martes, 10 de enero de 2012

desenredar la madeja

Hay cosas que no te he contado... que no sé ni cómo decir... 

Hay personas que llevan pesadas cargas. Cargas de las que no son capaces de liberarse y además se empeñan en llevar en solitario. No conocen de verdad lo que significa descansar en otro, dejar que otro te ayude a liberarte, aprender otras maneras de llevar la vida sin tener que controlarlo siempre todo... Todos sabemos algo de ésto, todos necesitamos de alguna manera aprender a contar, a descansar, a confiar, a soltar lastres, a liberarnos de los que nos oprime y vivir más ligeros. Hay veces que la vida está tan enredada como unos ovillos revueltos y no sabemos ni cómo desenredar y además perdemos la paciencia y la confianza en que podremos hacerlo. Sin embargo, lo bueno de todo es que no estamos condenados a la desesperación, a la soledad perpetua ni a quedarnos como estamos... claro, si queremos hacer otra cosa que reventar solos y ser infelices. Si queremos desenredar la madeja, si queremos aprender formas nuevas de vivir, que aunque asustan inicialmente arrojan más salud y luz a la larga. 


Pero ¡cómo cuesta! Darse cuenta, mirar más allá de lo que ves, desdramatizar, ser humilde, aceptar que no lo sabemos todo y que hay cosas que las hemos hecho mal.... es más fácil eso de "yo me o guiso, yo me lo como", el quedarse en la dinámica yo-yo tan útil para  ser responsable de la propia vida y tan asfixiante cuando una no da para más y necesita ayuda de otros, cariño, abrazos, apoyo, y no sabe ni cómo pedirlo ni dónde buscarlo. 

Un mensajito que recibía éstos días con esos deseos para el año nuevo me decía: te deseo un 2012 bueno, acompañado, alegre y sereno... Y sí, qué bien que alguien desee ésto para nosotros, qué bien que nos conozcan y el poder vivir así, verdad? Porque la vida, cueste lo que cueste, siempre es mejor vivirla con otros.

Pero sin embargo tenemos experiencia de lo contrario, lo que más deseamos y necesitamos es a veces de lo que más escapamos y a lo que más nos resistimos, por mil razones a las que damos peso y muchas muy absurdas si las pensamos bien. Un amigo mío reconocía hace unos años que cuando más a la gente, su apoyo, es cuando más se resistía, porque le daba miedo abrirse, que conocieran que no era tan buena gente como pensábamos, que lo dejáramos de querer... Y esos miedos tan humanos, actúan, tienen poder sobre nosotros y nos pueden. Y comprobamos eso que decía un profe mío el peor tumor es el temor. 

Todos tenemos miedo y todos rechazamos reconocerlo. Como si el miedo fuera un familiar impresentable, por eso lo escondemos o camuflamos, nos excusamos, lo disfrazamos de otras cosas que visten mejor cara a los demás y a nosotros mismos. Cuando nos empuja o nos frena está claro, está actuando, nos puede, nos controla. Lo malo es que no nos damos cuenta que nos produce más oscuridad y desconfianza, nos inhibe a hacer lo que realmente nos libera, incluso lo que otros ven que nos haría bien si viéramos... Podemos quedarnos ciegos de miedo y decir que no pasa nada, que seguimos viendo... y quizás no seamos ni conscientes... o estemos empezando a serlo y todos sabemos eso de que no hay más ciego que el que no quiere ver. 

Por eso hace falta reconocer al miedo como tal, en lugar de dejarlo en el rincón de los objetos postergados y perdidos. Descubrirlo y localizar dónde nos está afectando. Afrontar el miedo que me aísla, que me alerta y me aleja de los demás y de mi propia liberación me ayuda a dar pasos de confianza, de apertura, de crecimiento. Contra el miedo, nada como la lucidez: es la única manera de vivir despiertos en medio de la vida, los problemas, las dificultades y los retos. Así sí enfrentamos la vida tal como es y no nuestras películas. Los miedos tienen peso y fuerza hasta que nos damos cuenta de por qué nos ocurren y de qué nos están protegiendo. Todos sabemos que hay una alerta básica que nos protege y está bien tenerla pero sí ya es como un fantasma con el que cohabitamos y siempre nos atemoriza eso es otra cosa. 

La lucidez no tiene muy buena prensa y no es muy buscada que digamos. Hay que querer. A veces preferimos autoengañarnos, decimos eso de "prefiero no saber para no sufrir" cuando sabemos que lo que realmente nos libera es la verdad, las cosas como son. Aunque duela, aunque cueste aunque no nos guste... ¡Es el precio de vivir despiertos!

Una vez más como tantas otras veces me lo descubría una reunión de ayer, lo que supone cuando unas personas se atreven a expresar lo que les daba miedo, incluso les cuesta hasta decirlo y sin embargo ¡qué liberación el poder hacerlo! Después de tres años, ver la evolución de personas concretas que son capaces de hacer autocrítica, un decir "en esto tenemos que seguir creciendo", "ésto no lo hemos hecho bien", "ésto ha sido bueno, la gente expresa alegría, que le ayuda, que ha aprendido algo que no sabía...". Y es positivo, cuando se es consciente de que hay gente que no quiere lo que otros quieren, que hay pluralidad, que hay desacuerdos... Sin embargo que hay puntos de encuentro y una búsqueda. 

Y pienso en mí misma y en gente con la que he vivido estas experiencias. Qué descanso  supone cuando comunicas lo que llevabas dentro y ya estaba casi por infectarse y llenarse de pus y sin embargo, al decirlo, te quedas suelta como globo en el aire. Y sobre todo que el camino compartido nos hermana, nos une, nos hace crecer en confianza, en ilusión, en amistad... mientras que las distancias y los silencios protectores nos separan, nos llenan de conjeturas y hacen que nos nos conozcamos realmente y tengamos relaciones más superficiales.

Ayer miraba una foto mía de hace muchísimos años. Y me acordaba de ese día y de cómo estaba en esa época. Yo creía saber mucho de mí y años más tarde fui descubriendo que en realidad no sabía, más bien que me conocía bastante poco. Tuve que reconocer para empezar a aprender. Para construir una imagen más real y verdadera de mí. Pienso en los aprendizajes que tuve que hacer después, los que sigo teniendo que hacer hoy, lo que aprendí y no me ayudó y tuve que empezar a desaprender (que cuesta más que lo que te costó aprenderlo)... Y sin embargo al mirar la foto sonreía, porque ahora me miro con más cariño y ternura que lo que me miraba entonces, lo que vivía entonces... y eso que hablo de una foto lejana en el tiempo, y sin embargo si veo fotos más recientes, de este verano, de hace unos días, pienso similar, puedo reconocerme y para mí eso es importante. Y reconocerme desde una mirada amable. Reconociendo muchos errores y también pasos más certeros. Reconociendo que voy aprendiendo a soltar lastres, a quitarme miedos y otros que son los que no se quitan y con los que voy aprendiendo a vivir (para que no me bloqueen y me inhiban, para que no me separen, para que me permitan crecer). A veces lo consigo y otras veces no. Y esas verdades, arrojan luz a mi vida y me dan fuerza para seguir creciendo. 

Lo que vivo y me permito expresar con quienes merecen mi confianza, con quienes puedo descansar, me siguen regalando maneras de descubrirme y quererme mejor. Me acerca más de lo que a veces pienso, a otras personas que como yo también tienen lo suyo, buscan, esperan, están luchando su vida.... eso es motivo de alegría, poder decir que a pesar de todo estoy viva. ¡Quiero estarlo! para mí y como en este blog y en otros espacios de mi vida, también para otros.