viernes, 31 de agosto de 2012

de los fracasos también se aprende


 “La vida es un continuo y realmente complejo proceso 
de aprender y desaprender. 
Y también un cúmulo de ocasiones perdidas 
en las que “decidimos” 
no querer aprender ni tampoco querer desaprender".

Esta imagen puede acercarnos a personas que hoy admiramos o destacan en algún aspecto. Si se hubieran creído que realmente no podían ¿qué hubiera sido de ellos? Seguramente no los conoceríamos hoy. No es la vida la que da tantos malos resultados es la manera que tenemos de vivirla y enfocarla.

Hay una idea que nos da pavor cuando se nos pasa por la cabeza y tiene que ver con la posibilidad de fracasar, nos parece que seremos de los peorcito que hay si nos ocurre a nosotros. 

Siempre van a existir ocasiones en las que nos vamos a equivocar, vamos a fallar y a cometer errores. La forma en que reaccionemos y actuemos en esas situaciones influirán en que nos vuelvan a ocurrir y definirán nuestro comportamiento y actitudes. Si nos atrevamos a modificarlas o si nos replegamos en lo que no podemos lograr... es decisión nuestra. "Tirar la toalla" es decidir no ser capaz ya de luchar ni de superar nada. Es ponernos un caparazón y resguardarnos en él.


Naturalmente, si tomamos decisiones alocadas y sin cabeza, lo más probable es que todo salga mal. Sin embargo, el mayor fracaso es considerarlo todo agotado antes de que nuestra vida termine.

La vida y las personas con las que entramos en contacto, nuestras propias experiencias nos ponen delante de montones de situaciones diarias que nos muestran que de todo lo que ocurre en nuestras vidas podemos aprender y puede ser ocasión de crecimiento, si realmente permitimos que ésto suceda. Siempre hay algo nuevo que aprender mientras estamos vivos.



Tú eres el timonel de tu propio destino. 
Eres libre. 
El timón es tu vida. 
Descubre los valores y las capacidades que hay en ti. 
Utiliza su fuerza y su poder. 
Ten fe. Navega cantando en la esperanza. 
Mirar "más allá de..." es un camino que conduce lejos. 
Sé audaz. 
Alerta, por no naufragar. 
No navegas solo.  Muchos cruzan contigo la mar. 
Te necesitan y los necesitas...

(Extracto timonel José María Pujadas)

seven

Seven. No la recomiendo como película para después de comer ni para una tarde que uno no ande muy allá, en todo caso cuando quiera ver algo de suspenso y sino mejor darle a la bebida refrescante que también empieza con este nombre. No voy a escribir ni de esta bebida ni de cine pero sí algo que hace referencia la película que protagonizan Morgan Freeman y Brad Pitt: los 7 pecados capitales. Como no soy moralista ni pretendo serlo no voy a entrar en tema de pecados, faltaría más! Pero sí quiero hacer referencia a un artículo que que leí este verano sobre los 7 pecados capitales que afectan a la autoestima. Y como de eso no nos salvamos nadie, mal no nos puede venir, digo yo.


Deja de lado los pensamientos negativos 
y dale un giro a la imagen que tienes sobre ti. 
Piensa en positivo 
y aventúrate a descubrir 
qué tienes que aprender en esta vida.


La autoestima es el resultado de la opinión que una persona tiene de sí misma: de su apariencia física, de sus aptitudes, de sus éxitos profesionales y personales, de la riqueza de su vida afectiva. El éxito de uno o de varios de estos ámbitos no garantiza la autoestima, sino que ésta es el resultado de un equilibrio entre estos diferentes aspectos. Es un valor frágil y mutable, que aumenta cuando vivimos respetando nuestros propios valores y que disminuye cada vez que nuestro comportamiento no está en coherencia con ellos.

Está relacionado con el valor que le damos a los demás. Atención a padres y maestros: Es durante la infancia que construimos la imagen de lo que uno debe ser en relación a los otros. Esta visión puede cambiar a lo largo de la vida pero, si las influencias de nuestros primeros años han sido fuertemente negativas, tienden a mantenerse y consolidarse. Estas personas generalmente resignifican todas sus prácticas vitales desde una visión negativa mientras que reafirman cada vez más su imagen desvalorizada.

Quien tiene poco aprecio por sí mismo probablemente tomará decisiones no adecuadas y establecerá relaciones no enriquecedoras que, incluso, pueden llegar a ser violentas. Sus trabajos serán mediocres, ya que como sienten que valen poco, no pueden aspirar a un puesto mejor, no luchen por mejorar en este aspecto.

