lunes, 22 de octubre de 2012

dos grandes de todos los tiempos

Lo crucial para tener una relación saludable con los demás y con uno mismo es enfrentar las cosas de la mejor manera que se pueda. Guardarlas, esconderlas, negarlas  y que se nos revuelvan dentro nos hace más mal que bien y hace que andemos por la vida sin fuerzas, retorcidos y sufriendo. Uno de los grandes tiranos de todos los tiempos, que es uno muy nombrado en este espacio por ser uno de los básicos del ser humano es el miedo. Ese no pasa de moda, ese siempre acecha, ese nos come si le dejamos poder y terreno para ganarnos la partida.

Es una emoción intensa y primaria. Cuando sentimos una amenaza que nos atrapa, se dispara la respuesta del miedo. Y su expresión más clara es el grito. Nos recuerda a ese niño asustado que escucha la voz de su papá o mamá que le dice “soy yo, estoy aquí”. Una voz que coloca serenidad en el corazón. Palabras que van dirigidas al corazón de nuestros miedos. Palabras que también en la vida adulta necesitamos escuchar para seguir viviendo. Palabras que necesitamos decirnos a nosotros mismos para regalarle a nuestra confianza momentos de salud, de cariño, de ayuda.

No es malo tener miedo, porque el miedo nos previene de peligros y nos mueve a reaccionar, nos recuerda que no podemos con todo, nos hace más humanos. Es malo que el miedo nos tenga, que dentro de nosotros tenga tal poder que sea él el que tome las riendas de nuestra vida. Sobre todo los miedos que tienen que ver con todo aquello que no controlamos y que amenaza con hundirnos la vida, la felicidad, la salud, el trabajo, los cambios, las dificultades… 

Uno de los cambios más profundos en la vida de una persona es el paso del miedo a la confianza. No es la superación de todos los miedos. Porque los miedos tienen raíces muy profundas, sino la presencia de una confianza mayor capaz de acallar nuestros miedos.

¿Qué experiencias tienes de que la confianza venció tus miedos?   

Nuestros miedos no se espantan con razones ni solamente tomando pastillas para la ansiedad o el estrés. Se acallan aprendiendo a arrojar salud a situaciones repetitivas y recurrentes en las que nos refugiamos y que nos mantienen en clima de enfermedad. Adquiriendo habilidades nuevas que nos permitan construir para nosotros un mejor clima emocional.  

Cuando nos atrevemos a romper con la imagen de "yo puedo con todo", "no necesito a nadie", "no quiero que lo sepan", "para que no se preocupen por mí". Se acallan miedos y se lleva mejor cualquier dolor con presencias que sustentan nuestro ánimo, con ese alguien con quien puedo llorar con libertad, que puede abrazarme con respeto y cariño, con una voz amiga al otro lado del teléfono o con un correo que llega en respuesta a nuestro S.O.S.

Hay tantos miedos como situaciones y personas: el miedo al dolor, al descontrol, al fracaso, a la muerte, al conflicto, a equivocarse en la vida, al qué dirán, a las preguntas…Ocurre en lo humano, ocurre en la fe. Es importante conocer nuestros miedos, ponerles nombre e ir haciendo algo con ellos para que no nos resten la confianza y la salud necesarias en la vida. 

Hay cambios que podemos hacer por nosotros mismos, con valentía, esfuerzo, coraje, aprendizajes nuevos, incluso busca ayuda profesional, esos dependen de nuestras capacidades, de vencer nuestras resistencias y miedos bloqueantes.

¿Qué miedos has tenido que vencer 
para realizar cambios importantes en tu vida?

Suele suceder que, tras esta primera decisión valiente, damos los pasos y después de un tiempo volvemos a lo mismo, retornan con más fuerza los miedos que creíamos vencidos. Y, nos desanimamos y la sensación de zozobra es mayor, como esa barca sacudida por las olas y a punto de hundirse.

Nos hace bien saberlo y recordarlo. Hay un miedo antes del cambio y hay un miedo después del cambio. Para los primeros cambios se requiere generosidad y valentía para dar los pasos que vemos necesarios dar para avanzar o salir de una situación bloqueada o sostenida sin ningún beneficio saludable para nosotros. Para los segundos cambios, se necesita mucha humildad y confianza para dejarnos conducir y sostener. 
Hay cambios que solo los podemos dar sostenidos por el Dios de la Vida, por quien en verdad nos puede sostener.

Y el que dinamiza la vida, dinamiza también a las personas que en ella se encuentran. Otro de los grandes liberadores de todos los tiempos es el amor en sus distintas versiones: ternura, perdón, diálogo, compañía, abrazo, alegría... y tantos otros que descubrimos cuando nos atrevemos a vivirlos con quienes nos quieren y son importantes para nosotros.
 
Rompe esa barrera que te protege.

  Avienta el miedo.  

Habla, escucha, dialoga, llora... Déjate querer y sostener.