad y su ayuda para que escribieras tu propio guión. Hoy Mafalda vive en todas las personas que abren los ojos, se quitan la venda, se cuestionan y se atreven a vivir una vida propia. Una vida que también expresa enojo, enfado, indignación. Hoy Mafalda vive en quien se atreve a mostrarse vulnerable y en lucha. Mafalda, las mujeres y los hombres aprendemos viéndote así y tu humor crítico, mordaz e inteligente nos ayuda a desdramatizar, nos saca unas carcajadas, da pie a buenas conversaciones, nos da pistas y ayuda a decir quiénes somos.

viernes, 20 de enero de 2012

ocio y creatividad

Ante planes petardos, gente aburrida, días grises, semanas intensas ¡qué mejor que terminarla haciendo algo más que amargarnos! Desde un rato en buena compañía o bien acompañada en casa aunque sea por una manta y sofá (eso en este lado del mundo que es invierno, porque del otro lado igual se mueren del calor). Si uno pudiera tener accesible el alegrarse el ojo con médicos de la talla del personal de Anatomía de Grey otra cosa sería, pero resulta que vas a la consulta y se te caen hasta los ánimos, jaja... por eso mejor verlos en series, jaja... sé de algunos que al leer ésto se echarán unas risas... y en ese caso, qué mejor que un concurso de sonrisas! Ya hay gente que se atreve a organizarlos y todo!!! 

A veces estamos cuando el aburrimiento nos invade no sabemos que hacer para salir de esa situación. Hay veces que incluso no tenemos fuerzas ni estrategias ni siquiera para plantearnos hacer otra cosa. Lo más fácil sigue siendo dejarse llevar y acabar viendo la televisión. La creatividad es el antídoto contra el aburrimiento. El ocio, para ser gratificante, necesita de la creatividad, y la creatividad, para desarrollarse necesita tiempo. 

El aspecto importante es buscarlo, intentarlo, no cerrarse a las cosas, adoptar una postura de apertura hacia el mundo, potenciando la curiosidad que es una de las claves para la creatividad. Al hacer esto estaremos dando sentido a nuestras vidas, ya que estaremos eligiendo lo que de verdad queremos hacer.

Al contrario de lo que muchos piensan, el ocio no es lo mismo que el tiempo libre. El comúnmente llamado tiempo libre es el tiempo restante, el que nos sobra, por así decirlo, y que es una materia prima valiosa que, invertida adecuadamente, puede ser altamente gratificante o por el contrario llevarnos al aburrimiento, todo depende de cómo lo utilicemos. Ese tiempo lo podríamos invertir en ocio.

Dentro o fuera de casa, solos o acompañados, tranquilos o más animados... Una de las mejores cosas que tenemos las personas es nuestra creatividad y la inteligencia suficiente para generar planes atractivos y/o reparadores que nos proporcionen lo que necesitamos para terminar mejor la semana y descansar y recargar pilas. Así como en los momentos que necesitamos esos espacios en la semana. Y sino tenemos ese/esos espacio/s... ya es hora de ir buscándolos, no te parece?

miércoles, 18 de enero de 2012

puntada a puntada con hombros de apoyo

"…Puntada a puntada
con hombros de apoyo.
(…) Se inicia la ruta
con nudos y trenzas que entrelazan por dicha
risas, llantos, sueños y mucha energía.
Amor que te enciende puntada a puntada
el bello sendero de esta vida juntos
la fibra es el punto".
Sandra Ruíz

Cuando el artesano comienza a soñar una obra, debe poner todas sus herramientas a punto para poder plasmar sus intuiciones en la sencillez de los materiales con los que cuenta. A nosotros, como artesanos de la vida, de las relaciones, de los retos que asumir para vivir mejor, también nos toca descubrir el camino que queremos seguir.

Para llegar a ser verdaderamente humanos es necesario conocerse. Para conocerse es muy importante comunicarse cada vez de forma más amplia y profunda, sino como si fuera una fruta, nos quedaríamos en la cáscara, en la superficie de las relaciones. Hay gente que ésto le basta, hay otras que quieren más pero se protegen y se quedan en sus no puedo y sus miedos. Hay gente que se anima a dar pasos de crecimiento, pequeños o grandes. 

En el camino todos vamos un poco a tientas... La paz muchas veces llega como el fruto de una lucha larga y afanosa. Y es que el dolor no sólo nos muestra nuestra fragilidad, sino también refleja el aprendizaje lento del corazón humano. Todos cargamos una historia larga de encuentros y desencuentros, errores, despistes. En nuestra retina quedan grabados rostros de luz y de sombra. En nuestro cuerpo van quedando las cicatrices de intentos fallidos y búsquedas mezquinas, de pérdidas y dificultades.