Aunque su preparación intelectual sea alta, la imagen interna es pobre. Al regirse por ésta sienten que no pueden aspirar a mejorar sus vidas. Se basan en cualidades supuestamente negativas de su personalidad o en rasgos de su aspecto físico para descalificar sus aptitudes y talentos, negándose así posibilidades de crecimiento.

Su búsqueda de pareja sigue el mismo patrón y entonces pueden surgir varias posibilidades: como elegir personas manipuladoras, violentas y agresivas, o personas también de baja autoestima con las cuales se sienten cómodas porque no les representan ningún desafío. Cualquiera de estas opciones lleva a una vida de baja calidad y empobrecimiento vital.


Los pecados de la autoestima

1 – Creencias inadecuadas
Las creencias familiares y sociales acerca de lo que es y no es más deseable para las personas constituyen a veces barreras consideradas infranqueables para generar una alta autoestima. Por ejemplo, una mujer que nace en un hogar o sociedad en las que se sobrevalora el sexo masculino puede creer que es inadecuado ser mujer y puede desvalorizarse por esto, llegando incluso a negar su sexo.

2 – Autoexigencias
Una escala de requerimientos personales muy alta y poco realista puede llevar a las personas a exigirse desmesuradamente y a sentir que nunca alcanzan los niveles propuestos. Por lo tanto, siempre se sienten mal y no ven los logros que obtuvieron.

3 – Descalificaciones
Esta misma autoexigencia basada en requerimientos no realistas lleva a descalificar aptitudes, habilidades y talentos personales por no alcanzar los estándares requeridos por ellos mismos. Siempre muy exigentes sienten que no son capaces o que no tienen las cualidades necesarias para lograr los objetivos que se proponen. Con el tiempo se convencen de esto y dejan de intentarlo.

4 – Diálogos internos negativos
Son voces o conversaciones internas que frecuentemente nos dicen “no soy capaz”, “nunca lo voy a lograr”, “soy tonto/a”, “soy feo/a”. Esto aumenta descalificaciones y sustenta sus creencias negativas sobre sí mismo.

5 – Carencia de estímulos positivos
No reciben estímulos ni internos -los que se dan a sí mismos- ni externos -que se los brinden otras personas-. En los casos en que alguien del afuera los aliente si realizaron bien una tarea, sus creencias, descalificaciones y pensamientos negativos internos son tan fuertes que probablemente lo lleven a pensar “me lo dicen porque me quieren, porque no me conocen, sino sabrían que soy un desastre” o simplemente “porque no sirvo”.

6 – Emociones negativas
Todo lo descrito anteriormente provoca emociones negativas como rabia y tristeza, limitan cada vez más a las personas. 
Esto provoca el último de los “pecados”, el que pone fin a todos, los une y le brinda a esta situación un sentido final:

7 – Victimización
El abanico es amplio. Se asume el rol de víctima de muchas maneras. Desde los que se quejan que no pueden hacer algo para mejorar su vida y siguen manteniendo conductas que no les favorecen, ser objeto de bromas, mostrando quejas permanentes, conflictos varios (con diferentes parejas o trabajos, con los amigos que los usan o no los valoran), hasta en situaciones extremas como víctimas de la violencia doméstica.

Este conjunto de creencias, pensamientos, descalificaciones, carencias y emociones forman un sistema negativo que se retroalimenta permanentemente y reafirma una autoimagen desvalorizada. 

Es importante conocer que la clave para el cambio consiste en alterar las partes para cambiar el todo. Construyamos con amor, aprendamos a comunicarnos positivamente con nosotros mismos, y por ende con los demás, para lograr seres humanos con una visión realista, positiva y afectiva de sí mismos y de los otros. Esto nos permitirá transitar la vida con aventura entendiendo que todos venimos a este mundo para completar un aprendizaje: anímate a descubrir cuál es el tuyo.

Artículo de la Dra. Samar Yorde, médico

jueves, 30 de agosto de 2012

acompañados la vida es mejor



Jurga Sculpteur lo expresa genial en esta imagen que encabeza este escrito y yo la traduzco en palabras: acompañados la vida es mejor. Sin embargo ni todo el mundo quiere estarlo ni uno siempre se deja acompañar. Decimos que el amor mueve el mundo y lo decimos cuando lo hemos experimentado o visto en nosotros o en los demás. Pero la vida también nos muestra que, muchas veces, con el amor no basta para estar cerca de alguien a quienes queremos. Hay más cosas de por medio. Somos fruto de nuestra educación, de nuestro entorno, de las experiencias de relación vividas y de nuestras decisiones. Por eso cada uno somos un mundo, a veces, inescrutable. Nuestro desarrollo personas nos habla de que tenemos que recorren muchos kilómetros de nuestro camino para descubrir cómo acercarnos, cómo relacionarnos, cómo permitir que otros también tengan cabida en nuestra realidad. Tenemos filtros, carencias, heridas que ejercen de barreras y condicionan o no permiten que estemos así de cerca, como en esta imagen.

