miércoles, 21 de marzo de 2012

a 9000 km de distancia

Esa es la distancia física y geográfica que los separa, sin embargo se empeñan cada día en que otras cosas los acerquen y los ayuden a seguir construyendo esta linda relación con que los sorprendió la vida hace menos de un año. Una experiencia que ninguno de ellos pensaba que les llevaría tan lejos.

Saben que por esta relación cualquier esfuerzo vale la pena y están dispuestos a intentar ser felices hasta donde la vida les deje llegar. Y me consta que los pasos que estos intentos conllevan son grandes y les implican por entero. Ellos lo dicen: una clave importante en nuestra relación es que nos preocupamos y ocupamos por la felicidad del otro. 
A ella le tengo mucho cariño aunque no nos conocemos personalmente todavía, pero sin embargo, nos unen ya unos cuantas ocasiones compartidas a distancia que nos regalan ese irnos conociendo. A él me une una vida con tantos hitos importantes en la vida de los dos que me alegra enormemente ser testigo de su camino y de su evolución. Su amistad es un regalo, después de un pasado común, nos sentimos unidos en el presente y seguimos compartiendo el hoy así como los sueños de futuro. 

Un lugar en este mundo es hoy para esos 9000 kilómetros sostenidos entre ambos, con sus 7 horas de diferencia horaria para comunicarse a diario, con los medios que les dan cobertura. Tiempos sostenidos que roban muchas horas de sueño, de planes con otra gente, pero queridos y vividos en clave de encuentro, complicidad, cariño, para que seguir mimando, cuidando y queriéndose más. Espacios vividos en clave de creatividad e imaginación. Dificultades, dudas, momentos que a veces agotan y desmoralizan, para volver después a retomar con más fuerza, impulso y seguir acompañándose en presente y empujando los sueños que proyectan para el futuro. Toda esa realidad que ajustar y pelear, para la que tomar decisiones, mientras se tachan las semanas del calendario y se avecina esa fecha marcada en rojo sobre el calendario, el día para volverse a ver.

Celebro con ellos que a pesar de los 9000 kilómetros es posible hacerse cercanos e ir celebrando este tiempo nuevo que les regala a ambos la vida a medida que se atreven a vivirla como la viven Montse y Pablo.