sábado, 31 de marzo de 2012

una alegría

Gracias a las redes sociales hace unas horas viví un "reencuentro online" con alguien con quien hacía unos cuantos años que no teníamos oportunidad de encuentro. Mutuamente ha sido una alegría reencontrarnos y volver a conectar como si nos hubiéramos hablado ayer. Ahora nos quedamos con ganas de presencia, porque esto está muy bien, pero en vivo y en directo siempre es mejor. Nos hemos prometido un paseo para disfrutar de estos días de sol primaveral. Y qué bien que los sueños no tengan techo y nos den ocasiones de reencuentro con gente que una vez formó parte de nuestra vida!! Es una alegría de las sencillas para compartir. 

viernes, 30 de marzo de 2012

conciertosentido

Ayer me crucé por la calle con una conocida y me salió decirle así espontáneamente: chica, estás horrible ¿hay algún concurso?... Y se quedó primero un poco cortada con mi comentario pero inmediatamente y con tranquilidad, me dijo: sí, la semifinal!!! a ver si la paso, jaja... tiene gracia yo no me hubiera atrevido a expresarlo

Más allá de que estaba desmejorada, por eso mi comentario, de ahí en unos breves minutos salió un diálogo abierto de nuestros atrevimientos para una u otra cosa y de cómo el humor nos ayuda a tomarnos las cosas mejor que si las viviéramos como un dramón continuo. Para dramas, las novelas de la tarde, decía uno de mis tíos, y es verdad que podemos digerirla mejor con humor. De hecho la despedida fue más simpática pero creo que las dos nos quedamos con eso de qué bien tener la capacidad de expresar cosas así.

Está claro que ni con todos ni siempre es posible ni recomendable hacerlo. Pero la vida no viene en envase caro y de lujo sino más bien trapero y de andar por casa, como esos días que todos estamos horribles y desmejorados. Si nos protegemos menos y nos animemos más a encontrar al otro como está, como viene o como lo voy a buscar y no como a mí me gustaría que fuera, que sea, puede que ese encuentro nos sorprenda a los que lo vivimos. Y sea hasta divertido, más sencillo, humano, con sus imperfecciones pero con lo que hay de vida real.

El sentido del humor siempre viene en ayuda de nuestra debilidad y hasta la gente sin gran formación sabe hacer aprecio de un buen rato y de buenos tratos humorísticos. Vivir más sueltos, a desdramatizar, relajarnos, reírnos... son algunos de los buenos efectos secundarios que el humor nos deja. Así como para decir lo que queremos pero sin ser tan rígidos y solemnes.  

Ojalá cada vez más nos atrevamos a reírnos, a disfrutar del día a día, a ser menos serios y oficiales en esto de vivir y nos animemos a compartir ocurrencias, chistes, lo que pensamos, lo que sentimos con quienes compartimos la vida aunque sea en un encuentro en la calle. 

Si no pasaremos a la historia como la generación de las nuevas momias del siglo XXI, gente que teniendo todas las posibilidades se quedó sin vida por dentro porque no se contagiaba afuera, gente anclada solo en teorías, verdades, en preceptos, pero sin humor, sin ternura, sin capacidad de encuentro... Y como no estamos libres ni de quedarnos como momias ni de pasar a la historia, no hay que pensarlo y darle tantas vueltas, depende de nuestra apertura, espontaneidad, humor, naturalidad, con que vivamos la vida.


PD: Gracias a todos los que en la vida me ayudan a reírme tanto y a encontrar el humor hasta en las pequeñas cosas. 

no te ahogues... vive

Me acuerdo que en el secundario a una chica le solíamos decir ¡¡Maxi, no te ahogues en un vaso de agua!!! porque continuamente daba motivos para decirle ésto. No recuerdo actualmente esos motivos pero si la tendencia que las personas tenemos muchas veces de quedarnos donde estamos y enfrascarnos en lo que decimos no nos sale, no hay salida, no lo puedo hacer mejor... tanto "no es" que al final nos acabamos creyendo y nos condicionan el pensamiento a medida que le dejamos más cancha abierta a lo que nos parece que no podemos en nuestras vidas. Y es que a veces nos dedicamos tanto tiempo a preocuparnos que el ocuparnos pareciera estar muy lejos de nosotros. Nada más lejos de la realidad, todo cambio, todo crecimiento, todo nuevo aprendizaje nos necesita ocupados, presentes, preocupados en todo caso en su consecución, no tiene nada de pasivo, al contrario, necesita de nuestra implicación activa para ser posible.

En el fondo lo que hay detrás, sobre todo cuando sufrimos, es que no nos gusta pasarlo mal, y ante el dolor y lo que nos supone esfuerzo o grandes dosis de ansiedad o nervios por algo nuevo que construir, nos camuflamos y escapamos todo lo que podemos, a veces hasta evitando lo que sabemos que nos hace bien. Hay que cambiar el "chip". ¿Por qué no afrontar estas experiencias con el corazón más abierto? ¿Por qué tenemos tanto miedo dándoles un valor abrumador que ni siquiera sabemos si será así? ¿Por qué nos preocupamos tanto y nos ocupamos tan poco? 

Si arrojamos todo lo que nos produce sufrimiento como si soltáramos un gran saco que pesa, la reconciliación con todos los "no puedo, no me sale, no sé..." se abriría camino. Un camino de liberación y de compromiso por vencer y suprimir poco a poco y a nuestro ritmo, lo que nos impide desarrollar la vida y la felicidad que nos merecemos, y que también desean y quieren muchos de los que nos rodean. Uno que vivió hace unos 2012 años con su vida y con su muerte hizo hincapié en esta verdad: ni el dolor, ni la tristeza, ni la muerte, tienen la última palabra, la Vida nueva es posible, se abre camino, si la deseamos y la pedimos, pero sobre todo si nos hacemos cargo de vivirla y construirla para nosotros y para los demás. Así que basta de excusas y a por ello!!!

miércoles, 28 de marzo de 2012

lo que nos hace felices

¿Por qué hay que hablar de felicidad? Porque donde pones tu atención se hace real para ti. Si pones el foco de tu atención en lo malo, tu estado emocional será malo. Esto, a su vez, tiene un reflejo directo en tu salud, ya que se asocia a cambios hormonales. Por eso es bueno hablar de cosas positivas, como la felicidad. Aunque también lo afirmo estas palabras son de Mario Alonso Puig, científico de la Universidad de Harvard.

Igual que la serotonina regula la calma o la dopamina  la confianza, el cortisol afecta directamente en el miedo. “La presencia elevada de esta hormona se produce cuando las personas pasan por estados emocionales de ira, angustia o desesperanza, entre otros, y los niveles altos de cortisol hacen que los glóbulos blancos funcionen peor”, explica Alonso Puig, “las emociones tiñen la realidad y tienen un impacto directo en la salud”.

