lunes, 5 de noviembre de 2012

¡G - R - A - T - I - S!

Hay unos pesados que me mandan correos todos los días -pero todos los días- con una oferta de publicidad después de un pedido que hice hace tiempo. Son cansos a más no poder y sus correos van directos al spam pero, cuando echo un vistazo a esa carpeta, me suelo reír de los títulos que inventan para llamar la atención del consumidor. El de hoy: ¡G - R - A - T - I - S!  Me río yo de lo gratis que puede salir este producto por muchas ofertas que puedan hacerme. Hay una relación comercial y de venta de un producto de por medio. En el mundo donde todo tiene un precio, aunque sea muy barato, parece que lo gratuito nos despierta sospecha. En el fondo hay que ser muy humilde o estar muy confiado para aceptar algo que no exige algo a cambio.

A diario se nos ofrecen multitud de servicios y oportunidades sin que hayamos hecho nada para merecerlas: la naturaleza y su belleza, la vida y sus misterios, las relaciones entre las personas sobre todo las que elegimos que cuenten para nosotros, el amor, la amistad, el compañerismo, la alegría… 

¡G - R - A - T - I - S!   

No era obligatorio que mis papás hicieran lo que han hecho para sacarme adelante, ni el “por que sí” del cariño incondicional de mi gente que tantas veces me expresan. No es ley de vida tener amigos con los que contar, ni lógico las experiencias tan distintas que me va ofreciendo la vida. Nadie me debe nada, no lo gané ni pagué de ninguna manera… Se me da… sea yo más o menos consciente de que está pasando. Lo puedo recibir, lo puedo vivir, seguir descubriendo, seguir o no cuidando y construyendo, depende en parte de mí y de lo que se me da.

¿Podemos llegar a valorar lo gratuito? 
Cuando uno siente que cuenta para otra persona, se siente amado, 
esa experiencia transforma y cambia la vida.  
Cuando alguien es capaz de amar a otro. 
Cuando alguien es capaz de sostener y brindar apoyo sin esperar nada a cambio, 
nos preguntamos qué mueve a estas persona a vivir así, a amar así.  
Cuando un beso surge de la manera más espontánea. 
Cuando alguien no nos abraza a pesar de nuestras limitaciones, sino tal y como somos. 
Cuando alguien ilumina cada día con una sonrisa, con una frase positiva, con un detalle...
Cuando uno se siente mirado con ternura y sin juicios, 
aunque se vea muy débil y torpe, 
brota de dentro un agradecimiento desbordante. 
Cuando hay un sitio al que volver y desde donde partir a cualquier otro lugar.
Cuando alguien protege, sostiene, restaura, anima.
Cuando pierden sentido otras muchas cosas caen, sin embargo, hay valores que no pasan.
Cuando lo sencillo nos abre un camino donde no lo esperábamos, 
algo nos despierta y nos hace nuevos.  
Cuando no nos sentimos satisfechos de nuestra conducta, 
metimos la pata una y otra vez, perdimos, 
cuando pensamos que no puede ser, 
decimos: cómo alguien nos va a querer si hice tal o cual cosa, 
si no me porté bien, si traicioné la confianza, si soy un desastre... 

Ahí podemos vivir lo gratuito, ahí podemos descubrir cosas, surgen preguntas: ¿cómo es que hay personas que pueden vivir así? ¿Cómo es que hay personas que siguen estando conmigo? ¿Cómo sigo teniendo otras oportunidades? ¿Cómo es posible que la vida me dé esta oportunidad? ¿Cómo es posible este milagro?

Una experiencia de gratuidad cambia la vida

¿Qué puedo aprender de estas experiencias de gratuidad? 

Cuando una experiencia de gratuidad toca el fondo del corazón, algo cambia, moviliza emociones, suscita inquietudes, despliega energías, tu vida quiere volverse respuesta. ¿Por qué? Porque sí, por amor, ¡G - R - A - T - I - S! 

Nunca daré lo suficiente como para devolver lo recibido pero si doy, no daré como si fuera un esclavo sometido, sino desde mi libertad y con inteligencia, desde mis valores, con madurez y desde una elección personal.  

Ser conscientes de esto supone vivir cada día como nuevo, a estrenar, como regalo y oportunidad. Vivir a las personas y relaciones como horizontes y posibilidades abiertas: nada de trueques ni chantajes ni hacer méritos o ganar puntos... Será un aprender a darme así como a recibir e intentar vivir siendo más consciente de ello… Soltar las malas experiencias y los errores que nos culpabilizan pero no olvidar lo que me enseñaron. Y disfrutar agradecido, lo bueno que me voy encontrando y tener en cuenta lo que soy capaz de construir.