lunes, 30 de abril de 2012

carta para ella

Gracias a escritos como éste, que llegan a Otrolugarenelmundo y quieren compartir cómo cada uno afronta su vida. Copio la carta que me manda María, alguien que este espacio online me dio al oportunidad de conocer. Gracias María por tu escrito!!!

Quiero compartir una carta que escribí recientemente a mi hermana y que publiqué como nota en Facebook.
Hace treinta y un años un día tal como hoy, hacia las siete de la mañana nació la que sería para siempre mi hermanita. Todo un acontecimiento importante en casa. Había estado cuatro años prácticamente sola con mis padres, y llegó ella, tan rubita, tan pepona, ¡qué de recuerdos de aquella época!. Ni celos sentí. Sólo podía quererla. Con el paso de los años, fue tomando su propia personalidad, y ¡vaya si la tenía!. Tuvimos las típicas épocas de peleas, tirones de pelos, etc .Ahora recuerdo todo aquello y me harto de reír. Hasta un mordisco me llevé una vez.

Fue creciendo, siempre ha sido mucho más seria, y se ha convertido en una gran mujer, esposa y madre de sus dos hijos. Parece más dura que yo en su envoltura, pero es mucho más sensible de siempre. Y el año pasado demostró su fortaleza, cuando tres meses después de dar a luz, le diagnosticaron un trombo embolia pulmonar.  Aún recuerdo ése día que amaneció con un dolor muy fuerte en la pierna, se le había hinchado y bajé a quedarme con mis sobrinos mientras ellos iban al hospital. Nunca imaginamos que desde ese día le esperaría un verano muy duro por delante. Al principio no fuimos realmente conscientes de la gravedad del tema, hasta que el médico nos dijo lo que podía pasar, los riesgos y su lenta recuperación. Aquel día supimos que casi la perdemos, ese día, jamás podrá borrarse de nuestras memorias. 

Y cuánta valentía demostró, tanto tres meses antes con el duro parto al que se tuvo que enfrentar, donde corrieron grandes riesgos por negligencia médica como casi siempre en estos casos tan asiduos en nuestro amado hospital, tanto ella como mi sobrina, y ahora le tocaba esto. Y que valiente fue, ha sido y está siendo.
Lo más importante sí, gracias a Dios, no llegó a pasarle nada malo, después de más de 15 días en un hospital, sin ver a sus hijos, que para una madre es lo más duro que pueda haber. Pasarse 62 días postrada en una cama, sin poder levantarse para nada absolutamente con alto riesgo de trombo. Pudimos llevarla en silla de ruedas a la calle y aquello si que le fue devolviendo la vida, el poder volver a salir a la calle, ver a la gente... Y cuánto ha llorado Dios mío. Gracias a que tenemos una gran madre, que estuvo ahí al pie del cañón, y que nos tuvo a nosotros pudo ir saliendo, pero la que realmente está consiguiendo salir es ella. Hoy es su cumpleaños, sí, 23 de abril, día del libro, día importante, aunque ella sabe que desde el año pasado en junio tiene otro cumpleaños, el que le dio una segunda oportunidad para continuar a lado de su familia, y de la nuestra.
 
TE QUIERO HERMANA!!! EN ESTOS TIEMPOS QUE CORREN NO SOLEMOS PARARNOS A DECIR LO QUE SENTIMOS, Y YO TE QUIERO. 
SABES QUE ME TIENES Y AÚN NOS QUEDAN MUCHAS COSAS POR PASAR, 
PERO AQUÍ ESTAREMOS.
FELIZZZZZZ  31 CUMPLEAÑOSSSSSSS

María

el día en que pudo más


  • Hubo un punto, sí, sí, como ese de arriba que sale en esta página... Hubo un punto en mi vida en que la cosa cambió, y eso lo puedo decir de muchas ocasiones, hay días que la cosa cambia, hay experiencias que nutren mi confianza, cuando elijo, cuando cambio, cuando me decido por fin a, cuando hago algo que no sabía o no iba conmigo, cuando doy por fin un salto... Como si ese impulso llegara una llamada más honda que me anima a confiar a pesar de mis pesares, de mis cabezonerías y terquedades, de mis miedos y dificultades y me empujara a lo que quiero vivirY no queda otra, si quiero, ¡tengo que saltar!