Sí, complicamos las relaciones y nos complicamos la existencia de mil maneras cuando sería más sencillo, dejar que hablara el corazón y nos moviéramos en la dirección que el amor nos lleve. Ojalá fuera así de sencillo, de hecho lo es, cada vez que nos escuchamos, que nos permitimos dejamos guiar por nuestro mejor fondo. El sentido común, los cambios posibles y viables nacen desde dentro. Empiezan en nuestro interior antes de salir al exterior, son los que nos va ayudando a generar más fuerzas a nuestro favor para vivir con soltura y sin tanta rigidez que ni permite que otros se acerquen ni se deja querer.

Me acuerdo hace unos años de una persona con la que coincidíamos en varios aspectos y existía el deseo mutuo de tomar un café pero éste nunca se materializaba. Un buen día esta persona me dijo que tenía muchas ganas de tomar un café conmigo pero no se animaba. Le pregunté si había algún problema y me dijo que el problema era suyo y no por mí. Le agradecí la sinceridad porque si bien yo no le había dado mayor importancia al hecho de no coincidir tampoco tenía ni idea que había una dificultad para ello. Aunque el hecho no tiene la mayor importancia porque no nos iba la vida en tomarnos un café, me quedé pensando en su actitud. Quería hacer algo, reconocía que tenía una dificultad, sin embargo, no iba más allá, se queda en el simple reconocimiento. Todo sea dicho, no es una persona cohibida, al contrario, intelectualmente destaca y además laboralmente tiene que establecer comunicaciones con otras personas, por lo que no pareciera ser la comunicación un problema. Sin embargo, la sorpresa fue que lo era. Y en el plano personal el quiero que nos veamos pero no puedo dar ese paso fue su elección. De hecho, estamos en contacto por cuestiones profesionales pero nada más. Sí es cierto que fue una liberación para esta persona expresarse pero también es cierto que no quiere dar más pasos. Algo muy humano también y que no juzgo pero que es una realidad. Reconocer las cosas que vemos que nos dificultan alcanzar objetivos pero no hacer nada más. No tomar decisiones porque nos comprometen y nos exponen. Porque tendremos que correr un riesgo que tememos. A veces nos quedamos esperando momento mejor o que la vida fluya, puede ser. Pero esperando que todo cambie por sí solo mantiene la vida en punto muerto y no de evolución, no nos ayuda ni a avanzar ni a luchar por lo que queremos. Si nos basta, me callo. Si es que no nos basta, ¿para qué mantenernos ahí? 

Quizás nos podría servir esta imagen de esas dos personas juntas, ambas conviven en nosotros, una somos nosotros, la otra nuestro otro yo, que quiere ayudarnos a vivir. Para que la vida fluya hay que acompañarla, posibilitar desde uno mismo lo que queremos realizar. Empezando por la escucha, por el descubrir qué quiero y a dónde quiero llegar, querer hacer algo por mí, así nace la confianza que voy desarrollando a medida que me enfrento y afronto lo que me propongo, aunque sean pasos enanos y cueste mucho darlos.

También esta imagen habla de relación entre personas y nos invita a vivir en relación con otros Con el tiempo aprendemos en quién podemos confiar y en quién no. Hay personas de nuestra vida con las que queremos estar, a las que necesitamos, aunque pasen semanas o meses sin comunicarnos y vivamos a kilómetros de distancia o en la misma ciudad. Actúan como la voz de la conciencia, nos hacen reflexionar y nos dan su opinión, aunque disientan con la que tenemos y sostenemos.
Distintas relaciones que establecemos con unos u otros para pedirnos ayuda en caso de necesitarla, oxigenarnos, echar unas cuantas risas, llenarnos de alegría, compartir momentos, reencontrarnos, ir al cine, hablar de huevadas como dónde encontrar gamusinos o la crema de oliva del Mercadona.

El lunes mientras cenaba con un buen amigo llamó mi amigo quincenal (porque más o menos es la frecuencia con la que hablamos), como es habitual, muy buen rollo a la vez que compartíamos vacaciones y planes en común. Hace un par de días me escribía una amiga que está a miles de kilómetros y me reí mucho con su email, me contaba cómo estaban siendo esos días, me encantó la naturalidad con que se expresaba y además como tiene mucho sentido del humor, cómo lo decía. En pocas líneas expresa esas cosas que pensamos y sentimos cuando somos capaces de ser sinceros. También una conocida escribía compartiendo todo lo contrario, mucho dolor y una opinión personal crítica y dura ante un hecho que vivimos recientemente. Por lo mismo, me gustó su sinceridad y el atreverse a decir que estaba mal y que quería expresar su postura para que no hubiera malos entendidos.

