jueves, 10 de enero de 2013

oportunidades de vida

Empecé este año con una extraña necesidad de ordenar (¿durará? bueno, lo iremos viendo). A lo primero que pongo orden no es a lo que tengo en la silla de mi cuarto (a eso le llegará su turno) sino a algo le ha llegado su turno de ser contado y compartido.

Vive en un país del mundo que vive en mi corazón como muchos de mis afectos más queridos. Se llama Paula y tiene 32 años. Tiene un tumor cerebral de grave pronóstico y no operable. Los síntomas que llevaron al diagnóstico, las primeras opiniones y las que se fueron sumando, el traslado de ciudad a un hospital más grande y especializado, las pruebas médicas y el aterrizaje en la realidad, se han sucedido a una velocidad de vértigo porque la esperanza de vida para ella es corta. A la misma velocidad se han movilizado cadenas de oración, corrientes de fuerza y cariño desde distintas lugares del mundo y remotos así como muchas lágrimas, angustias, silencios sostenidos o callados, preguntas, fe y confianza, en un equilibrio que sólo conoce cada corazón y que es parte de la intimidad de cada persona. Empezando por Paula, mi prima y llegando a cualquier persona que la conoce y la quiere y siente preocupación por ella.

Los días después de navidad fueron difíciles entre síntomas y la medicación, muy dolorida y apenas pudiendo salir de la cama. Sin embargo hubo cena de fin de año, quisieron juntarse y celebrar. En familia, los más cercanos, en ese departamento de Palermo Viejo que tantas vivencias conoce.  Ella quiso ponerse un lindo vestido de color violeta y se arregló el pelo para estar linda para la cena. El dulce que alegra siempre a toda la familia, no se hizo esperar: los sobrinos ahí estaban, con sus cosas, sus juegos y siendo niños. Y la cena, como otras cenas familiares, juntos y disfrutando de ese espacio de alegría y de compartir. Ella decidió ponerse vestido de fiesta para arrancar el año con otro espíritu aunque sea para estar en familia. Mis primas me cuentan que Paula es realista, está tranquila, en paz y con una fortaleza increíble y contagiosa, elige cada minuto vivir así y a mí me consta, porque cuando nos escribimos se lo noto y ella misma lo dice.

Al día siguiente, 1 de enero, le sacaron una muestra de tejido para poder hacerle una biopsia y ver qué tipo de tumor es y tratamiento posible. Se trataba de una prueba delicada y de riesgo en su caso que, afortunadamente, fue muy bien y estamos a la espera de resultados para saber qué pasos seguir después.

Estuvo cuatro días en cuidados intensivos y volvió a casa para el día de Reyes. Un regalo de los Reyes Magos la estaba esperando, me confiaron que se los entregara. Y se los hice llegar a ella, a mis tíos y primas. El regalo no venía en un paquete lleno de lazos de colores sino en versión electrónica acorde a los tiempos actuales y con letra grande porque ella no puede leerla sino es grande: 

Lo más importante que nos regalan los Reyes Magos no viene dentro de una caja. Porque como le reveló el zorro a El Principito Lo esencial es invisible a los ojos. Y sí, es cierto, cuesta verlo. Pero tiene una fácil explicación: el Amor no se ve, se regala. El amor, la fe, la esperanza, la ilusión, la ternura, la alegría y la paz se nos siguen regalando a cada momento que lo damos y lo recibimos. 

Mi prima Paula ahora lleva en su cabeza un vendaje tipo un turbante y bromea con ello y busca la mejor manera de llevarlo. Sigue medicada y a la espera de resultados. Cada día reelige la vida aunque tenga fecha de caducidad. Y en este tiempo qué duda cabe: reposaremos el corazón. Quedándonos con lo importante, nos redescubriremos, nos recrearemos, ¡nos divertiremos! Y lo demás, si ha de venir, vendrá. Pero habremos decidido cómo vivirlo. 

Una vez más me confirma lo que yo misma intento: regar el amor todos los días, actualizarlo en cada detalle y decisión, ante este nuevo día y las sorpresas que nos ha de traer, en las personas que elijo y me encuentro, también a través de quien llega sin habérselo pedido, y descubro cómo se multiplica cada día en tantas situaciones y realidades.

Para ir descubriendo que en toda alegría y en todo dolor; ante esa decisión, ante la duda y también ante la certeza; frente al miedo y a la incertidumbre; ante la claridad más deslumbrante y la oscuridad acechante… Al fin y al cabo se trata de CONFIAR… Un paso detrás de otro. Sin duda, también desde este lugar en el mundo, aprenderemos y desaprenderemos, sonreiremos más, disfrutaremos, celebraremos más… ¡y nos involucraremos con la Vida de principio a fin! ¡Es mi deseo extensible a cada uno de ustedes que me siguen cada día! ¡Gracias por estar ahí!