En muchas partes se siente la necesidad de una comunicación más intensa entre los miembros de un mismo grupo del tipo que sea. La falta y la pobreza de comunicación genera habitualmente un debilitamiento de la fraternidad a causa del desconocimiento de la vida del otro, que convierte en extraño al hermano, al compañero, al amigo y en anónima la relación, además de crear verdaderas y propias situaciones de aislamiento y de soledad.

Dos libertades que se comunican; dos ojos que miran y se dejan mirar en la cotidianidad de nuestra simpleza. Esto incomoda al mismo tiempo que nos salva. Y es que reconocemos en el corazón una profunda necesidad de esta apertura. No son las certezas inmutables las que nos movilizan, sino los amores esperanzados, las búsquedas sinceras, los deseos abiertos. Toda forma de comunicación implica itinerarios y dificultades psicológicas particulares que pueden ser enfrentadas positivamente, incluso con la ayuda de las ciencias humanas, de materiales, de profesionales, buscando crecer en donde uno falla o en lo que uno busca algo más. En medio de tantos intentos torpes y a trompicones, vamos haciendo camino, a veces sin darnos cuenta. Somos invitados a reconocernos en nuestra precariedad y vulnerabilidad. Y por lo mismo, abiertos y dispuestos al riesgo de perderlo todo para ganarlo todo. Así, la vida se transforma. Hay que hacer arriesgados y valientes si queremos crecer en lo humano. La comunión, la comunicación la construimos con nuestra entrega personal. No hay otra. Se puede crecer en verdad y en libertad. 

"Dicen que las alegrías, cuando se comparten, se agrandan. 
Y que en cambio, con las penas pasa al revés. Se achican. 
Tal vez lo que sucede, es que al compartir, lo que se dilata es el corazón. 
Y un corazón dilatado esta mejor capacitado para gozar de las alegrías 
y mejor defendido para que las penas no nos lastimen por dentro". 
Mamerto Menapace

martes, 17 de enero de 2012

manual para conservar caminos

Creo que más fuerte que la sabiduría, es la imaginación. Que la esperanza siempre triunfa sobre la experiencia. Que la única cura para el dolor, es un combinado de escucha, desahogo, ternura y humor, la única forma de amarse a uno mismo. Que más poderosos que la realidad, son los sueños. Y que la gente siempre puede sorprendernos.   
No soy muy fan que digamos de Paulo Coelho la verdad, pero como siempre podemos abrirnos a algo nuevo y en donde no esperamos sorprendernos, traigo este escrito que de este autor me envía José Alberto desde la República Dominicana. Me consta que es un buen compañero de la vida y lo fue para mí durante unos años que tuvimos la suerte de conocernos y coincidir en historias comunes. Hoy nos separa un gran charco, sin embargo seguimos alimentando ese camino que iniciamos hace tiempo. Por eso comparto este mensaje con todos.


