viernes, 11 de mayo de 2012

cuestión de tiempo

No llueve todo el tiempo como se cree pero sí lo bastante como para alimentar la leyenda y para que sus campiñas y montes sean tan verdes como son, lo suficiente, como para desesperar a los que esperan mejor tiempo cuando viajan o viven allí. Cuando llueve, conviene tener planes para no desaprovechar el día y no amargarse la vida a causa del tiempo además de estos complementos de ropa para todas las ocasiones tan prácticos.

Estoy hablando de Inglaterra y Escocia, pero bien podría hablar de Irlanda, aunque no tengo el gusto de conocer esta isla a la que mi amiga Amaia -hija adoptiva de Dublin-, amablemente se ha ofrecido acompañarme más de una vez cuando me decida a viajar por esos lares. Podría hablar de tantos otros rincones del mapa donde la meteorología juega al despiste con viajeros y foráneos, como no podría ser de otra manera.

Podemos seguir por imágenes a tiempo real cómo afecta el cambio climático en cualquier rincón de mundo, viendo auténticas maravillas que ocasionan tremendos desastres y catástrofes naturales. Con este loco tiempo viajamos gratis en montaña rusa jugando día a día a quién acierta con la ropa y el calzado que se pone, cuando pasamos de temperaturas bajas a auténticos días de calor o al revés, que de todo hay. Como cuando se larga en Buenos Aires la tormenta de Santa Rosa, agárrate Catalina; como cuando en Pamplona se pueden vivir las cuatro estaciones del año cualquier día de primavera; cuando tifones, tornados y temblores cambian la realidad de cualquier lugar del mundo en breves momentos.

No sé en otros países pero en éste, el tiempo dentro de un telediario cada vez ocupa más espacio, además de incluir unas secciones interactivas con los espectadores, cosa curiosa. Hasta hay un canal del tiempo en tele por cable que siguen con mucho interés personas como mi madre, que disfruta con esa información plagada de matices.

Ay, Carina, qué universo nos abrió, allá lejos y hace tiempo en sus clases, Graciela Paván y nosotras sin mostrar gran interés por la climatología con la importancia que tiene en la vida cotidiana. Más allá de mapas de temperaturas, isobaras y auroras boreales, lo cierto es que no podemos evitar mirar en internet o en televisión qué previsión del tiempo hay para el fin de semana, para la próxima semana o la siguiente, en función de lo que tenemos que hacer y a dónde tenemos que ir, aún sabiendo que muchas veces no aciertan ni los que se dedican a ésto. 

¿Por qué hablo del tiempo?  Por cómo vivimos las estaciones del año, por cómo nos afecta y nos influye en el estado de ánimo, en la manera de ver la vida según el día que haga. Porque tantas veces nos condiciona y nos dejamos condicionar emocionalmente según la estación del año, la temperatura, para hacer o no hacer algo. ¿Realmente importa tanto? ¿Importa tanto o le damos más importancia de la que tiene? Sabemos que contra viento y marea Laura se casará igual este sábado pero nos gustaría más que haga buen tiempo y no llueva como llovió en pleno verano en la boda de mi amigo Aser, que se casó igual aunque diluvió a cántaros en su gran día.

Nórdicos, ingleses, alemanes y otros tantos blancuzcos del planeta viajan a las costas españolas en busca de luz  y sol aún a riesgo de quedar como camarones y necesitar el factor más alto de protección solar así como aprovechan en sus lugares de origen cada rayito de sol como si se tratase del oro más preciado, como los franceses para los que cualquier ocasión es buena para hacer un picnic.

Algo de ésto también sabemos los que nos desplazamos al campo o a la costa en cuanto se despliega la temperatura a grados más altos y luce el buen tiempo. Más que demostrado está que algo influirá y sino, es cuestión de tiempo... hasta Caravinagre lo sabe!!