Este cirujano y científico de Harvard asegura que la felicidad es un estado de la conciencia humana que no está encerrada en el ‘yo’, sino que surge del encuentro con los demás. “Cuando alguien está posicionado en el estado de conciencia humana de la felicidad ve cosas que no se ven normalmente. Provoca alegría, éxtasis y gozo”, comenta Alonso, que añade que incluso una persona puede ser feliz sin tener aparentes motivos para serlo (enfermedad, paro, pobreza…). “Puede que no experimente el éxtasis, pero sí la serenidad y la capacidad de mantener el equilibrio hasta en los peores momentos de su vida”.

Y aquí una buena noticia positiva para sacarnos una sonrisa en medio de malas caras, malos rollos, días grises y cargas abundantes: dentro de poco será el II Congreso de la Felicidad, que organiza Coca Cola y su Instituto de la Felicidad y que se desarrollará en Madrid los días 9 y 10 de abril. El evento, dirigido por Eduard Punset, reunirá a políticos, científicos, escritores y deportistas para abordar este estado del ser humano desde un punto de vista multidisciplinar.

Porque vale la pena invertir en una vida feliz, gracias a ellos por estas iniciativas!!! Y de paso doy a conocer otra iniciativa que nos puede dar pistas de cómo ser más felices... Seguro que algunas nos sorprenden!!

¿Qué nos hace felices a los españoles?

cómo te ves?

Es importante empezar por uno mismo para después poder amar a los demás, esta premisa tan básica, cómo nos cuesta!!! Todos necesitamos que alguien nos lo recuerde, aunque solo sea una vez en la vida, quienes somos, lo que somos....lo que podemos ser si nos viéramos con los ojos de la verdad y no con los de la sociedad. 

Y después dicen que no hay buenas películas y que los petisos son feos, jaja... Como no todos tenemos una rubia que nos lo recuerde, ahí va este escrito y esta escena de la película Angel-A de del director Luc Besson, que nos recuerda quiénes somos cuando somos capaces de vernos con una nueva mirada, de ternura, de amor y reconocimiento. Eso todos podemos hacerlo y sino lo sabemos, irlo aprendiendo:

martes, 27 de marzo de 2012

la vida que somos capaces de dar y recibir

Dicen que cuando uno está más eufórico y con mejor tono vital es cuando está enamorado. Y sino basta con mirar una pareja a los ojos!! Lo malo es que muchas veces las parejas, están tan ocupadas que no tienen tiempo para quererse, ni se lo dicen; otras tantas veces salen con eso de "si ya lo sabe" y bueno, así otras tantas ocasiones que se pierden de no actualizar ese pequeño tesoro que es el amor y que muchas veces parece una condena más que una dinámica relación en la que seguir creciendo y aprendiendo cómo quererse más uno a otro, cómo ayudarse a seguir de la mano, caminando juntos por la vida.

Todos tenemos la necesidad de amar y de ser amados, y cuando amamos estamos mucho más contentos. Y sino pensemos en tantas cosas que hacen nuestra vida más hermosa y que tienen que ver con el cariño de los que nos quieren. Esos detalles de cariño que tenemos cuando alguien que lo está pasando mal, con una llamadita que teníamos pendiente, con un correo, una canción, ese rato juntos en el sofá o caminando, yendo al cine, una quedada, ese sentido del humor que viene en ayuda de un momento de cansancio, un dibujo, una notita... Y cuando uno lo hace se da cuenta de lo bien que hace, de lo bueno que es recibir y dar cariño, ternura, besos, amor, abrazo, caricias, escucha, descanso... ¡Y tantas veces nos olvidamos de generar vida! ¡La vida que todos somos capaces de dar!

Todos, más tarde o más temprano, nos damos cuenta que importa lo fundamental y que muchas veces perdemos tiempo, fuerzas y energías en tantas cosas secundarias. Es importante que seamos generadores de nuestra propia vida, que gastemos tiempo en lo importante, que seamos jardineros y cuidadores de nuestras relaciones: nuestra pareja, nuestros hijos, nuestra familia, nuestros amigos, nuestros compañeros... gente que nos entregamos en lo que para cada uno de nosotros vale la pena.


Hay dos buenos consejos en cosas del amor que escuché no hace mucho y comparto:

Uno, que a veces no nos decimos que nos queremos y lo decimos luego en el funeral cuando el que lo necesitaba oír ya no puede escucharnos. 
Dos, que hay que salir bien queridos de casa, hay que generar el amor dentro y generar esa ternura en el trabajo y en cualquier lugar al que vayamos.

Todos los seres humanos necesitamos que nos quieran y que nos lo digan.  

¡¡En vida, en vida!! dice mi papá, es cuando hay que decir, hacer, expresar, intentar... La calidad de nuestra vida es la calidad de nuestros encuentros. Por eso es importante cómo vivamos nuestras relaciones. Elegimos cómo somos, elegimos el tipo de relaciones que creamos.

Hay gente que pasa al lado del que está barriendo y no lo ve, sin embargo, otros valoran el trabajo que éste hace. Es importante que nos hagamos sentir válidos los unos a los otros, y el trabajo y el reconocimiento de los demás nos hace sentir válidos. Por el amor que les tenemos a los otros, se merecen lo mejor de nosotros, no se merecen que lo hagamos de cualquier manera. Se merecen que hagamos el mejor trabajo, que lo hagamos con toda la ilusión, con cariño.

Y hay miles de oportunidades día a día para expresarnos, para querernos más y mejor. En todos los sitios estamos llamados a ser gente que ama porque mientras estemos vivos tenemos que ir desarrollando cada vez más nuestra capacidad de amar. Cualquier rincón del mundo, necesita de nuestro cariño, de nuestro cuidado, de nuestro empuje por hacerlo cada día un poquito mejor. 

Todo lo que no se da se pierde, dice un proverbio hindú, en la película La ciudad de la alegría. Y si no tuviste muchas ocasiones de decírselo a alguien en vida o no supiste  aprovecharlas o cómo hacerlo ¿por qué no echar un guiño al cielo o con esa foto de tu ser querido adelante o que una carta te ayude a decirle lo que llevas en el corazón?

Todo ser humano creyente o no creyente tiene una parcela interior, todos. A Dios unos le llaman Mahoma, otros le llaman Buda, otros le llaman energía, otros le llaman universo, otros la libertad o la justicia, pero el caso es que Dios nos quiere a todos los seres humanos de la tierra y su corazón nos está esperando para querernos y enseñarnos a amar más.

lunes, 26 de marzo de 2012

semillas de vida

¿Quién es capaz de afrontar su mañana en coherencia con su vida? ¿Quién prefiere dar la vida por otros, sin saber si en el futuro se valorará su sacrificio? ¿Quién se atreve a seguir donde parece que no hay nada más que hacer? ¿Quién quiere seguir construyendo aún a riesgo de que no dure? ¿Quién dice hoy un sí? ¿Quién se compromete por lo que le importa?

