lunes, 20 de febrero de 2012

buscando emociones

Cuentan que hay un mago que se pasea por algunos colegios del norte de España intentando dejar claro un mensaje a todos los niños y niñas que quieran escucharlo, a sus maestros, madres, padres, tíos y tías y todo aquel que pase por ahí con el corazón lo suficientemente abierto como para recibirlo. Popi no tiene emociones, ya no siente, porque la gente ha dejado de leer cuentos. Por eso les deja a los niños decenas de ellos –que aparecen delante de sus ojos en una pequeña exhibición de magia–, para que busquen las emociones de esas historias y se las expliquen. Es la única manera de que el mago recuerde qué significan la alegría, la tristeza, el miedo, la sorpresa, el asco o el enfado. 

Puede que a sus cuatro años, Estela, Rodrigo o Alicia no hayan comprendido una palabra de lo que acaba de decirles el mago (o sí). Pero lo cierto es que los tres sonríen y miran el arcón de cuentos que se ha llenado por arte de magia hace unos segundos, como si fuera un tesoro. Hay un mensaje que les ha quedado suficientemente claro: saben que deben buscar emociones para el mago.

No se trata de un simple juego para animar a los peques a leer, sino una de las actividades creadas por un grupo de especialistas en inteligencia emocional. El objetivo es que en el colegio no solo aprendan qué es un adverbio, cómo se calcula una raíz cuadrada o qué países forman parte de la UE, sino también a identificar y expresar sus sentimientos para sentirse bien consigo mismos. 

¿Una quimera? Puede. Fundación Botín desde hace siete años apuesta por el desarrollo de la educación emocional, creativa y social en colaboración con la Consejería de Educación del Gobierno de Cantabria. Para ello han puesto en marcha en 100 colegios cántabros a los que asisten 20.000 alumnos el programa Educación Responsable con el que esperan no solo aumentar el rendimiento académico, que según estudios norteamericanos se incrementa un 14% cuando se atiende a la educación emocional, sino también mejorar la convivencia y el clima en los centrosEstán trabajando es la toma de decisiones importantes cuando se presenta un riesgo, este tipo de actividades pretenden prevenir el consumo de alcohol y drogas, y por eso empiezan a enseñárselas a edades tan tempranas. ¿El resultado? Según quienes viven el día a día con los alumnos, sus profesores, más positivo de lo que esperaban.

"La parte emocional es tan importante como la cognitiva, no se pueden separar –dice convencida Fátima Sánchez, directora del área de Educación de la Fundación Botín–. Lo que pretendemos es prestarles la misma atención porque así se fomenta su estabilidad emocional, la creatividad y también sus competencias sociales". Y los números parecen darle la razón: según los tests realizados a 1.000 alumnos de entre 8 y 14 años que fueron analizados por la Universidad de Cantabria, los niños consiguen reducir los niveles de ansiedad en un 13,1% siguiendo este tipo de formación, mientras que los que reciben educación convencional la reducen solo un 5,1%. Además, el grupo que siguió el programa mejoró un 5,6% en la identificación de sentimientos y reparación de emociones negativas, mientras que el resto no solo no mejoró estas competencias, sino que las redujo un 1%.

Trabajan la autoestima, la empatía, la inteligencia emocional, el autocontrol, cómo interaccionar socialmente, habilidades de autoafirmación para no verse arrastrado por el grupo, oposición asertiva... No podemos tener relaciones completas con los demás si nosotros mismos no nos conocemos y sabemos entender y escuchar. Es lo que nos va a facilitar las relaciones en el trabajo, en el ámbito familiar, en el círculo de amigos…", explica.

Para el profesorado es muy gratificante porque además se implica a las familias, y ellas mismas dicen que están aprendiendo el lenguaje emocional gracias a sus hijos, que ahora practican la empatía o el autocontrol... Pero, sobre todo, es que ahora es mucho más fácil hablar con ellos. A nosotros mismos nos costaba el doble a su edad. Y no es que lo diga el estudio, es que realmente tenemos muchos menos problemas de conflicto escolar".  

Los promotores de esta iniciativa saben que las competencias relacionadas con la inteligencia emocional están muy demandadas en cualquier puesto laboral porque son cruciales para ayudar a las empresas a crecer. Las sociedades necesitan niños con capacidad de adaptación, con empatía, que se escuchen a sí mismos y que entiendan a los demás. Si el aprendizaje y el control de las emociones es fundamental para producir beneficios y mejorar, ¿por qué no llevarlos a los colegios? Ya lo dice un proverbio hindú: con tus maestros aprendes; con tus amigos, más; con tus alumnos, todavía más.

¡Una buena noticia: 
un nuevo mundo emocional 
es necesario y es posible!