2012: Manual de conservar caminos
by PAULO COELHO on  DECEMBER 31, 2011
1] Al principio del camino hay una encrucijada. Allí puedes pararte a pensar en la dirección que vas a tomar. Pero no te quedes demasiado tiempo, o nunca saldrás de ese lugar. Reflexiona lo necesario sobre las opciones que tienes delante, pero una vez que des el primer paso, olvídate definitivamente de la encrucijada, pues en caso contrario nunca dejarás de torturarte con la inútil pregunta: “¿El camino que elegí era el correcto?”
2] El camino no dura para siempre. Es una bendición recorrerlo durante algún tiempo, pero un día terminará, y por eso debes estar siempre listo para despedirte en cualquier punto. No te aferres a nada. Ni a los momentos de euforia, ni a los interminables días en los que todo parece difícil, y el progreso es lento. Más tarde o más temprano llegará un ángel, y tu jornada habrá llegado a su término. No lo olvides.
3] Honra tu camino. Fue tu elección, fue decisión tuya, y en la misma medida en que tú respetas el suelo que pisas, este mismo suelo respetará tus pies. Haz siempre lo más adecuado para conservar y mantener tu camino, y él hará lo mismo por ti.
4] Equípate bien. Lleva un rastrillo, una pala, una navaja. Entiende que para las hojas secas las navajas son inútiles, y que para la hierbas muy enraizadas los rastrillos son inútiles. Conoce siempre qué herramienta hay que emplear en cada momento. Y cuida de ellas, porque son tus mayores aliadas.
5] El camino va hacia delante y hacia atrás. A veces es necesario volver porque se perdió algo, o porque un mensaje que debía haber sido entregado se quedó olvidado en un bolsillo. Un camino bien cuidado permite que puedas volver atrás sin grandes problemas.
6] Cuida del camino antes de cuidar de lo que está a su alrededor:atención y concentración son fundamentales. No dejes que las hojas secas del borde del camino te distraigan, ni que la manera como los otros cuidan sus propios caminos desvíe tu atención. Usa la energía para cuidar y conservar el suelo que recibe tus pasos.
7] Ten paciencia. A veces es necesario repetir las mismas tareas, como arrancar las malas hierbas o cubrir los agujeros que surgieron tras una lluvia inesperada. Que esto no te enfurezca, pues forma parte del viaje. A pesar del cansancio, y a pesar de las tareas repetitivas, ten paciencia.
8] Los caminos se cruzan: las personas pueden explicar el tiempo que hace. Escucha los consejos, pero toma después tus propias decisiones. Tú eres el único responsable del camino que te fue confiado.
9] La naturaleza sigue sus propias reglas: por lo tanto, tienes que estar preparado para los súbitos cambios del otoño, para el hielo resbaladizo del invierno, para las tentaciones de las flores en primavera, y para la sed y las lluvias del verano. En cada estación, aprovecha lo mejor que te ofrezca, y no te quejes de sus particularidades.
10] Haz de tu camino un espejo de ti mismo: no te dejes influir en absoluto por la manera como los demás cuidan de sus caminos. Tú tienes un alma que escuchar, y los pájaros transmitirán lo que tu alma quiere decir. Que tus historias sean bellas y agraden a todo lo que tienes en torno. Sobre todo, que las historias que cuente tu alma durante la jornada se reflejen en cada segundo del recorrido.
11] Ama tu camino: sin este principio, nada tiene sentido. Y que Dios te acompañe en cada día de 2012!

las puertas del corazón

Había un famoso pintor que había presentado una exposición que se llamaba “Las puertas del corazón”. Eran puertas de distintos colores, tamaños, puertas hermosas de colores combinados… La exposición era un éxito. 

Había una persona en la exposición que se paseaba mirando las puertas, miraba una a una y pasaba a la otra.  De pronto se quedó delante de una y justo al lado de él estaba el pintor. 

Entonces humildemente le dijo:
- Discúlpeme, las puertas que ud. pinta son hermosas pero yo soy cerrajero y quiero darle mi modesta opinión.
- Dígame, le dice el pintor
- Veo que sus puertas no tienen picaporte ¿cómo se van a abrir?

Y el pintor le dice:  
- Mire, lo he pensado muchos años, pero las puertas del corazón no tienen picaporte del lado de afuera, porque sólo se abren del lado de adentro. 


Este cuento vino hoy conmigo a una sesión y unos cuantos ojos asentían afirmando que es así, que es verdad. ¿A quién abrimos las puertas de nuestro corazón? ¿En quién ponemos nuestra confianza?  La respuesta es personal y nace en el corazón de cada uno porque sólo depende de nosotros.

 

domingo, 15 de enero de 2012

más humanos y creíbles

Hoy se le ablandó el corazón
Dejó las distancias y la llenó con su presencia
No sabía cómo abrirse y ¡por fin se decidió!
Después de unas cuantas dosis de escucha descubrió cómo eran los demás
Tome ternura a granel para combatir los días tristes
Pequeñas raciones de "Dejándose ayudar" le harán más soportables tantos ratos solitarios

¿Qué pasaría si en las noticias del diario vendrían estos titulares? Seguramente no estaría nada mal y sólo por la sorpresa de leer la noticia, nos llamaría un poco la atención. No suele venir en ninguna receta médica este tipo de posología sin embargo ¡cómo cambiaría el mundo de la salud si estuviera más humanizado por los que lo forman! y sin echar culpas a éstos y barriendo para nuestros mundos, cómo cambian nuestros mundos habituales: familiares, profesionales, amistades ... cuando los habitásemos más a menudo con nuestro lado más humano y hacemos más creíbles nuestras relaciones y el afecto que decimos tenernos.