No pensemos en grandes personalidades del mundo ni de hazañas, algo más pequeño, un grano de trigo sólo fructifica si se pudre en las entrañas de la tierra. Entregarse como semilla de trigo y vivir en la tensión de la muerte y la entrega. Aunque nadie lo ve, la semilla que parece desaparecer en la tierra, no muere del todo, en ella hay algo de vida, que dará tarde o temprano, su fruto.  

Los papás y las mamás lo saben tantas horas dándose y ayudando a crecer a esa vida nueva no exentos de dudas, miedos, decisiones, equilibrios, nervios... También los maestros, los profesores y educadores, ¡con la que está cayendo! Quienes cuidan a sus familiares enfermos y a tantos cuidadores cansados siguen queriendo y sosteniendo a los suyos. A los que luchan en medio de un tratamiento, por un salud física o mental que mejore sus vidas. A los que pelean por sus derechos, por sus trabajos, por un mundo más humanizado. A tantos y a tantas que en su situación -la que sea- sienten que no pueden, que se cansan, que ya está bien... O empiezan a descubrir pequeños frutos de sus actos.

Lo humano está compuesto también de una invencible semilla de vida. Esa invencible semilla de vida nos lleva más allá de nuestras muertes de cada día, de depresiones, lamentos, crisis, límites, problemas... que atravesándolas, nos abren a más vida. A un horizonte que aunque no vemos, se está gestando en la medida que también seguimos ahí, empujando, deseando, empujando, pidiendo... más vida.

En los tiempos de crisis de tantas cosas, del sálvese quién pueda, donde muchos se van y abandonan, donde se rompen hasta nuestros más queridos proyectos... seguir hasta el final, confiando, amando, haciendo, luchando, tiene un precio. La última palabra siempre la tiene la Vida...Y puede sorprendernos.


cuánto tiempo!!!

Hay gente que nos hace bien. Que a su lado sentimos deseos de ser mejores y de ayudar a otros a que también vivan mejor. Así es Mari Patxi Ayerra.  Su manera de vivir y de querer me ayuda a querer vivir mejor. Escribe con naturalidad y convicción y me consta que vive así, en diálogo con la vida y con ganas de que otros también puedan vivir mejor en sus vidas. 

Da cursos, charlas, ha escrito algunos libros que son una joya de la vida cotidiana y con buenos aprendizajes en un lenguaje de andar por casa. Sufre desde hace unos años una enfermedad degenerativa y sin embargo, no pierde la capacidad de compartir ni de transmitir su abanico inmenso de sentimientos, emociones y experiencias. Sabe hacerlo y es una artista porque le sale lo mejor del corazón y no el importa que otros lo vean y la conozcan así, es su manera de darse. Así es Mari Patxi Ayerra y tiene una manía: Mientras esté viva quiere vivir y ayudar a vivir a otros. Traigo uno de sus escritos en forma de carta a su familia. Su experiencia de vida contada así con naturalidad y frescura también nos puede ayudar a vivir mejor a cada uno, a cada una.


Querida familia 
Aprovecho que el domingo celebramos mi cumpleaños, para hacer con vosotros una reflexión sobre la cantidad de tiempo que llevo vivido. Cuando pienso que ya hace 64 años que estoy en este mundo, me sorprendo. Tengo la sensación de haber comenzado la vida hace nada y ya estoy casi terminándola. Miro para atrás y me vienen recuerdos borrosos y sensaciones concretas, más dulces que amargas. Siempre he tenido la suerte de olvidar pronto lo negativo y recordar más lo positivo. Eso es un legado que me dejaron mis padres y que me ha ayudado mucho a disfrutar más el cada día, pues me queda la música interior agradable de la belleza, de las buenas gentes, de amores y amistades, de los gestos de ternura y armonía vividos el tiempo anterior. 

Es curioso cómo las sensaciones y los sentimientos son atemporales. Cuando las recuerdas, las vuelves a sentir, a resentir. Por eso debe ser tan bueno eso de saber cerrar las puertas bien, perdonar lo doloroso y limpiarse de rencores, para que no vuelva la música triste a inundar el presente. Dicen que las personas somos presente y memoria y que las hay que eligen vivir en la memoria, recordando siempre el ayer, “nostalgeando” con lo pasado o programando el futuro. En cambio, otras eligen vivir en el presente y se sumergen del todo en cada momento, sin dejar que su mente se les escape en nostalgias y preocupaciones. Y saber “entrar del todo y salir del todo” en la vida es una forma de añadir intensidad vital a cada situación, de vivir unificados, integrados y completos en todo momento. 

Esto del manejo del tiempo es algo que se aprende en la vida familiar. Hay hogares donde siempre están fantaseando en lo que llegará, con añoranza, o recordando, con morriña, tiempos anteriores, o planeando acciones futuras y en ello ponen todas sus energías. En otras familias se concentran en cada acción, actividad o vivencia y la disfrutan con pasión, intentando sacarle a cada momento todo su encanto y su jugo y con cada persona vivir un encuentro. Hay familias que cuidan mucho sólo los momentos solemnes especiales y luego, en el día a día, viven una rutina fría, en la que no hay apenas detalles afectivos, ni cuidados de los unos hacia los otros, ni ternura, ni pequeños  gestos que hacen la vida más agradable. 

La realidad es que el tiempo, la vida, está formada por la suma de segundos, minutos, horas, días, meses y años y hay que ver lo largo que se hace el tiempo cuando estás con alguien que no te agrada, o con quien mantienes una relación superficial o lejana, y lo corto que se hace cuando estás con alguien con quien conectas en el fondo del alma, con quien compartes tu música interior, tus sueños, tus alegrías y tus adentros. Yo he vivido muchos encuentros, muchos momentos de amistad, confidencia, risas y lágrimas, consuelo y apoyo y todo ese tiempo vivido en relación es el tesoro que amontono en mi corazón, por el que doy gracias a Dios cada cumpleaños. Podría hacer una lista de las personas a las que podría estar agradecida cada año, por lo que me han ayudado a ser, a vivir, a disfrutar, a llorar, a querer, a acompañar, a acariciar, a crear, a crecer y a llenar mi vida de sentido, de misión y, sobre todo de agradecimiento. 