Tantas veces andamos con eso de "a ver si nos vemos", "tenemos que quedar", "nos llamamos"...  y se nos va la vida en nuestras mil cosas y las ocasiones se van. Ojalá encontremos maneras de comunicarnos y estar cerca unos para otros. Las realidades que nos mantienen ocupados pueden ser múltiples pero cuando queremos encontramos espacio y tiempo para no perdernos tanto de vista. Hoy que estamos tan comunicados tecnológicamente estamos más distantes humanamente. Cuando queremos hacemos y ninguna excusa nos salvaguarda. Nadie se muere por una llamada, un mail, un sms o un WhatsApp de estos que hoy están de moda  y sino lo de toda la vida: un ratito libre para juntarnos con algún amigo o amiga o varios a la vez. 

Todas las relaciones que nos importan necesitan que las alimentemos y se nota la diferencia cuando una relación está viva como la imagen de esas dos personas que se acompañan mutuamente. Ojalá queramos vivirlo de la manera que nos sea posible.

no te preocupes, ocúpate


Todos partimos de una situación concreta de salud, que es distinta para cada uno, ya que entre el grado más severo de una enfermedad y el máximo nivel de bienestar hay toda una escala infinita de posibilidades. Pero afortunadamente todos tenemos en común la posibilidad de mejorar ese estado en alguna medida, ya que la salud es un proceso “continuo” en el que podemos pasar de un nivel a otro manejando de forma oportuna nuestros hábitos.
El hecho de que nuestras rutinas diarias tengan elevada trascendencia en nuestro estado físico y mental es una magnífica noticia, ya que nos convierte en protagonistas de nuestro bienestar en lugar de ser un mero espectador del guión genético. Tenemos la gran oportunidad de establecer nuestros propios objetivos de mejora y de definir como es el estado de bienestar que queremos en nuestra vida. ¿El precio? Solamente el compromiso y la responsabilidad de llevarlo a cabo.

¿Cuáles son las estrategias más efectivas para mejorar la calidad de vida, prevenir enfermedades y disminuir las repercusiones de una patología? Se pueden aplicar una gran variedad de intervenciones, pero básicamente hay tres que tienen mayor impacto sobre la salud.

1) Todo empieza en nuestra mente.

La manera de pensar sobre tu salud y tu cuerpo determinan las decisiones que tomas en tu día a día y condicionan lo que haces y lo que dejas de hacer en relación a tu bienestar.

Ante una patología no es lo mismo pensar “soy una persona enferma”, que “tengo una enfermedad”. En el primer caso el individuo se identifica directamente con la dolencia convirtiéndola en su identidad, mientras que en el segundo caso la persona es la que posee la patología, colocándose en una posición de control que le va a permitir manejarla y modificarla mediante las estrategias adecuadas.

En otro orden de cosas, si estás convencido de que pequeños cambios en tu estilo de vida pueden suponer una gran mejora de tu calidad de vida, ese pensamiento te llevará por sí solo a la acción, mientras que si piensas al contrario, tu actitud se vuelve pasiva y te va a resultar difícil avanzar desde ahí.

Como dijo Henri Ford, “si crees que puedes, puedes y si crees que no puedes, no puedes”.

2) Los alimentos son la base que sustenta nuestro cuerpo físico.

No se trata solo de “llenar el depósito” o de practicar el “culto al gusto” (que también), sino sobre todo de nutrirse, es decir, cubrir las múltiples necesidades funcionales del organismo. Planificar nuestra alimentación de forma equilibrada y saludable es obligado si queremos mantener una composición corporal adecuada, evitar la aparición de patologías o mejorar la situación en caso de padecer alguna. Ya Hipócrates, padre de la Medicina, hace unos 2500 años en la Grecia Antigua enseñó que una alimentación adecuada es el fundamento de la salud y la felicidad humana: "Que tu alimento sea tu medicina y tu medicina sea tu alimento".

Repartir las ingestas a lo largo del día en 4 ó 5 comidas para mantener nuestra energía a punto, asegurar una correcta hidratación, comer a diario frutas y verduras en cantidades suficientes, y disminuir las grasas saturadas y los dulces son solo algunas de las claves.

Pero ¿Cuál es tu relación con la comida? ¿conoces los efectos de la forma en que te alimentas? ¿qué aspectos crees que podrías mejorar?

3) El organismo está diseñado para moverse.