    De niño le daba miedo subir al trampolín de la piscina. Llegaba a lo más alto, caminaba por el tablón, se asomaba al borde, con una mezcla de vértigo y ganas, y aunque el agua allí abajo ofrecía mil promesas, también le asustaba pensar en todo lo que podía salir mal.  «¿Y si me doy un planchazo? ¿Y si no es tan hondo como parece? ¿Y si alguien se ríe?» Y así estaba, un paso adelante, y otro paso atrás, sin decidirse nunca a saltar. 

    No recordaba la cantidad de ocasiones en que se había rendido. Desistía. Volvía a bajar por la escalerilla, con una mezcla de vergüenza y decepción, y el estómago mal por la frustración y los nervios. Pero aunque trataba de no volver a subir, la promesa de zambullirse, al fin, en el agua fresca, le atraía de nuevo a lo alto.   

    Llegó el día en que pudo más el anhelo que la prudencia, la promesa que la desconfianza, el valor que el miedo. Se acercó al extremo. Miró abajo. Se dejó caer inclinando el cuerpo para que la cabeza fuera por delante. Y en esos instantes eternos de vuelo y júbilo, antes de sumergirse en el agua viva, tuvo la certidumbre de que el riesgo merecía la pena. 

     José María Rodríguez Olaizola, sj


sábado, 28 de abril de 2012

estamos a tiempo

Cuando alguien muere y cuando ha habido una ruptura en una relación del tipo que sea, muchas veces, nos queda la sensación de que faltó tiempo para. Tiempo para hacer planes que había, para hablar de tal o cual cosa, para vivir otras, para zanjar ese asuntillo pendiente que íbamos a decidirnos abordar un buen día, tiempo para...

Una de mis cuñadas que no es muy de regalos típicos cuando cumple años algún peque de la familia suele regalar un bono que ella misma fabrica con algo que puede compartir o hacer que quien lo disfrute viva una experiencia con ella o alguien de la familia. Ella lo tiene claro si hay un regalo ideal para cualquiera es el tiempo. Tiempo para disfrutar, tiempo para compartir. Y yo estoy absolutamente de acuerdo con ella y hace tiempo que en esa misma línea, los caminos de la creatividad y sencillez me llevan también por ahí.

Todos los que vivimos intensamente y queremos aprovechar la vida hasta el último suspiro, muchas veces, decimos que no nos da tiempo, que necesitaríamos más horas, más días dentro del mismo día. Otras veces la sensación de que estamos perdiendo tiempo y que se nos hace un chicle el que tenemos, también es real. Me preocupa cuando soy yo la que se resiste a vivir lo que quiero vivir y me escudo en 18.000 buenas razones prudentes y lógicas, me preocupo cuando escucho a personas que viven postergando llamadas, encuentros con otras personas, para un día mejor, para un momento menos no sé qué... y tanto yo como esas otras personas, que venimos a ser todos los mortales, reincidentes, cabezotas y resistentes a cambios y atrevimientos, pierden y perdemos ocasiones, oportunidades, que ya no vuelven, dando largas, esperando que la vida sea mejor y en vez de hacer nuestra cada ocasión como un reto que vivir. Si es tiempo de vivir, ¿por qué esperar? ¡Estamos a tiempo!

viernes, 27 de abril de 2012

porque sí importa


¿Se puede estar enferma de emociones? Podríamos decir que sí, de emociones no vividas sanamente, reprimidas y reservadas en el interior de uno mismo como si fuera un tesoro dentro de un cofre sin abrir. Como una buena noticia sin comunicar, un enigma sin resolver como en esos casos de sentimientos que nos provocan conflicto. Así vive mucha gente, así vivimos muchas veces nosotros, bloqueados, enfermos, emocionalmente hablando. Así hoy encontramos diagnósticos de cansancios, estrés, depres, angustias, trastornos... todos síntomas de que algo no va bien por dentro y está afectando a todo lo demás. Cuántas enfermedades hoy en día tienen un origen en algo no resuelto y que poco a poco va afectando orgánicamente. Afortunadamente para nosotros hay caminos de solución, hay profesionales, hay terapias, hay grupos, hay gente cercana con oreja grande y mano amiga, hay lugares y espacios donde podemos encontrar apoyo, ayuda y fuerzas para salir adelante... si uno quiere.

