miércoles, 9 de mayo de 2012

hay un día después

Dicen que cuando empezamos una historia tenemos miedo y cuando se termina sentimos tristeza y que lo que vale la pena es lo que vivimos en medio, lo que hemos descubierto y aprendido de nosotros, de los demás, de la vida. 

Hay momentos en los que parece que nos congelamos entre estas dos emociones y olvidamos todo lo demás: o en el miedo o en la tristeza y de ahí no nos arranca nadie. Pensamos que el miedo será siempre paralizante y no estaremos a la altura de las exigencias y demandas de la vida y de la gente y por eso nos nos permitimos avanzar y seguir nuestro propio corazón que ya nos sugiere caminos. Pensamos que la tristeza no se pasa, que el dolor que sentimos va a durar para siempre, nos va a ir asfixiando lentamente quitándonos la alegría, la ilusión. A veces sentimos que nos rompernos en pedacitos de tal manera que no seremos capaces de aguantar ni de seguir adelante siendo los mismos sin ese proyecto, sin ese trabajo, sin esa pareja, sin esa relación importante, sin...

Conocemos esa sensación y lo que nos provoca y lo que nos trabaja la cabeza en ocasiones así. A veces la desesperación puede ser grande y no vemos más allá de nuestra angustia actual. Como si la lucidez se volviera ciega y sordomuda. Hasta que somos capaces de hacer un stop. Hay un día después de la tristeza y el dolor no tiene la última palabra aunque pasemos la tiniebla más densa. Y como después de una gran tormenta siempre sale el sol.  Y hasta del dolor más duro de atravesar, también se sale. Y uno pasa, crece, continúa a veces sin saber cómo. Eso que nos quitaba la vida y parecía interminable, hay un día en que descubrimos que hemos sobrevivido. Esa es nuestra esperanza y allí podemos poner nuestra confianza: ésto también pasará. La esperanza es un ancla que ponemos en el puerto de la vida, en un lugar que nos invita a avanzar y a no quedarnos estancados.

Hasta de nuestro dolor más grande y las experiencias que nos han puesto frente a él, podemos aprender de nosotros, de los otros y elegir. Elegir si cerrarnos y endurecer el corazón creyéndonos que no nos merecemos lo que nos pasa y que la vida es injusta con nosotros o que ya no necesitamos tal o cual o cosa o por el contrario, elegir continuar, resetear expectativas y deseos, arrancar desde otro punto, a lo mejor más vapuleados y heridos, pero sincronizados mejor con nosotros mismos, confiando en que también para nosotros es posible la vida, una vida mejor, esa que a través de nuestras elecciones vamos ya construyendo o que queremos aprender a vivir mejor. No ya para perder o ganar o hacernos más fuertes e invencibles ante nuevos retos y luchas sino para descubrir mejor quiénes somos y lo que queremos en esta vida.
 
 
“Cualquiera que no este cometiendo errores es que no está intentándolo lo suficiente” (Wess Roberts)  
 
¡Qué dificil nos resulta comprender estas palabras! Los errores tienen mala prensa y si pudiéramos borrarlos haríamos hasta lo imposible. De hecho lo hacemos. Son esa cosa con la que nos cuesta tanto convivir. Nos encantaría no cometer errores y hacer las cosas siempre bien y de manera adecuada, nos encantaría tener la receta infalible, sin embargo, los caminos de la vida y de los aprendizajes nos llevan por otros derroteros, esos que poco tienen que ver con acertar a la primera y salir triunfantes, esos que nunca hubiéramos elegido y por donde no queríamos ir. 
 
Si entramos en camino de perdonarnos podremos descubrir una imagen más real de nosotros mismos. Quizás nos gustaremos menos pero aprenderemos un poquito más qué es eso de reconciliarse con la propia historia, descubrirnos como personas con contradicciones y con derecho a equivocarse pero no menos dignas de amor; si hacemos algo más que lamentarnos y pedir a la suerte, a los otros, lo que tenemos que hacer nosotros. Solos o acompañados, hay una tarea que es sólo cosa nuestra: aprender a acompañarnos y ayudarnos en nuestras necesidades y dificultades. 
 
Eso es cosa nuestra y de nadie más, ni siquiera nuestros amigos, pareja, familia, pueden hacer nada al respecto. Aquí no valen los refugios huidizos de la propia vida. Quererse a uno mismo es cosa propia y se aprende, no es excusa la edad ni que ese día no estabas en clase cuando lo explicaron...
 
 
Te pueden querer con toda el alma y ayudarte con todos los botes salvavidas pero si tú no te quieres a ti mismo ese amor resbala y no cala. Puedes estar rodeado de personas geniales y no enterarte. Puedes tener gente alrededor y sentirte más solo que la una menos cuarto. Tu felicidad empieza dentro tuya y si te sientes el perro más triste del planeta, la construcción será lenta y dificultosa, pero empieza en ti,  en lo que empieces cada día a hacer por ti. 
 
Y de esto sabemos un poco todos, quienes quieren algo mejor para su vida, quienes se largan con un emprendimiento, quienes construyen relaciones a largo plazo, quienes están sometidos a muchas presiones y tienes varios frentes abiertos; los que tiene hijos y están en medio demandas de atención, cuidados y amor y a los que hay que entregarse a cada minuto; lo van notando quienes afrontan cambios, quienes están en procesos de separación, enfermedad propia o de otros, en depresión, en terapia... el camino cuesta y va para largo.
 
Aprender a conocer nuestros ritmos, particularidades, es cosa nuestra. Optar por seguir dándonos cabezazos contra la pared y la realidad, también es cosa nuestra, podemos tener la cabeza llena de chichones y coleccionarlos o empezar a buscar lo que necesitamos, para estar mejor de lo que ahora estamos. Podemos tener herramientas y ayuda externa, puede venir bien, pero nadie sabrá hacerlo mejor que el que escucha sus emociones y va aprendiendo a descifrar lo que pasa por su corazón, los enredos de su cabeza, las dificultades que enmarañan y repiten más de lo mismo... 
 
Un profesor me dijo una vez ¿Que importa si algo no lo hiciste bien muchas veces? ¿Cuántas veces son muchas? Incluso pagando el precio de equivocarnos, podemos aprender de nuestra historia, de nosotros, de los otros, si queremos...
 
Es elección nuestra la vida que queremos vivir.  Hay un día después y ese día puede ser hoy.