Porque el paso del tiempo, de mi tiempo, este tan largo como intenso, difícil y bonito, pachucho y divertido, está entretejido siempre con personas que la vida me ha ido poniendo al lado, cercanos y lejanos, familia y desconocidos, compañeros de camino y de cruces, receptores de mi trabajo y servidores del suyo… y me habría gustado ser para cada uno una caricia, una sonrisa, una mano tendida, un favor recibido, una discípula, una maestra, una comida rica, un café calentico, un abrazo apretado, una confidencia, una carcajada, una oración, un amor apasionado, una escucha atenta…

Me gusta mirar a la vida de frente, para no gastarla en vano. Y ya, puesta a soñar, veo cuántisimas cosas me gustaría haber hecho con estos 64 años que celebro el domingo. Pero como el contador sigue en marcha, voy a dejar de escribir, para que no me pille la vida teorizando, y ahora mismo me voy a poner a hacer esa llamada pendiente, esa carta prometida, esa fiesta que voy a montar, esa compañía a un enfermo, o esa partida de cartas por jugar. Voy a manifestar el cariño a los míos como si fuera el último día que les viera, voy a saborear el café calentico de media tarde, la puesta de sol y el paseo con mi marido, como si no se volviera a repetir, voy a mirar a los ojos a la gente, acariciándoles con mi mirada, voy a hacer del día de hoy un día de fiesta, aunque aún no sea mi cumple, pero voy a vestir mi corazón de capacidad de sorpresa y escucha atenta y voy a pasear contemplando mi entorno como el pintor que busca el rincón más bello para plasmarlo en su lienzo. 

Y como el único tiempo que me pertenece es este, y es con esta ilusión vital con la que me siento invitada por Dios a estar en el mundo, celebro con ustedes la maravilla de la técnica que me hace poder contarles mis intimidades, así, a corazón abierto y hacernos juntos una transfusión de entusiasmo vital, que para mí no es otra cosa que hacer realidad el gran proyecto de Jesús, ese de que vivamos todos la vida en abundancia, o sea que vivamos todos, por fin, divinamente. Pues que El nos ayude a no ser unos incoherentes teóricos sino unos profetas del bienvivir y del trabajar para que todos lo consigamos. Perdonen que no me despida, es que tengo prisa, que ya voy siendo mayorcita…   

                                                                     Mari Patxi 

P.D.:.Estoy pensando en mi amiga Mary, a la que le molestará un montón mi carta, seguro, pues ella tiene la mala pata de ver siempre lo negativo de la vida, propia y ajena, y no le suele gustar charlar conmigo, porque le parezco una inconsciente de mil demonios. 

Dicen que en la vida hay dos tipos de personas. Unas son como las moscas, que van de excremento en excremento, de caca en caca, de mierda en mierda (no sé si es correcto escribirlo aquí), descubriendo y comentando todo lo malo de la vida; y otras son como las abejas, que van de flor en flor y hacen miel. Estas personas ven la belleza de la vida y de las personas, la cuentan y la comparten, y así endulzan la vida a los demás. No sé si estamos programados para ser mosca o abeja y si cada uno juega el juego que le ha tocado, sin ser consciente de que recibe instrucciones de un disco duro. Pero, por si acaso se pudiera cambiar esta programación, yo elegiría ser persona abeja, para disfrutar de tantas flores como hay en el mundo y fabricar miel para los demás. Y si alguna persona mosca no es muy feliz, igual le va mejor probar a comportarse como abeja.

en clave de SOLidaridad

sábado, 24 de marzo de 2012

crear algo nuevo

El arte puede ser un factor de unidad. Cuando las negociaciones no avanzan, el hecho de admirar juntos la belleza de una historia o de un canto, puede desbloquear situaciones atascadas. La llamada a crear algo nuevo, a imaginar, a modelar, a hacer nacer una nueva vida, a hacer nacer lo mismo en los demás, forma parte de mi misión.

La belleza atrae y despierta en nosotros un sentimiento de admiración y alegría, crea un nuevo espacio para la alabanza, el perdón y la reconciliación. Es un puente que nos permite alcanzar a los otros en su diferencia. 

Abrir los ojos sobre el esplendor de la creación y mirar lo que nos rodea con ojos nuevos nos cambia. Nos hace ser más agradecidos, más respetuosos hacia nuestro cuerpo, los alimentos, las flores, el bosque, la tierra, los animales y todos los seres humanos. 

viernes, 23 de marzo de 2012

eso de conversar

Un buen artículo para compartir y trabajarnos actitudes

Para vivir, todos necesitamos sentirnos vitalmente conectados a otros. Necesitamos ser mirados, atendidos, escuchados... y también poder mirar, atender y escuchar a los demás. Conversar es uno de los aprendizajes vitales que no tienen fecha de caducidad. Si bien en la infancia tiene una gran importancia en relación con nuestro modo de dar significado a lo que vivimos y somos, de adultos sigue siendo alimento de nuestro ser. 

Las reuniones con los amigos, la sobremesa con los compañeros, la puesta al día con personas a las que no veíamos hace tiempo, el saludo amable al comenzar el día, manifestarnos sin temor a la crítica, las tonterías que nos decimos con la complicidad del cariño, las celebraciones familiares, las conversaciones alrededor de la mesa de la cocina...: todos ellos son encuentros que nos reconcilian con la vida, que nos obligan a crecer y a salir de nuestro egocentrismo. Ellos nos permiten sentir que formamos parte de la vida de otros y nos ayudan a levantarnos cuando las pérdidas, los fracasos, las enfermedades... hacen muy difícil nuestro caminar. Sin embargo no todas nuestras conversaciones nos llevan a un encuentro ni todas aportan calidad a la relación.

Actitudes hacia el otro
Para que nuestras conversaciones sean experiencias de encuentro es preciso que los interlocutores deseen realmente comunicarse, quieran salir de sí mismos y les interese conocer la realidad del otro. Conversar es fruto de una decisión personal e implica la voluntad de querer comprender y compartir lo que cada uno es.

Pero no sólo conversar es cuestión de querer; también nos exige concebir a los otros como sujetos, como alteridad. Difícilmente habrá una verdadera escucha si no consideramos al otro como alguien valioso. Si no creemos que su presencia, sus comentarios, su compañía... me pueden enriquecer, muy probablemente esa relación tendrá mucho de monólogo, ya que sólo nos interesará oír nuestra propia voz.

Reconocer al otro como alteridad ha de llevarnos necesariamente a respetarlo y reconocerlo como diferente y a vivir el diálogo como un encuentro de individualidades. Quizá nos genera dificultades cuando la diferencia se hace presente en el desacuerdo, en la toma de decisiones o en la manera en que tenemos de interpretar lo que nos ocurre, nos asusta el sentirnos confrontados por otra manera de ver y vivir las cosas. El fantasma del cambio nos amenaza. Cambiar... nos produce vértigo.