Así está una ex compañera de trabajo, nadie lo hubiera dicho en otro momento, y aquí ni teniendo formación ni aparentemente muchos recursos personales, alguien se salva. Bloqueos, miedos, dificultades tenemos todos, y ella, humana como todos, también es frágil y está enferma, emocionalmente hablando. Habla de soledad que se le hace insoportable, de un ánimo que no recupera, de dificultad para tener energías en el día a día, de cosas de su vida que van y vienen y no puede retener, de proyectos rotos... Está tomando vitaminas para fortalecer el cuerpo y haciendo un trabajo personal para recuperar el tono vital. Una vez más necesidades que recuerdan y llaman a la puerta pidiendo ser atendidas, una nueva oportunidad de conocerse y aprender de lo que está viviendo.

Esas piezas sueltas y sin encajar, colores distintos, tamaños y pesos... así es nuestro abanico emocional. Las emociones sí importan y nos están diciendo cosas continuamente de nosotros, de los demás. ¿Seremos sordos? ¿Queremos escucharlas? ¿Daremos el salto que necesitamos para vivir mejor?  ¿A qué esperamos?

jueves, 26 de abril de 2012

aprender a decir no

Una tarde de sol hace ya un tiempo, charlaba en una terraza con una buena amiga sobre lo difícil que nos resulta decir que no. Comentábamos experiencias del día a día cuando podemos sentir que no llegamos, que no damos para más. A veces la salud te da el aviso y te dice que eches el freno, a veces la realidad te cuestiona y te pide una respuesta, un conflicto, el momento presente con otra persona... A veces, en el trabajo, con los amigos, con la familia, la pareja, nos vemos metidos en situaciones que no queremos, que tendríamos que negarnos, que echar el freno porque ya está bien, porque es un abuso de exigencias por parte de un jefe o un amigo que pide demasiado... Y nos encontramos con nuestras dificultades y temores, que nos obstaculizan ese decir que no a la vez que vivir desde lo que sí queremos.

Cuando decimos que no, es porque estamos muy seguros o de lo que no queremos o de lo que sí queremos. A veces nos falta seguridad, a veces nos faltan habilidades, otras veces no sabemos ni lo que queremos ni lo que nos falta. ¡Sin embargo es tan sano!

No es no, y hay una sola manera de decirlo: No.
Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto. No
Se dice una sola vez (...)
Un No que necesita de explicaciones y justificaciones, no es No. (...)
No es No, aquí y muy lejos de aquí...
No, no me deja puertas abiertas ni entrampa mis esperanzas. (...)
No es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes (...). 
Ese No no es una negación del pasado, es una corrección del futuro.
Y sólo quien sabe decir No, puede decir Sí. 

Hugo Finkelstein

Lo sabemos,  aprender a decir que no es básico para el bienestar personal, para la salud relacional y para dar valor auténtico a lo que afirmamos. Lo sabemos pero nos cuesta vivirlo, pasar por ahí. Nos cuestan los no de los demás. Nos cuesta dar ese no, definirnos, expresarlo, ser tajantes. Sin embargo, ¡cuánto lo necesitamos! Poner límites, tomar postura, querernos mejor, cuidándonos más... todo un aprendizaje. Una sucesión de pequeñas voluntades es la que finalmente consigue un gran resultado. Sabemos que cuando aprendemos a decir no y lo hacemos, estamos dando un gran paso en la conquista de una mejor calidad de vida, crecemos en lo personal y vamos caminando hacia un mejor lugar. Crecemos en nuestra manera de relacionarnos y en esa misma dirección crecen nuestars relaciones con los demás. 

A lo mejor nos quedan otras cosas por aprender. Podemos ser sinceros sin ser crueles. Podemos buscar quien nos ayude a ello o poner nuestra habilidad en juego con nuestra negativa para que no esté reñida con el afecto o respeto que sentimos a esa persona a quien decimos un no. Seguramente, frustraremos sus expectativas pero no la estaremos despreciando. Que no estemos dispuestos a seguir manteniendo un comportamiento o continuar juntos a otra persona por el mismo camino no significa que su vida nos importe un comino ni que lo que le suceda frente a nuestro rechazo o toma de postura no tenga que ver con nosotros.  

