jueves, 15 de marzo de 2012

el cielo de Madrid

Contar las estrellas que se ven en el cielo de Madrid no es cosa difícil. ¡Se ven tan pocas que con los dedos de una mano rápidamente las cuento!! Y eso que las vistas valen la pena pero no da para ver muchas estrellas. Mirando ese puñadito de estrellas pienso en tanta gente que a la noche, mirando el cielo, sueña con algo mejor. Cuando esa noche más que parte del paisaje es parte de nuestra vida, cuando se nos mete dentro y no la sabemos sacar. En ese espacio que algunas veces se crea y nos permite dar un paso hacia atrás y hacia dentro ante las sacudidas, las dificultades, para actuar no desde la reacción sino desde el amor. Y escuchar lo que el corazón nos susurra, y confiar y esperar a que las cosas se den, lleguen, ocurran, mientras estamos ahí, haciendo posible y acompañando cada paso.

Pienso en las noches que me gusta ver el cielo, las noches de verano, las de luna llena, en medio del campo o con vistas a un lugar especial. Se unen a momentos vividos, compartidos con personas queridas y concretas. Pienso en tanta gente que en la noche, en las estrellas, mirando la luna a lo largo de los siglos y de los tiempos ha soñado, ha buscado... 

Quizás sea verdad que la medida de un ser humano son sus sueños, eso leía hoy en un escrito. Cuántas veces surge un rato a lo largo del año y me descubro mirando al cielo.  Y cuántos momentos más cotidianos como cuando es de noche en nuestras casas, cuando el ritmo del día ya es otro, cuando todavía es una revolución de tareas hasta que quedamos con ese momento de sosiego, sereno, tranquilo, como cuando escampó después de una gran tormenta. Quizás después de una ducha o antes de ir a dormir o tirados en el sofá o leyendo un correo. En momentos así es cuando salen del corazón los deseos que de verdad nos habitan por dentro y que nos quieren vivir. La noche es la que mejor nos dice quiénes somos, qué queremos, qué nos falta.

Esta noche urbana tan distinta de la ciudad en la que vivo, hoy me sugiere pensamientos y sentimientos después de un largo día, que me llevan a mi otra gran ciudad de la que forma parte mi vida y que también me habita. Hoy, más allá de los ruidos de la gran capital, veo luces en las casas desde esta gran ventana y sonrío, así también son las luces que vemos en la noche cuando salimos a buscar un punto de luz. ¡Hasta mañana!