jueves, 26 de abril de 2012

aprender a decir no

Una tarde de sol hace ya un tiempo, charlaba en una terraza con una buena amiga sobre lo difícil que nos resulta decir que no. Comentábamos experiencias del día a día cuando podemos sentir que no llegamos, que no damos para más. A veces la salud te da el aviso y te dice que eches el freno, a veces la realidad te cuestiona y te pide una respuesta, un conflicto, el momento presente con otra persona... A veces, en el trabajo, con los amigos, con la familia, la pareja, nos vemos metidos en situaciones que no queremos, que tendríamos que negarnos, que echar el freno porque ya está bien, porque es un abuso de exigencias por parte de un jefe o un amigo que pide demasiado... Y nos encontramos con nuestras dificultades y temores, que nos obstaculizan ese decir que no a la vez que vivir desde lo que sí queremos.

Cuando decimos que no, es porque estamos muy seguros o de lo que no queremos o de lo que sí queremos. A veces nos falta seguridad, a veces nos faltan habilidades, otras veces no sabemos ni lo que queremos ni lo que nos falta. ¡Sin embargo es tan sano!

No es no, y hay una sola manera de decirlo: No.
Es corto, rápido, monocorde, sobrio y escueto. No
Se dice una sola vez (...)
Un No que necesita de explicaciones y justificaciones, no es No. (...)
No es No, aquí y muy lejos de aquí...
No, no me deja puertas abiertas ni entrampa mis esperanzas. (...)
No es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes (...). 
Ese No no es una negación del pasado, es una corrección del futuro.
Y sólo quien sabe decir No, puede decir Sí. 

Hugo Finkelstein

Lo sabemos,  aprender a decir que no es básico para el bienestar personal, para la salud relacional y para dar valor auténtico a lo que afirmamos. Lo sabemos pero nos cuesta vivirlo, pasar por ahí. Nos cuestan los no de los demás. Nos cuesta dar ese no, definirnos, expresarlo, ser tajantes. Sin embargo, ¡cuánto lo necesitamos! Poner límites, tomar postura, querernos mejor, cuidándonos más... todo un aprendizaje. Una sucesión de pequeñas voluntades es la que finalmente consigue un gran resultado. Sabemos que cuando aprendemos a decir no y lo hacemos, estamos dando un gran paso en la conquista de una mejor calidad de vida, crecemos en lo personal y vamos caminando hacia un mejor lugar. Crecemos en nuestra manera de relacionarnos y en esa misma dirección crecen nuestars relaciones con los demás. 

A lo mejor nos quedan otras cosas por aprender. Podemos ser sinceros sin ser crueles. Podemos buscar quien nos ayude a ello o poner nuestra habilidad en juego con nuestra negativa para que no esté reñida con el afecto o respeto que sentimos a esa persona a quien decimos un no. Seguramente, frustraremos sus expectativas pero no la estaremos despreciando. Que no estemos dispuestos a seguir manteniendo un comportamiento o continuar juntos a otra persona por el mismo camino no significa que su vida nos importe un comino ni que lo que le suceda frente a nuestro rechazo o toma de postura no tenga que ver con nosotros.  

Un No nos define, nos pide claridad, nos cuesta, nos duele, sin embargo, aprender a decir que no es un ejercicio de autoestima, de libertad, de amor por mí mismo y por los demás. No da igual todo ni de cualquier manera. Nos implica y eso a todos nos cuesta, duele, puede que produzca conflictos, cambios en mí y en los otros, nos afectará a todos. Pero si lo veo claro, adelante, con humildad y valentía, decir que no es necesario y es un aprendizaje. 

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