sábado, 15 de diciembre de 2012

aprender a expresar el dolor sanamente

¡Uf! ¡Cuánto sufrimiento silenciado! Cada vez más. Elena contó una vez que en su casa aprendió que no se llora porque es signo de debilidad y ella ha tenido que desaprender esa creencia para aprender a desahogarse y no sentirse mal por ello. Le ha costado, Dios y ayuda, aprender a llorar, a sacar el dolor y a ponerle palabras, a darse cuenta que hay otras maneras de vivir las cosas a las que inicialmente aprendemos.

Hay muchas personas que afirman que es algo normal tragarse las cosas, no hablarlas, que no las sepan otros. No por eso se les ve más felices y satisfechos con sus vidas. Motivos como miedo, vergüenza, el qué dirán, que no me pregunten, perder el control, no saber qué hacer con las propias emociones, mostrarse frágil, dificultad para dejarse ayudar, para pedir ayuda, para mostrarse tal y como uno es... silencian  el dolor. Está en nuestra mano conocerlos, atravesarlos y superarlos para poder vivir mejor.

Conocerse es un camino difícil que puede producir temor. En mayor o menos medida, nos asusta hablar en primera persona porque haciéndolo ponemos ante nosotros la verdad, nos mostramos frágiles, llenos de límites y necesidades, necesidades calladas que se guardan por dentro mientras damos por fuera una apariencia de fuerza. El secreto está en tener el coraje de autoconocerse. Quien no se conoce es un extraño para sí mismo. Quien cree conocerse pero no invierte con una cierta asiduidad energía en la autoexploración o en dejarse acompañar, puede ser un ignorante de su desconocimiento y de su propia vida.

Hoy sabemos que un aprendizaje vital necesario para ser persona es aprender a sacar el propio dolor y a expresarlo sanamente. 

¡Cuánta tarea tenemos pendiente en humanización! Se pueden aprender modos más sanos de vivir el dolor y no sufrir sin remedio, podemos entregarnos una posibilidad de conocimiento, de reflexión, de interpelación. 

La amabilidad, la cercanía, la familiaridad, el diálogo, la escucha, el sentido del humor, son cualidades por todos deseadas en medio de nuestras relaciones y cuando están presentes, generan salud.