Nuestros encuentros se hacen significativos cuando nos manifestamos en verdad. Esto no significa que tengamos que expresar al otro todo lo que pensamos o sentimos sobre él o sobre lo conversado; relacionarnos con autenticidad implica una coherencia y fidelidad a uno mismo y a la palabra dada. Hoy parece que las palabras ya no nos comprometen. Se da por hecho que uno puede decir lo que sea, porque después va a hacer lo que le dé la gana. La falta de coherencia y honestidad en el hacer de quienes las pronuncian, aunque ya no nos escandalice, sigue teniendo su precio en las relaciones humanas: nos hace dudar del compromiso que subyace a la palabra e ir perdiendo la fe en lo que podemos esperar de los demás.

Actitudes hacia uno mismo
La imagen y valoración que tenemos de nosotros mismos condiciona mucho nuestra manera de conversar con los demás. Cuanto menos nos valoramos, tanto más dependientes nos volvemos de la mirada y la aprobación ajenas. Fácilmente sacrificaremos nuestra individualidad, intentándonos acomodar a los intereses de los otros; pero esta renuncia no acallará nuestra inseguridad. Seguiremos atrapados en el «qué dirán», en querer agradar, en procurar no molestar... Conversar conlleva hacernos presentes, escuchar, hablar, opinar, diferir... Si dudamos de nuestra valía, si nos creemos poca cosa, si tememos que nos conozcan..., muy probablemente acabaremos relacionándonos poco, o haciéndolo bajo una falsa identidad en la que camuflar nuestros miedos y nuestra soledad. Por el contrario, si confiamos en nosotros mismos, si abrigamos un sano amor por lo que somos, incluyendo nuestros límites, viviremos con gran disfrute el poder compartir nuestra historia con otros. Nos arriesgaremos a pensar autónomamente, a respetar y defender nuestras convicciones, a ser fieles a lo que somos y a nuestros compromisos.

La autenticidad no sólo significa manifestarse ante el otro desde lo que uno es; implica fundamentalmente una manera de estar y de ser con uno mismo. Las personas auténticas son aquellas que se conocen a sí mismas, que saben cómo les afecta la vida y disciernen cómo la quieren vivir. Para ellas, el respeto hacia sí mismas y hacia los demás pasa necesariamente por intentar ser congruentes e íntegras. Lo que dicen y lo que hacen no está alejado de lo que piensan y son. Su presencia, sus palabras, su estar... tienen una gran consistencia. Cuando la autenticidad forma parte de quienes conversan hasta sobre lo más anodino, tiene un carácter sanador. Nos ayuda a confiar en la gente y nos anima a relacionarnos desde el SER.

«¿Cómo dialogar si no vivimos lo vivido? ¿De dónde extraer palabras significativas si previamente no están incorporadas al magma de nuestra interioridad, donde cobran dinamismo, sentido y alteridad?» Con estos interrogantes, Norberto Alcover nos sitúa en uno de los pilares fundamentales del conversar. Si no sabemos quiénes somos, cómo nos sentimos ante la vida, qué pensamos de las cosas, cuáles son nuestros gustos, con quiénes queremos estar o qué es lo que nos ayuda a vivir..., difícilmente podremos establecer conversaciones en las que nos sintamos realmente implicados. Para que nuestras palabras nombren nuestra verdad necesitamos silencios en los que hacernos preguntas significativas. Necesitamos reservar espacios de soledad en los que integrar lo vivido. Necesitamos esos ratos de interiorización, no sólo para hacernos conscientes y presentes en las palabras que pronunciamos, sino también para poder ir vaciándonos de todo lo superfluo y, de ese modo, hacer un espacio para la persona con la que queremos conversar. Sin este espacio la escucha no tendrá lugar.

Muchas conversaciones por las que uno ha decidido que tiene sentido vivir empezaron con encuentros fortuitos, cotidianos, anónimos. Por mucho que valores, respetes, desees conocer al otro, si no tienes tiempo para Estar, tampoco lo llegarás a tener para Ser. Para conversar necesitamos estar física y psicológicamente disponibles, accesibles y receptivos. Todo ocupa lugar: uno mismo, la familia, el trabajo, los amigos, la injusticia y el sufrimiento en tantas partes del mundo, nuestras preocupaciones... Si no disponemos de tiempos y espacios vitales, difícilmente podremos encontrarnos con los demás.

Imaginemos que tenemos tiempo, que nuestro interior no está saturado de preocupaciones, que en nosotros se da un profundo deseo de acoger, comprender y participar en la vida de los otros desde lo que somos; imaginemos que nuestra autoestima está más o menos saneada, que respetamos la individualidad de los demás y que no equivocamos las diferencias con la descalificación. Si bien estas condiciones nos capacitan para ser unos buenos conversadores, sin embargo no nos garantizan que lo seamos. No sólo para conversar se requiere una disposición existencial; también hemos de saber desarrollar una serie de destrezas y estrategias de comunicación: saber escuchar, saber expresarnos, manejar un lenguaje que nos permita comunicarnos adecuadamente.

Quizá si todos dedicáramos más tiempo a reflexionar sobre «cómo habitamos nuestra vida», nuestro conversar tendría otros contenidos, otros protagonistas, otra calidad. Probablemente seríamos más conscientes del valor que encierra esta manera de comunicarnos y de la repercusión que tiene no sólo para uno mismo, sino también para todos aquellos que nos invitan a compartir sus vidas y a anidar en su interior.

Cuando los chinos ven a los occidentales tomar el té, suelen sentir una mezcla de indignación y pesar. Se quejan de que no sabemos prepararlo, de que no cuidamos los detalles ni dejamos el tiempo suficiente para que el té suelte todo su aroma. Encontrarnos con los demás es una experiencia que, como el té, requiere su tiempo, su espacio, su ritmo. Y cada uno tiene que descubrir el suyo si quiere dar consistencia y calidad a sus conversaciones.

Nuestra naturaleza relacional continuamente nos ofrece oportunidades para conversar; depende de nosotros hacerlas banales o convertirlas en experiencia de Vida.

Extracto del artículo "Esencia y condiciones del conversar"
Ana García-Mina Freire
Miembro del Consejo de Redacción de la revista Sal Terrae. 
Profesora de Psicología en la Universidad Pontificia Comillas

nuestras destrezas para conversar

En los cursos de habilidades sociales y en cantidad de conversaciones estos temas salen y cuando surgen conflictos de alguna manera u otra nos preguntamos, nos preocupamos y decimos que no lo sabemos hacer mejor. Sabemos que la distancia entre el querer y el poder se acorta con el entrenamiento, si estamos dispuestos a aprender nuevos u otros modos de vivir. Ana García-Mina Freire nos sigue dando pistas para vivir mejor nuestras relaciones con los demás empezando por la relación que tenemos con nosotros mismos. Disculpen las molestias, en muchos aspectos todavía estamos en construcción.