Ya hay gente a la que se le ha ocurrido y a modo de recordatorio hay parejas que pueden tener un vinilo así ... por si a alguien se le olvida:




 En los salones de todas las casas, en unos cuantos trabajos y lugares de ocio un recordatorio que no estaría de más: 


Y por qué no de fondo de pantalla en la compu, en el auto o el teléfono, en la pared de casa, en un cuaderno o en un rincón propio cualquier frase motivadora que siempre nos recuerde lo esencial y nos ayude a tomar ese impulso que necesitamos para hacer real lo que deseamos y soñamos para nuestra vida. Como dice mi amiga Flor: visualicemos eso que queremos... y luchemos por ello.
Tenemos una nueva semana por delante...
¡que hagamos porque sean
más humanos y creíbles 
nuestros mundos!

¡Feliz semana desde este lugar en el mundo!

sábado, 14 de enero de 2012

en presente



Ya va quedando menos y dentro de un tiempo nos estaremos despidiendo. Lo sabemos. El tiempo pasa rápido, cada vez más, y afortunadamente podremos decir que lo hemos vivido y las vivencias que nos acompañan dan fe de que es verdad y que estamos aprovechando el tiempo. Y ya es motivo de alegría. Sabemos que la vida sigue y pasaremos a otra etapa la cual no sabemos cómo será. Y será triste y costará el cambio. Cuando pienso en ello se me mezclan sentimientos y según como esté lo llevo mejor o peor... pero siempre me devuelve al momento presente y a esa convicción de seguir viviendo hoy en el hoy, porque más adelante no sé ni cómo será ni puedo asegurarlo. Lo que sí puedo vivir es el hoy.

Es cierto que todos postergamos cosas, algunas se quedan en la lista de cosas pendientes, otras irán teniendo su lugar y su momento, y otras no se pueden demorar eternamente porque nunca habrá momentos realmente oportunos y siempre excusas que nos escuden a no hacerlas. Cuando realmente cada momento es el que realmente cuenta incluso ellos que te movilizan a una decisión mejor o a un paso costoso. Es con lo que vivimos y desde donde avanzamos. No se puede dar pasos precipitados que no podemos digerir pero tampoco estar eternamente postergando ni planeando que más adelante haremos esto o aquello porque también las ocasiones se pasan, cambian y a veces más adelante no es posible volver atrás y encontrarnos.

Hace poco en una reunión se decían un montón de cosas de una persona que se había marchado y que no formaba parte de esa realidad. Es increíble la cantidad de palabras que solemos decir las personas en situaciones así como también ocurre en despedidas y funerales. Muchas palabras cargadas de buenas intenciones y vacías de compromiso. Volviendo a la reunión, unas personas expresaba lo que se le apreciaba, lo que se la quería a quien ya no estaba allí y alguien dijo: a buenas horas, nunca en estos años sintió el apoyo y la cercanía de quienes ahora le ponderan y hablan tan a favor, ni escuchó nada de ésto, y ahora resulta que le querían... hubiera sido mejor menos silencios y vivirlo en presente. Y es verdad, hay personas que dicen querer a otras pero tienen extrañas formas de demostrarlo o más bien no lo demuestran nunca. Y todo pierden. Lástima que algunos ni se den cuenta o cuando se den cuenta será tarde. Por eso mejor en presente.Yo creo que volvemos a lo mismo, el miedo, las inhibiciones, los bloqueos personales o circunstanciales y esta preguntas siempre me da pistas para avanzar hoy.

viernes, 13 de enero de 2012

tiempo, silencio y amor....

Érase una vez una isla donde habitaban todos los sentimientos: la Alegría, la Tristeza y muchos más, incluyendo el Amor. Un día, se les fue avisando a los moradores, que la isla se iba a hundir. Todos los sentimientos se apresuraron a salir de la isla, se metieron en sus barcos y se preparaban a partir, pero el Amor se quedó, porque se quería quedar un rato más con la isla que tanto amaba, antes de que se hundiese. Cuando por fin, estaba ya casi ahogado, el Amor comenzó a pedir ayuda.
 