Para que las cosas funcionen bien tiene que haber un equilibrio entre la energía que se ingiere a través de la comida y la que se gasta mediante la actividad física, porque de no ser así la energía sobrante se va acumulando en forma de grasa en diferentes compartimentos corporales, ocasionando a medio plazo problemas importantes de salud.

Múltiples y variadas son las bondades del ejercicio y enormes las desventajas del sedentarismo, considerado como principal factor desencadenante de patologías como sobrepeso, obesidad, diabetes, cáncer y riesgo cardiovascular entre otras. La excusa más extendida para seguir siendo inactivo es la de “no tengo tiempo”, cuando en realidad se trata de establecer prioridades, ya que todos disponemos de 24 horas al día.

Si todavía no has tomado la decisión de iniciar un programa regular de ejercicio, te propongo un plan básico y sencillo para incrementar el nivel de actividad física: camina 20 minutos a ritmo medio-alto (puedes hacerlo en 2 bloques de 10 minutos), sube escaleras (2 bloques de 5 minutos cada uno), y dedica otros 5 minutos para estirarte y mover tus articulaciones. Si realizas esta rutina repartida a lo largo del día y la mantienes durante un mes, conseguirás convertirla en un hábito y obtendrás importantes beneficios en tu salud. A partir de ahí te será más fácil empezar con un programa más completo.

La ecuación es clara, la salud no es un estado sino un resultado en el que nuestros hábitos suman o restan bienestar y en el que no funcionan los planes “milagro” a corto plazo. Se trata de una carrera de fondo en la que cada día cuenta, por eso es importante definir y construir una filosofía de vida saludable y sobre todo sostenible.

¿Cómo de responsable te sientes de tu estado actual de salud?

Te planteo algunas ideas que pueden inspirarte:
1. Tu salud te pertenece, es tu mayor riqueza. ¡¡¡Toma las riendas!!!
2. Toma conciencia de donde estás, cual es tu estado actual de salud, y desde ahí procura hacer todo lo que puedas para estar lo mejor posible.
3. Define donde quieres llegar: acostúmbrate a plantearte objetivos para mejorar tu calidad de vida.
4. Traza un plan, síguelo regularmente y haz las correcciones que sean necesarias para conseguir tus metas.
5. Conoce tu cuerpo y respétalo como un sistema integrado: todo está relacionado y tus hábitos sí o sí tienen un efecto directo sobre tu salud.
6. Aprende de nuevo a escuchar tu cuerpo: es extraordinaria la cantidad de información que puede ofrecerte.
7. Cada día importa: cuida lo que piensas, como respiras, la manera en que te mueves, tu forma de alimentarte y tu actitud ante la vida.
8. Aplica la filosofía de “mejora continua”: el bienestar es un proceso que dura toda la vida.
9. Intenta encontrar compañeros de viaje en tu nuevo estilo de vida sana, siempre es más fácil y agradable ir acompañado.
10. Infórmate y si es necesario busca buenos profesionales que te ayuden a seguir un completo Programa de Bienestar de forma segura y saludable.

No olvides que la vida es movimiento, así que si quieres aumentar tu nivel de bienestar lo mejor que puedes hacer es pasar a la “acción”. ¿Por donde te gustaría empezar? ¿Cuál será tu siguiente paso?

Maite Bermejo.
Lic. Ciencias de la Actividad Física y Deporte.

miércoles, 29 de agosto de 2012

¡¡Si se quiere se puede!!

ser la persona que realmente quiero

Hoy veía en la tele una serie americana donde planteaban la situación de una persona con una obesidad tremenda incapaz de cambiar hábitos nocivos y perjudiciales para su salud. Esta persona se da cuenta que quiere hacer algo con su vida y decide hacer ejercicio, empezar a bajar de peso y comenzar una alimentación saludable para llegar cambios deseados: verse bien y sentirse agusto consigo misma. Con ayuda de un entrenador deportivo se pone a ello y una de los obstáculos iniciales era salir de esa zona cómoda acostumbrada y comenzar una nueva vida. Necesitaba ayuda externa para salir de sí misma, no había otra, ella por sí misma sólo se engañaba y no era capaz de iniciar los cambios. Distintas resistencias fueron apareciendo y movilizaban emociones contenidas que tuvo que aprender a expresar y compartir, especialmente con su familia que era donde no mostraba sus sentimientos y desviaba sus insatisfacciones atiborrándose de comida, especialmente comida basura. 

