jueves, 25 de octubre de 2012

para expresarte mejor



Tan negativo es hacernos oír de forma agresiva, 
como callar lo que pensamos por no herir a los demás. 
Desarrollar nuestra asertividad y decir lo que pensamos 
de un modo honesto y respetuoso, 
contribuirá a que nuestras relaciones 
sean más sinceras y profundas.


¿En qué consiste la asertividad?  Es el arte de expresarse de un modo honesto, directo y respetuoso, y de decir lo que se siente y se necesita en las más variadas situaciones.

¿Por ejemplo? Estás en la panadería y alguien intenta colarse: una respuesta asertiva consiste en evidenciar (con amabilidad, pero de un modo claro) que te toca a ti primero. Otro ejemplo sería decirle a un amigo que no puedes hacerle un favor, aunque insista, por determinadas razones tuyas.


Todos quisiéramos saber expresarnos así de bien...  Es más importante de lo que parece porque, en gran medida la felicidad depende de ello.


¿Por qué?  Las relaciones profundas y honestas son lo que nos proporciona la auténtica felicidad y para llegar a establecerlas, tenemos que poder expresarnos con libertad. Tenemos que poder decir: “Esto me ha ofendido”, o “Eres muy importante para mí”. Hay que saber crear esas relaciones de respeto y respetando.

¿Y cómo es posible que aprendamos asertividad?   Entrenándonos. Cada día tenemos oportunidades para practicar e ir mejorando. Y debemos mirar a las personas como iguales. Nadie es mejor ni peor que nadie. Es el fundamento de la asertividad. Y, por otro lado, hemos de tener claro que, en todos nosotros, hay una parte buena que despertar. No hay ni buenos ni malos, todos podemos ser agresores o agredidos, según las circunstancias.


Pero entonces ¿tenemos que dejarnos pisotear?  Ni mucho menos. Hay que dejar de ser yo-yo personas que solo viven para ellas mismas y dejar de ser tú-tú personas que solo viven para los demás. Y así podremos llegar a ser un tú-yo, personas que queremos relacionarnos y conocer al otro como a nosotros mismos.

Suena bien... ¿pero funciona?  ¡Claro que funciona! Mucho mejor que responder con violencia o no responder y dejar que el rencor crezca. En la mayoría de los casos, cuando somos asertivos, las personas nos entienden y aprecian.

¿Por qué nos cuesta tanto abrirnos a los demás?  Por miedo a ser vulnerables y también por temor a lo desconocido. Debemos armonizar las diferencias, esa es la clave. Todos somos diferentes, pero tenemos la dignidad de ser personas y merecemos respeto.


¿Cómo podemos ser más asertivos en nuestra vida personal? Negándonos a responder de forma violenta, haciendo pedagogía asertiva y creando a nuestro alrededor círculos de personas que han aprendido a respetar plenamente a los demás. La asertividad se contagia porque tenemos unas neuronas (llamadas neuronas espejo) que copian automáticamente el comportamiento que vemos en otros.

En su libro dice que la ira hay que expresarla, pero reconducirla hacia el amor.... Sí, pues cuando nos hieren no podemos tapar esa herida, porque se infectaría. Es más positivo expresar el enfado, teniendo en cuenta que tendremos que conducirlo hacia la reconciliación y el aprendizaje. Eso sí, hay maneras y maneras de expresar la ira. La primera es hablar con la persona que nos ha hecho enfadar.

¿Otras maneras?  A través del arte, del deporte, del teatro... Hay que liberar la emoción, nunca negarla, y reconducirla hacia el amor.

Quizás nos resulta más fácil, expresar la ira que pedir perdón... Porque creemos que equivocarse es malo y, entonces, no queremos reconocer el error. Sin embargo, esa es justamente la actitud incorrecta. Sin errar, no hay aprendizaje, y la única actitud correcta en las relaciones es aprender continuamente.

No hay mayor error que no reconocer que erramos.  Claro. Hay que estar dispuestos a equivocarse, rectificar y aprender una y otra vez, con sinceridad, sin miedo, con ganas de ayudarse. De emprender proyectos juntos, de gozar de la vida en común.

Entrevista a Anna Forés, revista Mente Sana

Co-autora del libro   
"La asertividad. Para gente extraordinaria"
(Plataforma Editorial)