Destrezas necesarias para conversar

Imaginemos que tenemos tiempo, que nuestro interior no está saturado de preocupaciones, que en nosotros se da un profundo deseo de acoger, comprender y participar en la vida de los otros desde lo que somos; imaginemos que nuestra autoestima está más o menos saneada, que respetamos la individualidad de los demás y que no equivocamos las diferencias con la descalificación. Si bien estas condiciones nos capacitan para ser unos buenos conversadores, sin embargo no nos garantizan que lo seamos. No sólo para conversar se requiere una disposición existencial; también hemos de saber desarrollar una serie de destrezas y estrategias de comunicación.

La destreza de escuchar
Aunque la palabra sea la gran protagonista de nuestras conversaciones, ésta se perdería en el vacío si no la escucháramos. Escuchar es una de las destrezas comunicacionales más complejas y exigentes. A diferencia de «oír», el escuchar es un proceso esencialmente psicológico, volitivo y activo. Para escuchar no sólo se requiere una determinada disposición interior, sino un saber hacer.

Dice Martin Buber: «cuando venimos de un camino y encontramos a un ser humano que llega hasta nosotros y que también venía de un camino, nosotros conocemos solamente nuestra parte del camino, no la suya, pues la suya únicamente la vivimos en el encuentro».

Como veíamos en el apartado anterior, escuchar conlleva una preparación. Supone estar abiertos a la experiencia del otro, hacer un espacio interior para poder acoger aquello que nos quiere comunicar. Implica un cierto vaciamiento y olvido de nosotros mismos y ser muy conscientes de que para comprenderlo hemos de dejar a un lado nuestra manera de ver la realidad, intentando ponernos en su lugar.

Una de las principales fuentes de los malentendidos y los problemas de comunicación se deriva de creer que todos percibimos la realidad del mismo modo y que, por tanto, hay una sola manera de interpretar la vida, que suele coincidir con la nuestra. Pero, al igual que un mapa de carreteras no es la carretera misma, sino una representación de ésta, toda persona, cuando percibe la realidad, no llega a captarla tal y como es; nuestra naturaleza cognitiva y vital nos lleva a darle un significado en función de nuestros valores, educación, edad, sexo, cultura, familia, religión, experiencias personales... Sólo habrá escucha si intentamos empáticamente comprender lo que el otro nos está diciendo desde su marco de referencia, dejando a un lado nuestros prejuicios y esa facilidad de juzgar y criticar que tan a menudo tenemos.

Por último, saber escuchar también requiere que estemos familiarizados con los diferentes lenguajes con los que conversamos. Tanto cuando hablamos como cuando callamos, todo nuestro ser se expresa. 

El lenguaje verbal es aquel en el que las palabras son las protagonistas. A través de ellas transmitimos lo que pensamos, explicamos lo que nos ocurre... El lenguaje verbal nos resulta muy útil para expresar con precisión y claridad ideas, conceptos, opiniones; sin embargo, no suele ser tan válido cuando lo que queremos comunicar es nuestro mundo emocional. Si en nuestras conversaciones queremos captar cómo se está sintiendo nuestro interlocutor con lo que dice y con nosotros, tendremos que escuchar y descifrar todo aquello que acompaña a la palabra: su tono de voz, sus silencios, su mirada, sus gestos, su postura corporal...

El lenguaje no verbal es la vía privilegiada para expresar nuestra afectividad y para crear, alimentar y cuidar las relaciones que establecemos con los demás. A través del rostro, la mirada, el tono de la voz, las pausas, la postura corporal... estamos continuamente enviando información acerca de cómo nos sentimos, cómo nos encontramos con las personas con las que estamos en ese momento, y qué opinamos realmente de lo que estamos hablando. El lenguaje no verbal colorea y da sentido y profundidad a las palabras. Como indica Becvar, «ninguna palabra significa exactamente lo mismo para dos personas». El significado último de las palabras reside en la persona que las pronuncia.

Destreza de hablar
Aunque seamos animales de palabras, y el hablar aparente una gran sencillez, la realidad es que son muchas las personas que viven una gran angustia cuando tienen que tomar la palabra. Se encuentran sin vocabulario, no saben de qué hablar ni cuándo es adecuado intervenir o terminar de hacerlo. Si todavía no han salido de su egocentrismo o son muy narcisistas, probablemente apenas dejarán que los demás participen en la conversación; y si tienen poca confianza en sí mismos, el temor a ser inoportunos o poco interesantes les dejará sin voz.

Los buenos conversadores, como veremos en el siguiente apartado, saben que, dependiendo del momento, del contexto, de la persona con la que conversamos, se ha de realizar un tipo u otro de conversación: el contenido, la implicación, el grado de intimidad... serán diferentes.

Los buenos conversadores son aquellos que no sólo hablan de lo que les interesa, sino que intentan encontrar temas en los que los otros puedan participar. Si bien suelen llevar el peso de la conversación, tendrán mucho cuidado de no acaparar el diálogo. Sugerirán, preguntarán, escucharán..., facilitando así que los demás se expresen y compartan su historia.

Por último, hemos de recordar que no siempre es oportuno conversar. Por mucho que deseemos dialogar con otra persona, es importante que antes de iniciar una conversación hayamos evaluado si es el momento y el lugar adecuado. Para expresarnos de manera significativa necesitamos un espacio, un silencio, un clima idóneo. Por otra parte, también hemos de darnos cuenta de cómo nos encontramos en ese momento. A veces, nuestro cansancio, nuestro cuerpo, nuestro estado emocional... no son los adecuados.

Maneras de conversar

Para acabar me gustaría detenerme brevemente en las diferentes maneras de conversar. Todas y cada una ellas tienen su sentido y su porqué. Aunque no tengan el mismo grado de implicación y profundidad, sin embargo cada tipo de conversación tiene un sentido psicológico que me gustaría rescatar. Podemos distinguir cinco tipos de conversación, en función del grado de transparencia, autorrevelación e implicación personal de los comunicantes y de la profundidad de lo conversado.

Las conversaciones «tópicas»
Estas conversaciones forman parte de los encuentros fortuitos y/o rutinarios con el vecino, con el quiosquero, con las personas con las que coincidimos en el ascensor... En ellas se suelen emplear muchos «clichés», o frases estereotipadas. El grado de implicación personal y de profundidad de lo manifestado es mínimo; sin embargo, tienen un sentido existencial. Cada vez que saludamos o nos saludan, nos estamos reconociendo como humanos, adquirimos y alimentamos nuestro sentido de pertenencia, y a aquellas personas a las que les cuesta mucho la relación les hacemos sentir que pueden vincularse con otros y salir de su aislamiento.

Las conversaciones «sociales»
Esta clase de conversaciones suele darse entre conocidos o amigos. En ellas se habla de todo y de nada; lo que se dice no suele tener una gran trascendencia; lo que buscamos es pasar un rato agradable, ameno, distendido, disfrutando de la compañía de los otros. Esta manera de conversar nos conecta con la cara amable de la vida, alimenta en mayor grado la vivencia de ser parte de un todo mayor que uno mismo, y gracias a tal vivencia vamos decidiendo qué personas merecen nuestra confianza y con quiénes es preferible no estar.