Ante lo que costaba el cambio de hábitos y sus resistencias personales que intentaba mantener a toda costa, me preguntaba yo ¿cuál es el límite de nuestra tolerancia? ¿hasta qué punto y pagando qué precios somos capaces de perjudicarnos e ir en contra de lo que en verdad anhelamos? Para mí, el alto lo da esa voz interna que se pregunta, exactamente, dónde está este límite, que nos dice que ya es hora de dejar de llorar y de lamentarnos, que eso que percibimos sí que es una falta de respeto hacia nosotros mismos, que dejemos de hacerlo… Por más que en el entorno familiar o cultural hayamos visto ejemplos de personas que todo lo han soportado sin decir nada y creamos que cualquier cosa podemos aguantarla, tendríamos que aprender, cuando traspasamos límites perjudiciales a querernos mejor. Y ocurre a diario y en miles de ejemplos cotidianos, no sólo en desajustes alimenticios tan a la orden del día hoy. 

Hay límites que tenemos que aprender a no traspasar si pretendemos empezar o continuar en el camino de querernos de verdad. Nuestras listas de propósitos a veces son tan impresionantes como poco realistas. Decidir qué hacer a cada momento es cosa nuestra y empieza por pasos pequeños que nos suele costar mucho dar pero si queremos cambiar tendremos que comprometernos. Hay cuestiones más triviales y otras que importa no seguir permitiendo y agravando. Si nos perjudicarnos en lo que sabemos que nos hace mal ¿qué queremos realmente para nuestra vida? Y si nos damos cuenta ¿para qué seguimos manteniendo esa situación? 

Nuestros errores y dificultades no tienen la última palabra no determinan el desarrollo de nuestra vida. Poner en juego, todas las energías creadoras que nos habitan nos hace llegan a metas y a cumplir objetivos marcados. En la serie de la tele se veía que esta persona, seis meses más tarde, era otra. Había conseguido con mucho esfuerzo y haciendo cambios realistas y visibles, hacer lo que le hace estar bien. No sólo estaba mejor en su salud física, también en la emocional, mental, relacional. Resultado de un proceso, de curar también heridas, sacar sentimientos contenidos y nunca manifestados, de abrirse, de empezar a ser la persona que realmente quería ser. Al principio necesitó apoyo para darse cuenta, con reticencias iniciales consiguió dejarse ayudar y recibir el apoyo de su familia, al nombrar lo que había que cambiar, se empezó a situar con realismo ante su vida. Pero no fue suficiente, había que hacer mucho más, actuar, hacer todo lo que le dijeran para llegar a los objetivos planteados. En ningún momento le faltó la ayuda de los que permitió que la acompañaran en su lucha.

No es un tópico ni una creencia errónea: ser feliz es bueno para la salud. Las personas que se sienten más contentas y positivas perciben que su estado de salud es mejor, abordan su realidad de frente. Así como aquellas que son menos felices, tienden a tener más presente los problemas físicos y psicológicos que les afectan y rehuyen la realidad.  Las personas tenemos la capacidad de ser felices y podemos aumentar la conciencia de nuestra responsabilidad personal para que sea posible la realidad que queremos.

Tomar las riendas de nuestra vida. Ahí es cuando vemos cambios, cuando sabemos que una gran parte depende de nosotros, ahí es cuando nuestro entorno comienza a modificarse e incluso situaciones que considerábamos poco factibles, se modifican, dejan de molestarnos o de limitarnos, y podremos, poco a poco y con tesón, acceder a ese bienestar tan preciado que soñamos. 

   VOY A LUCHAR POR MI FELICIDAD
PORQUE ES BUENO PARA MI SALUD

con voluntad



"Cuando crezcas, descubrirás que ya defendiste mentiras, 
te engañaste a ti mismo o sufriste por tonterías. 
Si eres un buen guerrero, no te culparás por ello, 
pero tampoco dejarás que tus errores se repitan".

 
"La libertad no es la ausencia de compromisos, 
es dejar de hacer lo que uno no quiere".

 

"Es necesario aprender lo que necesitamos 
y no únicamente lo que queremos." 

 
"Cuando menos lo esperamos, 
la vida nos coloca delante un desafío
 que pone a prueba nuestro coraje y nuestra voluntad de cambio."

 
Paulo Coelho 
 
 

martes, 28 de agosto de 2012

dejarme sorprender

Nos encantan las frases que dicen cosas importantes por muy oídas que las tengamos. Frases de esas de “cada día es un regalo”, “una oportunidad: aprovéchala”, pero nos acostumbramos y a veces no son más que palabras, de tan oídas no nos dicen lo que su mensaje lleva ni impactan porque nos resultan familiares o como las practicamos poco o reservamos para momentos puntuales no nos sorprende. Las frases como la vida, a diario, tiene material suficiente con qué sorprendernos de continuo.