Un No nos define, nos pide claridad, nos cuesta, nos duele, sin embargo, aprender a decir que no es un ejercicio de autoestima, de libertad, de amor por mí mismo y por los demás. No da igual todo ni de cualquier manera. Nos implica y eso a todos nos cuesta, duele, puede que produzca conflictos, cambios en mí y en los otros, nos afectará a todos. Pero si lo veo claro, adelante, con humildad y valentía, decir que no es necesario y es un aprendizaje. 

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miércoles, 25 de abril de 2012

tiempo vivido y disfrutado

Un buscador es alguien que busca. No necesariamente es alguien que encuentra. Tampoco es alguien que sabe lo que está buscando. Es simplemente para quien su vida es una búsqueda.

Un día un buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. Él había aprendido a hacer caso riguroso a esas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió. Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó Kammir, a lo lejos.  Un poco antes de llegar al pueblo, una colina a la derecha del sendero le llamó la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras. La rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada… Una portezuela de bronce lo  invitaba a entrar.

De pronto sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar. El buscador traspaso  el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles. Dejó que sus ojos eran los de  un buscador, quizá por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción … “Abedul Tare, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta de que esa piedra no era simplemente una piedra. Era una lápida, sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar… Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta de que la piedra de al lado, también tenía una inscripción, se acercó a leerla  decía “Llamar  Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas”.


El buscador se sintió terrible mente conmocionado.  Este hermoso lugar, era un cementerio y cada piedra una lápida. Todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto, pero lo que lo contactó con el espanto, fue comprobar que, el que más tiempo había vivido, apenas sobrepasaba 11 años. Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio pasaba por ahí y se acercó, lo miró llorar por un rato en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.
 
- No ningún familiar – dijo el buscador - ¿Qué  pasa con este pueblo?, ¿Qué cosa tan terrible hay en esta ciudad? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar? ¿Cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que lo  ha obligado a construir un cementerio de chicos?

El anciano sonrió y dijo: -Puede usted serenarse, no hay tal maldición, lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: cuando un joven cumple 15 años, sus padres le regalan una libreta, como esta que tengo aquí, colgando del cuello, y es tradición entre nosotros que, a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abre la libreta y anota en ella: a la izquierda lo disfrutado…, a la derecha, cuanto tiempo duró ese gozo.  ¿Conoció a su novia y se enamoró de ella? ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?… ¿Una semana?, dos?, ¿tres semanas  y media?… Y después… la emoción del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿El minuto y medio del beso?, ¿Dos días?, ¿Una semana? … ¿y el embarazo o el nacimiento del primer hijo? …, ¿y el casamiento de los amigos…?, ¿y el viaje más deseado…?, ¿y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano…? ¿Cuánto duró el disfrutar de estas situaciones?… ¿horas?, ¿días?… Así vamos anotando en la libreta cada momento, cuando alguien se muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba. Porque ese es, para nosotros, el único y verdadero tiempo vivido.
 
"El buscador" 
Cuento de Jorge Bucay

soy dueña de mis esperanzas

Hay un gran abismo que atravesar a solas. Esta mañana llorábamos juntas y nos abrazábamos largo rato mientras la acariciaba. La ternura, el cariño, el amor acompaña como nada puede hacerlo, los detalles y cada gesto obran un pequeño gran milagro, la presencia de gente querida es roca necesaria.  

Lo sabemos, no hay vuelta atrás, de esta no se sale. Se puede paliar el dolor pero poco a poco se irá yendo. Tiene un corazón a flor de piel que ha decidido no cerrarlo viviendo lo que venga. El saberlo es duro pero ayuda a irlo asimilando, a tomar decisiones, a hablar de todo lo que haga falta, sacando sentimientos, expresando emociones, aceptando que se vienen tiempos difíciles, de aceptación y de despedida. 

Todos están enfermos de preocupación, de angustia, de por qués que nos tienen respuesta, de un quererynosabermuybiencómo acompañar que se suma y que cada uno descubrirá cómo concretar.   

