miércoles, 14 de marzo de 2012

nuestras cicatrices

Es un cuento que me mandaron hoy para nutrir este lugar en el mundo, se llama Cicatrices de amor, lo comparto junto con unas preguntas:

En un día caluroso de verano en el sur de la Florida, un niño decidió ir a nadar en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le acercaba. Su mamá, desde la casa, miraba por la ventana y vio con horror lo que sucedía. Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndola, el niño se alarmó y giró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. 

Desde el muelle, la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán le agarraba sus piernecitas.  La mujer tiraba de los brazos del niño con todas sus fuerzas. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada, y usó toda la fuerza de su corazón. 

Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo volver a caminar. Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si le quería enseñar las cicatrices de sus pies. El niño levantó la colcha y se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo, se remangó las mangas, y señalando las cicatrices en sus brazos, le dijo:
- Pero las que usted debe ver son estas. 
Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con la  fuerza de sus brazos.
- Las tengo, porque mamá no me soltó y me salvó la vida. 

Nosotros también tenemos cicatrices de momentos dolorosos y también algunas cicatrices de quienes nos han sostenido con fuerza en esos momentos para que no nos tragara el cocodrilo que nos acechaba. ¿Me dejo querer aún a riesgo de llevar conmigo las cicatrices del amor? 

Muchas veces ese cocodrilo es nuestro propio dolor, nuestra incapacidad para hacer algo y recibir la ayuda que otros nos prestan. Muchas veces no nos agarramos a la fuerza de quien quiere ayudarnos a salir de una situación desesperada, seríamos capaces de dejarnos devorar por el cocodrilo antes que luchar por vivir. Como dice una buena amiga: está en nuestras manos, en la fuerza de nuestro pataleo, de nuestro grito, de querer salir de las garras del cocodrilo, en aceptar recibir la ayuda que se nos presta tal y como viene y poder salir de una situación que creíamos imposible.

Por otro lado, ¿cómo es mi amor con mis más próximos, con los que lo están pasando mal? ¿Es fuente de apoyo, de salvación, para los otros? ¿Lucho con todas mis fuerzas por dar una mano y agarrar bien fuerte a quien no puede hacer otra cosa? ¿Tironeo con fuerza para poder más que el cocodrilo?

Como el señor que pasaba por ahí y escuchó gritos ¿me doy por enterado de que otros sufren y yo puedo hacer algo? ¿o disimulo y digo que no va conmigo, que se arreglen solos, que ya irán otros...?

¿Qué cicatrices de mi vida hablan de amor?
¿Quién/es me sostiene/n con su amor hoy?
                                                     ¿A quiénes puedo sostener?