lunes, 2 de abril de 2012

mis asuntos pendientes siempre estarán presentes

Hace poco hablaba con alguien de esta frase con la que titulo este post de abril. Nuestros asuntos pendientes son así de caprichosos y reincidentes casi tanto como nosotros ante nuestros propósitos de cambio y nuestras grandes o pequeñas razones para no afrontarlos. Queramos o no, cuando menos lo esperamos, ahí vuelven, para recordarnos lo que queremos sepultar. Como si fueran ese papelito que está pegado recordándonos algo que comprar o que hacer y que "hacemos como que no vemos" o postergamos para un rato mejor. Porque llueve, porque hace frío, porque hace calor, porque no me apetece, porque no me sale, porque me da miedo, porque tengo sueño, porque estoy cansada, porque no es mi día, porque me aburro, porque me cuesta, porque no quiero, que dé el paso el otro, que yo ya estoy haciendo y no recibo respuesta... Mil razones y motivos que nos atrincheran en cómodos refugios aunque no estemos del todo bien en ellos, pero... 

Todos tenemos una situación y tendremos que ver qué queremos hacer en ella. El problema de dejarlo para otro momento mejor es que mientras nos decidimos a hacerlo, nuestro tiempo mental ya de por está ocupado y perdido. Ocupamos tanto tiempo para pensar algo que no nos ocupamos de resolver, consecuencia: perdemos grandes dosis de tiempo y energías que no van a ninguna parte, se quedan en nuestras cabecitas plagadas de ideas estupendas y buenas intenciones que no ven la luz, en lugar de canalizar ese tiempo y esas energías hacia afuera en su consecución. Entonces ocurre el efecto contrario, se nos vuelve en contra, bloqueándonos, paralizándonos en la no resolución, quedándonos en el baúl de los protegidos.

Quizás el ir a comprar los yogures o la leche más tarde o mañana no tiene la mayor trascendencia o importancia, depende de la necesidad vital que tenga de estos productos; sin embargo, postergar indefinidamente algo vital o necesario o importante en mi vida, en una relación con una o varias personas o en mi trabajo o en mi familia o en la salud, puede tener un coste de oportunidad que pueda ya no tener vuelta atrás, porque si bien yo dejo paralizada una situación, la realidad no se congela. La vida sigue evolucionando y a veces, hay trenes que no pasan una segunda vez o cambia el contexto o cambia la disposición favorable de las otras personas o ...  Y con esto no quiero disparar las ansiedades ni angustias, todo a la vez no es posible resolverlo nadie, sin embargo el comenzar de una vez sí es realizable por todos los que quieren salir de la queja, de la desilusión, del desamor, de la tristeza, de conductas que llevan a callejones sin salida, de situaciones repetitivas de infelicidad o alerta en la propia vida.

Cuando como personas somos capaces de conocernos más, nos sentimos más cerca de nuestra realidad, con disposición a comprendernos, a querernos. Yo agradezco muchísimo a los farolitos que hay en mi vida, esas personas que con su cariño y desde la relación que nos une, me aportan otras maneras de verme, de saber mejor quién soy, que no se incomodan ni hacen asco a mis debilidades y me ayudan en mis problemas. 

Quizás una de las cosas que más nos cuesta es reconocer que nos hemos equivocado, pero para eso ya dedico después otro post. Uno de los aprendizajes que más bien nos hacen en la vida y que más nos cuesta aprender y reconocer que necesitamos eso es el aprender a reconciliarnos con nosotros, con nuestros desastres, con nuestras heridas y aceptar en verdad quiénes somos. Como descubrir lo que puedo y no puedo, lo que tendré que soltar y aprender que lo he perdido o aprender para ganar de aquí en adelante otras oportunidades que ahora no tengo.  Hacernos cargo de nuestra propia vida tiene un coste, está claro, pero nos va nuestra felicidad en ello, por eso es tan importante.

El postergar asuntos pendientes priori tiene la ventaja de dejarnos en un lugar calentito y seguro, desde el que no nos comprometemos a más y en el cual siempre tendremos razones "razonables y lógicas", a nuestro modo de ver, para hacer o no hacer lo que pretendíamos inicialmente, desde esas razones desde las que nos escudarnos y defendernos. Lo que juega en nuestra contra es que seguimos acumulando montañas y montículos de cosas postergadas y perdemos ocasiones, oportunidades de que nuestra vida sea como queremos que sea. 


De la misma manera que a principio de curso tirábamos de una lista, en esto de hacernos cargo de nuestros asuntos es darles un hueco en mi agenda o en mi organziación del día para darles un lugar y su importancia. Si los asuntos pendientes los traemos al presente y si los situamos en mi agenda del día de hoy le puedo dar un espacio y hasta un horario para conseguirlo. Eso es ya algo concreto y se aleja de mis películas mentales que me roban el tiempo para conseguir lo que quiero. Al final o concreto o no resuelvo: a las 12 h compra... podría poner en mi agenda o en alarma del móvil. A las 16 h llamar a.... y quedar de una santa vez que parecemos niños de preescolar con si te llamo o no te llamo...  las 17.30 h quedé para tomar café con... y ya hoy me comprometo y no retraso más esa oportunidad de pedirle perdón y me enfrento a ese miedo mío y a esa persona que me importa y quiero. Cuando un cambio nuestro afecta a otras personas, nuestros miedos salen como si fueran fantasmas encerrados en cuevas y nos advierten de tantos riesgos y peligros que nos acechan que muchas veces preferimos hacerles caso a arriesgarnos a que al otro no le gustemos, nos rechace, no quiera lo mismo que nosotros... y eso es muchas veces lo que no queremos y por lo que nos retiramos y dejamos de hacerlo. Pero si me encargo de lo que quiero, por un lado, lo estoy haciendo, dejo de perder tempo en mi cabeza y ocupo un tiempo real que me puede salir bien, me puede salir mal, me puede sorprender o dejar más frustrada, sin embargo, si me ocupo no me preocupo, dejo de ser presa de mis fantasmas y comodidades y me hago cargo de mi vida en lo que a partir de ahora quiero y puedo hacer.

Cuando damos pasos que nos ayudan a avanzar nos sentimos mejor, más capaces, más contentos, como si la energía fluyera de verdad. Relativizamos, nos reímos, nos sentimos menos angustiados y encorsetados. Ponemos en marcha una serie de mecanismos y habilidades que nos hacen más conscientes de quiénes somos y si no sabemos, vamos en busca de lo que nos ayuda a vivir mejor.  Esa sensación es poderosa y nos guía para seguir avanzando y tener luz para el paso siguiente, así nos querernos mejor, que al final y cabo de eso se trata.