Esto descoloca, te rompe todos los planes y te obliga más que nunca a centrarte en el presente, porque cada momento cobra intensidad y quiere ser vivido con entrega. Tener nostalgia de cómo estaba antes, no es sano, porque siempre estará peor. Vive como en una montaña rusa, un día bien y otro mal. Dice que le hace bien, para curarse en sencillez y en humildad .Son momentos de recibir, de dejarse cuidar y querer, de vivir el hoy, de ser dueña de sus esperanzas. Irá llegando el deterioro y cuanto más triunfadores somos, más nos cuesta aceptar el deterioro, sin embargo se abre una ocasión de descubrirte y conocerte de otra manera.

El dolor es parte de la vida, y con el dolor también hay que aprender a vivir, lo sabemos, aunque cuesta cuando llega. La enfermedad es una llamada también a la interioridad. Dejar el mundo de fuera, dejar de correr y entrar en otro ritmo. Es una llamada a vivir para dentro. Dejar que lo que pasa pase, si no, el sufrimiento te roba las energías y te vas perdiendo entre miedos, angustias que te acorralan y no dan tregua.  

“Amurallar el propio sufrimiento es arriesgarte a que te devore desde el interior” 
"Árbol de la esperanza, mantente firme" 
Frida Kahlo

Qué pena a los que les asusta la enfermedad y se esconden. Es un buen momento para aprender tantas cosas y ponerse en contacto con lo importante, me decía hoy. 

Y termino con estas palabras de José Luis Martín Descalzo que compartíamos esta mañana:

Nunca podrás, dolor, acorralarme
Del libro "Testamento del Pájaro Solitario"
Nunca podrás dolor, acorralarme.
Podrás alzar mis ojos hacia el llanto,
secar mi lengua, amordazar mi canto,
sajar mi corazón y desguazarme.

Podrás entre tus rejas encerrarme,
destruir los castillos que levanto,
ungir todas mis horas con tu espanto.
Pero nunca podrás acobardarme.

Puedo amar en el potro de tortura.
Puedo reír cosido por tus lanzas.
Puedo ver en la oscura noche oscura.

Llego, dolor, a donde tú no alcanzas.
Yo decido mi sangre y su espesura.
Yo soy el dueño de mis esperanzas.

Me pidió que lo escribiera y aquí lo dejo.  

martes, 24 de abril de 2012

¿que es lo más grande que alguien hizo por ti?

¿Sabemos contestar esta pregunta? 

¿Quién/quiénes son capaces de hacernos regalos así de grandes?

Cuando alguien se deja la piel por nosotros y es capaz de darse a fondo por apoyarnos, por acompañarnos a vivir, por rescatarnos de oscuros abismos, por hacer surgir hasta la más pequeña sonrisa... Cuando alguien hace por ayudarnos a creer es increíble el regalo que nos está haciendo y lo que ésto supone cuando nos damos cuenta, cuando somos capaces de reconocerlo y agradecerlo. 

A veces la vida nos hace estos regalos, a través de situaciones, realidades y algunas personas así. A veces no somos conscientes de lo mucho que recibimos en pequeños y grandes gestos, detalles y opciones que otros hacen por nosotros.

Ojalá seamos capaces de darnos cuenta, de reconocer quiénes han hecho cosas grandes por nosotros, quiénes nos quieren y nos siguen animando a vivir cada día.

un atrapasueños

Un grupo con el que terminé un curso recientemente, me regaló un atrapasueños. Por si alguien no lo sabe, un atrapasueños es un adorno, un móvil hecho a mano, tiene un aro fabricado tradicionalmente con madera de sauce, una red floja en su interior y está decorado con diversos objetos (comúnmente plumas). Según la creencia popular, su función consiste en filtrar los sueños negativos de las personas, dejando pasar sólo los sueños y visiones positivas. 

Por eso no pude menos que sonreír y agradecer el poder de este pequeño detalle, algo tan pequeño con un significado tan grande. Algo que necesitamos recordar continuamente. Dejar pasar por el tamiz lo bueno, no dar más importancia de lo que tiene a lo malo, a lo que nos resulta difícil. Ojalá pudiéramos dejar en esa red todo lo que nos impide ser más felices cada día, en cada ocasión, y que nuestras esperanzas y sueños no se queden atrapados entre fantasmas y miedos. Ojalá seamos personas capaces de llevar adelante nuestros sueños, nuestra vida. Lo deseo para para mí, para cada persona que conozco en los cursos que imparto, para los profesionales con los que trabajo, para mi gente y para todas las personas que son parte de este lugar en el mundo.