Todos tenemos experiencias de sorpresas agradables y desagradables. De las que perduran en la memoria como lo son un reencuentro, una visita de las que ilusiona, una gran noticia o un viaje; como de sorpresas que nos cuesta digerir por los motivos que sea, que nos impactan y dejan impotentes o ponen en contacto con nuestras limitaciones y debilidades como una depresión, una enfermedad, un accidente, una ruptura, un cambio... éstas que tantas veces se las achacamos a la mala suerte, a Dios, a la cruda realidad de una vida, a qué mal repartido está el mundo... y generalmente no vemos como esa otra cara de la vida que existe y con la que tenemos que aprender a llevarnos como parte de nuestra realidad.

¿Se acuerdan de esa canción que decía La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida? Afirmar que la vida es una sorpresa continua es una realidad, entonces el dejarse sorprender tendrá relación con nuestra apertura ante lo que pasa en la vida. 

Siendo realista, a veces queremos y no podemos. Se nos complica por dos frentes, por un lado nuestra mayor o menor capacidad de recibir la vida tal y como viene. Por otro lado, nuestro intenso ritmo vital que nos priva de ilusión y buena predisposición. A veces nos damos cuenta y otras ni nos percatamos. En ocasiones, vivimos sin más y es al final del día, cuando llega el silencio de la noche, cuando uno puede darse cuenta que quizás ese día no tuvo mucho ni de sorpresa ni fue vivido como un regalo. Sin embargo, no por eso la vida deja de serlo ni de sorprendernos ni nos quita la posibilidad de darnos cuenta que podemos descubrir modos de vivir atentos a lo que acontece como regalo, como milagro, sea cual sea nuestra realidad.  
 
Cada momento alegre o doloroso, 
me ayuda a tomar las verdaderas medidas de mi traje humano:
dónde pongo mi tesoro y mi corazón, 
mis energías y mis fuerzas, 
a qué me abro y a qué me cierro... 
si me quiero dar cuenta.  


decir el amor

¿Quién no ha demostrado alguna vez su amor por esa persona que quiere? En la historia y en muchos rincones del mundo hay muestras que así lo constatan. En Roma, París, Praga, Florencia, Verona, Barcelona…¡los candados del amor están por todas partes!   
En un artículo del Diario La Vanguardia el columnista decía que para algunos la moda viene de la novela Tengo ganas de ti del autor italiano Federico Moccia, en el que los protagonistas sellan su amor atando un candado con su nombre grabado en él a una farola del Ponte Milvio, en Roma, se besan y luego tiran la llave al Tíber. Para otros, tiene un origen más lejano. Da igual.  
Desde hace un tiempo los candados del amor cuelgan de rejas de puentes o simples barandillas de ciudades como Bruselas, Kiev, Vilnius, Venecia, Zaragoza, Sevilla y hasta algunas ciudades chinas y seguro que en tantas otras que se suban al carro. No hay como que algo se ponga de moda. Hay ciudades que le pegan a todo siendo éstas mencionadas las que más destacan y tienen la expresión de los enamorados de turno como testigo de su paso por ellas.Y ahora que la red facilita tantas cosas existe la posibilidad de ponerlos virtualmente a través de páginas webs especializadas en ello como de organizar "kedadas de los candados de amor".
Algunos ya se quejan de que dañan o estropean los monumentos donde los candados se dejan. El asunto de los candados da que hablar. El abanico de pareceres es amplio. Desde los que miran estas cosas con indiferencia, les parece absurdo y hasta puede que una estupidez hasta los más entusiastas que lo viven con todo el romanticismo del mundo. Para gustos los colores. A mí me resulta simpático y hasta divertido. Al final, todos buscamos maneras de expresar lo que sentimos así como querer comunicar algo real.
Hay personas más demostrativas que otras, en mayor o en menor grado, ocurrentes. Seas del tipo de persona que seas, con un candado o sin él: no dejes de expresar tus emociones, especialmente el amor. No lo des por supuesto ni conocido. Da igual el tiempo que haga que conozcas a alguien o el tipo de dinámica relacional ya establecida. Inventa tus propios códigos y maneras de expresión. Busca formas que te ayuden a expresar lo que sientes, en pareja, con amigos y compañeros, a tu familia. Sé tu propio coach creativo. Siempre es un regalo permitirnos una parada en el camino para observar, explorar, experimentar, conectar, descubrir cómo lo estamos haciendo y seguir recreando nuestras relaciones.

lunes, 27 de agosto de 2012


#sobrelamarcha

Así vivimos, improvisando, a tientas, sobre la marcha. Con lo que ya traíamos y con lo que nos encontramos. Con lo que ya sabíamos y con lo que tenemos que desaprender. Con más o menos acierto, con más o menos creatividad, con lo que aún nos queda por aprender. Intentando a duras penas o con mejor ánimo afrontar nuestra realidad con las exigencias que trae.