Las conversaciones de «opinión»
En estas conversaciones no sólo hablamos de lo ajeno, sino que empezamos a expresar nuestras opiniones, ideas, puntos de vista... El grado de implicación personal y de compromiso con lo dicho es mayor, y la vivencia de vulnerabilidad ante el otro se hace más presente. En este tipo de conversaciones desarrollamos nuestra capacidad de pensar autónomamente y de ser fieles a nuestras creencias.

Las conversaciones «emocionales»
En estas conversaciones no sólo verbalizamos lo que pensamos, sino que además expresamos lo que sentimos. El grado de autorrevelación y de transparencia aumenta. Estas conversaciones nos ayudan a ser más conscientes de cómo nos afecta la vida. Nos hacen conocernos mejor. Nos dan la oportunidad de conectar con el significado no siempre consciente de lo que queremos decir. Conversamos desde este nivel de profundidad con aquellos que nos quieren bien, que saben dignificarnos con su mirada y con sus comentarios, aunque éstos no coincidan con nuestra manera de ver la realidad.

Las conversaciones «íntimas»
En esta manera de conversar, uno se manifiesta tal y como es, verbalizando aspectos de sí mismo muy íntimos y personales. El grado de vulnerabilidad de este tipo de conversaciones es muy elevado. La experiencia del «nosotros» cobra un significado especial de comunión y entrega; «nos lleva a lugares en los que no hemos estado antes y a los que no podemos ir solos» (J.D. Chittister).

Reconocimiento, pertenencia, celebrar la vida; sentirnos capaces de pensar autónomamente, desarrollar nuestra individualidad, vivirnos aceptados y queridos desde nuestra desnudez... Cada conversación tiene su porqué, su ritmo y su proceso. 

Para llegar a conversaciones más profundas e íntimas hemos de recorrer el camino que se inicia en lo cotidiano y en lo aparentemente superficial.

jueves, 22 de marzo de 2012

el cambio está en lo cotidiano

Víctor comparte este escrito y nos recuerda que de nosotros depende!!
Una simple sonrisa al otro lado del telefono, una pequeña broma, un mensaje, un intento por dulcificar nuestra voz... Cada uno de estos pequeños gestos pueden ayudar a cambiar el día de cada persona con la que te relacionas... A veces pensamos que el cambio está en grandes gestas, que el cambio nos ha de llevar a sacrificar un brazo y una pierna, que el cambio se produce con una revolución de la que participan grandes masas... Sin embargo el cambio también está en lo cotidiano, esta tan cerca de ti, tan a mano, en los gestos más sutiles y sencillos, que muchas veces es lo que menos cuidamos y sin embargo sí podemos hacer. 
Me viene a la memoria el primer paso que dio una mujer en contra de la segregación racial: negarse a ceder su asiento en un autobús. Es un gesto cargado de valor y simbolismo. Este ya es un gran gesto.

Pero imagina tu sonrisa, que cambie el humor de alguien, un correo cargado de afecto, un abrazo a un amigo, un detalle afectivo que a su vez cambie el humor de alguien, y el efecto viral positivo que genera ese sencillo gesto.  Y si no, no dudes en comprobarlo!
El cambio esta aquí, ahora y en ti, y este es percibido y afecta a todos, a un amplio círculo en el que todo esta conectado y todo es afectado. Esta es la otra dimensión de la afectividad, el modo en que afectamos y nos afectan. 
¿Deseas contribuir al cambio con la toma de conciencia de como afectan tus gestos cotidianos al mundo y con tu propio cambio de visión, gestos y actitud, expresión? ¡Elige un modo más armónico y amable de manifestar tu expresión y presencia en el mundo y verás que cambios!
Esto es gratuito, se puede hacer continuamente y está en tu mano. No desaproveches oportunidades, deja tu huella en cada relación, en los acontecimientos que vives, en los cambios que deseas, haz real tu lugar y tu presencia en el mundo. 

miércoles, 21 de marzo de 2012

bienvenido pequeño roble

Me acabo de enterar, nació ayer. Qué alegría. Un hijo tuyo sólo podía tener un nombre original como esos que tanto te gustan y a la vez estoy convencida que viene con buenos genes, con raíces combativas como las de su padre, comprometido hasta la médula en las cosas que cree y en aportar aunque sea un grano de mijo por hacer posible un mundo mejor.

Ayer nació Amets, un chico, un nombre en euskera que nunca había oído. Ametz es la forma masculina de Ametza, la Virgen de Laranga, un barrio de Mutriku (Guipúzcoa). Proviene del euskera ametz-a, 'el rebollo', que es una variedad de roble pequeño muy común en el País Vasco.  

¿Quién te hubiera dicho ésto hace tantos años? Y mira ahora, la vida te regala otra vida que cuidar...  Seguro que este hijo traerá mucha alegría y felicidad. Desde este lugar en el mundo, te mando este abrazo.  Felicidades a los dos y a toda la familia, me consta que pequeño roble ya está haciendo posible algo nuevo en este mundo.

a 9000 km de distancia

Esa es la distancia física y geográfica que los separa, sin embargo se empeñan cada día en que otras cosas los acerquen y los ayuden a seguir construyendo esta linda relación con que los sorprendió la vida hace menos de un año. Una experiencia que ninguno de ellos pensaba que les llevaría tan lejos.

Saben que por esta relación cualquier esfuerzo vale la pena y están dispuestos a intentar ser felices hasta donde la vida les deje llegar. Y me consta que los pasos que estos intentos conllevan son grandes y les implican por entero. Ellos lo dicen: una clave importante en nuestra relación es que nos preocupamos y ocupamos por la felicidad del otro. 
A ella le tengo mucho cariño aunque no nos conocemos personalmente todavía, pero sin embargo, nos unen ya unos cuantas ocasiones compartidas a distancia que nos regalan ese irnos conociendo. A él me une una vida con tantos hitos importantes en la vida de los dos que me alegra enormemente ser testigo de su camino y de su evolución. Su amistad es un regalo, después de un pasado común, nos sentimos unidos en el presente y seguimos compartiendo el hoy así como los sueños de futuro. 

Un lugar en este mundo es hoy para esos 9000 kilómetros sostenidos entre ambos, con sus 7 horas de diferencia horaria para comunicarse a diario, con los medios que les dan cobertura. Tiempos sostenidos que roban muchas horas de sueño, de planes con otra gente, pero queridos y vividos en clave de encuentro, complicidad, cariño, para que seguir mimando, cuidando y queriéndose más. Espacios vividos en clave de creatividad e imaginación. Dificultades, dudas, momentos que a veces agotan y desmoralizan, para volver después a retomar con más fuerza, impulso y seguir acompañándose en presente y empujando los sueños que proyectan para el futuro. Toda esa realidad que ajustar y pelear, para la que tomar decisiones, mientras se tachan las semanas del calendario y se avecina esa fecha marcada en rojo sobre el calendario, el día para volverse a ver.