En eso venía la Riqueza y el amor dijo: ¡Riqueza, llévame contigo!
No puedo, hay mucho oro y plata en mi barco, no tengo espacio para ti, dijo la Riqueza.
El Amor le pidió ayuda a la Vanidad, que también venía pasando: ¡Vanidad, por favor ayúdame!
No te puedo ayudar, Amor, tú estás todo mojado y vas a arruinar mi barco nuevo.
Entonces, el Amor le pidió ayuda a la Tristeza: Tristeza, me dejas ir contigo?
Ay Amor, estoy tan triste que prefiero ir sola.
También pasó la Alegría, pero ella estaba tan alegre que ni oyó al Amor llamar.
Desesperado, el Amor comenzó a llorar, ahí fue cuando una voz le llamó: Ven, Amor, yo te llevo. Era un viejito, y el Amor estaba tan feliz que se le olvidó preguntarle su nombre.
Al llegar a tierra firme, le preguntó a la Sabiduría: Sabiduría, ¿quién es el viejito que me trajo aquí?
La Sabiduría respondió: Es el Tiempo.
¿El Tiempo? Pero, ¿por qué sólo el Tiempo me quiso traer? preguntó el Amor.
La Sabiduría respondió: Porque sólo el Tiempo es capaz de ayudar y entender al Amor.

A veces nos sentimos islas y como tales somos capaces de contener muchas emociones. No hay emociones buenas y malas, sólo son emociones. Cada una cumple una función y nos ofrece información sobre quiénes somos, qué nos pasa, cómo nos sentimos, si es que queremos escuchar ese mensaje que cada sentimiento aporta. Y como islas, si estamos a punto de hundirnos, no hay más que pedir ayuda y aceptar recibirla. Todo un aprendizaje, no evidente, costoso y que hay que lucharlo y sufrirlo, dicho sea de paso, pero un camino de crecimiento en lugar de hundimiento!

El libro Más fuerte que el odio de Tim Guénard, es la historia real de su autor, un hombre que todavía hoy vive. Debería ser un ser destrozado por la vida que ha vivido sin embargo es alguien que ha sabido amar y hoy es capaz de llevar ese amor a otros, educando y transmitiendo su camino de esperanza y superación. Y sí, el tiempo, el silencio, el amor, hacen su trabajo, a veces sin hacer ruido ni notarse, a veces en circunstancias terriblemente duras e inexplicables, pero como buenos escultores tiempo, silencio y amor van dando vida a un mejor tú, a la vida que late en cada uno de nosotros y quiere salir a luz y mostrarse.

En palabras de Tim Guénard: "he necesitado años de silencio y de amor para poder decirlo casi todo... Tengo la edad de mi esperanza... En la prisión de mi soledad y mi odio, me han visitado personas habitadas por el Amor e hicieron que me arrodillara en el corazón... Debo  la vida a quienes me han permitido renacer... Este encuentro inesperado con el Amor conmocionó mi existencia... por eso no tengo más que un miedo, el de no amar lo suficiente... Para ser un hombre se necesitan cojones. Para ser un hombre de amor hay que tenerlos aún más grandes... Tres años de combate y enterré el hacha de guerra con mi padre, conmigo mismo y con mi pasado... doy fe de que el perdón es el acto más difícil de plantear. El más digno del hombre. Mi combate más hermoso". 

Te invito a que leas este libro y junto a Tim seas un canto de esperanza. Porque él es un ejemplo claro de que es posible aún atravesando la tiniebla más densa. Porque nuestro mundo necesita presencias humanizantes que muestren hoy que no estamos tan solos ni perdidos, que alguien puede ofrecer su corazón y caminar junto a otros.

hacernos a lo nuevo

Cuando empezamos algo nuevo, ya sea una tarea, un aprendizaje, un cambio, un trabajo, un espacio, una casa o la pareja o un hijo o cualquier otra relación o situación... hay que hacerse a lo nuevo. Por mucha ilusión que pueda reportar no es menos cierto que algo nos cuesta, justamente por lo que digo, porque es algo nuevo, diferente a lo acostumbrado y requiere su tiempo de adaptación.

Al principio miramos con sorpresa, con alegría o con tristeza, es lo que tienen las emociones, que siempre están de por medio. Podemos incluso hablar más de las diferencias y comparar con lo que teníamos o por el contrario, si es mejor que lo que teníamos, ver sólo lo bueno; los reajustes y matices vendrán más tarde. Lo cierto es que siempre hay un tiempo de adaptación que para algunos más y para otros menos, hay que pasar y a todos nos toca vivir. Según la personalidad y cómo estemos en  el momento del cambio, nos afectará de una manera u otra.  A veces nos afectan las cuestiones más triviales y dramatizamos de maneras de lo más curiosas cuando en otras situaciones nos reiríamos o nos lo tomaríamos con más soltura y distancia, también de eso aprendemos y con eso crecemos. 

En este nuevo año que hace poquito empezaba, que no nos falte ánimo para todo lo nuevo que la vida trae... o nos cae. Que por nuestra parte no quede!!!