lunes, 6 de febrero de 2012

la belleza del invierno

Cada cosa tiene su lugar y su tiempo... Cada tiempo su tarea y nuestra implicación por hacerla real.Lo sabemos, lo decimos, ¿lo creemos? ¿lo trabajamos?

En invierno, cuando aparentemente no nada pasa, la vida se está desarrollando, si queremos podemos acompañarla, si queremos, podemos distinguirla. Podemos podar aquello que nos sobra y no nos permite crecer con la fuerza que podríamos. Podemos mirar con más detenimiento. Podemos hasta darnos cuenta de lo que nos cuesta estar quietos. Hasta el silencio, la quietud, la soledad de este tiempo a veces asustan. Seamos prácticos, si podáramos más adelante, por ejemplo en verano, siempre tendríamos una excusa, siendo realistas, si podáramos cuando está formándose el fruto correríamos el riesgo de que la savia se derrame y no lleve a término su objetivo. Es en invierno cuando también podemos hacer algo.

Estamos en un tiempo de calma y quietud para poder plantar lo que parece estar muerto ¿quién no se acuerda de esos aburridas y largos tiempos de estudio? cuando uno incluso pensaba que eso no servía para la vida real y no sólo era una pérdida de tiempo para aquello a lo que nos sentíamos llamados sino que nos alejaba de lo que queríamos vivir de verdad. Más adelante hemos podido comprobar qué era necesario y que no, pero nunca antes, fue preciso prepararse y esperar.

Las bajas temperaturas pueden no dejarnos hincar el pico, pero podemos pasar suavemente un cepillo sobre la tierra y recoger aquello que la ensucia, como hacemos con la tierra también nosotros tenemos que tomarnos nuestros tiempos… la helada que endurece, al derretirse, se convierte en agua que empapa la tierra y hace que florezca la vida que misteriosamente late en su interior.  

Lo que podemos hacer durante este tiempo frío y en apariencia muerto es mantener el jardín lo más limpio posible y comenzar a diseñar y plantar lo que queremos que sea el jardín de nuestra vida. Es una tarea de vigilancia y creatividad y es la que podemos hacer ahora. Incluso podemos sorprendernos de lo que somos 


Nuestras vidas tienen momentos para cada tarea, lo importante es ser conscientes de que el trabajo y el fruto recibido nunca se corresponden… a veces tendremos la impresión de haber trabajado para nada y otras el resultado será desmedido, desproporcionado, muy por encima de lo esperado… y todo vale la pena y en cada tiempo hay que estar. La belleza no llega sola. Será fruto de los trabajos que realicemos durante el invierno, los frutos llegarán cuando sea su momento, eso ya no depende de nosotros, el cómo vivamos el hoy sí.