Celebro con ellos que a pesar de los 9000 kilómetros es posible hacerse cercanos e ir celebrando este tiempo nuevo que les regala a ambos la vida a medida que se atreven a vivirla como la viven Montse y Pablo.

martes, 20 de marzo de 2012

caprichos de la realidad


Es increíble pero ni los rincones más lindos del mundo se salvan, ni las ciudades más centroeuropeas impolutas están exentas, siempre hay un rincón o muchos más -que es lo peor- de esa ciudad que huelen a pis. Pis de gato y pis humano, da igual, ninguna esquina por muy bella que sea se libra. Y ni que decir de esos soretes cagunos que tampoco faltan en más de un lugar por donde pasamos. Baldosas flojas traicioneras de esas que abundan en mi Buenos Aires querido que uno quiera o no acaba pisando. A veces es verdad, un tropezón si es caída, como resbalar, torcerse el pie o ese charco cerca del cual pasa el conductor gracioso de turno que te moja o te da buen salpicón... y encima el muy tarado va y se ríe. ¿Quién no ha visto alguna de esas palomas que alegremente volando van, pasan y te cagan? Habiendo personas en el mundo, ¡me tenía que cagar a mí!! -decimos. A veces no es un tropiezo, es una borrachera o un comentario inoportuno que te dejan en un mal lugar. Esa ducha deseada que se acaba por un corte de agua. La luz que se corta cuando no tenías vela a mano. La bolsa del supermercado que decide abrirse por abajo en el momento menos oportuno como las latas que se caen en el supermercado. Las llaves que no están donde las habías creído dejar. Los números rojo de la cuenta que denuncian tu mala gestión económica. La batería o saldo del móvil que terminan una conversación que se presentaba interesante. La duda sobre qué me pongo que hacen que llegue tarde a donde se me esperaba puntual. Ese timbrazo inoportuno y no esperado. Esos recortes que se hacen necesarios aunque no gusten. Esa llamada que te avisa de la muerte de alguien. Ese cambio repentino en los planes de la tarde. El micrófono que no funciona. La fotocopiadora y la impresora que se atascan. El email que salió antes de tiempo a su destinatario por darle a esa tecla sin pensar. Esa ruptura que no esperabas que sucediera. Palabras de las que uno después se arrepiente como de los silencios que te protegen. Las respuestas pasivas que agotan a los que esperan relaciones dinámicas. Las respuestas vivas que envidian y desconciertan los que no saben  vivir mejor su vida. Las respuestas esperadas que no llegan. Los silencios que se repiten. Las expectativas frustradas a pesar de los intentos. Un reencuentro inesperado que te revoluciona y para el que no estabas preparada. Cambios. Imprevistos. Decisiones rápidas que tomar. Crisis. Propósitos cambiados en más de una ocasión por diversas dificultades de afrontamiento y/o atrevimiento... Tantas cosas.

Buscándole su punto de humor, pareciera que la misma realidad nos dijera:  

estoy cambiando continuamente, no tengo por qué avisarte de todo lo que te vas a encontrar... hasta esto tan lindo, pasará... no es tan perfecto aunque te empeñes en ver sólo lo bueno... hay imprevistos, hay caídas, hay cambios... habrá sorpresas que te gustarán y otras que no... Es la realidad.

La vida pareciera encapricharse con pequeñas o grandes complicaciones. Haciéndonos enfrentar obstáculos, afrontar pequeños y grandes retos, contratiempos e imprevistos. Abrirnos, pensar, buscar, soltar, negociar, preguntar, cuidar, aprender...

Podemos quejarnos continuamente como si estuviéramos ante juguete roto o vivir la vida tal y como se presenta con sus limitaciones y sus posibilidades. ¡Nosotros elegimos!

asuntos pendientes

Por esas vueltas de la vida y gracias a las nuevas tecnologías el jueves pasado recibí un correo electrónico de una persona que conocí hace muchos años y con la que no tengo contacto hace 18 años. Una sorpresa total tener noticias suyas pero mucho mayor el contenido de su carta. Me dejó descolocada por lo inesperado y por lo revelador. También me hizo recordar cosas que tenía olvidadas a la vez que me reía volviendo la vista atrás pensando en cómo éramos entonces. Increíble lo que cada uno somos capaces de recordar y guardar como importante en la memoria. Única la experiencia personal y lo que cada uno vivimos. En este caso, el suyo, sorprendente lo que expresa, cómo lo hace y sobre todo la necesidad de compartirlo después de tanto tiempo. Está claro y además también lo dice que necesitaba cerrar asuntos pendientes, al menos los que sentía tenía conmigo y por eso dio este paso.

Sin embargo mi percepción es totalmente diferente aunque su mensaje me removió. Dudé si contestar o no, al final contrastando con un amigo decidí que sí, que tengo que dar una respuesta aunque todavía no sé cómo. Además de lo formal de hacer un acuse de recibo, por el trabajo que le supuso dar conmigo y contar lo que cuenta -que es muy personal- pero también para compartir lo que yo sentí al recibir su mensaje, a la vez que aterrizar sus expectativas. 

Es el riesgo de compartir algo que llevamos mucho tiempo guardado y un buen día nos atrevemos a soltarlo, quizás nos hemos hecho un mundo que no se corresponde con la realidad percibida por otros y es el contraste el que nos da la posibilidad de sopesar lo que hay o no de verdad o sin son ideas nuestras.  También para relativizar, desdramatizar, descubrir otros puntos de vista. Desde mi experiencia, veía que hay cosas que por mucho que las intentes no salen, no se dan, y es esa parte de realidad limitada que todos vivimos que hay que aprender a asumir. No por mucho trabajar ciertas cosas de nuestra persona, no por mucho intentar y esforzarse en tantas cosas son por ello más posibles, realizables, y ese es un aprendizaje de los que más nos cuesta encajar: que hay cosas que no se pueden y que hay realidades y personas que nos dicen un no. Nos cuesta escuchar un no, asimilar y aceptar un no, decir un no. Sin embargo los asuntos pendientes y los asuntos presentes nos reclaman autenticidad y respuesta. 

Pienso que si estuviera en su lugar, no sé si hubiera hecho lo mismo, quizás sí, independientemente del resultado. Necesitamos enfrentarnos a la verdad porque algo en nosotros nos lo pide. A veces hay asuntos pendientes que son nuestros y nos reclaman tomar postura y buscar cómo hacerles frente. Ahora me toca a mí saber cómo contestar y compartir lo recibido. Seguiré buscando el modo...