El reloj de arena no perdona y el otro tampoco. El tiempo pasa y las ocasiones también. Sin embargo, todo tiempo, toda relación, toda situación encierra oportunidades que descubrir. Puede que consigamos algo, puede que no. Independientemente del resultado está en juego nuestra vida puesta en cada intento que se lucha. Nuestra felicidad no está definida porque seguimos en camino. Una combinación ganadora para dejar de preocuparnos por lo que ya ha pasado y por lo que todavía tiene que venir, para centrarnos sólo en este preciso momento y vivir sin tantas postergaciones y limitaciones lo que ahora tenemos adelante.
 
Aún cuando nos encontremos en medio de la niebla, y precisamente cuando estamos perdidos en la niebla, es importante reavivar la confianza. La sed nos alumbra a avanzar para no quedarnos por el camino, si la dejamos que nos guíe, aunque sea de noche. Cruzar desiertos, curar heridas, afrontar pasos difíciles, renovar la ternura, abordar cambios, reelegir un sí ya dado, sostener diálogo cuando pensábamos que no iba a poder ser, no hacer caso cuando nuestras heridas y miedos nos hablan más de la cuenta... A veces es posible. Puede que veamos caer algunos muros. Puede que nos sorprendamos. Quizás la vida no era exactamente como imaginábamos ni pensábamos. Hay cosas que no cambiarán ni serán como deseamos. Pero hay situaciones que se desbloquean, hay momentos en los que somos capaces de lo que en otros no nos veíamos ni sentíamos capaces. Muchas veces las carencias nos abren el camino. Otras veces es permitiendo que exista esta vida nueva, haciendo lo posible para que tenga lugar. Un dicho africano dice que donde hay un deseo, hay un camino pero se desarrolla cuando nuestras actitudes y decisiones de cada día favorecen que sea posible.

¡Tantas situaciones nos invitan a instalarnos! Ir más lejos. Un deseo profundo germina y pide crecer. Hay que soportar la tensión de la vida que intentamos crear. Uno podría ser prisionero de su propia historia sin embargo la vida es mucho más para quien cree y camina. La vida nos revela su secreto cuando descubrimos que es un camino que podemos construir. En pequeños o grandes acontecimientos se nos revelan los caminos secretos de nuestro corazón. Los vamos desvelando y nos damos cuenta que no nos podemos fiar solamente de lo que sentimos, ni de los grandes fogonazos en momentos brillantes ni de las oscuridades más hondas. Nuestro corazón no siempre se aclara ni sabe lo que quiere de una vez para siempre, nuestros sentimientos nos engañan. Hemos de aprender a ver más allá, a confiar sin sentir nada, sin conformismos pero en lucidez. Caminar sin tenerlo todo claro sin darlo todo por seguro. Hay un peligro: quedarnos con los planos hechos pero sin hacer la casa. Eternos buscadores que cada vez que se avecina un paso que dar, retroceden cuando presienten que toca jugársela. Sin riesgo, sin errores, sin dudas, sin cambios, no hay vida, no conoceríamos el vértigo que da la belleza de las cosas que importan. Nuestros deseos están ahí pero muchas veces como nosotros, sin fuerzas, pobres y frágiles. No es posible vivir con todo controlado ni sabido. Es posible vivirnos en camino. Vivir despiertos, atentos, conscientes cada vez más de nuestras capacidades y dones. Sobre la marcha pero diseñando, borroneando, dibujando, coloreando el propio camino. Una y mil veces, entre luces y sombras, porque no es algo que se haga de una vez para siempre.

Haciendo caso a nuestras intuiciones creativas. Comenzar y recomenzar siempre desde la escucha de uno mismo. Un camino accesible a todos. Más profundo que nuestras emociones y nuestra capacidad de comprender. La confianza que ponemos sostiene nuestra marcha. Hay encuentros que nos permiten anchar la mirada, alientan nuestros pasos. Podemos crear incluso en momentos de prueba, siendo capaces de descubrirlo a medida que damos pasos. Cuando las cosas se ponen difíciles es entonces cuando sentimos que cobra nueva fuerza lo que de verdad es esencial. No es fácil. No estamos solos si permitimos compañeros de camino. Invitados a no negar nuestros sentimientos, vivencias y preguntas ni a poner trabas a nuestra imaginación y a la belleza que contiene nuestra vida. No todo esta hecho en nosotros. Aunque desconozcamos cómo vivir habrá que seguir construyendo camino. A diario. No es posible vivir la realidad sin esperanza. ¿Querrás vivirla, tú, que tienes un largo camino por delante?