miércoles, 17 de octubre de 2012

para poder vivir y caminar hoy


Un escrito de Enrique Gómez-Blanco  Cuanto más me empeño en perdonar, menos lo consigo. Unas veces porque no logro olvidar lo que sucedió. Otras porque me brotan deseos de “justicia”. En algún caso, me brota algo de amor propio. Hay veces que se me despierta una cierta agresividad. Sin embargo, en otras ocasiones, cuando pienso que algo no lo podré perdonar jamás… pasado un tiempo, ha desaparecido de mi vida. 

Nadie está libre de las heridas a lo largo de su vida. Vengan por el camino que vengan, las dificultades que acompañan a la convivencia humana traen mucho dolor.

En el amor, en la convivencia de las parejas, en las familias, en los matrimonios rotos y separados, en la amistad, en el vecindario, en los trabajos, en los pueblos vecinos, … surgen problemas. Los problemas mal resueltos generan frustraciones, decepciones, penas, traiciones… y ellos, a su vez, producen heridas. 

¿Qué hacemos normalmente cuando sufrimos una herida en nuestro cuerpo? Lo más común es evaluarla por su gravedad y decidir qué hacer: si lavando la herida y evitando que se infecte es suficiente o, en caso contrario, hay que acudir a los remedios médicos. El problema surge cuando, pensando que yo soy capaz de curar la herida, ésta supera mis capacidades. ¿Hasta dónde puede llegar el daño de una herida mal curada? Pues, aunque parezca exagerado, puede llegar hasta sus peores consecuencias. Hablemos, de igual modo, de las heridas derivadas de la convivencia. Unas sanan por sí mismas, otras pueden ser curadas con una sana higiene y evitando su infección… pero hay otras que necesitan ser sanadas. Y en este caso, la medicina se llama “perdón”.

Una herida mal curada puede dejar una marca de por vida
Las cicatrices de la convivencia suelen quedar palpables en el carácter. Y, en la mayoría de los casos, en una tendencia a castigar a los demás con el mismo daño con el que yo he sido herido.

Una herida mal curada puede dejar un dolor perpetuo
Como ocurre con determinadas fracturas y cicatrices, existe la posibilidad de un dolor crónico. En ciertos casos puede ser un dolor constante, en otros puede aparecer y desaparecer cíclicamente… y, en otros, simplemente “cuando cambia el tiempo”, es decir, cuando quiere. En casi todos los casos, ese dolor se conoce como “resentimiento” y éste puede ser origen de diversas enfermedades posteriores pues, el estrés que genera puede llegar a afectar al sistema inmunitario.

Una herida mal curada puede paralizar la vida
Es el caso de quien perpetúa la herida que le ocasionaron, la mantiene siempre abierta y provoca la permanencia del dolor sin tregua. Se aferra a lo que sucedió en el pasado. Se niega a vivir el presente y lo malogra. Indudablemente, para esta persona no existe el futuro.

Una herida mal curada puede despertar nuestro lado más irracional
Siempre hemos oído que un animal herido es un animal peligroso, pues el dolor le enardece. Hemos de pensar, por lógica, que en el ser humano sucede otro tanto. La respuesta más instintiva y espontánea a una agresión es “devolver la agresión” y, en su versión más cruel, la venganza.

Parece que la venganza esconde tras de sí un intento por “compensar” el sufrimiento. Es más, la imagen humillada de mi agresor puede proporcionarme un gozo narcisista y suponer un bálsamo para mi dolor… pero es breve y falsamente gratificante. Suele suceder que, cuando se estable el clima de venganza se olvida el impacto destructor sobre el entorno. 

Decía el dominico francés Henri Lacordaire: “¿Queréis ser felices un instante? Vengaos. ¿Queréis ser felices siempre? Perdonad.” Y lo que es peor: la venganza, lejos de sanar la herida, la agrava. La decisión de no-vengarse, bien es cierto, no equivale al perdón. Pero es un primer paso decisivo. 

Renuncio a un instinto ciego camuflado de justicia, para iniciar otro camino que deseo me reporte más consuelo, más felicidad y más prosperidad. Consuelo del sufrimiento recibido en el ayer. Felicidad para poder vivir y caminar hoy. Y prosperidad para seguir diseñando el futuro de mi vida sin asignaturas pendientes.